Pólemos Tôn Agíon: Vol.1_ kosmogenesis_Español - Capítulo 10
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- Capítulo 10 - 10 Tenemos prisa
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10: Tenemos prisa 10: Tenemos prisa ⚠️ Advertencia del capítulo: Este capítulo puede contener referencias a la Segunda Guerra Mundial y algunos acontecimientos posteriores a esa época.
El autor no pretende ser sensacionalista ni generar morbo sobre el tema.
Todo lo narrado aquí es ficción.
Se recomienda discreción por parte del lector.
🫠 Nota del autor: Muchas gracias a todos por seguir leyendo mis capítulos.
Pido disculpas si algunas traducciones contienen errores; me esfuerzo por corregirlos y siempre acepto críticas.
Utilizo herramientas de traducción y, por cuestiones de costos, no siempre puedo revisarlo todo a la perfección.
Prometo seguir mejorando y agradezco mucho su comprensión.
___________________________________________________________________ 2 de Mayo del 1945 En el bosque de Vermont se encuentra Jack.
—Lav, eli… —pensó—.
Entiendo perfectamente que él se vaya a tardar, pero no me dijo tampoco el motivo de su viaje.
Siempre me decía los motivos, pero esta es la primera vez que no lo hace.
De pronto, un ángel apareció y dijo: —Joven Jack.
Jack se asustó y respondió: —¡Akh, lav, eli…!
yo te recuerdo.
Tú estuviste… en ese día, ¿no?
Bueno, al menos ahora sé que no estoy loco… a menos que la soledad me esté haciendo alucinar.
El ángel respondió: —No estás alucinando.
Vengo a traer tu mensaje.
Jack se levantó y preguntó: —Ok… Una pregunta.
¿Es normal tu cara?
Es que tienes un montón de ojos.
Siento algo de miedo y curiosidad.
El ángel dijo: —El mensaje es el siguiente: Kamei-san va a tomar un atajo directamente a Vermont.
Llegará al campamento confinado en dos meses.
Debes prepararte para el nuevo santo que vendrá… el santo de la naturaleza.
Una niña de ocho años, llamada Dánae Anastasia Valcliev Kirov.
Jack quedó estupefacto: —¿Otro santo?
¿Hay más…hay más santos?
¿Hay más…como yo?
El ángel respondió: —Vas a tener que alistar provisiones.
Grandes provisiones.
Multiplica las ovejas y las vacas, da raciones de comida y alista nuevos campamentos.
Porque no solo ella vendrá, sino también un joven judío llamado Nuriel Alessandro Graziani Szymański y una mujer llamada Adelaida Marie Shimidtweber Hartmann.
Jack reflexionó y dijo: —O sea, que van a haber más como yo… ¿en este lugar?
En ese momento, Jack se arrodilló y eufórico dijo: —No sé si debería estar feliz o furioso… Porque eso quiere decir que el estúpido de Galton va a torturarlos como a mí.
Al menos tengo una idea… Debo construir…en otra… El querubín lo interrumpió: —No.
Obedece las instrucciones, por favor.
La cabaña está construida para Galton y Kamei-san.
Tú debes construir la nueva cabaña al lado de la de Galton, para que puedan diferenciarla y tener su propia casa.
No la ubiques en otro lugar.
Por favor, obedece.
Jack, un poco desanimado, pero al mismo tiempo feliz, dijo: —Está bien.
Por fin suspiró, porque sentía que ya no estaría solo.
—Al menos no me sentiré tan solo… Si van a venir más gente, entonces lo que tengo que hacer es… Con ese entusiasmo, se puso manos a la obra.
Pero, en el fondo, sentía que debía esconder todo lo que sentía.
En esta época ya habían pasado muchas cosas.
Alemania está hecho un caos, estamos el 30 de abril del 1945, aunque alejados de las tensiones los campesinos por las noticias de la radio deducían que el hecho que el ejército rojo llegara a Berlín, significaba que las cosas se pusieron muy mal, Galton y Nuriel aún se estaban recuperando.
Galton, gracias a su inmortalidad y sus características especiales, logró recuperarse en cuatro semanas.
Sin embargo, Nuriel necesita más tiempo: padecía tuberculosis en etapa inicial, anemia y desnutrición.
Cuando cayó al suelo en Buchenwald, se había fracturado ligeramente la rodilla, pues estaba demasiado débil.
