Pequeña señorita diablita: la esposa traviesa del presidente - Capítulo 288
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- Capítulo 288 - 288 Capítulo 288 – Tu sucio secretito
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288: Capítulo 288 – Tu sucio secretito 288: Capítulo 288 – Tu sucio secretito Editor: Nyoi-Bo Studio En la limosina.
—Shen Yi…
—¿Tienes miedo?
No temas.
Ambos sabíamos que esto pasaría tarde o temprano.
La gente siempre dirá algo de nosotros, nos guste o no —Shen Yi adivinó lo que la preocupaba y le dio una palmadita en la cabeza.
—¿Qué sentido tiene preocuparse por ellos?
Te casaste con el mejor hombre de la ciudad.
Por supuesto que están molestos contigo —bromeó, intentando relajar el ambiente.
Lu Xinyi soltó una risa.
Apreciaba profundamente que él escogiera estar a su lado en momentos así.
—Eres bueno conmigo.
No me tratas como tu sucio secretito.
Apuesto que no saben lo genial que puedes ser —se burló ella.
Su mano estaba en la mejilla de él, haciendo que su mirada se posara en su cara.
—¿No?
Mis socios se reirían de ti si te atreves a decirles eso —dijo él y la atrajo a su lado y besó su coronilla, ignorando el olor a alcohol en su cabeza.
Ella se relajó con su abrazo.
En sus brazos, no necesitaba preocuparse del mundo exterior.
—Las mujeres pueden ser aterradoras —suspiró, recordando cómo la maître la trató apenas los rumores de ella y su esposo llenaron las redes sociales.
—Tienes razón —dijo él luego de pensarlo por un momento—.
Las mujeres son como muñecas.
Pueden ser hermosas e inocentes como una Barbie y feas y espantosas como Annabelle al mismo tiempo.
Ella se alejó de él y miró su cara por un segundo antes de estallar de la risa.
No podía parar mientras sus ojos se ponían llorosos y le dolía un costado de la risa.
—¿De qué te ríes?
—frunció el ceño.
—¡De ti!
—exclamó y siguió riéndose con ganas.
Él la miró y soltó una risita.
Había sido arrogante al pensar que ninguna mujer podría afectarlo después de Li Qiao y que su camino estaba establecido.
Había olvidado lo fuertes que podían ser las emociones y que podían conmoverlo.
Afortunadamente, no era una caso perdido.
La mujer que se estaba partiendo de la risa con su mera broma era prueba de que no había sido muy tarde para él.
Tenía suerte de tener una esposa resistente que estaba dispuesta a ahondar para intentar entenderlo.
—Deja de reírte.
Creo que tienes algo que decirme —dijo él, esperando que se detuviera.
Tenía que saber lo que la estaba molestando últimamente.
No sabía qué pensar de su cambio de humor repentino.
¿Cómo podría ayudarla si no le decía lo que pasaba?
Lu Xinyi se calmó y se enderezó.
Se daba cuenta de que Shen Yi quería hablar de algo importante.
En su presencia, mantener la calma y compostura era mucho más difícil de lo que sonaba.
Podía sentir el latido de su corazón en su pecho.
—Dime, ¿por qué fuiste al doctor el otro día?
—No fue nada —repuso ella que de inmediato se tensó a su lado.
—Xinxin… —dijo él bruscamente, haciéndole saber que no estaba de humor como para evadir el tema que habían estado ignorando por días.
Estaban evitando conversarlo y el efecto estaba empezando a aparecer entre ellos.
—Es verdad.
No fue nada —respondió su esposa y luego su mirada cayó en sus pies, como si fueran de lo más interesante.
Él asimiló su expresión malhumorada.
Se acercó, haciendo contacto con sus brazos.
—Xinxin —le susurró al oído— sabes que me puedes contar lo que sea, ¿cierto?
—Esta vez su tono era más dulce, esperando que se relajara.
Ella se tragó el nudo que tenía en la garganta, temiendo que él pensara que era estúpida, pero cuando sus dedos acariciaron suavemente su cabello, sintió que flaqueaba.
Levantó la vista hacia su cara y vio las cansadas ojeras bajo sus ojos.
Su expresión demostraba preocupación mientras la esperaba.
Había estado con ella desde el comienzo de los exámenes de ingreso.
Estuvo a su lado cuando fue a Grace Palace y compitió en el festival demasiado pronto para su gusto.
Sus ojos se movieron a la pila de documentos a su lado, que esperaban ser revisados y firmados por él.
Lu Xinyi sabía que Shen Yi sacrificaría algo por ella.
La gente decía que su esposo era frío, pero alguien así jamás dejaría de lado sus responsabilidades para asegurarse de que ella estuviera a salvo.
Volvió a mirarlo, con los ojos llorosos, mientras intentaba ocultar su vulnerabilidad en su presencia.
Con un sollozo, se lanzó a sus brazos y lloró en silencio.
Él se vio obligado a recostarse sobre el asiento trasero de la limosina, sorprendido con el repentino arrebato de su esposa.
Su mano subía y bajaba por su espalda baja mientras ella seguía escondiéndose del mundo.
—¿Qué ocurre?
¿Alguien te amenazó o hirió de alguna forma?
—preguntó con preocupación.
Estaba desesperado por saber lo que había provocado sus lágrimas.
Ella cerró los ojos y recordó por qué estaba alterada después de la cita con la doctora.
¿Se distanciarían si no podía tener un hijo?
La idea hizo que sus tripas se retorcieran dolorosamente.
Le quería contar todo, sin atreverse a quebrantar su confianza, pero tenía miedo.
Ahora que estaba en sus brazos, con él intentando entenderla mientras lloraba, se reprendió a sí misma.
Shen Yi merecía saberlo.
—Pensé que estaba embarazada —confesó.
Lo sintió tensarse y su mano se detuvo súbitamente para poder verla a la cara.
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