POEMAS DE LUZ Y SOMBRA - Capítulo 25
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Capítulo 25: MANOS QUE NO DESCANSAN
Antes que el gallo cante, en la mañana fría,
se levanta el obrero con el alma en agonía.
No hay sol que lo salude, solo el reloj tirano
que anuncia otro día de esfuerzo inhumano.
Sus manos endurecidas, marcadas por el dolor,
construyen grandes obras, siembran el pan del señor.
Limpian, cargan, sudan de sol a sol sin tregua,
pero al final del mes, el sueldo apenas les alcanza.
Doce horas de trabajo, a veces sin contrato,
sin seguro, sin descanso, sin derecho ni trato.
El patrón les promete y jamás cumple nada,
y si alzas la voz, te llaman conflictivo y te botan a la nada.
Horas extras robadas, domingos sin honor,
sudor que no se paga, trabajo sin valor.
En la fábrica oscura, en el taller que quema,
el cuerpo se destruye mientras el alma se enferma.
El salario es migaja de un banquete lejano,
apenas llega para el arroz, la luz y el alquiler caro.
Los hijos piden zapatos, miran con ilusión,
y el padre solo baja la mirada llena de frustración.
No hay vacaciones dignas, ni licencia justa,
solo promesas rotas y amenazas con disgusto.
“Si no te gusta, vete”, dicen con sonrisa helada,
sabiendo que afuera esperan mil más desesperados en la nada.
Hoy, Primero de Mayo, alzamos nuestra voz,
no por odio ni rencor, sino por justicia y honor.
Por el que deja la vida frente a la máquina insaciable,
por la madre que limpia pisos con la espalda quebrantable.
Que este día no sea solo una fecha en el calendario,
sino un grito de que el trabajo debe ser digno y necesario.
Porque el trabajo dignifica solo cuando es justo y humano,
mientras tanto seguiremos de pie, con las manos cansadas y el corazón en alto.
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