Pequeño fuego: El libro del conocimiento - Capítulo 112
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Capítulo 112: Regreso a casa IV
Enya Ophyris
Mi padre volvió a señalar el mapa de las tribus cuando la conversación retomó su curso.
—La Niebla ha crecido —dijo con serenidad—. Hace diez años nadie los tomaba en serio. Ahora ocupan lugar estable en el consejo. Su voz influye en decisiones regionales.
Eirik asintió.
—Han cambiado su imagen. Se presentan como custodios de tradición. Como una tribu disciplinada y estable.
Recordar el nombre de su sacerdotisa no era difícil.
Cuando era niña, Sigrid Vaelrunn inspiraba respeto. Hablaba con calma, escuchaba con atención, intervenía con precisión. En las ceremonias parecía firme sin ser rígida. Era fácil confiar en ella.
Hasta el día en que me empujó por error por el acantilado.
Después huyo hacia otra tribu.
Ahora su poder no solo era religioso. Era político.
—Sigrid intervino en la prueba —dije con claridad—. Lena no llegó sin preparación.
Mi padre sostuvo mi mirada.
—Conocía la primera y la segunda prueba. Sabía qué se evaluaba y cómo se estructuraban. En la tercera entendía el formato general.
Eirik cruzó los brazos.
—Sigrid le dio ventaja.
Continué.
—Durante la tercera prueba recibió provisiones adicionales. No fue algo evidente, pero sí suficiente para inclinar el equilibrio.
—Al final, Sigrid pidió que Lena fuera nombrada su asistente —añadí—. Lo hizo públicamente. Argumentó que la diosa reconoce a quienes llegan hasta el final.
Mi padre no reaccionó con rabia.
—Eso la protege —dijo—. La coloca dentro de la estructura del templo.
—Y la fortalece —añadió Eirik.
El análisis estaba completo.
Sigrid consolidaba poder en la Niebla.
Lena no regresaba derrotada.
Y nosotros seguíamos atados a una deuda con la Tribu del Sol.
Mi padre apoyó las manos sobre la mesa.
—Esta información no puede circular en la aldea.
Eirik estuvo de acuerdo.
—Si se sabe que la Niebla intervino, habrá tensión. Algunos pedirán confrontación directa. Otros desconfiarán del templo.
—Para nuestra gente, Lena murió en la montaña.
Mi padre asintió.
—La prueba fue dura. No todos regresan. No será difícil sostener esa versión.
Eirik añadió:
—Un funeral simbólico cerrará el tema. Evita rumores y da un punto final claro.
Mi padre retomó el mapa.
—Ahora debemos consolidar lo nuestro. La tribu necesita sentir que el ciclo se cerró y que comienza otro.
Eirik me miró con atención.
—La llegada de una nueva sacerdotisa es un evento mayor. No podemos dejarlo en silencio.
Asentí.
—Organizaremos una celebración formal.
—Con mensaje claro —añadió Eirik—. Unidad. Continuidad. Fortaleza.
La responsabilidad cayó sobre mí con naturalidad.
—Definiré la fecha —respondí—. Coordinaré con los ancianos y las ayudantes del tempo.
Mi padre me observó durante unos segundos.
—Primero el funeral. Luego la celebración.
Asentí.
Un cierre para el pasado inmediato.
Una afirmación pública del nuevo liderazgo.
La montaña había revelado muchas cosas.
Pero lo que se decidía ahora era aún más delicado.
La Niebla consolidaba poder religioso.
La Tribu del Sol sostenía deuda económica.
Nuestra tribu necesitaba cohesión antes de negociar con cualquiera.
Y el primer paso no sería una confrontación.
Sería una ceremonia.
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