Pequeña señorita diablita: la esposa traviesa del presidente - Capítulo 298
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- Capítulo 298 - 298 Capítulo 298 – De regreso a casa
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298: Capítulo 298 – De regreso a casa 298: Capítulo 298 – De regreso a casa Editor: Nyoi-Bo Studio Cuando Lu Xinyi regresó a la sala de estar, vio la actitud relajada de su esposo.
Sus brazos estaban estirados tranquilamente en el respaldo del sofá y reposabrazos, con los ojos cerrados.
Apenas ella entró al salón, abrió los ojos lentamente y la miró.
Esta vez, sus oídos estaban mucho mejor.
Estaba esperando a que le llevara los sándwiches que hizo para ellos.
Sus ojos escudriñaron el plato que se le presentó.
Parecían sándwiches de queso fundido normales, pero, por alguna razón, podía ver señales de advertencia mientras su esposa le miraba ansiosa.
¿Qué que había puesto esa diabla a los sándwiches ?
Shen Yi la observó desde su lugar en el sofá.
Sus dedos agarraron uno y lo dio vuelta para verlo por ambos lados.
Cuando vio algo verde y cremoso entre el pan, y dirigió la mirada a su esposa.
Esta diablita planeaba vengarse de él esa noche.
Qué lástima, porque no planeaba perder ante ella.
—¿Sándwiches de queso fundido en la noche?
—¿Qué?
¿No te gustan?
—dijo ella y resopló—.
¡Si no quieres comer lo que te hice, solo dilo!
“Qué bien actúas, Lu Xinyi, pero no caeré con eso”, pensó él.
—No dije que no me gustan —se defendió Shen Yi.
—Están buenos.
Te gustarán —dijo ella con un destello travieso en los ojos.
Él dio un gran bocado de su sándwich, observando la reacción de ella.
A medida que pasaban los segundos, su sonrisa se esfumó lentamente, reemplazada por un ceño fruncido.
Luego miró el resto de los sándwiches en el plato, preguntándose si Shen Yi había tomado de los “suyos” en lugar del sándwich picante que hizo específicamente para él.
No sabía si preguntarle cómo estaba o si revisar el resto de los sándwiches.
Pero si lo hacía, su esposo sospecharía de su última travesura.
—¿Qué estás esperando?
¿No comerás?
—Las palabras de él la sacaron de sus pensamientos.
Él quería volver a reírse con su indecisión.
Con un suspiro exagerado, Lu Xinyi tomó un sándwich y dio un mordisco.
No sentía nada picante.
Él se inclinó, tomó la mano con la que ella sostenía su comida y dio un bocado de su sándwich.
—El mío está mejor que el tuyo —comentó él.
Los ojos de ella se agrandaron por un segundo y luego volvieron a la normalidad.
¿Qué estaba pasando?
¿Dónde estaba el sándwich picante que hizo?
Imitando lo que su esposo le hizo a su comida, se escurrió y dio el mordisco más grande de su vida al sándwich de él.
Pero apenas lo tocó con su lengua, ella saltó de su asiento con la cara sonrojada.
—¡Arde, arde, arde!
¡Demasiado picante!
—gritó mientras corría de regreso a la cocina para encontrar algo con lo que quitarse el picante de la boca.
—¿Qué?
¿No crees que está mejor?
Podemos cambiar si quieres —le dijo él riendo a su traviesa esposa.
—¡De ninguna manera tonto!
—gimió ella.
Shen Yi sonrió con superioridad.
Sabía que Lu Xinyi no soportaba la comida picante.
Que intentara hacerlo comer un sándwich de queso fundido con jalapeños no era su primer intento de sabotear su comida.
— Lu Xinyi no ansiaba regresar a casa, puesto que sabía que, cuando llegaran, tendrían que despedirse de los mellizos a los que ya habían aceptado como hijos propios.
Pasó sus últimos días de vacaciones en la cocina del Grace Palace para su entrenamiento improvisado con He Haotian y le tenía pavor a irse a Silver Leaf.
Antes de irse, le aseguraron que Grace Palace y Blue Haven estarían en buenas manos.
No era que le preocupara que esos establecimientos cerraran si no estaba ella.
Con los hermanos Yang y el Chef Gao, no pensaba que hubiera problema con He Haotian supervisándolo todo.
Al llegar a su hogar, tuvo una sensación confusa mientras le echaba un buen vistazo.
Era extraño estar ahí de nuevo después de tanto tiempo.
Pese a lo mucho que se había ausentado, Lu Xinyi todavía recordaba todo sobre ese lugar: las hortensias plantadas en el jardín delantero y hasta el tintineo suave de los móviles que le recordaban a las tardes de verano que pasó con su esposo y los mellizos.
Por alguna razón, sintió que todo fue un sueño, un buen sueño.
Una familia que podía decir que era suya después de pasar años viviendo sola, pensando que solo sería una ilusión.
Para cuando llegaron a casa, había caído la noche y envuelto a la ciudad en un manto de oscuridad.
Corrió por el camino hacia la casa, con sus zapatos golpeteando los escalones de piedra que daban a la puerta principal.
La entrada estaba llena de hojas caídas, bañándola de rojo oscuro y naranjo, y las pisó, haciéndolas crujir.
La luz del porche estaba encendida y el resplandor amarillo familiar hacía que la casa se sintiera cálida y acogedora.
Podía escuchar los pasos de su esposo detrás de ella, recordándole que no estaría sola con este dilema.
El metal del pomo de la puerta estaba frío y lo dio vuelta con facilidad, entrando a la sala de estar bien iluminada.
—¡Mami!
—chilló la pequeña Yuyan con un tono agudo, rompiendo el silencio en su casa.
Apenas vio a Lu Xinyi en la entrada, saltó de su asiento y corrió feliz hacia su madre adoptiva.
Había algo tan embriagador en una niña emocionada como Shen Yuyan.
Saltó y chilló más fuerte mientras corría.
A medida que su sonrisa se agrandaba, Lu Xinyi comenzó a sonreír y hasta su esposo cayó bajo el hechizo de la jovencita.
Así era la pequeña Yuyan esa noche.
Relajaba el ambiente como si rebosara de resplandor.
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