Pequeña señorita diablita: la esposa traviesa del presidente - Capítulo 300
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- Capítulo 300 - 300 Capítulo 300 – Paga el precio, Feiyan
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300: Capítulo 300 – Paga el precio, Feiyan 300: Capítulo 300 – Paga el precio, Feiyan Editor: Nyoi-Bo Studio Una mujer corrió por el pasillo, empujando a la gente para abrirse paso e intentar ver si podía hablar con su señora antes de que surja otro problema.
Chen Anqi se disculpó cuando chocó con otro empleado mientras tomaba el ascensor.
Sun Mingai y su hijo estaban a punto de llegar sin previo aviso.
Chen Anqi podía asumir que esto era por la aparición de Lu Xinyi en los medios.
Esperaban que regresara del extranjero, pero había llegado antes de lo previsto.
La vieja bruja odiaba a Sun Feiyan y a Lu Xinyi hasta la médula.
Había tratado a su señorita Feiyan con un puño de hierro, controlando todos sus movimientos y recordándole en lo que se había convertido después de sacar a Lu Xinyi de la escena.
Si tan solo supiera lo mucho que Sun Feiyan le odiaba, ni siquiera se atrevería a entrar a ese edificio.
—¡Señorita Feiyan!
—¿Por qué estás tan acelerada?
—le recibió la fría voz de su jefa.
La voz era calma.
Aunque vinieran problemas en camino, Chen Anqi no podía evitar asombrarse con el autocontrol de su señora.
Nunca la había visto fuera de control y vulnerable.
La encontró sentada al borde de su escritorio, hojeando un contrato en sus manos.
Ye Xingjie, el guardaespaldas personal de Sun Feiyan, estaba apoyado en la pared con los ojos cerrados.
Cerró la puerta tras ella y caminó lentamente hacia Sun Feiyan.
—Su tía Mingai está aquí —susurró ella, pero fue lo suficientemente fuerte para que ella la escuchara.
—Eso escuché.
No hay nada de qué preocuparse, Anqi.
Esa mujer puede ladrar todo lo que quiera —la tranquilizó Sun Feiyan.
Poco tiempo después de que Chen Anqi llegara, la mujer que habían estado esperando anunció su presencia.
—Presidente Sun, su tía desea hablar con usted —anunció otra secretaria de Sun Feiyan que entró a la oficina para informarla.
—Déjenla entrar —respondió sin desviar la atención de los papeles que estaba leyendo.
Una mujer cercana a los cincuenta años entró con un hombre alto detrás.
Sun Feiyan escudriñó la oficina de Sun Feiyan, como si tratara de encontrar defectos en la joven mujer.
Su cara, que hace años había sido tan fresca como cualquier pétalo primaveral, ahora lucía seca y enferma.
Su cabello, que alguna vez fue castaño rojizo, ahora prácticamente era corto y, en su mayoría, de un blanco platinado.
Sun Feiyan levantó la vista y miró a su tía.
Los años le habían pasado factura.
Ya no había juventud al verla, sino una anciana desgastada.
¿Acaso su tía había perdido toda la fortuna que se había llevado hace años?
Ahora regresaba a succionar más.
—Feiyan, veo que te está yendo bien dirigiendo la compañía —comentó Sun Mingai.
A diferencia de Sun Ruying, Sun Mingai emanaba el aura de una reina que había perdido su gloria.
Sus ojos relucían con celos y avaricia, algo de lo que Sun Feiyan estaba consciente.
Para ella, Lu Xinyi no era el único obstáculo que superar para llegar a la fortuna de los Sun…
también estaba Sun Feiyan.
La habían ascendido a la presidencia de la Corporación Sun, derrocando a su otra prima.
—Bienvenida, tía.
¿Llamaste al abuelo?
Estoy segura de que se alegrará de verte —saludó ella y bajó el papel que estaba leyendo intentando evadir las motivaciones de su tía.
Sun Mingai tiró su bolsito al sofá y se sentó de una forma poco femenina.
Chen Anqi estaba a punto de decirle algo, pero Sun Feiyan la detuvo con una mirada asesina.
No podría protegerla si Sun Mingai decidía desquitarse con ella.
—Ese viejo puede esperar.
Ahora, dime, Feiyan.
¿Qué estás haciendo?
Vi la cara de esa mujer en una revista —dijo la vieja hablando entre dientes.
El hombre que la acompañaba guardó silencio y se paró a un lado.
La frente de la anciana estaba arrugada con muchas montañas y trincheras causadas por años de ceños fruncidos.
Sus ojos rasgados de forma poco halagüeña albergaban de forma permanente una mirada desdeñosa, eclipsando su hermoso tono café oscuro.
Su cara entera parecía no dar señales de alegría y diversión.
En su lugar, sus mejillas desaliñadas contaban su historia de disgusto.
—Te lo aseguro, tía.
Lu Xinyi nunca volverá a entrar a nuestra propiedad —aseguró Sun Feiyan rotundamente.
Si pudiera escoger, mandaría a esta anciana de una patada de vuelta a donde fuera que vino.
No necesitaba que le dijeran qué hacer o cómo decidir.
—Sí, sí, así debe ser.
No te gustaría que Lu Xinyi obtenga y disfrute todo lo que tienes ahora, querida sobrina —dijo la vieja entre dientes antes de hacerle un gesto a Chen Anqi—.
Ey, tú, tráeme algo para tomar.
Chen Anqi lanzó una mirada preocupada a su jefa antes de irse de la habitación.
Sun Mingai no podría hacerle daño a la señorita Feiyan mientras Ye Xingjie estuviera cerca.
Confiaba en que el hombre protegería a su señorita de esa asesina cazafortunas.
Sí, asesina.
Anteriormente, Sun Mingai había asesinado a sus otros hermanos por su codicia y celos.
Chen Anqi se apresuró, ansiosa por regresar al lado de Sun Feiyan.
Cuando estaba a punto de abrir la puerta, escuchó un fuerte golpe dentro de la oficina.
Abrió la puerta y se sorprendió al ver a la anciana cacheteando a Sun Feiyan.
Ye Xingjie dio un paso adelante y tomó la muñeca de Sun Mingai cuando intentó golpear la cara de Sun Feiyan de nuevo.
La empujó, asegurándose de que haya suficiente distancia entre ellas.
—¿Crees que ahora puedes hacer lo que quieras, Feiyan?
—dijo la vieja riendo—.
Disfruta todo esto, niña.
Al final, tendrás que pagar el precio de ser una Sun.
—Déjala, Xingjie —dijo Sun Feiyan despreocupadamente mientras se tocaba la mejilla enrojecida—.
Estoy bien.
—La está amenazando.
—La fría voz barítono hizo eco en la habitación.
—No importa.
Tengo claras mis prioridades.
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