Pequeña señorita diablita: la esposa traviesa del presidente - Capítulo 271
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- Capítulo 271 - 271 Capítulo 271 – Amarlo no fue un error
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271: Capítulo 271 – Amarlo no fue un error 271: Capítulo 271 – Amarlo no fue un error Editor: Nyoi-Bo Studio Después del festival y su apuesta repentina con He Haotian, Shen Yi no sabía qué pensar de su cambio de humor.
Antes de sus vacaciones, parecía muy relajada y flotaba en las nubes.
Después, parecía como si alguien se hubiera comido el último trozo de pastel que guardó en el refrigerador.
He Haotian aceptó su petición de que solo entrenaría a Lu Xinyi después de una semana para darle tiempo de recuperarse del cansancio.
Desde que postuló a Silver Leaf, en realidad, no había tenido tiempo de tomarse un descanso de la cocina.
Antes de irse de la posada, He Haotian también habló con él.
El hombre admitió que una de las razones por las que no quería que Lu Xinyi fuera a Silver Leaf era para evitar que su familia materna la atacara.
Hasta que el presidente Sun nombrara un heredero para su enorme fortuna y bienes, sus hijos seguirían peleando y conspirando uno contra el otro, algo que creía que Lu Xinyi no debía experimentar.
Después de leer un email que recibió de Shen Xue, Shen Yi miró de reojo a su dormida esposa y vio que, lo que fuera que le preocupaba, ya no era notorio en su cara.
Sin embargo, estaba seguro de que algo todavía la molestaba y no se lo había contado.
Antes de los exámenes, cuando a ella le estaba costando estudiar, la idea de aprobar significaba probarse a sí misma que era capaz.
Pero en esa época, a él no le importaba si aprobaba de la misma forma que a ella.
Era más como que no le importaba si reprobara porque todavía la tendría a ella a su lado.
Pero ahora se iría tras su sueño sin él.
Desgraciadamente, no había forma de mantenerla a su lado y protegerla si lo necesitaba.
Solo le quedaba acercarse a donde ella estaría.
He Haotian le advirtió a Lu Xinyi sobre la familia Sun y Shen Yi no estaba seguro de lo que estaban planeando.
Le sería difícil cuidarla en todo momento.
La volvió a mirar y sintió que algo escalofriante le atravesaba al imaginar el vacío de sus ojos cuando su vida se desvaneciera.
Apretó la mandíbula y desvió la mirada, sin saber de dónde salió esa idea.
Con un suspiro cansado, subió la manta y acercó el cuerpo de su esposa, queriendo sentir su calidez.
Tal vez estaba pensando demasiado.
Aun así, debería planear algo para mantener a Lu Xinyi a salvo.
— Hoy, se revelaría a los medios la campaña que incluía a Lu Xiulan como modelo.
Para la angustia de Lu Xiulan, ella y Yuan Jian serían los presentadores.
Esperaba que le ahorraran todas esas formalidades y que Yuan Jian se encargara.
—Me alegra que casi terminemos.
—Lu Xiulan tomó su copa de vino y revolvió el trago adentro.
Sus ojos casi estaban borrosos y su cuerpo tenso por las semanas de preparación para el evento.
—Cierto.
—Yuan Jin, apoyado en la pared a su lado, se rio—.
Sabía que estabas lista para empacar tus cosas e irte a “hibernar” de nuevo.
Prepárate, Xiulan.
Después de esto, estoy seguro de que recibirás muchos proyectos de esa gente —dijo apuntando a los hombres riéndose.
Eran hombres de negocios listos para lanzar dinero y mejorar sus ventas.
—Este sería mi último proyecto —dijo ella y se mantuvo cabizbaja.
Yuan Jin la miró con incredulidad.
Era una de las mejores en su campo y apenas estaba comenzando su carrera.
—¿Qué quieres decir con que es tu último proyecto?
¡Dime lo que está pasando, Xiulan!
—insistió Yuan Jin, tomando su brazo.
—Me casaré —confesó ella.
—¡¿Qué?!
Pensé que habías dicho que no tenías planes de casarte.
¿Ahora qué cambió?
¿Él lo sabe?
—¿Para qué?
Ya no hay nada entre nosotros.
No tiene sentido que le diga lo que pasa en mi vida.
—No podía esconder la amargura en su voz.
Había perdido su objetivo en la vida y le había dejado su destino a las deidades del cielo, aunque significara estar atrapada en un matrimonio sin amor.
No se suponía que contara los días que estaban separados.
Al igual que él le había dicho antes, no podía ser de ella.
Las semanas de separación la llevaron a regresar a este país y concentrarse en su trabajo, pero hace tiempo había retrasado la petición de sus padres.
Se suponía que tenía que casarse el año pasado y ya había usado todas las excusas posibles para retrasar la preparación.
El tiempo era fugaz para ella.
No podía esperar demasiado.
Desde que él se fue ese día, poco a poco estaba recuperando cosas de ella misma que había perdido.
Todavía era demasiado pronto para decir que le había hecho un favor dejándola.
En realidad, seguía estancada en el mismo lugar que la dejó, solo que más sola.
Era una lástima que su corazón hubiera insistido en aferrarse tercamente a recuerdos estúpidos que tenían y a sus sentimientos inútiles que nunca serían correspondidos.
También pensaba que lo veía a donde sea que fuera, lo que era irritante y molesto.
Recordarlo solo la hacía sentir pena de sí misma.
Afortunadamente, la campaña fue lo suficientemente buena y estable para que estuviera demasiado exhausta al final del día como para pensar y recordar lo desdichada que era su vida.
Le tenía miedo al amor.
Enamorarse era como caerse.
Al final, uno terminaría herido y asustado, con un recuerdo eterno.
Pensó en él brevemente y su corazón se estrujó por poco tiempo cuando su imagen cruzó su mente.
¿Qué diría de su inminente matrimonio?
¿Estaría feliz por ella?
No, no quería saber las respuestas.
Amarlo no fue un error.
Pensar en la posibilidad de estar juntos lo fue.
—Entonces tal vez se lo puedes contar esta noche personalmente —dijo Yuan Jin sacándola de su ensoñación.
—¡¿Qu-qué?!
—Ella levantó la vista a su amigo desesperadamente y se detuvo en seco, viendo la figura de un hombre apareciendo detrás de Yuan Jin.
—Xiulan —saludó el hombre.
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