PENTRIX "El camino del villano" - Capítulo 5
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5: Capítulo 4.
Un encuentro inesperado en la ciudad 5: Capítulo 4.
Un encuentro inesperado en la ciudad Tras una serie de misiones exitosas, Víctor concede un merecido descanso a su organización.
Él decide pasar tiempo con su hija, mientras Pentrix opta por perderse entre la multitud de la ciudad.
Camina sin rumbo entre las tiendas de un centro comercial y los lugares que la gente común disfruta, observando el ajetreo y el bullicio de la vida cotidiana.
Las voces lejanas y las conversaciones dispersas llenan el ambiente, acompañadas por el constante ir y venir de pasos.
Finalmente, se sienta en una banca de madera, toma una bebida y se mezcla con la multitud, consciente de que su aspecto humano y corriente no atraerá miradas curiosas.
Su paz se interrumpe de pronto.
Una figura femenina se detiene frente a él.
Con calma imperturbable, Pentrix levanta la mirada.
Es Elektrobyte, vestida con ropa común que la hace pasar desapercibida, aunque su físico de heroína aún la delata.
Con su personalidad burlona y sarcástica, le lanza una pregunta: —¿Desde cuándo los villanos pasean en lugares tan comunes y aburridos… cuando deberían estar en París o en un yate en medio del mar en Italia?
—ironiza, aludiendo a la idea de que los villanos viven en la opulencia, mientras los héroes habitan espacios modestos.
Pentrix, consciente de que están rodeados de gente inocente, se acomoda en la banca y responde con serenidad, mirándola a los ojos: —No quiero problemas.
Este no es el lugar adecuado para comenzar una pelea.
Elektrobyte percibe la respuesta y se acerca un poco más.
Su arrogancia se desvanece por un instante al notar la presencia de la multitud alrededor.
Se inclina hacia él y, con voz directa, formula la pregunta que la ha atormentado desde su último encuentro: —¿Por qué me salvaste aquel día?
El ruido de la gente y las voces del centro comercial se desvanecen hasta convertirse en un murmullo lejano.
Pentrix la observa en silencio, sus ojos fijos, impasibles.
La tensión entre ambos parece un campo de fuerza invisible.
En lugar de responder a su pregunta, él formula la suya: —¿En serio los héroes viven en lugares modestos?
El rostro de Elektrobyte se contrae en una mueca de fastidio; su paciencia se disuelve.
— ¡Mmmph!
estás evadiendo mi pregunta.
Eres un gran fastidio, ¿lo sabías?
Con su arrogancia habitual, extiende la mano y apunta con el dedo hacia el rostro de Pentrix.
Pero antes de que pueda tocarlo, él toma su muñeca con calma.
Su tacto es firme, sin violencia.
Los ojos de el descienden hacia la mano de ella, examinándola con una concentración asombrosa.
Percibe las pequeñas heridas, las costras y las cicatrices apenas visibles: marcas de una lucha reciente, cicatrices que ella ha intentado ocultar.
—Por la apariencia de tus manos, sé que has estado usando tus poderes de manera muy intensa —dice el, con una voz serena, tan tranquila como el agua.
No es solo una observación, es un reproche.
Ha visto la verdad detrás de la fachada de heroína.
En un movimiento rápido, Elektrobyte toma la mano de su oponente y comienza a examinarla con la misma intensidad que él había mostrado.
—No veo heridas —insiste ella—.
Ni marcas, ni deformaciones por el uso de tus poderes.
Tampoco veo un cuerpo similar al nuestro.
Solo veo a un humano.
Por detrás, una figura se acerca lentamente.
Es Rook, un hombre musculoso de casi cien kilogramos que intenta pasar desapercibido en un conjunto deportivo que, inútilmente, lo hace parecer aún más un fisicoculturista.
Al ver a su jefa sosteniendo la mano del chico, la advierte: —Tranquila, jefa.
No deberíamos estar aquí, y lo sabes mejor que nadie.
No debemos poner en riesgo a nadie.
—Estamos bien —responde Elektrobyte, sin soltar la mano—.
Solo quiero preguntarle algo.
¡Vuelve a tu posición!
Rook, a regañadientes, obedece y se retira en silencio.
El par queda solo de nuevo.
Elektrobyte mantiene la mano del chico en la suya, mientras las preguntas en su mente se multiplican.
Finalmente, la suelta.
Pentrix, mirando a una frustrada Elektrobyte, finalmente decide darle la respuesta que ella busca.
Con voz tranquila, le expresa: —¿Qué hace que un médico o un paramédico ayude a alguien, sin importar si es un ciudadano honesto o un simple ladrón?
La mente de la heroína, buscando una trampa, responde con frustración: —Eso no es de lo que hablo, eres un villano.
Una sonrisa casi imperceptible se dibuja en el rostro de Pentrix.
Señalando a su compañero, añade: —¿Ves a ese tipo enorme y torpe que te acompaña?
Dime, ¿cuántas veces, en un intento heroico, destruyó mobiliario público, casas, autos?
¿Cuántas veces pagó por esos daños?
Quizás ese auto representaba años de sacrificio de un pobre sujeto, que tuvo que soportar años de insultos y regaños de un jefe insoportable.
Incluso tú, viajaste a otros países para detener a algún villano.
¿Conseguiste una visa para entrar?
O, simplemente irrumpiste, rompiendo las reglas de ese país.
Dime, ¿eso es lo que hacen los héroes?
Elektrobyte queda en silencio da 2 pasos atrás.
Inmóvil, y sin respuesta.
En ese momento, un grupo de niños los reconoce: —¡Miren!
¡Son los héroes de la televisión!
—gritan emocionados, acercándose y nombrando a sus ídolos.
Abrumada, Elektrobyte se dirige hacia Rook y ordena: —Vámonos, es suficiente.
—¿Y qué hay con él?
—pregunta Rook.
Elektrobyte lo mira una última vez antes de marcharse.
Con voz tensa, sentencia: —No haremos nada.
Nos vamos.
Pentrix permanece sentado en la banca, mientras los héroes se alejan.
Al mirar hacia atrás, ven cómo él encaja perfectamente entre la multitud, mientras que ellos, pese a sus ropas comunes, resultan demasiado distintos.
Un par de horas más tarde.
El sol se oculta en el horizonte mientras el personal regresa a la base del Frente Unido.
tras su día libre.
Pentrix avanza con calma hacia su habitación, inmerso en los pensamientos de su encuentro con Elektrobyte, cuando es interceptado por Anya.
Ella se acerca con un tono juguetón: —¿Vamos a comer algo?
—pregunta ella entusiasmada.
El chico la mira y, para sorpresa de ella, una sonrisa se dibuja en su rostro.
Sin dudar, Anya lo toma del brazo.
Él baja la mirada hacia la mano de Anya, intacta, sin cicatrices, sin daño alguno, a diferencia de la de su rival.
—Oye, “Pempi”, ¿cómo estuvo tu día?
—pregunta ella con naturalidad.
—¿Por qué me llamas así?
—replica Pentrix, aunque la serenidad en su voz revela que es solo una protesta ligera.
Juntos se alejan por el pasillo.
La escena de ambos caminando lado a lado, en silencio, mientras la base recupera su ritmo, marca el cierre de una larga jornada.
El mundo exterior puede dividirse entre héroes y villanos, pero en ese espacio propio, ellos han encontrado algo distinto: una conexión auténtica.
✦ Fin de capítulo ✦
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