Adelaida estaba cuidando de Nuriel.
Sin embargo, en esas últimas cuatro semanas, no le había dicho nada.
Nuriel fue quien rompió la tensión al tener mejor voz para hablar: —Adelaida… Adelaida respondió: —¿Qué quieres?
Nuriel respondió: —No te hagas la fuerte…Te oigo llorar todas las noches.
Adelaida respondió: —Eso a ti no te importa —Si tú me ayudas…entonces, yo…podrías dejarme ayudarte —¿Ayudarme?
Mira el estado en el que estás.
¿Cómo podrías ayudarme así?
No puedes ni pararte.
—Yo sé que probablemente te sientes sola.
Yo también me siento solo.
A veces me despierto en la noche…mis manos no dejan de temblar… —Sí, es una molestia ponerte las inyecciones… El doctor Schreiner me dijo que debía sujetarte el brazo, pero por cómo te mueves, tengo que sujetarlo con los dos brazos…Y con qué te inyecto…¿Eh?… —Adelaida, quiero agradecerte.
—dijo Nuriel—.
He conocido muchas mujeres alemanas, muchas horribles, pero debo reconocer que tú eres la mujer alemana más hermosa con la que me tope.
Adelaida respondió: —No estoy interesada en ti, lo sabes, ¿no?
—Yo no hablo de eso, Adelaida…Pudiste abandonarnos en la carretera…escapar e ir a Berlín… Pudiste haber buscado a tus hermanas.
Adelaida dijo: —Toda mi familia murió… Lo que dijo Galton es cierto.
Nuriel quedó estupefacto.
Adelaida continuó: —Hace días estaba llorando porque quería volver a ver a mis hermanas… Pensé en escaparme para ir a Berlín con un soldado.
Si lo consultaba, tal vez me podría llevar, pero, el querubín que acompañaba a Galton, se me apareció y me dijo que mi hermana Christa… murió…Fue alcanzada en una intervención militar.
Estuvo en el refugio varios días intentando buscarme por medio de un Luftschutzhelfer.
—Cuando le pregunté qué pasó con Constanz y mi madre, el querubín me dijo que el día en que bombardearon Berlín, la estructura cayó sobre Constanz… también alcanzó a mi madre.
Por eso pensé que lograron escapar, pero la verdad es que murieron aplastadas.
—Si soy directa contigo, Nuriel… Nunca me ha gustado la familia de mi madre.
Nos odian.
Por eso no quería ir a la casa de mi tía.
—El ángel me dijo que no saliera de aquí —continuó Adelaida—.
Los lugares se van a poner muy peligrosos y ni siquiera mi etnia alemana me salvará de lo que está por venir.
—No sé lo que pasa en Berlín, ni en la frontera… Pero ya pude escuchar la radio: para mí Alemania perdió… yo perdí… Nuriel… Soy igual que tú… Ya no tengo mamá… ni papá… ni hermanas.
Adelaida se quebró.
Reprimía esta información sola, sin saber cómo procesarla.
—El ángel me dijo algo más —dijo Adelaida—.
A diferencia de lo que piensas, te vas a recuperar muy rápido.
Los ángeles intervinieron por ti en los campos de concentración donde estuviste.
Me dijeron que movieron el corazón de las personas…para que sobrevivieras…De no ser por eso, habrías muerto… eso fue lo que me dijo… No sé mucho de los campos, pero por cómo llegaste, no me hago una idea de cómo son esos lugares.
—Creo que ambos debemos dejar el tema así —respondió Nuriel.
—Hablando con Galton, que necesitaba otro sedante, escuché lo que pasaba en los campos… No tenía idea; pensaba que los estaban apartando del país, nunca imaginé que ocurrían esas atrocidades… Adelaida se quebró de nuevo: —No lo pensé… Todos decían que… los judíos eran enemigos de Alemania… pero luego pensé…qué pasaría si…a…mi papá…mi mamá…o…mis hermanas…
los llevaban a un lugar así… Sosteniendo la mano de Nuriel, con fragilidad dijo: —Nuriel, no pretendo… cargar con los pecados… de mi pueblo… tampoco pretendo ser pretenciosa… yo… yo… te pido perdón… Perdóname, Nuriel… lo siento tanto… por favor… entiende que no sabía… no me odies, por favor.
Nuriel respondió: —No puedo odiarte… Por alguna razón… no puedo sentir ira por nadie… solo me siento cansado.
