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PENTRIX "El camino del villano" - Capítulo 18

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18: Capítulo 17.

Paseo por la ciudad 18: Capítulo 17.

Paseo por la ciudad En la televisión se transmite un reportaje.

La conductora de noticias, con gesto de indignación, informa: Un vigilante nocturno disfrazado, que solo actúa en la oscuridad, ha golpeado brutalmente a un hombre.

Se trataba de alguien vestido de payaso, con evidentes problemas mentales, que no representaba ningún peligro para la población.

El sujeto había escapado recientemente de un manicomio.

Los paramédicos que lo atendieron reportan que se encuentra fuera de peligro y en condición estable.

—¿Qué clase de persona sería capaz de lastimar a alguien que no está en sus cinco sentidos?

—se pregunta la presentadora, visiblemente conmovida—.

¿Dónde estaban las autoridades?

¿Por qué no pudieron evitar este lamentable incidente?

El televisor, sujeto a la pared en la sala de espera de una clínica médica, continúa transmitiendo el reportaje.

Un doctor, con un expediente en la mano, abre una puerta y llama a un paciente.

—Guy Johnson?.

Un hombre en la sala de espera responde: —Aquí.

El paciente se levanta y entra al consultorio del doctor.

El médico toma asiento detrás de su escritorio, mientras Guy se acomoda frente a él.

El doctor teclea en su computadora mientras el paciente guarda silencio.

Finalmente, le dice: —Señor Johnson, tengo los resultados de sus últimos estudios.

Guy escucha con atención.

—¿A qué se dedica usted?

—pregunta el doctor.

—Trabajo en la construcción, soy obrero calificado —responde él.

—Muy bien —dice el doctor, mientras continúa escribiendo en su computadora.

Luego formula otra pregunta: —¿Es usted humano o Evo?

—No, doctor.

Soy lo que la gente llama un Neoevo.

Hace años tuve un accidente en una planta química y así obtuve mi poder —explica Guy.

El doctor vuelve a teclear, murmurando: —Mmm… interesante caso.

Después pregunta: —¿Qué clase de habilidad tiene?

—Fuerza extraordinaria, o al menos superior a la de un humano promedio —responde el paciente—.

Levanto grandes pesos en la construcción.

El doctor registra la información y deja la computadora a un lado.

Toma el expediente, lo abre y le dice con seriedad: —Mire, seré franco con usted, señor Johnson: su habilidad, su poder, está causando estragos en su cuerpo.

—¿Cómo es eso posible, doctor?

—pregunta el paciente, y añade en voz baja—: ¿podría explicarlo sin esos complicados términos médicos, por favor?

El doctor sonríe y responde: —Su cuerpo, aunque esté catalogado como “Neoevo”, sigue siendo más humano de lo que parece.

La habilidad que posee actúa como una enfermedad desconocida para su organismo, y este naturalmente la rechaza.

Es cierto que su columna vertebral y su sistema óseo tienen una densidad mayor, y que sus músculos y tendones son más resistentes, otorgándole fuerza superior.

Sin embargo, toda esa sobrecarga afecta en exceso: su sistema no sabe cómo manejarla.

Esa es la razón por la cual su cuerpo se auto-sana y, al mismo tiempo, su habilidad lo destruye.

El doctor se acerca, le toma el brazo y lo descubre un poco: —Mire, ¿ve esos músculos hinchados y amoratados?

Esa es la lucha constante entre su organismo y su poder.

El paciente, cabizbajo, observa su brazo y guarda silencio por un momento.

Luego pregunta en voz baja: —¿Usted puede recetarme algo?

El doctor lo mira con compasión: —Los medicamentos para los humanos comunes no le funcionarían, dada la condición que presenta.

Sin embargo… —continúa, sacando una ampolleta con un líquido de tonalidad verdosa—, existe un tratamiento experimental que salió hace un par de meses.

Podría aliviar ciertos malestares, pero debido a su condición, su habilidad lo está deteriorando rápidamente… El medicamento podría darle unos cuantos años más.

