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Pólemos Tôn Agíon: Vol.1_ kosmogenesis_Español - Capítulo 16

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  4. Capítulo 16 - 16 El Santo del Relámpago
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16: El Santo del Relámpago 16: El Santo del Relámpago ⚠️ Advertencia: El siguiente contenido puede incluir ataques de animales silvestres, referencias a la Segunda Guerra Mundial y descripciones gráficas.

El autor no pretende ser pretencioso ni utilizar estos elementos de manera morbosa.

Recuerde que todo lo narrado es ficción y se recomienda la discreción del lector.

🫠 Nota del autor: ¿Saben?

Creo que alguna vez, fui Nuriel.

Creo que todos, en algún momento, fuimos Nuriel.

(Tholio, 2025) _________________________________________________________________________________________________________ Esto es un recuerdo de cuando Nuriel aun no entendía el amor, una mujer, con la voz de un gorrión le hablaba con dulzura a Nuriel: —Non, Nuriel, à moi no me gusta mucho la carne, me hace mal al estómago.

—Pero me gusta chanter y me gustaría que un joven, alto y guapo me sostuviera las manos y bailar une chanson que me gustó, depuis mucho antes que llegara aquí.

—¿Te gusta cantar?

—Sí, me encanta, ma mère le encantaba que cantara mientras limpiaba su habitación.

—Osea, tú limpiabas su habitación.

—Sí, ella estaba enferma, pero ya no importa, elle est morte antes de todo esto, avant l’Allemagne à France.

—Pero Nuriel, no angusties, yo reviendrai a cantar algún día, soy como un ave, me gustan los gorriones, me recuerdan a la présence de Edith Piafth, las aves cantan hermoso.

—Y Edith Piaf es tal vez la mujer que puede considerarse un ave, me fascina como canta, une chanson en particular se llama Mon légionnaire, la cantaba cuando estaba en el hospital con el Dr Weill.

—¿Y por qué no cantas?

—Nuriel, quieres meterme en problemas.

Ella ríe, dice sosteniendo sus labios: —Cuando yo le chanterai a un hombre, será cuando lo ame, y tú, mi Nuriel, mi praliné, te diré que algún día, cuando pase el tiempo y estos muros ya no estén, yo cantare para ti.

—Porque desde que estás aquí conmigo, cada día me siento más en casa.

______________________________________________________________________________________________________ Esa voz cantora era la de Élodie, tenía una hermosa voz, te daban ganas de cuidarla y no dejar que se fuera.

El tiempo pasó muy rápido, no sé cómo llegamos del bloque médico de Auschwitz a la tierra fría de Groenlandia.

_______________________________________________________________________________________________________ La joven alemana estaba gritando por su vida…porque aquella bestia estaba clavando sus colmillos entre la postura del radio y los músculos de la pantorrilla…Presionaba con fuerza su frágil piel.

Con cada segundo que pasaba…sentía como su garganta se quedaba sin voz…no teniendo extensión para reflejar el dolor que sentía…como una forma de reflejar que ella, se siente desamparada, abandonada.

Solo quería…que su padre la salvara.

La mente de un joven polaco estaba atrapada con su yo interno.

¿Estas son las consecuencias de elegir mi vida?

vivir con tus errores vivir con decepciones vivir con tus miedos vivir con tu angustia vivir con el peso de arrastrar tu pasado, que solo te hace pensar: ¿Nos equivocamos al creer que hay un Dios… o nos equivocamos al creer que Dios nos escucha?

¿Nos equivocamos al creer que la fe es buena?

¿Nos equivocamos al creer que la vida tiene valor?

Nos equivocamos o tal vez y solo tal vez, podamos aferrarnos a la esperanza… de enfrentar lo que te amenaza?

Tal vez es posible creer.

Pero para creer, tienes que estar dispuesto también a sufrir.

Pero no sufrir tontamente.

Solo los hombres que creen de verdad no creen porque jamás se lo cuestionaron.

Creen porque se lo cuestionaron, y solo en los momentos de peligro es donde su fe muere para volver a nacer, con más fuerza.

De aquellas mejillas de aquella delicada mujer, que lo perdió todo —su madre, sus hermanas, su padre—, por decisiones que ella no entendía, en un país extraño, con frío y con miedo, una bestia tenía su pierna y no la soltaría hasta matarla.

Y, por otro lado, un joven, que la desgracia lo perseguía, porque también su padre murió, su madre también, sus hermanas, y a la mujer que amaba.

Fue un animal que le arrebato la vida a una hermosa mujer francesa, que amo a Nuriel con todo su corazón.

¿Nuriel seguirá perdiendo?

