Pólemos Tôn Agíon: Vol.1_ kosmogenesis_Español - Capítulo 11
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- Capítulo 11 - 11 Estamos en camino
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11: Estamos en camino 11: Estamos en camino ⚠️ Advertencia: Este capítulo puede contener descripciones explícitas, tocar temas sensibles para la audiencia y referencias a la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto.
El autor no busca generar morbo ni hacer sátira sobre estos hechos, y aborda el tema con cuidado y respeto.
No se pretende trivializar ni politizar la tragedia ni las víctimas de la guerra.
Se recomienda discreción por parte del lector.
🫠 Nota del autor: Hola chicos, muchas gracias por estar leyendo estos capítulos de Polemos to Agion.
Quiero aclarar que esto es solo una nota, no contiene ningún spoiler de la historia completa.
El primer arco de Polemos to Agion tratará varios temas, y estará dividido en tres volúmenes.
Actualmente estamos trabajando en el volumen uno de este arco, el Arco de los Santos.
Cuando termine este primer volumen, les dejaré en el capítulo final el enlace correspondiente, así como el título del segundo volumen, que será lanzado como un libro aparte.
___________________________________________________________________ Lecco-Italia: 4 de mayo del año 1945 —Oye, Kamei-san.
—¿Sí?
—¿Puedo llamarte de otra forma?
Es que… “Kamei-san” es muy largo.
—Está bien.
¿Cómo quieres llamarme?
—Quiero llamarte… Hombre Nutria.
—No me llames así.
—Entonces… ¿qué tal “Kami”?
Kamei-san sonrió y asintió: —Sí, creo que está bien.
—Bueno… Kami… tengo una pregunta.
¿Qué hacemos aquí?
O sea… Italia es interesante y todo, pero… ¿era necesario venir a un bar?
, además, La gente no deja de mirarme…Dijo Dánae con vergüenza.
Kamei-san la miró con calma: —Es sencillo.
Es que eres… algo rara.
Tus cabellos tienen espirales, eres pelirroja, muy larga… y tus cejas… parecen una mariposa o la cola de un cerdo.
—¡¿Qué?!
—Dánae se tocó las cejas, horrorizada—.
¿Me estás insultando?
—No, es un halago —Kamei-san, sonrió—Es raro ver a alguien como tú.
En todos mis años, nunca vi algo tan extraño… pero adorable.
—Sigo pensando que te estás burlando —murmuró Dánae, cruzando los brazos y frunciendo el ceño.
Kamei-san se rio: —No, no es cierto.
De hecho, pregúntale a cualquiera aquí; te apuesto que dirían lo mismo.
—Te voy a llamar Hombre Nutria desde ahora —dijo Dánae— De verdad, a veces se te olvida que solo sé hablar ruso… No sé decir eso… no sé hablar inbeliano, inteyano, ¡lo que sea este idioma raro de este país extraño!
En ese momento, un camarero se acercó: —Señor, disculpe, ¿es su hija?
—preguntó en italiano.
Kamei-san respondió, un poco a regañadientes: —Sí, es mi hija.
—Es extranjera, ¿no?
Nunca vi a una mujer tan bonita —dijo el camarero.
—Sí… es adorable.
Cuando quiere —respondió Kamei-san, sonriendo.
Dánae frunció el ceño y lo miró: —¡¿Te estás burlando de mí también?!
El camarero se sobresaltó, y Kamei-san le tradujo: —Ella te dice que eres muy guapo.
—Ay… gracias —dijo el camarero, algo extrañado.
—¿Qué le dijiste?
—preguntó Dánae, inclinando la cabeza y frunciendo el ceño.
—No le dije nada —volteo su cabeza de forma burlesca.
—Bueno… entonces, ¿qué hacemos aquí?
—insistió Dánae, tambaleándose un poco mientras miraba alrededor.
—Estamos aquí para visitar a un amigo —contestó Kamei-san— Es el dueño de este lugar.
O bueno su hijo…vengo a buscar ayuda.
