Pequeña señorita diablita: la esposa traviesa del presidente - Capítulo 139
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- Capítulo 139 - 139 Capítulo 139 Esposo malvado y esposa glotona
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139: Capítulo 139: Esposo malvado y esposa glotona 139: Capítulo 139: Esposo malvado y esposa glotona Editor: Nyoi-Bo Studio Algunas horas después, cuando los mellizos ya estaban en la cama, Lu Xinyi esperó a que el esposo se fuera a bañar, antes de escabullirse del dormitorio e ir escaleras abajo en silencio ¡Shen Yi no podía mantenerla alejada de su torta favorita de chocolate!
¡No esa vez!
¿Él se había olvidado que ella solo había aceptado casarse con él porque dijo ella podría tener lo que quisiera?
¿Y qué quería?
Obvio, ¡comida!
No era culpa suya que estuviera subiendo de peso muy rápido.
No.
No.
Ciertamente no era culpa suya y de sus postres dulces ¡Shen Yi estaba siendo cruel con ella!
Se rió por el placer y corrió tan pronto como había llegado al final de las escaleras.
Lu Xinyi no podía creer que estaba siendo inteligente.
El esposo debería saber para esa altura, que ella no iba a rendirse en una batalla sin pelear.
Obvio, ella había planeado todo eso.
Al conocer la rutina de la noche de él, Lu Xinyi sabía que todavía tenía una oportunidad de comer la torta, mientras que él estaba ocupado.
¿Él creía que iba a ceder así de fácil, cuando ella sabía dónde él guardaba la torta de chocolate?
¡Y ella no estaba tan gorda por amor a dios!
No era como si pusiera lo que comía en un día en una aplicación de aptitud física, le iban a mandar una ambulancia a la casa, ¿no?
Abrió el refrigerador con un tenedor en la mano, sacó la deliciosa torta y se sentó en el frío piso.
—Hola cariño ¿Me extrañaste?
—Los ojos marrones de ella brillaban por placer— Xinxin te extraño también.
Ahora, ¿continuamos donde dejamos?
Ella se iba a asegurar que el malvado esposo no los interrumpiera esa vez.
——— Shen Yi suspiró, mientras tiró la toalla usada en el canasto de la ropa sucia, salió del baño al dormitorio y vio que su esposa no estaba.
—¿Xinxin?
—La llamóél, pero nadie contestó.
Entrecerró los ojos, tenía un mal presentimiento sobre eso ¿Dónde diablos estaba esa mujer?
Corrió por el pasillo y bajó las escaleras, una vez que se dio cuenta del grave error que había cometido.
Demonios.
Lu Xinyi lo había engañado.
Quería golpearse en la frente por la frustración ¿O esa pequeña atrevida había planeado eso?
Un bajito gemido provino de la cocina ¡Lo sabía!
¡Ah, la esposa glotona que tenía!
¡Shen Yi reflexionó sobre cómo debía castigarla por romper las reglas de la casa!
¿No fue ella quien propuso que nadie debía comer un refrigerio en el medio de la noche?
Lo que vio una vez que llegó a la cocina fue horripilante.
La esposa estaba despatarrada en el piso y gemía de dolor, mientras que se agarraba la panza.
Había migas de chocolate esparcidas por el piso y un plato al lado de ella.
Por lo que podía decir él, Lu Xinyi había comido de más, por lo tanto, le dolía la panza.
Lo que quedaba de torta todavía alcanzaba para tres personas ¿Se comió todo?
Habían comido la cena y Shen Yi estaba seguro de que el tiempo no había sido suficiente para que ella hubiera digerido todo.
Negó con la cabeza, levantó a la esposa del piso y la llevó al baño para ayudarla a limpiarse.
Shen Yi se rió.
—¿No podías esperar a comerla mañana?
Tú sí que sabes cómo meterte en líos —dijo él, mientras le limpiaba la cara con una toallita húmeda.
—Pero no me ibas a dejar comerla —lloriqueó Lu Xinyi.
Estaba tan disconforme.
Por suerte, el esposo la ayudó a limpiarse la cara como a una niña que se ahogó en un pote de helado.
—Xinyi, ¿creí que conocías tus limitaciones?
Cuando nos casamos, solo éramos tú y yo.
Ahora, tenemos que criar a los mellizos.
No quiero que adopten malos hábitos de ti —le contestó el.
—¡No te atrevas a vomitar sobre mí!
—exclamó Shen Yi, cuando vio que el rostro de ella cambiaba de tono.
—No lo haré, simplemente no puedo —Lu Xinyi quería vomitar, pero el cuerpo se rehusaba a dejar vacío el estómago, lo cual prolongaba su agonía por haber comido de más.
Shen Yi decidió que la glotona esposa había aprendido la lección, le dio lástima y la llevó de vuelta al dormitorio.
La ayudó a cambiarse el sucio camisón por otro limpio.
Cinco minutos después, le dio dos pastillas y un vaso de agua para ayudarla a calmar el dolor de estómago.
Cuando ella terminó, se metieron debajo de las sabanas y ella apoyó la cabeza sobre el pecho de él.
Le acarició la dolorida panza.
Lu Xinyi suspiró por el alivio y disfrutaba del suave roce de los dedos de él.
Cerró los ojos para dormirse.
—Sabes que no te vas a librar de mi castigo.
Mañana, vas a empezar a perder peso con Xue —lo que dijo Shen Yi hizo que ella abriera bien grande los ojos.
—¡¿Qué…qué?!
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