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Pequeña señorita diablita: la esposa traviesa del presidente - Capítulo 309

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309: Capítulo 309 – Derribo corporativo 309: Capítulo 309 – Derribo corporativo Editor: Nyoi-Bo Studio Shen Yi miró su teléfono, dudando de si debería llamar a su esposa.

De pie afuera desde su nuevo estudio en la casa que compró hace poco cerca de la academia, su día estaba lleno de más trabajo del que se tenía que encargar después de regresar a casa con su esposa.

Este era su último trabajo para el grupo Shen y, después, se iría para seguir con su emprendimiento en su propia compañía, el Conglomerado SY.

Luego sus ojos se posaron en unos documentos de compra encima de su escritorio.

Una compañía grande menos, varias por venir.

Su única preocupación era si su hermano sería capaz de encargarse del grupo Shen después de su partida.

Ya podía adivinar que Shen Xue se molestaría con su decisión.

Giró la silla y se inclinó hacia adelante para descansar en sus codos.

Juntó los dedos mientras sus ojos examinaban la lista.

—Jefe Yi, recopilé todos los detalles que necesita de cada compañía.

Esto también nos ayudará a ordenarlo —comentó Qiao He mientras esperaba sus próximas órdenes.

Él no dijo nada, sino que tomó un bolígrafo y comenzó a cancelar y añadir más nombres de establecimientos, compañías y contactos de negocios.

—¿Qué hay de Sun Feiyan?

—Todavía estoy intentando mantener todo intacto.

Como asumió la posición como su nuevo presidente, las preocupaciones de sus inversionistas se despejaron fácilmente.

Preferían tenerla a ella a cargo en lugar de su prima, Sun Qiyan.

—¿Y sus tías?

—siguió.

—Sun Ruying ha estado fuera del negocio desde el día en que ofendió a la joven dama.

Por otra parte, Sun Mingai logró convencer al presidente Sun de darle una posición en la Corporación Sun a su hijo adoptivo.

—Ten cuidado cuando trates con sus filiales.

No querríamos que Sun Feiyan descubra que estamos intentando derribarla desde adentro —le recordó.

—Sí, jefe Yi.

Tenemos mucho cuidado en no dejar un solo rastro —respondió al llevarse la lista y dejar a Shen Yi solo en su estudio.

Al igual que su esposa, era hora de que se aventurara en lo desconocido.

Aunque sería agradable esperar que su padre se retirara y le dejara todo, él prefería trabajar duro por Lu Xinyi y su futuro.

Pese a que era verdad que era el presidente del grupo Shen, solo era un título.

Debido a que, después de todo, su padre y la matriarca Shen tenían el poder de decidir.

Solo porque confiaban en él, tenía permiso de tomar decisiones de inmediato.

Con una gran porción de sus ingresos a salvo en una de sus cuentas suizas, estaba seguro de que él y su diablita no tenían que preocuparse por sus gastos básicos mientras estuviera en Silver Leaf y por patrocinar sus batallas culinarias por los próximos dos años.

Sus planes sobre hacer caer a toda la familia Sun estaban progresando lento, pero seguro.

Puede que le tomara tiempo, pero todos los problemas valdrían la pena si podía mantener a esa familia lejos de su esposa.

Planificar el proyecto más nuevo del grupo Shen nunca fue una tarea fácil, en especial cuando todo se haría desde cero.

Sin embargo, cuando dieron las seis de la tarde, Shen Yi salió a rastras de la sala de conferencias y se fue a casa, llevándose el resto del trabajo con él.

Anoche, se fue a Lunar Residence dos horas antes de la medianoche.

Pese a que la academia lo reconocía como el esposo de Lu Xinyi, quedarse en su suite seguía estando prohibido.

La dejó a regañadientes mientras ella le decía que dos años pasarían rápido y que estarían juntos de nuevo.

Ahora, mientras miraba hacia afuera, no sabía si podía esperar tanto.

Solo habían pasado cuarenta y ocho horas y la estaba extrañando muchísimo.

La posibilidad de no verla cada vez que quisiera era algo a lo que se tenía que acostumbrar.

Su cara apareció en su mente de nuevo.

Se puso de pie, giró y caminó hacia la habitación principal y hacia su espacioso baño para darse una ducha antes de retirarse por la noche.

Más tarde, Shen Yi yacía en su cama, exhausto por todas las batallas que luchaba a diario.

Al igual que en un campo de batalla real, derribar compañías y comprarlas era agotador.

Era una batalla de intelectos y palabras.

Los ataques estratégicos a los tratos y reputaciones también eran necesarios para ganar.

Sin embargo, todo valdría la pena.

