Pólemos Tôn Agíon: Vol.1_ kosmogenesis_Español - Capítulo 12
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- Capítulo 12 - 12 Volvemos a Vermont
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12: Volvemos a Vermont 12: Volvemos a Vermont ⚠️ ADVERTENCIA: Las siguientes escenas pueden ser gráficas en contexto del racismo y discriminación de los años 1945 en EE.
UU, El autor no busca sensacionalismo, ni incomodar al lector se recomienda discreción.
🫠 Nota del autor He pensado demasiado.
Y… después de tanto pensar, he decidido dejar de pensar, solo para darme un respiro.
A veces, las inseguridades sobre mis personajes me ciegan, y olvido que estoy construyendo un universo.
Así que volveré a pensar, no para controlarlos, sino para dejar que vivan… y vivir con ellos.
—Tholio.HM (2025) ___________________________________________________________________________ Jack está en Vermont, el bosque escondido de Vermont, preparando los pilares de las torres de la cabaña.
La cabaña, en cierto modo, se sostiene sobre cuatro pilares incrustados en el suelo.
Él está agregando tierra y piedras para sellar las columnas, asegurando que la casa sea firme cuando se construyan los primeros y segundos pisos.
Los tablones ya están cortados.
Jack piensa: Francamente, no pensé que fuera tan difícil.
Ya había ayudado a Kamei-san antes en las reparaciones, pero esto es realmente complicado.
Jack posee mucha fuerza; al ser un santo, su poder físico es impresionante.
Sin embargo, incluso para un meta-humano, este tipo de trabajo es arduo, especialmente teniendo solo dos meses para completarlo.
Un ángel se le aparece y le dice: —Deberías tomarte un descanso.
Jack se entusiasma al verlo y responde: —No, no voy a descansar.
Dame un momento más y podré terminar esta parte.
Jack sigue cortando los tablones que formarán el interior de la cabaña.
Aunque cuenta con un libro de construcción y carpintería que Kamei-san le dio, eso no es suficiente para completar la arquitectura de la cabaña.
Esta requiere soporte técnico: columnas, refuerzos, esquinas que sostengan el segundo piso, entradas para las habitaciones.
Las tablas deben cortarse con precisión para evitar que la madera se curve, y además se deben considerar clavos, brea y otros materiales necesarios para proteger la cabaña de la humedad y las termitas.
Por suerte, la cabaña se construye junto a la casa de Galton, en un lugar fresco y seco, suficiente para albergar cómodamente a cuatro personas.
Jack reflexiona: Si yo no me esfuerzo, ¿quién me obligará a esforzarme?
Si lo intento, será el primer paso para duplicar mi esfuerzo, porque el esfuerzo se traduce en el querer hacer las cosas.
El ángel le habla de nuevo: —Creo que deberías descansar.
Pero Jack responde: —No, si descanso me volveré melancólico otra vez, y ya estoy cansado de vivir así.
El ángel asiente y le indica: —Entonces, si vas a seguir trabajando, coloca el peso de la piedra en esta dirección.
Así, cuando cortes la madera, saldrá recta y sin problemas.
Sé que es muy difícil para una sola persona construir una cabaña con estas herramientas rústicas.
Jack sonríe y dice: —No, es para mí un honor y una bendición.
24 de mayo de 1945 Kamei-san y Dánae emprendieron el cruce desde Lecco, Italia, hacia Chiasso, Suiza, atravesando la frontera lombarda en un cargamento comercial.
Chiasso, con su estación ferroviaria, servía de punto clave para no caminar hasta allá.
Lograron colarse sin ser vistos.
Al llegar a la casa de la hermana de Giovanni, su marido es quien conversa con Kamei-san.
Su nombre es Sepp, y los recibió, aunque con dudas; cuando mencionó el nombre de Kamei-san, su esposa lo detuvo y lo reconoció: —Kamei-chi?
…Kamei-chi?
…oh… cuánto tiempo ha pasado, la última vez que te vi mi mamá aún me cocinaba.
Chiara explicó que eran amigos de la familia y que estaba dispuesto a ayudarlos dentro de lo que le fuera posible.
Entraron a la casa y se sentaron en la mesa de invitados.
Mientras Chiara preparaba un bocadillo y la cena, Kamei-san presentó el bloque de oro a Sepp.
Pesaba 2.76 kg, equivalentes aproximadamente a $3,105.76, una suma considerable para la época.