__________________________________________________________________ Nos ubicamos en el sur de la ciudad de Bremen, el 4 de mayo del año 1945.
Galton estaba con Adelaida y Nuriel.
Después de haber atravesado un lugar minado, esquivando a las tropas aliadas, en Seehausen, había ya presencia militar estadounidense Galton llegó a una granja que apenas lograba reponerse, después de los bombardeos de los británicos.
Alojaron a Nuriel en esa granja, amenazó al propietario del lugar: matando a su vaca de un puñetazo.
Les dijo: — “Esta vaca es para este niño ahora.
¡Si no me dan asilo para este niño!, ¡les aseguro que terminarán igual que la vaca!, y!
me quedaré con su casa”!
Viendo que no tenían opción, los residentes tuvieron que acatar las órdenes de Galton por miedo.
La vaca ya había sido sacrificada y repartida para minimizar las perdidas.
Adelaida, por su parte, tomó medidas para cuidar a Nuriel: calentó sus manos, que estaban heladas, con agua caliente.
Mientras tanto, Galton había robado las notas del doctor que estaba en el pueblo de Harz.
En ellas se especificaba con detalle qué necesitaría Nuriel y cómo debía recuperarse: qué debía comer, qué medicamentos tomar y, de manera incluso más minuciosa, cómo debía tratarse el patrón que requeriría por su tuberculosis inicial y por la anemia.
______________________________________________________ Nota: Dr.
Wilhelm Friedrich Schreine Paciente: Nuriel-Judío polaco Edad: Edad aprox.12 años Fecha: 14 /04/45 Diagnóstico: Tuberculosis pulmonar inicial, anemia moderada.
Indicaciones generales: Mantener al paciente en reposo relativo.
Evitar esfuerzos físicos intensos.
Mantener las manos y pies calientes; el frío puede agravar la condición respiratoria.
Evitar cambios bruscos de temperatura y exposición prolongada al exterior.
Dieta recomendada: Hierro (hígado, carne magra, huevos).
Incluir verduras de hoja verde cocidas y frutas frescas para vitaminas.
Evitar alimentos grasos o muy condimentados.
Distribuir la alimentación en pequeñas porciones cada 3-4 horas al día Medicamentos: Extracto de hierro oral, 2 veces al día con las comidas.
Jarabe antituberculoso específico (dosis según peso del paciente), administrado cada 12 horas.
Bayer Aspirin si hay dolor muscular o fiebre.
Cuidados especiales: Revisar signos de empeoramiento: tos persistente, hemoptisis, dificultad respiratoria.
Mantener ventilación adecuada en la habitación, evitando corrientes de aire directas sobre el paciente.
Monitorear anemia: observar palidez de piel y mucosas Observaciones: Krankenhaus Waldfriede, Zehlendorf, Berlín Dr.
Wilhelm Friedrich Schreiner ______________________________________________ Sin embargo, Galton, al leer las notas más de una vez, debió reconocer que, a pesar de que sabía leer y hablar el idioma por medio del querubín, la letra del doctor no era la más legible.
Adelaida se acercó y dijo: —¿Sacaste eso de la casa del doctor?
A lo que Galton respondió: —No soy tan listo cuando se trata del tema de medicinas, pero si se trata de buscar los materiales, creo que es lo menos que puedo hacer.
Adelaida dijo: —Bueno, creo que en eso tienes razón.
Ya le conseguiste una vaca…Al menos algo es algo—Reflejando sarcasmo Galton la miró con cólera reprimida Adelaida dijo: —¿Puedes dejarme ver eso?
No puedes leerlo, ¿verdad?
Galton continuó: —Toma, niña.
Adelaida responde: —Si te digo qué es lo que tienes que ir a buscar, ¿lo harías?
Galton respondió: —Sí, sí.
Pero… ¿podrías escaparte con Nuriel?
—Lo cierto es que ya me resigné ante eso —dijo Adelaida—.
No debo negar que me pareces desagradable, pero ahora Nuriel necesita mi ayuda y no tengo la fuerza suficiente como para cargarlo.
