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Pequeña señorita diablita: la esposa traviesa del presidente - Capítulo 273

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  4. Capítulo 273 - 273 Capítulo 273 – No puedes perder lo que no es tuyo
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273: Capítulo 273 – No puedes perder lo que no es tuyo 273: Capítulo 273 – No puedes perder lo que no es tuyo Editor: Nyoi-Bo Studio Volteó en la dirección desde donde vino el sonido, pero vio nada.

¿Solo era su imaginación?

Lu Xiulan rio en voz baja.

Debía estar pensando demasiado de nuevo.

Caminó más cerca del estanque, se agachó y rozó la superficie del agua con los dedos.

—Lo siento chicos, no hay comida para ustedes.

Solo los invitados pueden tener un festín esta noche —les dijo a los peces koi que se le acercaron.

—Eres una mujer extraña.

—¿Quién anda ahí?

—Pensó que seguía sola hasta que escuchó la voz de alguien.

Se enderezó, levantó el mentón y volteó hacia la figura de pie en las sombras.

—Relájate.

Solo soy yo.

—Song Yichen avanzó, dejándose ver.

Ella se congeló cuando se dio cuenta de que esta vez no iba a poder evadirlo.

Si no fuese más lista, habría pensado que él estaba dudando.

Su corazón se aceleró mientras él se acercaba y se detuvo a su lado, decepcionándola que no volteara y se fuera, como solía hacerlo.

En sus recuerdos, su espalda siempre era lo primero que podía ver.

Siempre estaba detrás de él, siempre intentando alcanzarlo.

Esta vez, quería que se fuera y la dejara en paz.

Se rehusaba a dejar que sus sentimientos la vencieran una vez más.

Desvió la mirada de vuelta hacía el estanque, ignorando lo que dictaba su corazón, que intentaba alcanzarlo.

—A todos les encantó la campaña —dijo él después de un largo e incómodo silencio—.

Esta vez te superaste a ti misma, Xiulan.

Oh, eso sí que era algo que no estaba preparada para escucharlo decir.

Song Yichen jamás la había elogiado por nada que hubiera hecho antes.

Siempre le recordaba sus defectos, fracasos y errores.

—A Yuan Jin se le ocurrió el concepto.

Yo solo le seguí la corriente.

Honestamente, no me gustaba tanto.

Esa hada era una idiota, dejando todo por alguien que no la valoraba —repuso ella e hizo un gesto de desdén mientras intentaba poner más distancia entre ellos.

—Si… —Song Yichen volteó hacia ella, sacudió la cabeza y agregó— porque el emperador era un gran tipo, ¿eh?

La incomodidad comenzó a dispersarse, ayudándola a relajarse.

En la campaña Lu Xinyi interpretaba a un hada ingenua que se enamoraba de un emperador mortal, interpretado por el presidente Shen.

El hada, cegada por su amor y desesperación por estar con él, dejaba su inmortalidad solo para convertirse en humano y descubrir que él ya había escogido a otra mujer para que fuera su emperatriz.

—Por supuesto, el emperador tiene un deber con su gente, mientras el hada solo piensa en sí misma.

Si no estuviera tan ciega por su amor, sería capaz de ver que el emperador sí la amó.

En lugar de confiar en sus palabras, creyó con facilidad que la engañó y lo dejó morir —replicó Lu Xiulan, sintiendo que esto le era más familiar que su preocupación por ella.

En su mayoría, discutían sobre los detalles de las películas y campañas que habían visto.

La hacía sentir cálida y más cerca de él, solo que ella era la única que apreciaba esos escasos momentos entre ellos.

Se le apretó el corazón al recordar lo que debería estar haciendo.

No debería estar pensando en él cuando pronto sería la esposa de otro hombre.

—Bueno, tal vez si el emperador hubiera luchado por ella en lugar de dejar que sus ministros dictaminen su vida, el hada no hubiese sacado conclusiones precipitadamente.

Si él le hubiera explicado cuáles eran sus planes y no se lo hubiera ocultado, no estarían en un lío así.

—Entonces claramente el hada no sabe que no puede obligar al emperador a convertirse en quien ella necesita que sea.

Era obvio que no estaba listo para ella.

Ella depositó su felicidad en alguien que no se estaba aferrando a ella.

—Tú me importas —dijo de repente Song Yichen que se detuvo; la miró directo a los ojos y convirtió su conversación en algo más.

—¿Disculpa?

—preguntó Lu Xiulan boquiabierta.

—Me oíste.

Las lágrimas ardían en sus ojos, de nuevo amenazando con caer esta vez.

Cerró los ojos por un momento para bloquear su imagen.

¿Por qué seguía doliendo?

Quería escapar.

Estar tan cerca era demasiado doloroso para ella.

Respiró profundo e intentó calmarse.

Solo tenía que soportarlo.

Después de todo, esta sería su última conversación y no tendría que lidiar con él nunca más.

Por alguna razón, ese pensamiento no era tan reconfortante como debía ser.

Su corazón se hizo añicos al pensarlo.

Esta vez lo perdería para siempre.

“No puedes perder lo que no es tuyo.” Ese solo pensamiento hizo eco en las profundidades de su alma y estalló en su mente.

Sabía que era verdad.

Sin importar lo mucho que doliera, lo mucho que dañara su corazón, no podía tenerlo.

Lu Xiulan inclinó su cabeza.

El dolor y la humillación le dieron con fuerza en el pecho.

No podía culparlo, no podía hacer eso.

Era su vergüenza, no de él.

Tal vez era verdad que, a veces, la persona que uno más quería era la persona con la que mejor se estaba lejos.

—No fue mi intención herirte —agregó él, lo que echó más leña al fuego.

—Lo sé, Yichen —sonrió ella.

Una sonrisa dubitativa, pero un sonrisa en fin—.

Lo sé.

—¿Qué ocurre?

—preguntó él con su voz profunda—.

Esta noche te ves triste.

¿Pasó algo?

—Hay cosas que necesito decirte —dijo ella y se volteó a mirarlo, por fin encontrando el valor para hacer lo correcto.

Nadie le había dicho que hacer lo correcto podía doler tanto.

—¿Qué cosa?

—preguntó él y frunció el ceño.

Podía ver que estaba molesta, pero no notaba que estuviera determinada a hacer lo mejor para los dos.

Una expresión seria se vio reflejada en sus ojos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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