Kamei-san mencionó que le daría la mitad con la condición de que lo ayudara a viajar a Estados Unidos, sin importar el método: cargamento comercial, documentación temporal suiza o lo que fuera necesario para llegar.
Sepp, un Oberstleutnant (teniente coronel) con conexiones comerciales, tanto conocidos como amigos cercanos, advirtió que necesitarían una o dos semanas para organizar todo: —¿Estás seguro de que tienes que irte?
—pregunta Sepp—.
Suiza es segura.
Nadie entra aquí; hemos mantenido todo al margen.
Es pacífico.
Incluso le ofrecimos a Giovanni quedarse, pero prefirió la taberna.
Tú puedes quedarte si quieres… digo, creo que tienes dinero como para tener uno o más locales.
—Si quisiera quedarme, tendría que trabajar —responde Kamei-san—.
Me encantaría, pero… tengo que ir allá… y llevarme a Dánae.
—Esa niña es importante para ti, ¿no?
—Sepp.
—Se volvió importante cuando decidí que fuese importante —responde Kamei-san—.
Pensó para sí mismo: Lo decidí cuando la vi; después de tanto tiempo, creo… que es hora de intentarlo una vez más… Dánae, incrédula, no entiende nada de la conversación.
—Susurra para sí misma: Otra vez hablan en un idioma que no entiendo… qué fastidioso.
Kamei-san vuelve a dirigirse a Sepp: —Entonces, ¿cómo podríamos ir?
—Existen cargamentos comerciales que se dirigen a Washington —explica—.
Sale como material industrial, registrado oficialmente y revisado por personal suizo antes de embarcar.
Podemos organizar todo para que tú y Dánae pasen como inspectores internos del cargamento, o eso es lo que se me ocurre; está en mis posibilidades.
Así no llamarán la atención y podrán llegar sin problemas.
No ahorraríamos las identificaciones suizas, el pasaporte y toda esa documentación que podría llevar meses o años.
Kamei-san pregunta: —¿Cuáles son los riesgos?
—El riesgo es que podrían interrogarte, pensar que eres un espía.
Pero Chiara dijo que eres extremadamente fuerte… si la foto de la vaca es real, creo que estarás bien —responde Sepp—.
Además, el bloque de oro es garantía: asegura que quienes supervisan el cargamento no harán preguntas.
Podemos cambiarlo por francos y dólares, te crearemos una identificación suiza y sobornaremos a los aduaneros; creo que no te dirán nada y podrás irte… pero… ¿solo tienes que ir allá, no buscas un aeropuerto en específico?
—Solo tengo que ir a este continente; me llevaría mucho tiempo ir a pie, e incluso en alta mar colocan explosivos.
Es mejor ir en avión que exponer a Dánae a la guerra… ¿seguro que alcanzará con esta cantidad de oro?
—pregunta Kamei-san.
—Me sorprende que trates ese bloque de oro como si fuera una piedra.
—Jajajaja —ríe Kamei-san—.
Bueno, al menos no tengo que preocuparme tanto.
—Eso sí, si te harás pasar como inspector, tendrás que cortarte ese cabello y esas trenzas.
—Las trenzas se quedan, y el cabello también —responde Kamei-san con firmeza.
—Una duda —dice Sepp—.
En la foto del abuelo de Chiara te ves exactamente igual.
¿No te crece el cabello?
—Sí crece, pero solo cuando el espíritu cambia.
Por ahora, mi espíritu está estable.
El pelo crece con la persona, con excepciones: aunque sea inmortal, soy un ancestro.
“Ancestro” es el término para un santo fallido, no elegido por Dios.
No le quita valor como persona.
—Entonces dormirán aquí una semana o máximo dos; iremos a Altstadt de Zúrich.
Ahí podré dejarte.
—Está bien… al menos no me preocuparé por bombardeos o los pelotones en trincheras.
Se estrechan la mano: —Espero que todo salga sin interrupciones ni contratiempos.
—Eso espero —responde Kamei-san—.
Tengo que llegar lo antes posible.
No puedo permitirme otros tres años.
Pasaron cinco días en la casa de Sepp y Chiara.
Aprovecharon el tiempo para organizar todo: los documentos suizos, el intercambio del oro, los uniformes, las provisiones y algunos recuerdos.
Finalmente llegó el día de abordar en el aeropuerto de Zúrich-Kloten, que ya funcionaba como centro civil y militar abierto al tránsito internacional bajo la neutralidad suiza.
