Phantasia: La Princesa Caballero - Capítulo 125
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- Capítulo 125 - 125 Prueba de Sin Piedad Parte 2
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125: Prueba de Sin Piedad Parte 2 125: Prueba de Sin Piedad Parte 2 Alicia le dedicó al joven una sonrisa burlona.
Solo esa sonrisa fue suficiente para que el rostro del joven se contrajera.
Alicia necesitaba actuar de esta manera para enfurecerlo.
Quería intentar que se le soltara la lengua y hablara de lo que realmente estaba pasando.
Pero, por desgracia, parecía que el joven estaba preparado para que Alicia lo hiciera enfadar.
—¡Hmpf!
¿Que lo hice a propósito?
¡Pues piensa lo que quieras!
—zanjó el joven antes de marcharse.
Alicia observó cómo se alejaba el joven.
Lamentó un poco no haber conseguido que dijera nada, pero todavía había tiempo.
Primero tenía que analizar la situación y averiguar cuál era su objetivo principal para superar esta prueba.
—Princesa.
Ese era el hijo del Primer Ministro Brisks, Julio Brisks.
Lleva un tiempo haciendo este tipo de tretas —explicó Nora rápidamente.
—Mmm…, parece que el Primer Ministro está intentando endosarme a su hijo.
Pero ¿no es un poco mayor?
Tiene como veintiséis años —Alicia miró la espalda del joven que se alejaba con el rostro lleno de asco.
Jamás en la vida permitiría que una persona así la atara—.
En fin, vamos a investigar a la gente del castillo.
Principalmente a los nobles.
—Solo tiene dieciséis —Nora soltó una risita.
Le pareció bastante divertido que la Princesa le añadiera diez años a la edad del hijo del Primer Ministro.
Pero se recompuso rápidamente y dijo con preocupación—: Princesa, si hace lo que acaba de decir, podría causarle problemas a su Padre.
—¡Hmpf!
¡Si yo digo que tiene veintiséis, tiene veintiséis!
En cuanto a mi Padre…
No te preocupes, siempre y cuando hagamos las cosas de forma indirecta.
No le causaremos problemas.
Empezaremos por ir a las afueras del castillo a ver si vemos u oímos algo interesante —decidió Alicia, que intentaría ver si podía oír algún cotilleo por el castillo.
Empezando por las afueras y avanzando hacia el interior, quizá podría oír algo que no debía.
Cuanta más información consiguiera, mejor.
Supuso que la mayoría de los tratos tendrían lugar en las afueras del castillo.
Ya fuera un noble intentando usar a los sirvientes para que cumplieran sus órdenes, o nobles hablando entre ellos sobre sus planes actuales.
Pensando en esto, Alicia se giró hacia Nora con una expresión fría.
—Nora, ahora que eres mi doncella personal, me gustaría decirte una cosa.
Nunca me traiciones.
Porque si lo haces, no dudaré en quitarte la vida.
A Nora le tembló todo el cuerpo al ver aquellos ojos gélidos que la miraban fijamente.
No se parecía a la Princesa de siempre; esta era alguien que había arrebatado incontables vidas.
Como respuesta, Nora inclinó la cabeza en una profunda reverencia y contestó: —Aunque signifique renunciar a mi vida, nunca la traicionaré, Princesa.
Saber que puedo permanecer a su lado y servirla es mi mayor sueño.
Alicia miró los ojos de Nora, que estaban llenos de sus sinceros sentimientos, y finalmente le dedicó a la pequeña doncella una cálida sonrisa.
—A cambio de tu lealtad hacia mí, haré todo lo que pueda para protegerte, pase lo que pase.
A Nora se le llenaron los ojos de lágrimas.
Ser cuidada de esa manera era algo que los sirvientes rara vez experimentaban.
Alicia soltó una risita y le dio una palmadita en la cabeza a Nora mientras decía: —¿Por qué lloras?
—¡Princesa!
—Nora rompió de repente el protocolo y abrazó a Alicia.
Alicia no la apartó y dejó que Nora terminara de llorar.
Lo que Alicia no esperaba era que su acto de consolar a Nora no pasara desapercibido para los ojos curiosos, pues los sirvientes que se encontraban cerca observaron la escena con absoluta incredulidad.
Algunos incluso pensaron que podrían estar soñando todavía.
Siempre habían conocido a la Princesa Venessa por ser arrogante y despiadada.
Más de un sirviente había muerto a sus manos, pero ahora, ahí estaba ella, consolando a una joven doncella con semejante expresión.
¿Cómo no iban a pensar que seguían soñando?
La noticia se extendió rápidamente y empezaron a surgir rumores.
—¿Te has enterado?
La Princesa es en realidad muy amable y benévola con su sirvienta.
—¿Cómo puede ser?
¿No sufrió Mary torturas interminables a manos de la princesa?
—Quizá Mary de verdad intentó robar las cosas de la Princesa…
Pero este incidente es totalmente cierto.
Muchos vieron a la Princesa consolar con delicadeza y cariño a una doncella que lloraba.
—¿De verdad?
Entonces supongo que debería cambiar mi opinión sobre la princesa.
A los ojos de los sirvientes, la imagen de Alicia había mejorado enormemente.
Pero también había quienes no estaban contentos con este repentino cambio de comportamiento.
Principalmente el Primer Ministro.
En la sección noroeste del castillo, el Primer Ministro Brisks y su hijo estaban en su despacho.
—¡Maldito idiota!
¿No te dije que te ganaras el corazón de esa zorrita?
Es la siguiente en la línea de sucesión al trono.
¡Todo lo que tienes que hacer es conseguir que la zorrita se enamore de ti!
—¡Padre!
Esa chica no es tan fácil de influenciar.
¡Y no solo eso, es muy perspicaz!
De alguna manera supo que choqué con ella a propósito.
¡Incluso me lo echó en cara!
¡Si no fuera por ti, Padre, habría abofeteado a esa perra allí mismo y le habría enseñado lo que significa convertirse en mujer!
—gritó Julio enfurecido.
—Cálmate y espera.
¿No es cercana a esa pequeña doncella ahora?
Intenta usarla a tu favor.
—Una sonrisa malvada se dibujó en el rostro del Primer Ministro.
—Je, si se trata de la pequeña doncella, ¡me la ganaré fácilmente!
***
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