O tal vez, la ira que siente, más el miedo que siente, sea la razón… del por qué esta vez él gritara con fuerza y peleara contra sus opresores.

Nuriel, está en elevado… de una altura de dos metros, no estaba pensando.

No pensaba nada.

Solo estaba furioso, porque estaba cansado de que todos murieran por su vida.

Se siente culpable, siente que todo esto no tiene sentido.

Pero él no decide creer en esa falta de sentido: quiere ir en contra de las dudas, en contra de los miedos de los pobres de espíritu.

Nuriel estaba cayendo con velocidad.

apretando las perlas de la boca con fuerza, y el corazón latiendo por euforia.

Nuriel no estaba pensando, solo estaba hablando por medio del cuerpo.

Sus manos se estaban quemando.

Aquellos destellos eran relámpagos: era su don.

Pero su don era tal vez un error, Por qué el metal que tiene el mango, le estaba quemando las manos.

La bestia no se percató de que, lo que tenía encima de la nuca, era el hombre del Rayo, la bestia del Trueno, El Santo del relámpago Perforando los cabellos blancos, la daga se incrustaba con un destello en su cuello.

Y con un grito con poder, el joven entregó toda su ira, sus miedos, sus angustias y todo su espíritu en un rayo.

Nuriel, con esta decisión, estaba diciendo que él amaba a Adelaida.

Adelaida amaba a Nuriel, pero este amor era un amor puro.

Ambos compartieron juntos el calor cuando hacia frio, y la comida cuando uno tena hambre, un abrazo cuando el otro lloraba y el amor cuando el otro le hacía falta.

El hermano que cuidó protegió La hermana que cargo y también protegió Se estaban demostrando que ambos se amaban y que ambos se aferrarían a la vida.

Porque Nuriel ama a Adelaida, y porque la ama, decide abandonar la idea egoísta de odiarla.

Ya no le importa de dónde vino o quiénes fueron los bastardos que le arrebataron su vida.

No.

Seguir viviendo.

Aquella bestia no podía moverse, y solo bastó un momento para que su cuerpo oliera a pelo quemado y carne carbonizada.

El oso quedó irreconocible: sus ojos explotaron, su cabeza olía a cadáver, el oso dejó de moverse.

Después de unos segundos de silencio, los hermanos se vieron a los ojos: —¿Nuriel?

—¿Adelaida?…

Pero esto no acaba, porque el oso de la derecha murió, pero faltaba el oso de la izquierda.

Adelaida sostuvo su rifle y disparó hasta vaciar el cartucho, pero la bestia aún se acercaba con violencia.

En ese momento, cuando el oso se irguió, Nuriel reaccionó rápido.

El rifle tenía la bayoneta, y como respuesta de que el oso se tiraría solo, fue su peso el que introdujo la daga en su cuello, en el ángulo para que aquella arma lo atravesara.

El oso trató de liberarse.

Nuriel pensó rápido, y cargó a Adelaida en brazos, y saliendo ahí corrió sin pensar.

Pero estaba tan nervioso que sus manos aún tenían destellos.

—Nuriel, por favor, me duele, bájame.

—¿Qué pasa?

Tenemos que irnos y dices que no puedes caminar.

—Lo vi… tus… auh, Nuriel, me duele.

Las manos de Nuriel estaban distribuyendo por medio de su cuerpo corriente eléctrica.

Los guantes de invierno estaban carbonizados.

—Tus manos… me lastiman, parece que es tu don de la creación.

Se dieron cuenta de que ya no había peligro de los osos.

Al voltear, vieron que dejaban de moverse.

Ambos se abrazaron, pero Adelaida lo apartó al ver sus manos.

—Tus manos… Las palmas de Nuriel estaban negras, la piel arrancada y cocida por el calor, como si una barra de metal le hubiera caído en las manos.

Ella estaba preocupada, pero apenas la bajó, cayó a la nieve en un instante: la pérdida de sangre y la fatiga la habían vencido.

—¡Adelaida!

—gritó Nuriel, aterrado.

Era lógico: la altura, la herida y el agotamiento desde Groenlandia del Sur hasta el Norte era demasiado, hasta para un santo.

Desesperado, fue a la mochila de provisiones.

Buscó morfina, vendajes, bisturís y medicamentos, analgésicos, desinfectantes, que habían preparado para una posible intervención quirúrgica por balas.

Nuriel recostó a Adelaida y tendió unas camas improvisadas en la nieve.

Sabía que tenía que actuar rápido.

Miró alrededor para asegurarse de que no hubiera osos cerca.

No tuvo tiempo de pensar: en ese mismo instante, con la escasa luz de las estrellas apenas visibles, comenzó a revisar la pierna de Adelaida.

Tenía ocho agujeros profundos.