Una vez más, el oro selló los silencios necesarios.
El vuelo elegido no era directo.
En 1945, los trayectos trasatlánticos aún requerían escalas técnicas.
Un carguero modificado de Swissair, en colaboración con líneas militares aliadas, llevaba mercancías a los Estados Unidos.
La ruta común incluía paradas de reabastecimiento en Shannon (Irlanda) y, en ocasiones, en Gander (Terranova, Canadá), antes de cruzar hacia la costa este de Norteamérica.
En total, el trayecto aéreo desde Zúrich hasta Washington D.C.
duró aproximadamente 22 horas, incluyendo las escalas.
La travesía sin escalas habría sido imposible en 1945, pues los aviones de la época (como el Douglas DC-4) aún no alcanzaban el rango para un vuelo transatlántico directo.
Cuando el avión aterrizó finalmente en Washington National Airport (actual Reagan National Airport), el protocolo de recepción fue simple: cajas de suministros militares, equipamiento y un supuesto inspector suizo acompañando el cargamento.
El inspector estadounidense preguntó su identificación y el porqué estaba en el cargamento; sin embargo, Kamei-san agarró su mochila, quitándose las legañas, bostezó y, con Dánae dormida en brazos, le dio el último sobre que tenía: —Tengo sueño… oooo… es feo viajar en avión… toma… feliz navidad.
Se fue descaradamente; el inspector quería detenerlo, pero cuando vio el sobre con cinco meses de paga, solo sonrió y dijo: —Que tenga un buen día, señor… y… feliz navidad.
Kamei-san y Dánae salieron de allí como pudieron, porque el hombre se había quedado dormido en un parque público.
Su apariencia asiática, junto con la presencia de una niña rusa, llamó la atención de los policías, alertados por una anciana.
—¡Identifíquense!
Eh, ¡rata asiática!
¡Identifíquense!
Kamei-san abrió un ojo y dijo: —La niña está durmiendo, no sean inconscientes.
O dime: acaso tu mamá no te enseñó a no gritarles a tus mayores.
En mis tiempos, si alguien te hablaba, los mataban a palazos… Los soldados dijeron: —¡Manos arriba!, ¡además de chino alcohólico!… Sin embargo, Kamei-san, con impulso, corrió con Dánae en brazos y dijo: —Maldita sea… qué tienen en contra de los asiáticos… mí que fuéramos una Naja atra.
Dánae despertó y dijo: —Buenos días… ohhh… otra vez no persiguen, ¿qué hiciste?
—Nada… dije algo de sus mamás y se enojaron.
—Kami… ya estamos en América.
—Sí, salimos del aeropuerto hace 3 horas.
—Ohh… bueno, podrías dejar de agitarme tanto.
Tengo ganas de ir al baño otra vez.
—Dánae, espera que lleguemos al menos a Vermont.
—¿Y dónde queda eso?
—Al norte.
Llegaremos en 14 horas si voy a este paso, pero ando cansado… quiero dormir y comer Zhou con carne de buey.
—¿Qué es Zhou?
—Dánae, hay cosas que no quiero que aprendas.
Después de escapar de los policías, Kamei-san descansó en una zona más tranquila: un área boscosa, cerca del lago Pig Tail, saliendo de la ciudad.
—Seré inmortal, pero necesito dormir mis 7 horas.
—Oooo… tengo sueño, y todo lo que pasamos solo para llegar a otro país donde tampoco sé el idioma… ¡Ahh!
¡¿Cuánto falta?!… Me cansé de orinar como un animal, detrás de los arbustos o en el casco de un militar muerto.
—Ya falta poco, Dánae.
Si descanso 2 horas más, podré tomar el impulso suficiente para llegar a Vermont y pasar a Vermot; Jack debe estar esperándome.
—¿Quién es Jack?
—preguntó Dánae.
—Un jovencito… no tan joven… que es inmortal igual que yo… y pronto igual que tú.
—¿Yo podré ser inmortal?
—dijo Dánae con emoción.
—Sí —respondió Kamei-san con cansancio.
—¿Como tú?
—Mejor que yo… Dánae se colocó debajo del brazo de Kamei-san.
Ambos estaban sentados en un árbol y, demasiado cansados, no pudieron evitar cerrar los ojos.
—Kami…?
—Sí.
—Extraño mucho a mis papás… Kamei-san se guardó silencio por un momento y dijo: —Yo también tengo a personas que extrañar, Dánae.
