Pecado Tan Dulce - Capítulo 45
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- Capítulo 45 - 45 CAPÍTULO 45 COMPLACIDA POR EL MEJOR AMIGO DE MI NOVIO
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45: CAPÍTULO 45: COMPLACIDA POR EL MEJOR AMIGO DE MI NOVIO 45: CAPÍTULO 45: COMPLACIDA POR EL MEJOR AMIGO DE MI NOVIO Me detuve en la puerta del apartamento de mi novio, arreglándome la ropa para verme más atractiva.
El corazón se me aceleraba por la anticipación de lo que iba a pasar, sabía que él no estaba en casa.
Entré en el lugar tenuemente iluminado y encontré al mejor amigo de mi novio, Steve, tumbado en el sofá.
No llevaba camisa; su pecho desnudo subía y bajaba al ritmo de su respiración.
No pude evitarlo, dejé que mi mirada descendiera hacia su entrepierna.
—Hola, Piper —murmuró Steve con voz soñolienta, sorprendido por mi presencia.
Levantó la cabeza de la almohada, recorriéndome con la mirada.
—¿Qué te trae por aquí?
Me sentí un poco avergonzada, pensé en la mejor mentira que no revelara el motivo de mi visita.
—Solo he venido a recoger mi… ehm… cargador, creo que Brown se lo llevó por error la última vez que estuvo en mi casa.
Steve frunció el ceño, creo que se tragó la mentira.
—Brown aún no ha llegado a casa —hizo una pausa, mirándome con curiosidad—.
No debería tardar en volver.
Me mordí el labio, pensando detenidamente antes de decir mi siguiente frase.
—¿Te importa si lo espero aquí?
De verdad necesito ese cargador para poder encender el móvil.
Steve se encogió de hombros, sin mostrar interés.
—No me molesta.
Puedes esperar en el salón.
Estás en tu casa.
Me dirigí al salón, meneando el culo deliberadamente con la esperanza de que Steve se fijara.
Miré hacia él y lo pillé mirándome a los ojos.
Noté cómo se le endurecía la polla en los pantalones de chándal que llevaba.
Él me miró y nuestras miradas se encontraron.
El corazón se me aceleró, bajé la vista hacia el bulto que se formaba, incapaz de apartarla de aquella visión tentadora.
—¿Estás bien…?
¿Pasa algo?
—preguntó Steve con voz ronca.
Se dio cuenta de que lo estaba mirando y se incorporó en el sofá, cruzando una pierna sobre la otra para ocultar su dura erección.
—No es nada —murmuré, sin dejar de admirar su cuerpo de modelo.
Steve se removió, incómodo, en el sofá.
Yo seguía cada uno de sus movimientos.
—Y, ¿cómo os las arregláis para compartir este sitio?
—pregunté, tratando de pensar en otra cosa—.
A veces debe de ser un poco agobiante.
Steve soltó una risita y yo sonreí para mis adentros.
—Tenemos nuestros trucos.
Además, somos mejores amigos.
Lo hacemos casi todo juntos… a veces incluso cenamos.
¡Hasta ahora no nos hemos matado el uno al otro!
—Se rio y yo le devolví la sonrisa.
—Bueno, eso está bien —dije en voz baja, tratando de mantener la conversación para que mi deseo no fuera tan obvio.
—Sí, se podría decir que sí —respondió, incómodo.
Se había dado cuenta de que lo miraba de forma insinuante.
—Entonces, ¿qué haces en tu tiempo libre?
—La pregunta salió de la nada.
¿Se suponía que eso era asunto mío?
Pero me respondió.
—Disfruto leyendo novelas de misterio, jugando a videojuegos y saliendo con mis amigos —dijo con la voz un poco temblorosa.
—Eso suena interesante —ronroneé, sin apartar la vista de su entrepierna—.
¿Alguna vez te aburres de vivir con Brown?
—Para nada —dijo Steve, intentando sonar casual—.
Es un tío genial.
Nos llevamos muy bien.
—Me lo imagino —murmuré, y esta vez la lujuria en mi voz era evidente.
Me agaché para recoger una novela que encontré en el suelo, dejando mi escote a la vista.
Steve tragó saliva con fuerza y se frotó el bulto, a pesar de sus esfuerzos por mantener la compostura.
El aire estaba cargado de un deseo tácito.
Sabía exactamente en qué iba a terminar esto.
Steve se esforzaba por resistirse, pero no estaba funcionando porque seguía empalmado.
—Sabes… —empecé, acercándome más a Steve en el sofá—.
Siempre he admirado a los hombres a los que les gusta leer novelas de misterio.
Hay algo que encuentro sexi e intrigante en los chicos que adoran resolver acertijos y misterios.
Steve se rio con nerviosismo, apartándose un poco de mí.
—Oh, vamos, no es para tanto.
Simplemente me resulta entretenido intentar predecir la identidad del asesino antes de que la revelen.
—Bueno, es mucho más que un «no es para tanto» —repliqué con voz seductora—.
Eres muy inteligente, ¿a que sí?
—le piqué, apartándole el pelo de la cara con suavidad.