Eso sin mencionar, que a ¿quién le pediría ayuda?, literalmente eres capaz de matar a un soldado de la SS como si nada.
Galton dijo: —Está bien, niña.
¿Qué es lo que tengo que conseguir?
Adelaida contestó: —Me da vergüenza y al mismo tiempo, coraje, pero conociéndote, los vas a robar.
Galton asintió: —Sí, es cierto.
Kamei-san es el que se encargaba del dinero.
Él hace todo tan pacíficamente que francamente… me parece estúpido.
Adelaida pensó: —¿Quién será él?
Lo lleva mencionando desde que le dispararon… Adelaida dijo: —Voy a cuidar de Nuriel.
Galton preguntó: —¿Por qué estás tan comprometida con ese niño?
Te lo pregunto, porque se supone que eres alemana, os alemanes odian a los judíos.
Hace un par de semanas dijiste que no lo ayudarías y ahora lo estás ayudando.
Adelaida contestó con intensidad: —Estaba equivocada.
Lo admito.
No soy una tonta.
Simplemente no sabía.
Y me siento muy culpable… como al mismo tiempo sé que no es mi culpa.
Pero no me interesa lo que hizo mi nación, ni mucho menos lo que harás tú… Perdí a toda mi familia…Su voz se quiebra…Tengo que aferrarme a alguien…Y ese alguien es ese niño polaco.
Entonces, Nuriel… voy a aferrarme a él…porque se supone que ahora somos santos, ¿no?
Ahora yo soy inmortal, por desgracia.
Y no puedo hacer nada al respecto.
Nuriel todavía no es inmortal.
Al menos es lo poco que he llegado a entender, de lo que tú tanto estabas hablando.
—Así que, Galton… ¿no?
¿Así te llamas?
—Dijo con furia—Te diré qué es lo que tienes que conseguir.
Galton respondió: —No nos quedaremos aquí mucho tiempo.
De hecho, no me sorprendería que los vecinos fueran con un soldado de la SS y nos delataran.
Así es que, escúchame bien.
Dime lo más importante.
Porque después de esto nos iremos a la frontera.
Adelaida responde con furia: —¿Qué no entiendes que Nuriel tiene que estar en reposo?
—Él va a estar en reposo cuando nosotros estemos lejos de este conflicto —replicó Galton—Hay demasiados soldados.
Si ven a Nuriel, le dispararán.
Adelaida respondió encarándolo: —Tal vez por tu actitud violenta es la razón por la que nos van a disparar.
Quieres salvarle la vida, pero al mismo tiempo lo vas a matar intentando salvarlo.
En todo caso, creo que deberías ser más listo, en tomar una decisión, ¿no?
Galton preguntó: —¿Por qué estás tan confiada, niña?
Desde el día que te rapté no tenías esa confianza.
¿Por qué piensas que puedes pararte enfrente de mí y decirme lo que piensas?
Adelaida respondió con miedo y con ira: —Primero, porque yo no te pedí que me raptaras…No te pedí nada de esto…Yo no pedí estar aquí… —Segundo, porque tengo la protección de un querubín.
Y por lo que me doy cuenta, le haces mucho caso a ese ángel.
Parece que no puedes desobedecerlo.
Por lo tanto, tengo un privilegio que no puedes tocar…
A pesar de que no puedo escapar, tampoco puedes matarme.
Y tampoco puedes hacerme daño ni a mí ni a Nuriel por alguna razón… —Y por último, ¡porque te odio!
Porque tú me quitaste la única oportunidad que tenía para salvar a mi familia.
¿Estás contento?
Adelaida tembló al decir esto, porque, a pesar de todo el coraje que tiene, sigue teniendo temor de Galton.
Galton la cacheteó tumbándola al suelo, aterrada, con miedo, la valentía se cayo con ella: —Escúchame, niña.
Si tanto quieres tomar ese rol, entonces voy a dejarte a Nuriel en tus manos.
Te encargarás por completo de sus medicinas y de su alimentación, porque francamente yo no puedo hacerlo.