Por Lu Xinyi y sus hijos.

Por primera vez en la vida, Shen Yi tendría que esperar.

Dos años serían un largo tiempo y tenía que trabajar en acortar ese tiempo sin enloquecer por la ausencia de su esposa.

Mientras estaba acostado, solo, en su cama, se dio cuenta de que odiaba regresar a una casa vacía.

Extrañaba escuchar las risas de los mellizos, la sonrisa de su esposa cuando regresaba a casa, con sus perros ladrando e intentando llamar su atención para que los acariciara.

¿Qué daría por escuchar a Lu Xinyi darle la bienvenida una vez más?

Al darse vuelta y ver que eran pasadas las once de la tarde, sacó su teléfono y bajó hasta el número de su esposa.

Con el primer tono, Lu Xinyi contestó su llamada.

—Guau, ¿de verdad me llamas a esta hora?

—se rio al otro lado.

—Yo también te extrañé —dijo Shen Yi y sonrió —.

Pensé que llamarte me calmaría, pero qué equivocado estaba.

Se puso de espalda y cubrió sus ojos con su antebrazo, disfrutando de su voz.

Oh, dios.

De verdad la extrañaba.

—Yo también quiero verte.

—Podía percibir que estaba algo avergonzada con su confesión.

Podía imaginar sus mejillas manchadas de rubor mientras intentaba esconderlo con una almohada al igual que hacía siempre que no quería que la viera sonrojada.

—¿Por qué sigues despierta?

—preguntó.

—Mmm trabajando.

Esta semana tenemos que hacer lo básico.

Necesito refrescar mi memoria.

No puedo decepcionar a mi patrocinador con notas negativas, ¿cierto?

—Jamás me decepcionarás, Xinxin —la reconfortó —.

Solo haz lo mejor que puedas.

Siempre y cuando no te arrepientas de nada, lo entenderé.

En fin, me enteré de lo que pasó hoy.

—su tono era casi burlón.

Ah, por supuesto, nada podía escapar su radar si se trata de su esposa.

—¿Cómo te enteraste?

—preguntó Lu Xinyi que se quedó sin aliento.

—Tengo ojos y oídos en Silver Leaf, esposita.

¿Pensaste que te dejaría ir sola?

La escuchó murmurando sobre que era un controlador y que se excedía.

—Me consientes mucho —se quejó— solo quiero quedarme a tu lado —resopló.

—No tenías clases los fines de semana, ¿cierto?

—Así es.

—Estaba tentada a preguntar cómo lo sabía, pero se detuvo.

Podía que simplemente le haya echado un vistazo a su horario de antemano—.

¿Y qué?

—Quédate conmigo los fines de semana —sugirió él.

Tendría que encontrar una forma de tenerla para sí mismo.

Su esposa frunció el ceño.

—Pero nuestra casa está muy lejos de aquí y no traje mi auto.

¿Cómo se supone que vaya y venga sin agotarme?

Shen Yi rio al recordar que había olvidado mencionarle que se había mudado para estar más cerca de ella.

—Yo también me mudé a un lugar nuevo cerca de ti.

Me estoy quedando a unas cuadras de Silver Leaf.

No necesitas tu auto.

Puedo organizar que alguien te vaya a buscar y te lleve de regreso a cualquier hora.

—Puedo tomar un taxi en lugar de eso.

No es necesario.

Hacer que me vengas a buscar solo causaría más problemas y rumores sobre mí.

Prefiero que empiecen a hablar de mí como chef que por ser una mujer descarada que se cuelga de tu nombre —dijo ella y suspiró.

—Sus palabras no importan.

—Quiero que la gente me conozca como chef y no porque soy tu esposa.

Si me van a respetar, lo quiero porque me lo gané yo misma y no usando tu nombre.

Solo un idiota usaría tu nombre para obtener lo que quiere.

—Pero este idiota te quiere demasiado como para permitir que uses su nombre.

Lu Xinyi tosió en su mano.

Qué delicado, Shen Yi.

—C-cállate, ¡estúpido!

¡Y deja de sonreír!

¡Sé que lo estás haciendo!

Casi podía escuchar su vergüenza por el teléfono.

Jamás se cansaría de eso.

—Te amo.

¿Por qué era tanto más fácil decir esas dos palabras por el teléfono que en persona?

El silencio que siguió lo sorprendió tanto que tuvo que revisar si se había cortado la línea o si se había desconectado.

Volviendo a poner su teléfono en su oído, dijo su nombre.

La escuchó decir algo incoherente.

—¿Xinxin?

¿Dijiste algo?

—¡Dije que también te amo!

¡Ahora corta el teléfono y ve a dormir!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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