Nuriel comprobó que no estuviese rota y descubrió una fractura leve.

Aprovechando que Adelaida estaba inconsciente, la enderezó de un tirón.

Luego aplicó morfina inyectable, la misma que en los años cuarenta se utilizaba con soldados, traída desde el bloque médico de Islandia.

Con bisturí y los medicamentos que tenía a mano, retiró la carne dañada y cosió tanto la arteria principal de la pantorrilla como los músculos y tejidos.

Por suerte, el oso solo había sujetado la pierna: no la destrozó por completo.

—Si hubiera atacado unos segundos más, Adelaida tal vez no podría volver a caminar… —murmuró, nervioso.

Había atendido pacientes en Auschwitz, pero nunca algo así.

Pidió fuerza al cielo, sin embargo, no obtuvo respuesta.

Entonces se aferró a los conocimientos médicos que había aprendido durante un año con el Dr.

Weill en los bloques médico.

El procedimiento le tomó ocho horas.

Sabía que, aun con todo lo que hizo, no bastaría.

Encendió una fogata improvisada con la poca madera que encontró, tanto para derretir nieve y obtener agua con la que desinfectar como para tener luz.

El humo era sofocante, pero necesario.

Por fortuna, no había tormenta de nieve y las estrellas, junto con las auroras, iluminaban la noche.

Nuriel dejó a Galton en la nieve, respirando, pero inmóvil.

Lo único que le importaba era salvar la pierna de Adelaida.

Detuvo la hemorragia, retiró carne muerta y aplicó medicamentos contra el tétano y la rabia, que llevaba por precaución.

Aun así, sabía que no era suficiente.

Después, arrancó huesos de los osos con su daga, los ordenó en filas y fabricó un vendaje improvisado para entablillar la pierna.

Con la fogata curtió como pudo la piel de los osos para cubrir a Adelaida del frío.

Estuvo dos días sin dormir.

—Adelaida… perdóname.

Yo no te odio… lo siento tanto.

Yo no te odio… —susurraba mientras trabajaba.

Al terminar, envolvió a Adelaida con la piel de oso, no perfecta, pero suficiente para protegerla.

Ató un rifle, ajustando la soga a sus hombros como soporte, lo convirtió en una especie de mochila improvisada y cargó a Adelaida en la espalda, mientras la mochila de provisiones quedaba sobre su pecho.

—No tienes que pensar ahora, Nuriel —se dijo a sí mismo—.

Solo debes llevar a Adelaida al médico más cercano.

Yo no puedo curarla del todo.

Miró entonces a Galton.

Seguía respirando, aunque no reaccionaba.

Fue en ese instante cuando vio algo extraño: un ángel apareció por un instante, sosteniendo una vara, y pareció estar cerrando las heridas de Galton.

Cuando Nuriel se acercó, notó que sus heridas estaban selladas como por carbón.

Un querubín se plantó frente a él y le dijo: —Joven… —dijo.

—No tengo tiempo para hablar contigo —respondió Nuriel, tengo que llevar a Adelaida al medico mas cercano, tu no vas a curarla, me doy cuenta que te importa más ese bastardo que Adelaida, porque si no fuera así un ángel le habría curado la pierna.

Cuando el ángel que curaba a Galton se retiró, el Querubín habló otra vez: —Joven del rayo… tienes que llevarte a Galton.

Nuriel lo miró con furia.

—¿Quieres que cargue con el cuerpo de ese infeliz?

Nuriel se enfadó con el ángel: —¡¿Por qué no nos defendieron de los osos?!

¡Si tanto es su elegido!, ¡entonces llévenlo ustedes!

Yo no voy a cargarlo.

Él nos metió en esto, le advertimos, pero no nos hizo caso y puso en peligro la vida de Adelaida y la mía.

—Si Dios tanto quiere que viva, entonces que sea el quien lleve su maldito culo a Vermont.

—Yo solo rescataré a Adelaida y me la llevaré de aquí.

La llevaré al pueblo más cercano y nos olvidaremos de este horrible viaje.

No nos merecemos esto.

El Querubín respondió: —Por más que quieras negarlo, Nuriel, sigues siendo el santo del relámpago.

La razón por la que Dios te escogió, entre todas las épocas, es porque tú eres el más apto para ser el sacro del rayo, el beato del Trueno, El santo del relámpago.

—Eres el único en todo el mundo, que puede tener ese título, Nuriel.

Dios no te escogió sin razón.

Y tampoco a Galton.

Por más que parezca lo contrario, el propósito original estaba desde un principio, pero no creas que este hombre no tendrá castigo.

—Dios lo ha observado, y este hombre no está conforme a Dios ni un poco, ni un poco.

