Pequeña señorita diablita: la esposa traviesa del presidente - Capítulo 50
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50: Capítulo 50.
La primera cita 50: Capítulo 50.
La primera cita Editor: Nyoi-Bo Studio No hubo ningún otro incidente importante después de la reunión, procedieron a juntarse con otro de sus clientes para el almuerzo.
Todo salió bien, su nariz fue perdonada de la tortura que le suponía el edificio.
Afortunadamente, nadie se atrevió a hablar de la escena que vieron “accidentalmente” por temor a desatar la ira de Shen Yi y que los despidiese ahí mismo.
La vida parecía volver a la realidad cuando regresaron al hotel después del almuerzo y Lu Xinyi se encontró a sí misma ajustándose a su nueva vida como la esposa de Shen Yi.
Hasta ahora, no había ningún problema grande en su camino y ella realmente no estaba buscando lidiar con ninguno.
Era sobreacogedor darse cuenta del tiempo que había pasado entre ellos.
Lu Xinyi inicialmente pensaba que vivir con un hombre le daría dolores de cabeza, pero en comparación con vivir con su exnovio, vivir con Shen Yi era más natural para ella.
Estaba un poco abrumada al principio porque no estaba acostumbrada a que alguien hiciera sus tareas hogareñas por ella, pero con la ayuda de Madame Jin, era bastante fácil mantener la casa.
Varias cosas pequeñas salían mal que requerían la atención de ella y Shen Yi, pero estaba feliz de que nada de eso podría arruinar drásticamentes el rumbo de sus vidas.
—Lu Xinyi, despierta.
Prometiste salir conmigo —Sheng Yi le dio empujoncito a su esposa.
Incluso antes de casarse, Shen Yi sabía que Lu Xinyi gustaba de tomarse siestas cuando no estaba ocupada.
—Hmmmm, está bien.
Dame un minuto.
Lu Xinyi bostezó y se estiró como un gato mientras se salía de la cama.
Era un tanto extraño para ella el no tener que despertarse apresurada por ir al trabajo, aún así, el cambio era bien recibido.
Tomó una ducha rápida y se puso un vestido casual.
Se miró en el espejo una última vez antes de acomodarse el blanco vestido y sonreírle a su reflejo.
Después de pasar un tiempo observando a su esposo, Lu Xinyi descubrió qué colores le favorecían y se percataba de que sus atuendos se complementaran cada vez que salían.
Su vestido blanco resaltaba sus mejores rasgos y su femenina silueta.
Qué mal que ella tenía fallas en “ese” departamento.
Aún así, estaba inmensamente complacida con su atuendo y decidió dejarse el cabello suelto.
Shen Yi esperaba pacientemente a su esposa en la sala de estar.
Eventualmente escuchó las suelas de sus sandalias en el piso y miró hacia arriba para ver a Lu Xinyi parada en la puerta, esperando a que se levantara.
Su aliento se quedó en la garganta al ver cómo ella caminaba hacia él para sentarse a su lado.
—Que alguien llame a la policía, es ilegal verse tan bien —dijo Shen Yi, sin notar que sus pensamientos habían salido por su boca.
—¡Shen Yi!
Urgh… estás perdido.
—¿Perdidamente enamorado?
—preguntó divertido.
—¡C-cállate!
—su cara se enrojeció con creces.
—Y…¿a dónde vamos?
—preguntó ella mientras aseguraba las tiras de su sandalia.
Él había insistido en tener esta primera cita, así que ya debiese saber a dónde llevarla.
Viéndola inclinarse a arreglar sus sandalias, Shen Yi notó que ese vestido era nuevo.
¿Acaso ella hizo compras de último minuto antes de abandonar la ciudad capital?
Decidió mantener un ojo en ella porque lo último que necesitaba era que su esposa se volviera el centro de atención de los hombres en la calle.
Ciertamente no quería decir que ella quería que su atención se fijase solo en él.
No, por supuesto, Shen Yi nunca admitiría que estaba celoso.
Ciertamente no era posesivo con su esposa.
Definitivamente no.
Lu Xinyi se levantó de su asiento, su vestido se contorneó mientras se paraba.
Shen Yi levantó una ceja y extendió la mano.
—Vámonos antes de que cambie de parecer.
La miró un momento y luego tomó su mano.
—Iremos a visitar las ruinas.
No puedes retractarte de tus palabras.
Deberías tomar responsabilidad de las promesas que haces.
Ahora con una vestimenta menos formal, Shen Yi la guió hacia afuera y se puso las gafas para mantener una parte de su rostro cubierta en público.
—No recuerdo haber hecho una promesa para esta cita —Lu Xinyi replicó.
—Aún así, ya accediste.
Así que vamos, sigamos andando.
Podemos tomar un taxi o el tren si quieres hacerlo otra vez.
—¿Eh?
Pensé que era una distancia corta desde acá.
—Lo es.
—Entonces caminemos.
Podemos ver más del camino si vamos a pie —sonrió mientras que empezó a caminar, pero Shen Yi agarró su brazo.
—Es el camino equivocado, Xinyi.
¿Ves?
Si yo no estuviese aquí, estarías perdida.
Lu Xinyi rió, se volteó y corrió a su encuentro.
—Guia el camino entonces, querido.
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