Se sonrojó como una niña y desvió la mirada para intentar ocultarlo.
—Supongo que sí —murmuró él.
—Pues no me sorprende que seas tan sexi y guapo —ronroneé, deslizando mis dedos por su brazo.
Steve se estremeció y miró mi escote.
Mis pechos parecían subir y bajar al ritmo de su corazón.
—¿No tienes frío así sin camiseta?
—pregunté con una voz apenas audible.
—Un poco —admitió él.
Sonreí, feliz de que mis encantos estuvieran funcionando.
Me quité la chaqueta y la coloqué sobre los hombros de Steve.
—Puedes usarla como manta —dije en voz baja—.
Te mantendrá abrigado.
Punto de vista de Steve
Asentí como un niño.
Podía sentir su mirada sobre mí, su aroma me estaba volviendo loco.
Quería atraerla hacia mí, sentir sus pechos suaves que tanto me habían estado tentando.
Pero me obligué a mantener la calma.
Era la novia de mi colega.
—No hay de qué —murmuró ella—.
Simplemente me alegro de pasar un rato contigo.
El corazón me dio un vuelco ante su confesión, mi polla empezaba a endurecerse de nuevo.
Se acabó lo de hacerse el bueno.
—¿Por qué no me enseñas esa polla que se está poniendo dura?
—Me guiñó un ojo—.
Tengo curiosidad por ver lo grande que eres.
Me sentí muy avergonzado, debería ser yo quien diera el primer paso, no ella.
—Eres la novia de Brown —le recordé.
Ella se limitó a asentir, lanzándome la mirada más sexi que he recibido de una chica en mi vida—.
Y yo soy su mejor amigo.
—Pero tú no eres un santo, ¿verdad?
Venga, sé que tú también quieres esto.
Dudé por un momento.
Finalmente, mis manos bajaron para desatar el cordón de mis pantalones de chándal.
Ella me observaba, con los ojos llenos de deseo.
Me bajé lentamente los pantalones, dejando al descubierto mi polla erecta.
Piper ahogó un grito de sorpresa.
—Guau —dijo, con los ojos como platos por la incredulidad—.
Es mucho más grande de lo que pensaba, mucho más que la de Brown.
Mi ego se disparó.
—Bueno, tiende a crecer bastante cuando me excito —confesé, muy nervioso y sintiéndome culpable por lo que estaba haciendo.
Piper me tocó la polla, rozando los lados con las yemas de sus dedos.
—¿No puedo sujetarla?
—preguntó.
Tragué saliva.
—Claro, el placer es mío —mi voz me delató.
No tenía ni idea de qué me hizo ceder, pero la emoción de ser deseado por Piper era irresistible.
Estaba cañón, una diosa que hacía que todos se giraran al verla pasar.
Estaba celoso de que Brown se hubiera ligado a una chica tan sexi como Piper, cuando él era solo un chico del montón.
Me la rodeó con la mano, sus dedos acariciándola con delicadeza.
—Está tan dura —arrulló, con la voz cargada de ganas de que la follaran—.
Quiero verla latir en mi mano.
Gemí en voz baja, con la excitación recorriéndome como el fuego.
—Siéntete libre de explorar —dije con voz ronca—.
Solo recuerda que haces esto porque lo deseas de verdad.
Ella me restó importancia con un gesto.
—No tengo miedo, pequeño Steve, no te preocupes.
Sé en lo que me meto —me aseguró.
Sonrió con picardía, rodeando la base de mi polla con sus dedos y apretando ligeramente.
Me quedé sin aliento al sentirlo.
Joder, qué manos tan suaves tenía, qué bien me sentía.
Sus dedos acariciaron cada centímetro de mi polla.
Apretó el agarre y empezó a masturbarme con más fuerza.
—Oh, joder —gemí, incapaz de contenerme—.
Tus dedos son una pasada —admití.
Piper rio por lo bajo, volviéndose más brusca.
—Seguro que puedo hacer que te corras ahora mismo —me retó.
Sonreí con malicia.
—¿Te atreves a aceptar el desafío?
—la piqué, con la voz ronca y llena de lujuria.
—Tú solo mira —replicó con confianza.
Soltó mi polla y se desabrochó el botón de los vaqueros.
Con un movimiento rápido, se los quitó, revelando un tanga rojo.
Contuve la respiración durante unos segundos; mi polla se puso mucho más dura que antes.
—¿Eso es un desafío?
—sonreí con anticipación.
Piper sonrió con suficiencia, bajándose las bragas lentamente y revelando un coño perfectamente depilado.
—Voy a hacer que te corras tan fuerte que no olvidarás este coño en años.
Estaba tan sorprendido que me quedé con la boca abierta, mi polla latiendo de excitación.
—Oh, bebé, creo que subestimas mi autocontrol —la piqué—.
El que has visto hasta ahora era yo haciéndome el bueno.
Ella soltó una risita, sentándose a horcajadas sobre mi regazo.
—¿Veamos quién aguanta más, eh?
—replicó ella.
Sonreí, expectante.
—Pues, que empiece la música.
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