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Pequeña señorita diablita: la esposa traviesa del presidente - Capítulo 80

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  4. Capítulo 80 - 80 Capítulo 80 — ¿El helado o yo
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80: Capítulo 80 — ¿El helado o yo?

80: Capítulo 80 — ¿El helado o yo?

Editor: Nyoi-Bo Studio Los suaves pies de ella caminaron por los pasillos hasta el dormitorio con un pote de helado en la mano.

La mirada de preocupación en el rostro no era algo que Shen Yi esperaba ver cuando ella entró en la habitación.

—¿Qué sucede?

—La suave barítona voz del esposo, hizo que Lu Xinyi fuera consciente de que estaba parada en el mismo lugar junto al umbral—¿No es ese mi helado?

—Nop, ¡este es mío!

—La expresión de preocupación en el rostro de ella fue reemplazada por una mueca de enojo.

La señora Jin pudo comprar helado para la siguiente receta de ella, pero compró del sabor equivocado.

Lu Xinyi necesitaba helado de vainilla, pero, en su lugar, la vieja señora compró de crema y galletitas Ella cerró la puerta con el pie y se sentó en el borde de la cama.

—Creí que lo que es tuyo es mío.

Entonces, significa que ese helado es mío —Shen Yi apagó el teléfono antes de ir a robarle el pote de helado y la cuchara a su esposa de las manos.

El otro brazo de él se deslizó por los hombros de ella para jalarla para darle un beso, pero Lu Xinyi lo apartó.

—Oh, no, mi amor.

Lo que es tuyo es mío y lo que es mío es mío —le corrigió ella.

Shen Yi se sentó en la cama y abrió el pote de helado y tomó una cuchada de él.

—¡Shen Yi, eres un bandido!

¡Devuélveme el helado!

—gritó Lu Xinyi cuando vio que su esposo se devoraba el postre.

Intentó alcanzar el pote, pero, Shen Yi logró mantenerlo alejado de ella con los largos brazos.

—¿Por qué siempre eliges la comida por sobre mí?

Hasta le diste a Xue mis relámpagos de chocolate y bombas de crema —se quejó Shen Yi ¿Por qué era él quien últimamente se quedaba siempre con las sobras?

—¿Qué quieres decir?

—Lu Xinyi estaba desconcertada con aquellas palabras ¿Cuando había elegido ella la comida por sobre él?

Se sentó sobre la pierna izquierda de él e hizo una mueca.

—Si te preguntó ahora mismo, ¿qué elegirías?

¿El helado o a mí?

—le provocó Shen Yi con una sonrisa de oreja a oreja.

—¿Por qué debo elegir cuando tengo las dos cosas?

—respondió ella antes de poder detenerse a sí misma de decirlas.

Cuando se dio cuenta de lo que había dicho, se retó a sí misma por recibir la mirada intensa que le estaba dando Shen Yi en ese preciso instante.

—Yo y mi gran bocota —murmuró ella.

—¿Qué más puede hacer tu boca?

—dijo riendo Shen Yi.

—Quejarse —dijo Lu Xinyi y le guiñó un ojo.

—Entonces, ¿dolió?

Lu Xinyi sabía que pasaría tarde o temprano y estaba preparada para ello.

—¿Qué cosa?

—Si él decía, cuando ella se cayó del cielo, lo estrangularía hasta matarlo.

Se le debería ocurrir una mejor frase seductora.

—Cuando te caíste del cielo.

—Ella lo sabía.

—Pero cariño, creí que sabías que cavé hasta salir del infierno –dijo ella e hizo puchero.

Lu Xinyi sintió que la espalda se golpeaba contra la cama y su esposo se le subió encima.

El pote olvidado de helado cayó al suelo con un ruido sordo.

Demonios, ¿cuántas veces más iba él a desperdiciar helado?

Esa era la segunda vez que lo hacía.

Pobre señor helado.

Parecía que no estaban destinados a estar juntos.

—Touché.

Te estas volviendo buena con las contestaciones Xinyi.

—Aprendí del mejor —le susurró ella contra los labios de él.

Los labios de él fácilmente encontraron los de ella.

La lengua de él saqueo con avidez la cálida caverna de ella y su esposa dejó que hiciera lo que quisiera.

Los delicados dedos de ella se movían y entrelazaban con el pelo de él, Lu Xinyi sabía exactamente qué hacer para que su esposo gimiera de placer.

Shen Yi rompió el beso y la miró.

—Estaba celoso.

Pasaste la mayor parte del día con mi hermano —dijo Shen Yi con la respiración un poco entrecortada y sonrió ampliamente— ahora, ¿puedes darme toda tu atención a mí?

—Tonto.

Tú siempre estás en mi mente.

No tienes que estar celoso —le respondió Lu Xinyi soltando una risita, mientras que le acariciaba suavemente las mejillas con las manos La mueca de él se convirtió en una sonrisa, una sonrisa que a Lu Xinyi le gustaba ver y que causaba que se le parara el corazón.

La miró fijo con ojos hambrientos.

La blusa azul de ella se desabrochó lentamente mientras que se besaban, lo que dejó al descubierto sus agitados pechos y los labios separados en busca de aire.

Los ojos de Lu Xinyi brillaban con emoción, mientras que Shen Yi se desabrochaba su propia camisa, y su pecho con músculos tensos quedaban a la vista.

Los fuertes brazos de él tiraron de la camisa y se pasó la prenda por la cabeza.

La emoción le recorrió el cuerpo a ella, mientras que veía a su esposo avanzar hacia ella lentamente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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