Pequeña señorita diablita: la esposa traviesa del presidente - Capítulo 216
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- Capítulo 216 - 216 Capítulo 216 — Recuérdales a esos idiotas a donde pertenecen
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216: Capítulo 216 — Recuérdales a esos idiotas a donde pertenecen 216: Capítulo 216 — Recuérdales a esos idiotas a donde pertenecen Editor: Nyoi-Bo Studio Tong Yan intentó abrirse más paso.
Sabía bien que no podía escapar fácilmente.
Silver Leaf había empezado la investigación y mientras que pudo alterar los registros de la cámara del almacén, el registro de tiempo de la llave de tarjeta iba a revelar que ella fue la última en revisar los ingredientes.
Maldijo por la mala suerte de ella.
Si el otro supervisor no hubiera sido tan vago de inspeccionar los ingredientes con ella, tendría una mejor oportunidad de borrar su rastro.
Giró en el pasillo a la derecha y se escondió rápido cuando vio al personal de seguridad de Silver Leaf que hacía rondas.
Escuchó lo que decían.
—El presidente no quiere que nadie del personal de Silver Leaf se vaya de esta zona.
Asegúrate de bloquear todas las entradas y salidas posibles.
Tenemos una mujer que encontrar —dijo el hombre en el uniforme severamente.
El presidente Han no iba a dejar que los criminales se escaparan fácilmente.
Entregarse iba a terminar en desastre.
No confiaba en que Silver Leaf fuera a entender las razones de ella.
Nunca entenderían que ella solo le estaba devolviendo un favor a Sun Feiyan.
Esa mujer, Tong Yan sabía que Sun Feiyan podíafácilmente encogerse de hombros y negar que estaba involucrada.
¿Quién iba a creerle?
Nadie.
Se obligó a salir sin ser vista e hizo lo mejor para permanecer escondida en los pasillos oscuros y abandonados.
También tenía que esconderse de las cámaras instaladas en los pasillos principales.
Se mordió la uña ¿Dónde debería esconderse ahora?
Tong Yan esperó a que el otro personal de seguridad se fuera del baño.
Quizátendría una oportunidad de escaparse desde allí.
Con las rodillas y las manos temblando, despacio giró el picaporte de la puerta del baño e intentó lo mejor que pudo no hacer ruido.
Respiró tan pronto como la puerta se cerró y apoyó la espalda contra esta.
¡Había algo mal con ese lugar!
Rápidamentevolvió a estar alerta y miró alrededor.
—Sabía que ibas a elegir este lugar para escapar —dijo una voz femenina dejando salir una risa desde uno de los cubículos.
Se abrió la puerta y apareció la familiar mujer que Tong Yan reconocería donde fuera— eres tan predecible como siempre, Tong Yan ¿No sabes que no solo la academia quiere tu cabeza?
La familia Shen no puede esperar a clavarte las garras en la carne.
—S…señorita Lin Lin Ai era la asistenta capaz del director Han.
Era ella quien le daba los trabajos críticos y turbios al director de Silver Leaf.
El cuerpo de Tong Yan se rehusó a seguir a la mente.
Estaba atascada en el lugar, sin poder escapar de la fulminante e intensa mirada de la mujer.
Estaba atrapada.
No había escapatoria esa vez.
——— Lu Xinyi se salpicó la cara con agua fría, antes de levantar la cabeza y ver el rostro pálido de ella en el espejo.
El pelo largo estaba en ese momento grueso, ondulado y suelto para enmarcarle la cara.
Se quedó quieta y se olvidó la máscara de confianza.
El sonido de las gotas de agua que caían era lo único que la acompañaba en esos raros momentos de ella de debilidad.
Hizo lo mejor que pudo para sobrevivir, aunque no estaba segura de sí la academia iba a aceptar las quejas de ella sobre los ingredientes cambiados.
Cerró el grifo y se secó la cara con una toalla limpia.
Debía volver pronto al salón o el personal de la academia iba a empezar a buscarla.
Cuando salió, se sorprendió de ver al esposo, quien estaba apoyado contra la pared de enfrente y la esperaba.
—Xinyi—las lágrimas que le rebalsaban de los ojos lo sorprendieron a el—¿qué sucede?
—Yo… ¿Qué debía decir?
¿Qué tenía miedo?
¿Tenía miedo de perder esa vez, después de haber trabajado tan duro en el último platillo?
—Estúpido supervisor —refunfuñó.
Ninguno de esos problemas hubieran continuado si el supervisor la hubiera escuchado sobre los ingredientes cambiados.
La queja de ella era válida, lo que la irritaba era que la descartaron, no le dieron una oportunidad de explicar.
Lu Xinyi pisó fuerte e intentó pasar al esposo, pero Shen Yi fue rápido y le agarró para abrazarla, de lo cual ella intentó zafarse.
Ella odiaba ese predicamento.
No era acerca de los puntajes o el premio de esa competencia.
Era el orgullo de ella como persona que fue invalidada y cuestionada ¡Era toda la falta de respeto de esa gente lo que más le irritaba!
Se cubrió la cara y sollozó en silencio en los brazos de Shen Yi.
Él le acarició el hombro para intentar calmarla.
—Soy tan estúpida —estalló ella en llanto.
—No lo eres.
Solo estás decepcionada.
Recuerda no dejar que esas palabras te afecten.
—Pero…
—Hiciste tu parte.
Ahora vuelve y espera.
Déjame allanar tu camino y limpiar algo de basura.
Cuando Shen Yi tenía ocho, el abuelo le enseñó una lección sobre cómo ser un buen esposo.
La señora Shen era una agente inmobiliaria como el esposo, pero no una experta en negocios como él.
Ella era genial e impredecible, pero una buena mujer en su posición.
Un día, ella fue a la casa inusualmente deprimida y apagada.
Ella simplemente fue hacia el esposo por un abrazo, hablaba con un tono tranquilo y dejo confundido a Shen Yi sobre por qué lloraba.
Después de un rato, el abuelo le besó la frente y le dijo que fuera a descansar y que él se encargaría de eso.
—Ven Yi.
Quiero que veas de cerca y aprendas —le dijo el abuelo y Shen Yi fue con él sin dudarlo.
Resultó que habían presionada a la abuela para que se rindiera en un acuerdo que no podía defender o discutir.
—Tu abuela es una mujer fuerte y capaz, Yi.
Se eso desde que la conozco.
No se rendiría fácilmente, pero algunas personas idiotas se rehúsan a ver eso —sonrió el abuelo y las arrugas alrededor de los ojos le enfatizaron la edad—tú te vas a convertir en un esposo también y es tu trabajo recordarles a esos idiotas a donde pertenecen de vez en cuando.
En ese preciso momento, Shen Yi se sentó junto con el presidente Han y la hija de él y no podía pensar en otra mejor lección que haya aprendido que esa.
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