—Por eso mandamos a Kamei-san, el no solo está conforme, si no que, él debía ir por ustedes originalmente.

pero no había opciones, Galton era el único que podría hacerlo, de lo contrario, los dos habrían muerto —Tienes que salvarle la vida.

Nosotros te indicaremos lo que tienes que hacer.

Por más que quisiéramos intervenir, a menos que Dios lo permita, no podemos hacerlo.

Nuriel, si tu corazón todavía cree en Dios, y en la esperanza y en el amor que le tienes a Adelaida, deja que ese amor te impulse a sanar y perdonar a Galton.

Nuriel sintió ira, le grito al ángel, ahora tal vez entiende por qué Galton tenía conflictos con Dios: —Dime algo… ¿Dios realmente nos ama?

O el disfruta vernos sufrir.

No vi que Dios hiciera algo por los judíos de los campos, ni mucho menos por toda la gente que murió en esta guerra.

Dime, querubín…  —!

¿Dios nos ama?!, ¿Acaso somos sus hijos?, o ¡¿somos sus marionetas?!

El Querubín respondió: —Las injusticias del ser humano son el resultado de su desobediencia desde que salió del jardín del Edén.

La razón por la que Dios no interviene directamente no es indiferencia, sino porque, si lo hiciera, ustedes los seres humanos, exterminados.

—Dios iba a eliminar a los demonios, pero fueron ellos quienes entraron al jardín y contaminaron a la humanidad, en pocas palabras, si Dios eliminaba a los demonios, también tendría que eliminar a la humanidad.

—Ustedes son inocentes, Dios lo intento sin forzarlos, pero el humano es egoísta por naturaleza, él lo intentó, pero ahora solo está concentrado en salvar, todo lo que pueda y eliminar lo impuro.

— si tu supieras el poder de Dios, te darías cuenta que nada escapa de él, ni siquiera yo.

—Nuriel, no piense que no se lo se sientes, yo también perdí hermanos por una guerra que fue un error desde el principio, yo también me pregunte alguna vez, si mi Padre era bueno.

—Y si me ves aquí, entonces sabes que fue lo que elegí, a mí me entristece la humanidad, ustedes, no hicieron nada malo —Y Dios no es tirano; crea la vida, Nuriel, que Alemania no quedará sin castigo.

En el juicio final, los mayores pecados serán juzgados, y Dios no es malvado ni injusto.

Tu percepción humana limita tu visión.

El ángel está desapareciendo: —Nuriel, el futuro está pendiendo de un hilo, —Por favor —Sé que tomara la decisión correcta.

—Nuriel yo confió que tu llevaras a Galton a Vermont.

Nuriel grito al ángel, pero la luz que hubo en ese momento desapareció.

Nuriel solo se quedó viendo el cuerpo de Galton y estaba por irse, pero solo le bastaron siete pasos para decir: —¡ Kurwa mać!

(Maldita sea) —¡Muy bien, Dios, Señor, el Dios de los judíos, ¡de Israel y de todo el mundo que me dio estos dones…!

—dijo Nuriel—.

¡Si no debo juzgar, respetaré tu divinidad!

Pero te digo en serio: ¡que esto para mí no es justo!

—¡Nunca perdonaré a Alemania, ni a los nazis!

—¡Yo amo a Adelaida y por qué, la amo seré capaz de sacarla de aquí, y si dices que quieres que lleve a tu elegido lo hare!

—¡Escuchaste!

¡Lo hare!

—¡Pero solo te diré una cosa Dios!

—¡Por qué no te llevaste a toda esa gente!

¡Ellos que te hicieron!

—¡Mi familia!

—¡Solo quede yo!

—¡No me interesa que le pasara a esos imbéciles, a esos hijos de puta, no me interesa que les pase a esos demonios de Alemania!

—¡Esta niña viene de Alemania y tú la escogiste!, ¡Acaso ellos te importan más que nosotros!, !Dime!

¡Donde esta tu amor!

—¡Donde esta tu amor!

Y gritando al cielo intentando buscar una respuesta: Nuriel, con toda su fuerza, arrastraba a Galton mientras cargaba a Adelaida en la espalda.

Así estuvo por casi tres semanas, avanzando paso a paso.

El peso combinado de Galton y Adelaida significaba un gran esfuerzo.

El mordisco del oso había provocado fiebre, Nuriel tenía que hacer paradas para tratarla El entendió que Galton, estaba en una especie de estado de coma.

Finalmente, Nuriel logró pedir ayuda a una tribu cercana.

Le prestaron una canoa pequeña para bajar hacia el sur, por el Estrecho de Davis.

—No te preocupes Adelaida voy a protegerte, llegaremos a una ciudad y sanaremos tu pierna.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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