Poder Ilimitado 02 - Dominio del Guardián - Capítulo 568
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Capítulo 568: Solicitud
—No esperaba que volvieras sin que te llamaran —oyó Ryan de repente la voz de Isis cuando llegó a la zona y encontró su campamento.
—Yo tampoco lo esperaba, pero aquí estoy, y quiero un favor —dijo Ryan.
—Un favor, dices… —dijo Isis, y por alguna razón parecía divertida.
Ryan suspiró. Desde la perspectiva de otra persona, ver a alguien tan orgulloso como Ryan pidiendo un favor era divertido de por sí. Sin embargo, desde la perspectiva de Ryan, las cosas no podían ser más molestas. Por eso no quería venir.
—Estoy escuchando —dijo Isis.
Aunque a Ryan no le interesaba mucho conocer a Isis en persona, no podía evitar preguntarse hasta cuándo basaría la imagen que tenía de ella solo en su voz. Y, aunque su aspecto le importaba un bledo, al menos al verla podría intentar averiguar si lo estaba engañando o no.
—Estoy interesado en la tecnología alienígena. Más concretamente, quiero saber si tienes acceso a tipos de metales que no se puedan encontrar en la Tierra —dijo Ryan—. Si se pueden convertir en armas, mejor aún.
—Conozco algunos, dos tipos más exactamente, a los que tengo acceso y que se pueden usar para forjar armas, armaduras e incluso mejorarlas sin magia —dijo Isis—. Hay otro, pero no tengo acceso a él. Solo los magos poderosos con un control absoluto del maná pueden crearlo.
—¿Un material que solo los magos pueden crear? —Ryan frunció el ceño.
—Así es, su nombre es mitrilo —dijo Isis—. Aunque te he dicho el nombre, no deberías intentar encontrarlo. Perderás el tiempo. Como he dicho, solo los magos que tienen un control absoluto sobre el maná pueden crearlo.
—¿Y qué hay de los otros? —preguntó Ryan.
—Como he dicho, tengo acceso a ellos, pero no puedo darte esa información gratis —replicó Isis.
—Ya me lo esperaba —dijo Ryan—. Supongo que quieres que haga algo por ti a cambio de la información y de los medios para encontrar los materiales. Aunque no estoy en posición de pedir eso, no tengo mucho tiempo libre y tengo prisa.
—Comprensible, Poseidón está a punto de aparecer, y vosotros, los Humanos, estáis prácticamente jodidos una vez que regrese —dijo Isis.
Como era de esperar, Isis estaba al tanto de la situación en los océanos. Aunque Ryan no tenía ni idea de cómo era la relación entre los dioses antiguos Griegos y Egipcios, podía imaginar que el hecho de que uno de ellos llegara mucho antes que el otro no era una buena idea para el equilibrio de poder. Ahora que Ryan pensaba en ello, se sentía bastante cabreado. Al final, la mayoría de los maestros de mazmorras trataban a los humanos como piezas débiles en una enorme partida de ajedrez que jugaban ellos solos. En cualquier caso, al menos ayudando a Isis primero, no le debería nada más tarde…
—Tengo una mazmorra en Egipto que se enfrenta a algunos problemas —dijo Isis—. Quiero que te encargues de ese problema.
—¿Humanos? —preguntó Ryan.
—Ya te lo dije antes, no te pediré que hagas daño a los de tu especie en mi lugar —dijo Isis—. La verdad es que algunos humanos ya se han unido a mi bando, pero se están viendo superados por culpa de unos enemigos problemáticos. Así que quiero que los ayudes con eso.
Ahora Ryan empezaba a tener sentimientos encontrados sobre la situación. No podía perdonar a los humanos que se unieran al bando de los maestros de mazmorras, pero ahora estaba más o menos en términos pacíficos con una de ellos. Así que no le quedaba más remedio que reexaminar sus pensamientos y acciones.
Dejando eso a un lado por el momento, aunque Ryan podía llegar a Egipto con relativa rapidez con Teletransporte, quién sabe cuánto tiempo tendría que quedarse allí para solucionar un problema que los seguidores de Isis no pudieron resolver. Desde luego, ella les dio un montón de poderes para que se convirtieran en sus aliados…
—¿Puedes contarme más sobre la situación de allí? —preguntó Ryan.
—Por supuesto. Pero antes, déjame darte algunos detalles, ya que pareces estar equivocado sobre mi forma de hacer las cosas —dijo Isis—. Aunque gobierno con justicia a quienes aceptan seguirme, no les prometo poder u otras cosas para tentar sus deseos mundanos. Quienes aceptaron trabajar conmigo recibirán el apoyo adecuado de mis tropas y de mí. Lo mismo puede decirse de sus familias. Tal y como te dije, no obligo a nadie a hacer cosas inmorales por mí.
—¿Y qué hay de los que decidieron no seguirte? —preguntó Ryan.
—Tuvieron la libertad de buscar a otros amos. Tienes mi palabra de que aquellos que no tocaron a mi gente o a mi ejército no sufrieron ni un rasguño —dijo Isis.
Cuanto más hablaba Ryan con Isis, más se veía obligado a reexaminar sus actos y pensamientos. Si lo que Isis decía era cierto, ¿cómo debía actuar? ¿Debía despreciar a los que se unieron a ella en busca de protección? Esa era una pregunta difícil, y otra más… Si Ryan no hubiera perdido a sus padres y estos vivieran en algún lugar, y él tuviera que considerar unirse al bando de uno de los maestros de mazmorras, ¿habría aceptado la invitación por el bien de sus padres?
Según Yahiko, muchos humanos se unieron al bando de los maestros de mazmorras, los guardianes e incluso los caídos en la región de la India. Sabiendo eso, y dado que Ryan no tenía ni idea de la situación en esos países, ¿debería basarse en su propio conjunto de valores y experiencias para juzgar a esa gente?
—Pareces estar en conflicto por algo… —dijo Isis.
—No me hagas caso —dijo Ryan—. Puedes continuar con tu explicación.
—Como te decía, mi gente allí lo está pasando mal por culpa del ejército de otro maestro de mazmorras —dijo Isis—. Entenderás mejor la situación si hablas con ellos y lo ves por ti mismo.
—Si resuelvo esta situación, ¿qué voy a recibir a cambio? —preguntó Ryan.
—No conozco a otros maestros de mazmorras que tengan acceso a estos recursos, así que te daré acceso a un mundo bajo mi control que tiene los materiales que quieres —replicó Isis—. Por supuesto, también tendrás la oportunidad de extraer los materiales tanto como quieras.
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