Pequeña señorita diablita: la esposa traviesa del presidente - Capítulo 266
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- Capítulo 266 - 266 Capítulo 266 – Su peor enemigo era ella misma
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266: Capítulo 266 – Su peor enemigo era ella misma 266: Capítulo 266 – Su peor enemigo era ella misma Editor: Nyoi-Bo Studio Se podían escuchar pasos desde afuera de la cocina hasta que la puerta de abrió de golpe, con Gu Meina entrando en pánico.
—¡Escuchamos un grito!
¡¿Qué pasó?!
Le seguían He Haotian y los hermanos Mo.
Encontraron a Shen Yi y Lu Xinyi en el fregadero, con agua fría sobre la mano de ella.
Vislumbraron el sartén en el suelo.
La fuente del grito ahora era obvia para los recién llegados.
He Haotian tenía una expresión indescifrable en la cara que parecía contradecir su actitud bromista usual.
Era como si ya hubiera esperado que Lu Xinyi fracasara.
—Iré a buscar un botiquín.
Mantén su mano bajo el agua por quince minutos —le dijo a Shen Yi y fue a buscar al botiquín que necesitaban.
—¿Es grave?
¿Necesitamos llevarte al hospital?
—preguntó con preocupación Gu Meina mientras la veía morderse el labio, claramente de dolor.
—No, no es nada serio —respondió.
Mo Liwei vio la olla de sopa desechada cerca del fregadero y la revisó.
Notó que no había otra olla hirviendo en la cocina.
—¿Qué sucede?
—preguntó su hermana y echó un vistazo por sobre su hombro—.
¿Eh?
¿La sopa de maíz está lista?
—No —sacudió la cabeza—, madame Shen planea hacer otro lote —dijo él y apuntó a los ingredientes picados sobre la otra mesada.
Mo Lihui frunció el ceño.
La sopa sobre la mesada lucía bien y lista, por lo tanto ¿por qué decidiría hacer otra?
Desde su punto de vista, esta sopa no tenía nada malo.
He Haotian regresó con el botiquín y se lo pasó a Shen Yi.
—Vamos.
Madame Shen no nos necesita aquí.
Es probable que ya se haya dado cuenta de lo que tiene que hacer para corregir sus errores.
El chef le dio la espalda a la pareja y se fue apenas dijo esas palabras.
Las dudas y frustraciones de Lu Xinyi eran su propio problema y le daría respeto por no largarse a llorar en ese momento de debilidad.
Los hermanos Mo se miraron confundidos, sin entender por qué no podían ayudarla cuando era obvio que tenía dificultades.
Gu Meina sacudió la cabeza y les dio una palmadita en el hombro antes de llevarlos afuera, dejando a la pareja sola en la cocina.
Shen Yi abrió la caja y comenzó a trajinarla, sacando el ungüento para la quemadura de su esposa y unas vendas.
El sonido del agua que provenía del grifo se detuvo y encontró a Lu Xinyi a su lado, con una toalla limpia sobre su mano lesionada.
—Siéntate y deja que vende tu mano —le dijo, a lo que ella hizo caso sin decir nada, sentándose en el banquillo más cercano para que revisara su mano.
—Dame tu mano —le pidió con la mano abierta, esperando que lo obedeciera.
Puso su mano lesionada sobre la de su esposo y respiró profundo cuando él esparció el ungüento refrescante en su lesión.
La sensación punzante que venía de su mano hizo que hiciera una mueca de dolor e intentó no quitar su mano.
—¿Qué pasa, Xinxin?
—preguntó él apretando un poco su mano, pero no lo suficiente para herirla—.
No estás siendo tú.
—¿Qué quieres decir?
—preguntó ella levantando la vista hacia él, frunciendo el ceño.
—Estás molesta e insegura.
Esta no es la Lu Xinyi que conozco.
Ella nunca deja que nada ni nadie la desanime.
Recibe los desafíos de frente.
¿Qué cambió ahora?
Ella tragó con fuerza y sus ojos evadieron los de él antes de volver a ver cómo envolvía su mano con gasa y vendas.
Su mente dio vueltas qué razón lógica podía darle para explicar su dilema.
Tenía razón.
¿Por qué estaba vacilando ahora?
Shen Yi enrolló las vendas en su mano y las aseguró firmemente.
Sintió que cayeron lágrimas en su mano, haciendo que levantara la vista a su esposa.
Sus ojos se ensancharon ligeramente cuando vio a Lu Xinyi llorando.
Quería decir algo, pero sus palabras quedaron atascadas en su garganta, sin saber cómo lidiar con una mujer llorando, especialmente si era su esposa.
Ella suspiró.
Le alegraba que Shen Yi fuera capaz de mantener sus preocupaciones a raya, aclarando su mente para concentrarse en la tarea inmediata.
Esta vez, no había nada en juego que tuviera que proteger además de su orgullo como chef.
Si había algo que debía saber a esta altura, era que el obstáculo que debía superar era ella.
Su peor enemigo era ella misma.
La gente que sentía pena de sí misma era la que no podía aceptar los cambios en la vida.
Cuando He Haotian señaló la posibilidad de que dejara Silver Leaf y fuera por otro camino, su determinación se vio afectada por dudas de sí misma.
Temía salir de su zona de confort, que era cocinar usando el estilo de su padre.
Tenía miedo de lo desconocido.
La habilidad de su lengua para distinguir ingredientes de un plato era algo nuevo para ella.
Antes no le había prestado atención y ahora que He Haotian le abrió otra posibilidad, se dio cuenta de que podía hacer más que cocinar.
Para ser una mejor chef y una persona productiva, debería estar dispuesta a salir de su zona de confort y aceptar los cambios que podía haber en su vida.
—Tienes razón.
No me debería presionar.
Me conozco mejor que nadie.
La única persona que puede vencerme…
soy yo misma.
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