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Pequeña señorita diablita: la esposa traviesa del presidente - Capítulo 296

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296: Capítulo 296 – Ahora te tengo a ti 296: Capítulo 296 – Ahora te tengo a ti Editor: Nyoi-Bo Studio Lu Xinyi salió de su ensimismamiento y miró a Shen Yi, sorprendiéndose de quese hubiera quedado solo observando.

Podía sentir el calor subiendo por sus mejillas, recordando que eran las únicas personas en esa isla.

Qué lástima que pronto tuvieran que regresar, de lo contrario, le encantaría explorar la isla con él.

—Hace frío.

Vamos adentro —dijo él y tomó su mano con delicadeza y comenzó a caminar.

Apretaba su mano con suavidad, lo cual le daba tranquilidad.

—Bien —aceptó ella con gusto.

Le alegraba poder compartir estos escasos momentos con él y bajó la vista hacia su mano, que él todavía tomaba con firmeza.

Su mente de nuevo divagó hacia la vida de sus padres y su futuro con Shen Yi.

—Me pregunto cómo se siente.

—Sin darse cuenta, dejó que esas palabras salieran por sus labios.

—¿Qué cosa?

—preguntó él mirándole.

Ella abrió la boca, solo para darse cuenta de que acababa de poner en palabras lo que estaba pensando—.

Me estaba preguntando lo que se sentía enamorarse.

Él casi se tropezó al escucharla decir esas palabras.

Su corazón se aceleró y su estómago se hizo un nudo.

Nunca había sido bueno con las mujeres, ¿qué podía decir del amor?

—Nunca te habías enamorado —dijo él.

Se suponía que era una pregunta, pero a los oídos de Lu Xinyi, sonaba como una afirmación.

—¿Y tú?

—le devolvió la pregunta ella.

Él se burló, pero no respondió la pregunta.

¿Qué se suponía que tenía que decirle?

¿Que sus sentimientos por Li Qiao eran algo que nunca entendería?

Hasta ahora, era extraño lo peligrosamente apegado que estaba a Lu Xinyi.

—No evadas la pregunta —dijo ella mirando con los ojos entrecerrados.

—No sabía lo que era el amor antes de ti —confesó Shen Yi— pero siempre me pregunté lo que se sentía cuando era más joven.

Me daba miedo enamorarme.

Shen Yi no podía comprender lo que pasaba por su cabeza, pero, por lo menos, le estaba diciendo cosas así.

—¿Por qué?

Estaban cerca de la casa y disminuyó el paso para ayudarla a caminar por el resbaloso sendero.

Abrió la vieja puerta y la dejó pasar.

No había muchos cambios notorios desde su última visita.

—Hoy en día, la gente se enamora y desenamora fácilmente.

Quiero un amor que dure toda la vida.

La idea de que me abandonen me asusta.

Me asusta que un momento te ame y el siguiente se arrepienta de estar contigo.

Me gustaría estar con alguien que me quiera por quién soy, independiente de la familia de la que provengo —le explicó ella.

—Xinxin…

No sabía qué decirle.

Puede que antes fueran sus miedos, pero ahora lo tenía a él.

Quería decirle que nunca más se sentiría sola, que nunca dejaría de quererla.

Amor.

Shen Yi casi se atragantó con los pensamientos que lo inundaron.

¿Y él qué sabía de amor?

—Ya no estás sola, Xinxin.

Ella lo miró y sonrió con calidez.

—¡Por supuesto que no!

Tengo a Xiulan y a Yuan Jin.

Nunca me traicionarían como Meng Jiao.

Y ahora te tengo a ti.

¿Por qué más le tendría miedo al amor?

Él desvió la mirada rápidamente, intentando ocultar el ligero rubor que manchaba sus mejillas.

—Ves, ¿entonces por qué te preocupas de estas cosas?

Ahora eres otra Xinxin.

Ella sonrió, pero su cara se iluminó cuando vio un columpio viejo no muy lejos de la casa.

—¡Mira, hay un columpio!

—dijo emocionada, soltando a su esposo.

Shen Yi vio de lo que estaba hablando.

Era el columpio que le hizo a Shen Xue cuando eran niños.

La última vez que él y su hermano se quedaron en esa isla, el proceso de divorcio de sus padres ya estaba en marcha.

Aquello entristeció tanto al joven Shen Xue que se rehusó a comer por casi una semana, haciéndole pataletas a cualquiera.

Hasta su padre, Shen Huang, no podía hablar bien con él.

Él solo escuchaba a su hermano mayor, algo que su padre y la matriarca Shen no podían entender.

Antes su relación era mejor que lo que tenían ahora.

Ahora discutían como si quisieran arrancarse el cuello cuando estaban en la misma habitación.

El columpio era el último regalo que le había dado a Shen Xue.

—Me gusta columpiarme.

Empújame, ¡por favor, Shen Yi!

—No creo que sea buena idea, Xinxin.

Ahora la nieve caía con más intensidad.

En cualquier momento podría convertirse en una dura tormenta de nieve.

El clima de la isla era impredecible.

—¿Qué?

¡Qué aburrido eres, presidente Shen!

—dijo ella y le sacó la lengua, traviesamente.

Él frunció el ceño, haciéndola reír una vez más.

La siguió a regañadientes y vio cómo se sentaba en el columpio que estaba hecho con una cuerda gruesa y una llanta vieja.

Lu Xinyi llegó al columpio y tomó un poco de impulso, ya que él se negó a darle un empujón.

—¿Crees que estaremos bien?

—le preguntó ella, lo cual la había estado molestando desde la mañana.

—No veo por qué no.

Siempre y cuando no estés con otro hombre.

—Aahh…

¿no me digas que el presidente Shen piensa que podría serle infiel?

—dijo ella y soltó una risita.

Él se burló y sacudió la cabeza.

¡Qué absurdo, como si pudiera encontrar a un hombre mejor que él!

—No te preocupes, presidente Shen.

Estoy segura de que nunca tendrás que preocuparte de que te engañe —dijo y luego sus mejillas de pronto se sonrojaron —.

Puede que me coma algo que es tuyo, pero eso sería todo.

Él estaba satisfecho con sus palabras.

En realidad, no le preocupaba que lo engañara, pero eso no significaba que los hombres irían en manada hacia ella sabiendo que estaba soltera.

—Creo que deberíamos entrar.

Podrías pescar un resfriado y preferiría no verte enferma en cama.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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