Yo extraño a… a Liang Hua, Liang Wei, Liang Xiu, Liang Bo, Liang Rong, Liang Yun, Zhou Yan, Liang Jian, Altansarnai, Batu, Tömöriin, Saruul, Enkhbayar, Erdene, Bolormaa, Ganbold, Mönkh, Narantsetseg, Sükhbaatar, Sudsakorn, Anong, Kiet, Malee, Phailin, Somchai, Takeda Aiko, Takeda Haru, Takeda Nao, Takeda Ren, Takeda Yumi, Takeda Michi, Takeda Aya, Takeda Kenta, Takeda Sora, Takeda Hana, Chime Drolma, Jigme, Pema, Sonam, Karma, Dechen.
—¿Quiénes son todos ellos?
Dánae cerró los ojos.
Kamei-san, con cansancio, lloró diciendo: —Eran mis esposas… hijos… nietos… de ellos aprendía a amar… a equivocarme… a perdonar y a tener valor para ser fuerte.
Si no fuera por ellos, me habría rendido en los primeros cien años… viví esas vidas, y a todos los amé con fuerza, esperando que no se fueran… y es por eso que ahora me estoy perdonando… me costaba volver a amar… Dánae se durmió antes de escuchar todo lo que dijo; sin embargo, Kamei-san sonrió y dijo: —Dios, gracias por traerme con bien aquí… Kamei-san cerró los ojos y durmió junto con Dánae por 18 horas.
—Despertó y eran las 4 de la madrugada.
Se estiró diciendo: —Bueno, tenemos que llegar a Vermont, Dánae, levántate.
—No quiero.
—No te levantas, te lanzaré al lago.
Dánae se levantó con un solo impulso, pero, apenas despierta, no veía dónde iba.
—Lista… ya vámonos.
—Sin embargo, Dánae se resbaló y cayó al lago de cabeza.
—Jajajaja.
—¿Por qué te ríes?
No es gracioso.
—Jajajaja… —Jajajaja.
Ambos se entendían, pero el momento se acabó porque una persona que exploraba los vio a lo lejos: —¡Oigan!
¡¿Quiénes son ustedes?!
Kamei-san ya no quería problemas.
Agarró a Dánae cargándola en su espalda y corrió en dirección al norte.
—Ten cuidado, qué asco, creo que esto no es tierra —dijo Dánae con disgusto.
—Dánae, eso no importa.
En unas horas llegaremos a Vermont e iremos al bosque confinado.
—¿Cuánto tardaremos?
—Si no me detengo, llegaremos en la tarde antes de que caiga el sol.
—Ya era hora… pero… ¿te queda dinero?
Tengo hambre y quiero carne, o esta vez me animaré por el de fresa con chocolate.
No soy exigente, así que te pido un helado.
—En cuanto lleguemos a una ciudad o pueblo, te lo compro.
Siguieron en ruta en línea hacia Vermont, y a las cinco de la tarde llegaron al árbol.
—Muy bien, Dánae, bien, llegamos a la puerta.
Dánae mira de forma incrédula —No entiendo la puerta es ¿un árbol?
—Si toma mi mano Dánae fascinada se dio cuenta que el árbol se movía, la tierra comenzó a abrase como si recibiera a 2 reyes que estaban a punto de pasar a un lugar desconocido, el árbol se abrió por la mitad como una entrada y solo se percibía la oscuridad del fondo como una cueva.
—Kami esto está muy oscuro —Mira al frente —Y cuando Dánae se cegó por el destello de la luz, se froto los ojos para ver, dándose cuenta que era un busque enorme, en la cinco de la tarde en el mundo, pero en Vermot parecía que recién amanecía, había insectos, luciérnagas, mariposas, ardillas, aves hermosas, y arboles de muchas especies, en el norte había pinos y cedros, pero al oeste había caoba, y había más terreno detrás de la cueva, por la cueva esa solo una colina de muchas que habían.
—Oooh, por alguna razón este bosque es mas bonito que el de afuera, aunque no entiendo como es que un árbol llega a una cueva y dentro de esa cueva esta esto…y ¿Por qué es día si son de la 5 de la tarde?