Así que te dejo la vida de Nuriel en tus manos, pero eso sí, quiero que quede claro que yo no tengo escrúpulos con las mujeres.
_____________________________________________________________ Del otro lado, en Italia, Kamei-san estaba sentado frente a un hermano del alma su nombre es Giovanni, el dueño de la taberna que aún resistía los años de guerra.
—Así que volviste a casarte, y además pudiste continuar el negocio de tu padre —dijo Kamei-san.
El Giovanni respondió, encogiéndose de hombros: —Bueno, no podemos decir que es un negocio-negocio.
La guerra estuvo muy difícil acá, y sobre todo la revolución antifascista, pero al menos la cerveza se quedó.
—Me sorprende que este lugar todavía siga un poco activo.
Hemos tenido bajas—pero salud por eso.
—Muy bien —dijo Kamei-san—, voy a contribuir en algo contigo.
Sacó un bloque de oro y lo colocó sobre la mesa.
Los italianos lo miraron con curiosidad, y antes de que pudieran hacer más preguntas, Kamei-san lo retiró con rapidez.
Antes de irse del puerto de Chioggia, logro llevarse el bloque de oro sin que lo vieran.
—¡Por mi madre que en paz descanse!
—exclamó Giovanni —.
¿De dónde sacaste eso?
—Mientras estaba en el desierto de Gobi creo—siendo sincero me perdí, encontré una vieja estructura —dijo Kamei-san —con voz calmada—Esa estructura tenía varias cosas, y entre ellas unos objetos de valor interesantes.
Entre esos, este bloque.
Asumo que era una estatua, completamente hecha de oro.
No sé para qué servía, no sé si era una tumba.
Llevo cortando este bloque desde que salí de Vermont y, francamente, me ha servido bastante.
—Te doy la mitad de este bloque si me dices cómo llegar a Estados Unidos rápido.
Estoy pensando en ir en avión.
Necesito documentos… El anciano se inclinó, pensativo: —Me tientas… ¿quieres otra cerveza?
—Ya, ¿por qué no?
—respondió Kamei-san, sonriendo levemente.
—Mira, francamente, ¿tienes idea de lo difícil que es falsificar un boleto de avión?
¿Y también documentos?
Tendrías que tener la nacionalidad italiana, y tú siempre te has abstenido de tener alguna.
He visto todo este tiempo cómo viajas de ciudad en ciudad, de país en país, y nunca pediste nacionalidad, ni siquiera la nacionalidad británica, que te habría servido.
Además, nuestra situación con Estados Unidos es complicada.
No podemos ir allá solo porque queramos.
—¿Y quién más podría ayudarme entonces?
—preguntó Kamei-san—Tengo que llevar a esta niña a Vermont.
—¿Cómo te llamas, niña?
—intervino el anciano.
—¿Qué me está diciendo?
—preguntó Dánae, confundida —Te pregunta tu nombre —aclaró Kamei-san —Me llamo Dánae Anastasia Valcliev Kirov —respondió con una reverencia—.
Es un gusto conocerlo, hombre huevo.
Kamei-san alzó una ceja: —Dánae, no seas irrespetuosa.
—Pero no me entiende… ¿o tú entiendes ruso?
—preguntó ella, mirándolo.
El anciano respondió en ruso: —Sí, querida.
También pienso que eres una niña muy obediente.
Dánae se sonrojó: —Ok, ya me callo… Todos rieron: el anciano, Kamei-san, incluso la niña.
—Aunque no lo parezca, su padre fue ruso —comentó Kamei-san a Dánae—.
Vinieron a Italia por relaciones públicas.
Su padre se casó con una italiana y ahora ejerce el negocio familiar.
Aunque eso me sorprende.
—¿Cómo lo conociste?
—preguntó Dánae—.
¿A su padre o a él?
respondió Kamei —Si, Ya te dije, niño, yo soy inmortal.
—Claro… —dijo el Giovanni, observando a Kamei—.
Este hombre se ve exactamente igual que cuando tenía siete años.
Dánae se quedó pensando: —¿Cómo que siete años?