—Hace una pausa y concluye—: Aunque debo advertirle que tiene un costo muy elevado.

Guy sonríe con ironía y susurra: —Entiendo… en este mundo, “Con un gran poder”… viene una necrosis tisular acelerada.

El doctor lo observa, algo confundido.

En el centro de la ciudad, Réflex y Kage caminan de la mano por una calle bulliciosa, disfrutando de su día libre.

Personas van y vienen; el murmullo de las voces se mezcla con el ruido de los negocios y el tráfico: un pequeño oasis de normalidad en medio del caos.

La multitud pasa a su alrededor, absorta en sus propios mundos, sin reparar en los dos jóvenes héroes.

—Ahhh, extrañaba esto —dice Réflex, soltando un largo suspiro de alivio.

Su mirada recorre los edificios y los rostros, como si quisiera empaparse de cada detalle—.

Estaba harto de la base, de las órdenes, de los entrenamientos, de las paredes metálicas.

Necesitaba un respiro.

Kage aprieta suavemente su mano y sonríe.

—Sí, también estaba harta.

Hemos trabajado muy duro últimamente —su voz es suave, cargada de un cansancio real.

Sus ojos se mueven, buscando algo familiar, hasta que se iluminan al descubrir una pequeña tienda de conveniencia.

El cansancio parece evaporarse.

—Ya sé qué haría este descanso mucho mejor: un cremoso y frío helado.

Réflex mete la mano en el bolsillo de su pantalón, y sus dedos chocan contra el metal de algunas monedas.

Una sonrisa se dibuja en su rostro.

—Vamos por unos —, y juntos se dirigen hacia la tienda.

Sentados en una de las bancas frente al local, los jóvenes heroes disfrutan de sus helados en un silencio cómodo y relajado.

El sol de la tarde les regala un respiro cálido y agradable, mientras los distintos aromas de la ciudad se mezclan en el aire.

De repente, Réflex rompe el silencio con un tono pensativo: —Me pregunto qué estarán haciendo los demás en el viejo barracón.

Kage se ríe entre dientes, saboreando su helado con satisfacción: —Seguro nuestra jefa está moliendo a golpes al pobre Rook, con ese duro entrenamiento.

Ambos comparten una sonrisa divertida ante la imagen mental.

Justo en ese momento, un auto deportivo oscuro llega a toda velocidad y se detiene bruscamente frente a un banco cercano.

Cuatro figuras encapuchadas, armadas y de movimientos ágiles, salen del vehículo y se dirigen hacia la entrada.

Ellos se miran a los ojos.

—Tan bien que estaba el día… ni siquiera cinco minutos de paz —murmura Réflex, con un dejo de resignación.

Ella lo observa con determinación, dejando a un lado su helado casi terminado: —Vamos, será rápido.

Acabaremos con esos tontos.

Después podremos ir a las fuentes del parque, como habíamos planeado.

Réflex asiente, levantándose de la banca: —Bien, vamos.

Dentro del banco, el pánico se ha apoderado de todos.

Clientes y empleados yacen en el suelo, nerviosos, asustados, tensos; algunos con las manos en alto, otros tendidos boca abajo, mientras los cuatro ladrones encapuchados los apuntan con armas amenazantes.

—¡Al suelo todos o dispararé!

—grita uno de ellos con voz áspera y tensa.

Los jóvenes héroes observan la escena desde la calle, ocultos detrás de una jardinera, planeando su intervención.

—Correré hacia ellos —susurra Kage—.

Tú absorbe ese metal… y dales con todo.

Réflex asiente con firmeza.

—Muy bien.

¡Entremos!

En un instante, el vidrio de la puerta principal del banco estalla en miles de fragmentos.

Los ladrones, sobresaltados por el estruendo, se voltean para ver qué sucede.

Ven a Kage entrar corriendo a toda velocidad hacia ellos.