Dánae en su mente de 8 años no pudo contener su curiosidad, intriga, y dudas que le inquietaba —No entiendo —Creo que comer muchos caramelos no te hace bien—Dijo Kamei-san —No me quites mis dulces—Respondió Dánae —Bien sube a mi espalda la cabaña debe de estar cerca Kamei-san fue de estructura a estructura, ya que en la cueva existe un camino de columnas apiladas a 3 metros de distancia, en dirección a un rio que conecta con todo el bosque, aunque en Vermot había 6 ríos y todos se entre conectan como un espiral infinito, un lugar que solo la ciencia que Dios le dio a los ángeles, podría hacer.
—¿Cuanta falta?
—No mucho, mira hay esta ….
¿Otra cabaña?
—Si… después de esto quiero comer A lo lejos estaba Jack y dijo gritando con emoción —¡Kamei-san!, ¡por fin legas!
¡estúpido viejo!
¡jajajaja!
Kamei-san da un salto para llegar, porque la cabaña estaba al filo de una colina empinada, y como si se tratara de un saltamontes , se eleva en la altura y aterriza como si fuera una pluma.
Kamei-san pregunta: —¿Que estás haciendo?
—Que no dijo el ángel…el me ordeno que lo construyera…para los nuevos santos —Estas sucio de brea —Jajajaja… si pensé que te tardarías más tiempo Dánae sale de la espalda de Kamei-san y dice —Hola… ¿Oye tú te llamas Jack verdad?
Jack la mira asombrado, quedo completamente estático, no supo que decir, era como verse a sí mismo, vio en ella la inocencia de un niño, vio en ella el acto más puro de la creación, el vivir, mirándola con intensidad dijo: —Tu eres…uno de los santos verdad —No puede ser—Dánae responde asombrada—tienes el cabello igual de largo que Kamei-san te llamare hombre escoba dos.
Jack no dejaba de mírala, pensaba lo siguiente: “Ella es un santo, es muy bonita, aunque no se que es lo que tiene en las cejas, y su cabello tiene el color del otoño del bosque, tiene pecas, demasiadas, y sus ojos son verdes, como las plantas, pero son cristalinos, y tiene la nariz recta, como un triángulo, es como si Dios hubiera arrancado un árbol y darle vida”.
—¿Kamei-san ella es uno de los Santos?
Kamei-san contesto: —Si ella es el santo de la Naturaleza, el santo de las plantas y de todo lo que vive de la tierra…ella es la cuarta…el cuarto santo.
—No me mires así que me asustas—le dice Dánae a Jack, no dejaba de mirarla Jack miro al suelo perdido en su impresión y pensamientos, recordado dolores, tanto con sus padres, como con Galton en esos 20 años, también pensaba en todo lo que reflexiono en estos últimos 3 años, el decidido avanzar si tenía la oportunidad de sentir que su vida si tenía un propósito más que la profecía que le impuso… quería ser libre de su destino Y con firmeza y respeto le dice a Dánae: —Hola…me presento…mi nombre es Jack estrecho su mano y dijo: —Soy el santo del fuego…el primer santo…El Santo de la profecía intentaba sonreír, se esforzaba para no emocionarse demasiado, quería ocultar la emoción que le daba el ver a otro santo y a otra persona en Vermot.
Dánae vio Jack, intuyo lo que intentaba decir y dijo: —Hola ser extraño del bosque dentro de un árbol, mi nombre Dánae Anastasia Valciev Kirov, es un gusto conocerte — Se inclino con una reverencia.
Sin embargo, Jack no pudo entender su idioma.
—¿Disculpa que estás diciendo?
—¿Kamei-san que está diciendo?
no la entiendo Kamei-san dice: —Ella habla ruso, tranquilo ya aprenderás su idioma —Por lo que puedo ver aun te falta la mitad de la nueva cabaña, quieres que te ayude a terminarla.
Jack pregunto: —Te quedaras aquí Kamei-san respondió con una sonrisa: —Si Jack esta vez me quedare aquí, seguiré viajando, pero solo cuando sea necesario, he decidido que formare parte de lo Dios esta haciendo contigo… Jack intentaba no llorar, pues en el fondo, un lugar confinado le era muy difícil de soportar solo, Kamei-san si estaba en Vermot, pero después pero solo venia de vez en cuando.
Jack, secándose las lágrimas dijo: —Espera faltan dos más.
Kamei-san respondió: —Es verdad falta dos más, Galton debe de estar trayéndolos, solo espero que estén bien Jack respondió: —No puedo esperar nada bueno de ese hombre, deben de estar pasándola mal.
Kamei-san dijo: De eso no te preocupes, ven vamos a ayudarte, si trabajos los dos terminaremos en 4 días.
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