Pequeña señorita diablita: la esposa traviesa del presidente - Capítulo 297
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- Capítulo 297 - 297 Capítulo 297 – Compartirla con el mundo
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297: Capítulo 297 – Compartirla con el mundo 297: Capítulo 297 – Compartirla con el mundo Editor: Nyoi-Bo Studio —¿Xinxin?
—Shen Yi dijo su nombre de nuevo.
Pero como no le respondió, arqueó una ceja, y se quedó observando a su esposa que quedó sentada en el viejo columpio—.
¿No quieres entrar?
—le preguntó, preocupado de que no le gustara su sorpresa.
Lu Xinyi desvió la mirada, como si estuviera avergonzada de algo.
Se quedó quieta, negándose a mirar a los ojos a su esposo.
—No me puedo bajar…
—susurró ella.
—¿Qué dijiste?
—preguntó él que se acercó, sin entender lo que dijo.
—¡Dije que no me puedo bajar!
¡Estoy atascada!
—gritó ella, agitando las piernas en el aire e intentando tocar el suelo con sus pies, solo para fracasar.
Por un instantes se sumieron en silencio, con él mirándola boquiabierto mientras ella deseaba nunca haberse sentado en el columpio en primer lugar.
Por lo visto, su trasero había entrado en el espacio al centro de la llanta y quedó atascada.
A él le tomó varios segundos entender lo que quiso decir.
La miró, conteniendo la risa, con las cejas ligeramente levantadas.
Ella desvió la mirada antes de que esa expresión traviesa suya se extendiera.
Él le dio la espalda y se tapó la boca en un intento fallido por esconder su risa.
Tosió dos veces en su mano y su cuerpo temblaba, pero no de frío.
De pronto, dobló su cuerpo y estalló en una fuerte carcajada.
—¡Shen Yi!
¡Maldición!
¡Deja de reírte y bájame de aquí!
Debido a que el columpio estaba atado más arriba de lo normal, los pies de Lu Xinyi no tocaban el suelo, aunque quisiera.
—Está bien, sabía que esto era una mala idea —dijo él aún riéndose.
Ella pensaría que el sonido de su risa era encantador si no estuviera atascada en ese asiento.
Resopló impotente.
Decidió vengarse después.
Él la sacó con facilidad del columpio y la dejó en el frío suelo.
Seguía sonriendo como un tonto, burlándose incansablemente de su esposa.
Le gustaba verla enojada.
Sabía que, después de ese día, tendría que compartirla con el resto del mundo.
Como un polluelo que acababa de emplumarse, ella tendría que estirar las alas y llegar a ser alguien de renombre.
Sabía que no podía mantenerla a su lado todo el tiempo.
No creía que lo supiera aún, pero él haría lo que sea por ella.
No tenía idea de cómo esta linda diablita lo logró, pero no lo cuestionaría.
Shen Yi por fin entendió lo que su tío dijo cuando era joven.
El corazón no escuchaba razones.
Lu Xinyi dijo que no habría otro.
Ahora le pertenecía a él y nada se interpondría…
a menos que ya no lo quisiera.
Hizo una mueca de dolor al pensar en eso.
Se recordó a sí mismo que Lu Xinyi no se parecía en nada a Li Qiao.
— —Muy impresionante.
No sabía que tenías un lugar así —comentó ella cuando llegaron al vestíbulo del albergue.
Era descomunal.
Pensó que varias familias podrían quedarse aquí y aun así disfrutar de su privacidad.
—Espera a que veas lo que hay adentro —dijo él sonriendo mientras seguían avanzando por el camino.
Una puerta de madera enorme, esculpida y adornada con bisagras complejas los recibió.
Había ventanas gigantes que dejaban que cualquiera apreciara el paisaje blanco de afuera y una amplia escalera de madera, resplandeciendo como si nunca la hubieran tocado y hubiera olvidado envejecer con el tiempo.
—Perdiste nuestra apuesta.
No olvides hacer nuestra cena —le recordó Shen Yi mientras se sentaban en la espaciosa sala de estar, agradeciendo el calor del interior.
—Pero hoy no tengo ganas de cocinar.
¿Tienes hambre?
Bueno, para ser honesta, la pesadilla de la cena sorpresa de Shen Yi todavía permanecía en su mente.
Se mordió la parte de adentro de la mejilla al pensar en lo que podría estar comiendo esa noche si él hubiese perdido.
No ansiaba otra tortura a sus papilas gustativas.
—En realidad, no.
Podrías hacer unos sándwiches si no quieres cocinar mucho.
Lu Xinyi dejó a su esposo y decidió encontrar la cocina por sí sola.
Justo como él había dicho, todo estaba preparado antes de su llegada.
El refrigerador estaba lleno de comida que podría durar por una semana.
Sacó los ingredientes que necesitaba para sus sándwiches, respiró profundo, se arremangó las mangas y empezó a trabajar en su cena.
Ella siempre preparaba la comida de su esposo a diario y sabía qué tipo de sándwiches le gustaban.
Una vez discutieron porque, según él, ella intentaba hacerlo engordar, lo cual negó por supuesto, diciéndole que siempre preparaba la comida con amor.
Desde entonces, tenía el hábito de rociar sus platos con un inexistente polvo de amor.
Luego dijo que era su arma secreta para hacerlos más atractivos.
Por alguna razón, se le pegó y quedó como una costumbre.
Siempre que estaba enojada con él, le decía que ese día su comida no estaba hecha con amor.
Mientras ponía una rebanada de pan encima de su sándwich, Lu Xinyi lo fulminó con la mirada.
Bah, ¿cuándo podría vengarse?
—Disfruta de este sándwich, patán.
Espero con desesperación que disfrutes comerlo.
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