Pequeña señorita diablita: la esposa traviesa del presidente - Capítulo 67
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- Capítulo 67 - 67 Capítulo 67 Odio los lunes
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67: Capítulo 67: Odio los lunes 67: Capítulo 67: Odio los lunes Editor: Nyoi-Bo Studio Rayos dorados de sol se impregnaron en la habitación, iluminando la habitación, avisándole a los dos ocupantes de la cama que ya era de mañana.
La cabeza de Lu Xinyi yacía sobre el musculoso pecho de su esposo.
Sus manos desparramadas en su torso mientras que dormía ruidosamente contra su cuerpo.
Dos semanas habían pasado desde su noche de bodas luego del viaje de negocios en Ciudad H.
Después de volver a la ciudad capital, Shen Yi le pidió que se mudara a la habitación principal, con él.
Desde entonces, ellos habían dejado de simular y admitieron que se querían el uno al otro.
Los párpados de Shen Yi se agitaron cuando la luz los golpeó.
Sus ojos se abrieron lentamente para adaptarse al cambio repentino dentro de la habitación.
Su cabeza volteó a mirar a donde yacía su esposa.
Una pequeña sonrisa cruzó sus labios y las luces parpadeaban en sus ojos.
Todavía le resultaba sorprendente que Lu Xinyi no hubiera entrado en razón y lo dejara.
No creía que pudiera dejarla ir tan fácilmente cuando recién la había encontrado.
Acurrucó su brazo alrededor de ella y frotó su hombro con un dedo.
Su esposa no era una persona mañanera, pero había veces en que se despertaba sin verla a su lado.
Desde entonces, Lu Xinyi se aseguró de quedarse en la cama hasta que él despertara de su sueño.
Ella insistió en usar sus lindos pijamas en lugar de esos nuevos camisones que le había regalado.
A veces, Shen Yi se preguntaba si había casado con una mujer o una niña.
Ella era tan infantil a veces.
Lu Xinyi zumbó suavemente y se acomodó en su pecho.
La mano de Shen Yi encontró sus largos mechones y con los labios colocó un casto beso en su frente.
Ella gimió silenciosamente mientras sus ojos marrones se abrían, solo para ver a su esposo observándola dormir.
—Buenos días —murmuró ella, sus ojos se encontraron con los de él.
—Buenos días —respondió Shen Yi, su brazo serpenteando alrededor de su cuerpo mientras se ajustaba para poder besarla adecuadamente—.
¿Dormiste bien?
—Hmm…sí, al menos no roncaste anoche.
—Yo no ronco —negóél.
Lu Xinyi se rió.
—Te levantaste temprano.
—Ya es lunes.
Tengo que irme temprano —suspiróél.
—¿Por qué es que el lunes está tan lejos del viernes y, sin embargo, el viernes está tan cerca del lunes?
—dijo ella haciendo un puchero—.
Odio los lunes.
Lu Xinyi gimió al sentir su mano deslizándose sobre sus costados.
—No tengo idea —respondió Shen Yi riéndose.
—Deberías ir a prepararte.
Llegarás tarde.
Su respuesta fue abrazarla con fuerza antes de rodar sobre ella, una mano en sus caderas y la otra subiendo y bajando a su lado.
—La compañía estará bien por un día sin mí.
Además, nadie puede despedir al jefe, ¿verdad?
Su teléfono sonó, pero Shen Yi lo ignoró.
—¿Escuchaste algo?
—preguntó Lu Xinyi mientras Shen Yi salpicaba su cuello con besos.
—Mi nombre en un momento —susurró contra su piel.
Él le levantó la barbilla para besarla, y su mano comenzó a desabotonar sus pijamas.
Lu Xinyi luchó en vano, pero dejó que su marido lo sacase y lanzase por la habitación.
Deslizándose entre sus muslos, la tomó lenta y amorosamente mientras la miraba profundamente a los ojos.
Fue solo después de una hora después de que se acostaron, con él de espaldas y Lu Xinyi acurrucada de lado.
Su teléfono volvió a sonar, rompiendo el cómodo silencio entre ellos.
—Tienes que tomarlo —dijo Lu Xinyi.
Ya se estaba acostumbrando a sus repentinas reuniones—.
Podría ser importante Shen Yi se quejó pero aún así levantó su teléfono y contestó.
Mirando fijamente en la pantalla, vio que era Qiao He.
—¿Qué sucede?
Silencio.
—Pensé que habías dicho que sería mañana por la tarde —Shen Yi se incorporó y se pasó una mano por el pelo con frustración.
Una fuerte exhalación escapó de sus labios mientras miraba el reloj de su mesa.
—Bien.
Estaré allí en una hora —dijo bruscamente antes de terminar la llamada.
—Así que el jefe no puede decidir por sí mismo, eh.
Basta con una llamada de su asistente y tiene que obedecer —dijo Lu Xinyi sarcásticamente.
Ella lo observó acercarse a él, agarrar un par de boxers y ponérselos.
Luego caminó hacia su vestidor compartido y tomó algo de ropa para el trabajo.
Cuando regresó, Lu Xinyi todavía estaba en la cama, devolviéndole la sonrisa.
Él le dio un breve beso antes de ir al baño.
Ah, ¿quién dijo que solo Lu Xinyi odiaba los lunes?
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