A solo unos pasos de impactar contra uno de ellos, la joven ninja salta, ejecutando un impresionante mortal en el aire.

Los criminales quedan completamente inmóviles, incapaces de seguirle el paso.

Siguiéndola de cerca, Réflex irradia un brillo metálico: al tocar una estructura de acero, su cuerpo se transforma en pura armadura.

Con movimientos ágiles, toma al primer ladrón por la espalda y, con un golpe certero, lo arroja contra las ventanas laterales del banco, que se hacen trizas ante el impacto.

El segundo criminal intenta disparar, pero antes de lograrlo, el héroe metálico le asesta una patada que lo estrella contra una columna.

El hombre rebota y cae inconsciente en el suelo.

Otro de los encapuchados logra disparar contra Réflex, pero la bala simplemente rebota en su cuerpo endurecido, sin causarle daño alguno.

El mismo ladrón se cubre detrás del mostrador, disparando repetidamente hasta vaciar el cargador, inútil contra la piel de acero del héroe.

Casi al mismo tiempo, una joven rehén se levanta con sorprendente rapidez.

De su bolso extrae un báculo brillante y, con voz llena de energía, grita: —¡Transformación!

El ladrón, al darse cuenta de que se ha quedado sin balas, busca otra arma.

Pero la chica inicia una extraña danza, agitando su báculo en el aire con movimientos fluidos.

Kage, aprovechando la distracción, corre hacia él y, con una patada voladora espectacular, lo derriba, dejándolo fuera de combate.

Tres ladrones han caído.

Mientras tanto, la rehén continúa moviendo su báculo y danzando sin detenerse.

Réflex la observa, rascándose la cabeza con desconcierto ante la peculiar coreografía.

En ese instante, el último ladrón sale volando desde la puerta de la bóveda del banco, dejando un rastro de billetes a su paso, y cae inconsciente.

Kage emerge caminando con la actitud de una heroína triunfante.

Finalmente, la joven que seguía bailando produce un destello de luz brillante y se transforma en una heroína con un traje de colores llamativos.

La recién transformada grita con entusiasmo: —¡Ahora sí, hombres malvados, en nombre de la justicia y el amor…!

Pero se da cuenta de que todos los ladrones ya han sido neutralizados.

Kage, fiel a su sentido del humor, se acerca a la recién transformada, le da una palmada en el hombro y le dice con una sonrisa pícara: —¡Wow!

Esa coreografía es excelente.

¡Los hiciste desmayarse de la impresión!

Ambos héroes salen del banco tomados de la mano, riéndose como si acabaran de hacer una travesura, dejando atrás la escena inesperada.

Un rato después, la pareja se encuentran sentados al borde de una fuente, disfrutando del tranquilo murmullo del agua.

—Wooow, este día fue lo mejor que he tenido —dice el, con una sonrisa relajada.

Ella se inclina hacia él, con una mirada traviesa: —Aún falta algo para que sea realmente perfecto…

Ambos se funden en un dulce beso bajo la tenue luz del atardecer.

Al separarse, Réflex suspira feliz: —Sí, fue grandioso, Gee usando el nombre real de ella.

Kage le da un ligero golpe en el brazo, sonriendo: —Te estás poniendo demasiado formal, Raf usando el nombre real de él.

Ellos se abrazan con calidez, observando el ir y venir de la gente mientras las luces del parque comienzan a encenderse y reflejándose en el agua de la fuente, creando un ambiente mágico.

—Es hora de irnos —interrumpe Kage después de un rato—.

¿Qué te parece si pasamos por una pizza para los chicos y el Coronel?

Reflex se palpa los bolsillos del pantalón desesperadamente, buscando algo de dinero.

Pero antes de que pueda decir nada, la chica saca de su bolsillo un cupón válido por una pizza grande.

Finalmente, en el barracón, todo el equipo de XTREAM se reúne, devorando la pizza entre risas y comentarios sobre su ajetreado día.

✦ Fin de capítulo ✦

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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