El anciano escuchaba detrás de la puerta, pensando: —Sabía que esos campos eran horribles, pero nunca imaginé tales atrocidades… Dios tenga piedad de nosotros.
Adelaida abrazo a Nuriel: —Lo siento Nuriel, por favor perdóname…perdóname…perdóname… Nuriel también lloro diciendo: —No me equivoque contigo Adelaida, este…es el primer abrazo genuino que tengo en tanto tiempo.
Hubo un silencio, pero esta vez uno bueno: —Adelaida… —Sí —respondió ella.
—¿En cuánto tiempo dijo el ángel que me voy a sanar?
—preguntó él.
—Te sanarás… en ocho meses —respondió ella.
—No creo que pueda resistir ocho meses aquí… Bueno, en realidad sí puedo, pero… conociendo a ese hombre llamado Galton…me da miedo…Nunca vi a alguien así, nunca vi a alguien…quebrar el suelo…con sus manos…ni matar a hombre a puñetazos.
Adelaida respondió: —Lo cierto es que también tengo miedo.
Desde que me raptó de Berlín, me he siento asustada…tal vez siento algo de empatía por él, pero aún así no deja de darme miedo.
Por lo que entiendo, el ángel nos está protegiendo de Galton también.
Escuché que esta vez no podrá lastimarnos ni ejercer juicio sobre nosotros… —No podemos escapar, ¿verdad?
—dijo Nuriel.
—Ya lo intenté —respondió Adelaida—.
Tres veces antes de llegar al Buchenwald y créeme, no sé cómo me encontraba.
El anciano fue a la habitación de Galton, estirando las piernas tras un par de semanas, dijo: —No puedo creerlo, anciano.
Te agradezco.
Esas balas me dolían, pero ahora menos.
Muy bien, después de esto, me llevaré a Nuriel y te pagaré todo.
Pero tendrás que esperar, tal vez una semana o dos, mientras consigo oro para ti.
El anciano cruzó los brazos: —No quiero oro.
—Dime, ¿te vas en serio?
—preguntó él.
—No podemos quedarnos aquí —respondió Galton—.
El lugar se va a llenar, será peligroso.
Algo me dice que pasará algo que podría ponernos en peligro.
—El niño necesita descanso.
En todo caso, te irás solo —Lo siento, anciano.
Me llevo al niño y a la niña.
—Si te llevas al niño de esta casa, serás responsable de su muerte…Él no está bien…Tiene que estar en cama.
¿Por qué no vas con el amigo que te dije?
—Tu amigo es alemán.
No sabes que Alemania será aplastada…Sali en la madrugada a ver el perímetro, en caso de una emergencia, y vi a lo lejos todo lo que pasaba, estaremos rodeados, en cualquier momento podrían llegar los rusos.
Y, francamente, no quiero otra herida de bala —Si no quieres otra herida, deja quédate…El ejército rojo tal vez nos odiará, pero entenderán que fueron los militares quienes hicieron esto.
El pueblo no tiene culpa.
—Discúlpame, anciano.
Tú eres médico, piensas en el bienestar de las personas, es normal, Sin embargo.
Yo soy guerrillero, he vivido dos mil años.
En todas las guerras que vi, los ejércitos jamás perdonan al pueblo.
Lo consideran culpable como a los militares.
Y por ser débiles, provocan masacres, dejan huérfanos, violan mujeres y niños, profana lo sagrado…y lo gozan.
Te agradezco todo, pero si eres inteligente, podrías venir con nosotros…Podrías ayudar a Nuriel.
—Yo me quedaría aquí, Galton.
No pienso irme.
Este es mi hogar.
Aquí murió mi mujer y aquí moriré —respondió el anciano.
—De acuerdo.
Fue un placer conocerte En ese momento, mientras se vestía, tocaron la puerta.
—¡ Im Namen des Raijes: öffnen zi di Tür!!
—gritaron los militares.
Galton, en un segundo, entendió que no era un vecino; un militar con fuerza daba el portazo.
Tomó impulso y fue a la habitación de Adelaida y Nuriel: —Tenemos que irnos.
En ese instante, Soldados de las SS irrumpieron en la casa del anciano, oyeron por un vecino que en ese lugar había judíos, revisando todas las habitaciones.
Estaban armados.
Cuando llegaron a la habitación donde estaba Nuriel, no encontraron a nadie.