¿Entonces qué edad tiene Kamei-san?
—Mira, Kamei, francamente no sé cómo ayudarte, de verdad.
Pero tal vez hay alguien que sí puede —dijo el Giovanni.
—Escúpelo —ordenó Kamei-san.
—Mira, si lo voy a escupir, ¿prometes por lo menos visitarme después de 15 años?
Quisiera verte antes de morir.
Siempre te quedas en periodos muy cortos.
Nunca puedo verte, solo te he visto tres veces en mi vida.
—Mira, no prometo nada, pero te doy este bloque de oro —dijo Kamei-san.
—Está bien.
Considera que esta es nuestra última conversación—Pero antes, otra cerveza.
—Tú sabes perfectamente que no tienes que embriagarme para quedarte con mi dinero, ¿verdad?
—respondió Kamei-san.
—Pero, aun así, ¡toma otra cerveza!
Dijo Giovanni —Mi hermana se mudó a Suiza.
Se casó con un suizo.
Vive allí ahora.
Existen relaciones públicas en Suiza.
Hagamos un trato.
Yo me quedo con la mitad de tu bloque.
Utiliza la otra mitad.
Con esa mitad puedes sobornarlo para que te lleve en avión, depende de cómo.
—Podrías falsificar los documentos o ir en área de cargamento.
Cualquiera de las dos opciones son buenas.
No me preocupas tanto porque tu fuerza es inmensurable.
Y creo… —miró a Dánae—, ¿cómo te llamas, niñita, de nuevo?
—Mi nombre es Dánae —respondió ella con seguridad.
—Con Dánae, podrán ir literalmente a donde quieran.
Si van en avión, creo que ella estará segura contigo.
De hecho, no sé cómo hiciste para traerla de Stalingrado hasta acá.
Me sorprende tu destreza.
¿Cómo hiciste para esquivar las balas?
—¿Quién dice que las esquive?
—replicó Kamei-san.
—Sí, es cierto.
Le dispararon tres veces: uno rozando su rodilla, otro en la mano, y uno cerca de su nalga.
Por eso se sienta raro —dijo Dánae.
—La última no es cierta, Dánae —comentó Kamei-san, con un toque de humor.
—Ya me has hecho pasar vergüenza… Te la devolveré en este país o en el otro —respondió ella, sonrojada.
Giovanni se río: —Esta niña es bastante graciosa.
De hecho, me sorprende el humor que tiene.
Dime, niña, ¿de dónde lo aprendiste?
—Mi padre también tenía una taberna antes de la guerra —dijo Dánae —Oh, interesante.
¿Cómo se llamaba tu padre?
—Él se llamaba Nikolai Orlov, y era muy alto, muy pero muy alto, la puerta le llegaba al cuello.
Mi mamá se llamaba Tatiana Sokolova…Y yo…los quiero mucho.
Dánae no pudo evitar llorar.
Kamei-san, esta vez, no hizo nada.
Entendió que dejar que llorara era tal vez, la mejor forma de procesar su pérdida.
El Giovanni le dio un dulce: —No sé lo que pasó con tus padres, niña, pero quiero que sepas que mientras tengas gente que te ama, ellos vivirán siempre contigo y Jesucristo los tendrá en su santa gloria.
Así que no llores por tus padres porque ahora están con el Señor, también contigo, Ten.
Dánae tomó el dulce, lo probó y dijo: —Este dulce es raro… sé que es chocolate, pero tiene algo más adentro.
—Claro —dijo el Giovanni, sonriendo—.
¿Tú qué piensas?
¿Que yo, por ser anciano, no puedo comer chocolates?
Dánae se río: —Kamei-san, ¿cuánto te debo?
—Tú me debes la mitad del bloque.
Porque no vas a regresar.
Si vas y regresarías en 15 años, te irías gratis Respondió Kamei.
—Te dejaré la mitad.
Giovanni dijo: —Está bien, Kamei-san.
Espero volver a verte en la tierra o en el cielo, pero en ambos me haces esperar.
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