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Phantasia: La Princesa Caballero - Capítulo 78

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78: Raza de Dioses 78: Raza de Dioses Alicia abrió los ojos y alzó la vista hacia el apuesto rostro que tenía delante.

Aunque el rostro parecía un poco más mayor y el cabello era ahora rubio dorado como el suyo.

Incluso sus ojos eran de un sólido color dorado.

Alicia sabía quién era esa persona.

—¿Blake…?

Blake giró la cabeza y miró a Alicia, su rostro mucho más gentil y ya no tan frío como antes.

—Mmm… —le dijo—.

Ahora que he roto el sello no tendrás que preocuparte.

Estoy aquí para ti y me encargaré de cualquier cosa que amenace tu camino en la vida.

A Alicia se le llenaron los ojos de lágrimas; de verdad había pensado que iba a morir una vez más.

Sentir el cálido abrazo de Blake hizo que todos sus miedos anteriores se desvanecieran mientras se hundía en sus brazos.

Abrió la boca para decir algo, pero Blake le puso un dedo en los labios.

—Descansa —dijo—.

Has trabajado duro.

Alicia no dijo nada; solo asintió con la cabeza y cerró lentamente los ojos.

Estaba muy cansada…
Blake alzó la vista hacia el joven, que lo miraba conmocionado antes de que una sonrisa siniestra se dibujara en su rostro.

—¡Y pensar que uno de la Raza de los Dioses, que nunca interviene en el mundo mortal, ha intervenido para salvar a esta zorrita!

¡¡¡AHHHH!!!

¡No lo soporto!

¿¡Por qué no me dejas hacerla pedazos!?

—empezó a gritar el joven, enfurecido.

—Pensé que, tras la guerra de Demonios y Dioses, se había llegado a un acuerdo.

Este establecía que los Demonios ya no intentarían apoderarse del mundo mortal y los Dioses ya no intervendrían en él.

Sin embargo, aquí estás, creando engendros demoníacos y formando un ejército.

¿Cuál es tu objetivo en el mundo mortal?

—preguntó Blake.

Su voz era tranquila, pero al mismo tiempo transmitía una presión abrumadora.

—¡Ja, ja!

¿Que qué estoy haciendo aquí?

¿¡Qué le importa a un puto dios!?

Vosotros, los dioses, sellasteis vuestro poder para vivir entre los mortales, mientras que a nosotros, los demonios, nos desterraron a un páramo en el que no crece ni una brizna de hierba.

Un pozo negro, oscuro y mugriento, de lava fundida y muerte.

Así que, ¿qué hago en este mundo mortal?

¡Pues qué va a ser, reducir un poco el rebaño y darme un festín!

—gritó el joven.

—¡Estás rompiendo las reglas del acuerdo!

—.

Blake agitó la mano y una brillante hoja dorada hecha de luz se disparó hacia el joven.

Esto hizo que el joven se envolviera rápidamente en una espesa niebla negra que bloqueó el ataque.

—¡Eres muy impulsivo para ser de la Raza de los Dioses!

Dejaré las cosas así por hoy.

Si intentas detenerme, masacraré a todos los presentes con un chasquido de dedos.

No obstante, te dejaré algo antes de irme.

Niñita, me llamo Dolnar.

¡Recuérdalo, porque llegará el día en que te mate y te convierta en la comida de mis mascotas!

—Tras soltar estas palabras, Dolnar se envolvió en una niebla negra y desapareció del lugar.

—¿Ha escapado?

—preguntó Alicia, mirando a Blake.

—Mmm.

Se ha teletransportado —respondió Blake.

—Puedes bajarme si quieres perseguirlo —dijo Alicia, sonrojándose un poco.

Todavía estaba en brazos de Blake.

—No pasa nada.

Tu seguridad es lo más importante —dijo Blake mientras volaba hacia donde estaba la barrera mágica.

Alicia vio a todo el mundo tendido en el suelo y se preocupó.

Al ver su inquietud, Blake la consoló: —Están bien.

Solo los he dejado inconscientes.

No puedo permitir que otros me vean con esta forma.

—¿Vas a borrarme los recuerdos de hoy, ahora que te he visto así?

—preguntó Alicia a regañadientes.

No quería olvidar este día por nada del mundo.

Blake miró aquellos grandes ojos acuosos que parecían decir que no estaba dispuesta a olvidar y negó con la cabeza.

—Si se trata de ti, no pasa nada porque lo sepas.

Solo prométeme que nunca volverás a enfrentarte a un diablo a solas.

Cuando estabas luchando contra él, en realidad solo jugaba.

Podría haber matado a todo el mundo con un simple chasquido de dedos.

Los Demonios son algo contra lo que no puedes luchar… Al menos, no por ahora…
Ambos aterrizaron y Blake soltó a Alicia a regañadientes.

Pero, para su sorpresa, Alicia desenvainó su espada y se arrodilló.

—¡Por el honor de mi espada, juro que no revelaré tu secreto a nadie mientras viva!

Y tampoco intentaré luchar de nuevo contra un diablo a solas, a menos que tú me digas que puedo hacerlo.

Blake sonrió mientras su figura recuperaba su apariencia más joven.

Ayudó a Alicia a levantarse y le dijo con dulzura: —No es necesario que hagas un juramento, sé que nunca se lo dirías a nadie.

—Pero aun así… tengo que demostrar mi sinceridad.

Además… —Alicia alzó la vista hacia Blake y sonrió—.

Gracias por salvarme.

Si no fuera por ti, ahora mismo estaría muerta.

—Mmm… Con deber o sin él, siempre te protegeré.

Por ahora, despertemos a todo el mundo y escoltemos a los aldeanos a salvo a sus nuevos hogares.

—Alicia asintió mientras observaba a Blake agitar la mano, y todos los aldeanos, junto con Rosa y Starla, empezaron a despertarse lentamente.

Aquella fue una noche que Alicia no olvidaría en el resto de su vida.

También fue una dura lección para ella.

El mundo en el que se encontraba ahora estaba lleno de gente muy poderosa, tanto enemigos como amigos.

Había seres que podían segar una vida con solo un chasquido de dedos.

El mero hecho de pensar en lo cerca que estuvo de la muerte hizo que un escalofrío recorriera la espina dorsal de Alicia.

Esta vez tuvo mucha suerte de que el diablo solo estuviera jugando.

De lo contrario, habría muerto en el mismo instante en que apareció.

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