_________________________________________________________________________ Kamei-san había avanzado desde el 25 de marzo en el Mar Negro, Estamos 2 de mayo del 1945.
Tardó nueve días en cruzarlo.
El viaje fue muy cansado: olas de dos metros, y una de ellas casi hundió la balsa improvisada.
Llegando a Rumanía, pasó por Galatz y Marosvásárhely, hasta llegar a Temesvár.
Desde allí cruzó a Serbia, llegando a Neusatz, y continuó su marcha por Bosnia, pasando por Tuzla y Zenica, para salir finalmente por Makarska.
Desde la costa siguió hacia el norte hasta alcanzar el puerto de Pola, en Croacia, desde donde planeaba cruzar a Italia… (Nombres en su contexto de 1945: Galatz = Galați; Marosvásárhely = Târgu Mureș; Temesvár = Timișoara; Neusatz = Novi Sad; Pola = Pula).
Tardó 17 días en recorrer todo ese terreno, paso por zonas de combate esquivando al ejército soviético por zonas no ocupadas, y se llevó un rifle Karabiner 98k con 2 cartuchos de munición del cadáver de un soldado para proteger a Dánae y con un bloque de oro que tenía como recurso cuando partió de vermot, corto un pedazo para comprar un barco pesquero y cruzar el mar adriático, sin embargo, llegaron a una zona llena de minas.
Kamei-san dijo: —Esto no puede ser.
De haber sabido que estaban estas cosas… Francamente… no me esperaba esto.
Gracias al cielo que las aguas están tranquilas, porque si estuviesen violentas… o si el viento nos llevara hacia otro lado… estallaríamos en mil pedazos.
Dánae respondió: —Fue feo, ¿no?
Kamei-san dijo: —Sí.
Se rieron ambos: —No puede ser, tú te asustaste.
—Yo sé, yo me asusté mucho, discúlpame.
Contexto: apenas salieron del puerto, vieron una mina sobre el agua.
Kamei-san no sabía qué eran esas cosas porque fue por tierra, no tomo rutas marítimas.
Cuando vio que una gaviota se posó encima de ella, casi a unos metros del barco pesquero, se asustaron por la explosión, una mina submarina.
Kamei-san aceptó que le dejó sordo por unos instantes, pero lo tomó como algo gracioso: era la primera vez que se asustaba junto con Dánae.
Después de eso, pasaron unos minutos y la niebla aún no se quitaba de la vista.
Kamei-san observaba y le dijo a Dánae: —Abajo, agáchate.
Dánae se agachó, con miedo, sin saber qué estaba pasando.
En eso apareció una patrulla italiana.
Ya estaban cerca del puerto de Chioggia.
Los italianos preguntaron: —¡Identifíquese!
¿Quién es usted?
Kamei-san dijo: —Oh, no… Kamei-san dijo susurrando en ruso: —Escúchame, habrá que improvisar.
Dánae preguntó: —¿Improvisar?
Kamei-san respondió: —Sí, no te preocupes, tú sígueme la corriente, ¿entendiste?
Dánae, respondió: —Está bien… aunque no sé de qué hablas.
Kamei-san habló en italiano: —Grazie a Dio, finalmente ci avete trovato!
—esclamò Kamei, quasi ansimando—.
Scusate, mi sono perso.
Ero qui con… —guardò Danae con esitazione— con un mio parente, e ci siamo smarriti.
Volevamo andare a Chioggia, ma la corrente ci ha trascinati via.
Grazie a Dio, a Gesù Cristo, a San Pietro, alla Vergine Maria… e, naturalmente, a Sant’Antonio, che aiuta sempre chi ha perso la strada.
Potreste… aiutarci ad arrivare a Chioggia?
Lo que dijo fue… —¡Gracias a Dios, por fin nos encontraron!
—exclamó Kamei, casi jadeando—.
Disculpen, me he perdido.
He estado aquí con… —miró a Dánae con duda— con un familiar mío, y nos perdimos.
Queríamos ir a Chioggia, pero la corriente nos arrastró.
Gracias a Dios, a Jesucristo, a San Pedro, a la Virgen María… y, por supuesto, a San Antonio, que siempre ayuda a los que buscan lo perdido.
—¿Podrían… ayudarnos a llegar a Chioggia?
Si…eso fue lo que dijo… Los soldados dijeron —nunca habían visto a un hombre como él, parece extranjero, con trapos donde debería ir una camisa, con un rifle, mochila y con una niña, puede ser un espia Apuntaron a Kamei-san, y él dijo en italiano: —Esta arma la robé, ¿de acuerdo?
Quería jugar con ella y divertirme con la bebé, pero si es peligrosa para ustedes, la entregaré con gusto, junto con todo lo demás.
Pero por favor, no apunten a la niña.
Dánae dijo: —¿Qué estás diciendo?
No sé de qué hablas.
Kamei-san habló también en ruso a Dánae: —Escúchame, estoy tratando de negociar con ellos, ¿entendiste?
Estoy tratando de suavizar la situación para que nos dejen pasar.
—Si logramos salir de esto, Dánae, entonces podremos ir al puerto de Chioggia (Venecia) sin problemas —dijo Kamei-san—.
Ya en Italia no creo que la guerra esté tan activa, así que no necesitaré mi rifle ni mi daga.
Lo único que me preocupa es el bloque de oro y el veneno de serpiente, pero mientras tengamos comida y toallas, todo… estará bien.
La gente de Italia es muy amable… la gran mayoría es como familia, son gente muy cariñosa.
Son como ustedes, los rusos en Stalingrado.
Dánae está asustada, pero decide quedarse agachada en el barco.
Kamei-san habló de nuevo en italiano a los soldados: —”Per favore, voglio arrivare alla costa.
Dobbiamo attraversare.” —Guardò Danae— “Mia figlia ed io dobbiamo andare al porto, per favore, aiutateci.” Lo que dijo: —Por favor, quiero llegar a la costa.
Necesitamos cruzar —miró a Dánae— ¡Mi hija y yo tenemos que ir al puerto, por favor ayúdenos!
Dánae escuchaba con atención, pero las palabras sonaban extrañas; frunciendo el ceño intentaba entender.
—Mia figlia… —dijo Kamei, señalándola.
Ella pensó en ruso: «моя семья» (moya sem’ya = mi familia), o tal vez «девочка» (devochka = niña).
Dudó: ¿decía que era su familia… o que iba a entregarla como “niña”?
Luego oyó: —Porto… En ruso sonaba como «порт» (port = puerto), pero en su mente lo confundió con «пороть» (porot’ = azotar/desgarrar).
Sintió miedo: ¿querían llevarla a un puerto o hacerle daño?
Y cuando dijo: —Costa… Ella lo asoció con «кость» (kost’ = hueso).
De golpe, imaginó huesos en la arena, como los que había visto después de un bombardeo.
Dánae, ella pensó: —Me quiere dejar.
Dánae soltó un llanto que conmovió a los soldados: —Espera un momento, ¿me vas a entregar?
¿Es eso, verdad?
Kamei-san dijo: —No, no es cierto.
Dánae lo abofeteó y lloró: —¡¿Qué fue lo que hice?!
Obedecí todo lo que me dijiste.
Está bien, acepto lo de mis papás… pero… ¿por qué me vas a dejar?
¿Por qué me vas a dejar?
Ellos no son… ¿por qué no puedo quedarme contigo?
Kamei-san dijo: —No, Dánae, no estás entendiendo.
Dánae se abrazó a Kamei-san, moviendo el barco violentamente, casi activando una mina: —Пожалуйста, не оставляй меня… не оставляй, ладненько?..
Я буду хорошенькая, обещаю… я больше не буду просить у тебя шоколадик… и халвочку… никогда… я буду себя хорошо вести… Lo que Dánae dijo: —Por favooor, no me dejes… no me dejes, ¿vale?..
Seré buenita, lo prometo… ya no te pediré chocolatitos… ni halvita… nunca… me voy a portar bien… Los soldados bajaron las armas al ver la escena.
—¿Será su papá?
—dijo uno—.
No estoy seguro, pero ahora que lo veo no parece un espía, tal vez sea un idiota.
El de mayor rango le dijo a Kamei-san: —Si entregas tus armas y nos dices a qué has venido, te interrogaremos y luego te acompañaremos al puerto.
¿Seguirás el protocolo?
Kamei-san respondió: —Sí, pero por favor, déjenme la comida, ¿sí?
Esta niña necesita comer.
Dánae lo miró: —Sabía que me ibas a entregar… ¿qué hice?
¿Qué hice, ¡cabeza de escoba!, ¡trenzas de rata!, ¡ojos de ajonjolí!, ¡cara de nutria!
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