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Pólemos Tôn Agíon: Vol.1_ kosmogenesis_Español - Capítulo 30

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  4. Capítulo 30 - 30 El Último Hybris
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30: El Último Hybris 30: El Último Hybris ⚠️ Advertencia: El siguiente capítulo puede contener descripciones explícitas y temas sensibles para algunos lectores.

El autor no busca el morbo 😶‍🌫️, solo retratar con respeto los temas que se mencionan.

Se recomienda discreción del lector.

🕯️ ✍️ Nota del autor: Puede que estos días esté un poco ocupado, así que les pido comprensión si hay algo de tardanza ⏳ Intentaré seguir publicando uno o dos días por semana y mantenerme lo más constante posible.

Gracias por su paciencia 🙏💬 _________________________________________________ La selva de Yunnan se extendía espesa y brillante bajo el calor del mediodía.

El aire olía a tierra mojada y hojas recién cortadas, mientras el zumbido constante de los insectos llenaba cada rincón.

Adentrándonos en un enorme agujero cubierto de árboles y pilares de piedra, el paisaje cambiaba: todo parecía girar en torno a una antigua tumba, erigida en el mismo lugar donde alguna vez estuvo el bosque oculto.

Ese bosque —el que hoy se encuentra en Vermont— existió aquí hace casi dos mil años, y de él solo quedaba el eco de su memoria.

Entre colinas silenciosas y vegetación enredada, el lugar parecía contener la respiración del tiempo.

A lo lejos, sobre la altura, se distinguía una figura oscura: la sombra de un hombre avanzaba despacio, apartando ramas y lianas que colgaban como cortinas vivas.

No era la primera vez que esa silueta aparecía en aquel lugar; era una presencia que el bosque parecía recordar.

Sabía que no estaba lejos del sitio donde alguna vez se alzó el Bosque Confinado.

Ahora, solo quedaban árboles viejos, raíces secas y un silencio que parecía observarlo.

El aire comenzó a tornarse denso, como si la selva entera contuviera algo más que vida.

Había cosas que estaban ocurriendo tanto en el mundo espiritual como en el físico.

¿Era extraño?

Tal vez.

Porque aquella sombra —la misma que había azotado hace casi dos mil años— volvía a aparecer frente al Pozo del Juicio.

Durante un instante se detuvo.

Luego, lentamente, llevó las manos a su rostro.

Y comenzó a tirar.

Su rostro se desprendía poco a poco, como si la carne se rindiera ante su propia voluntad.

Las venas que la sostenían cedieron, y cuando aquella máscara cayó al suelo, el hombre no sangró.

Lo que había debajo no era piel, sino un tono rojo intenso, vivo, que palpitaba como si respirara.

No parecía retorcerse de dolor; más bien, era como si su cuerpo entendiera el proceso.

De aquella carne desnuda comenzaron a formarse nuevos tejidos, y en cuestión de segundos, de entre la materia abierta, emergió un rostro diferente.

El Pozo del Juicio se alzaba frente a él, el mismo lugar donde permanecía encadenado un inocente.

Los ángeles no intervinieron; hacerlo habría significado ir en contra de lo divino.

Aquella entidad era Frollam.

No podía llamársele un ser humano, pero tampoco un hombre.

A pesar de tener carne y huesos, su esencia iba más allá de todo entendimiento.

Su poder era tal que incluso los ángeles lo consideraban una amenaza.

¿Podría aquello representar una forma de rebelarse contra Dios?

Frollam permaneció frente a la tumba, observando en silencio.

Luego dijo: —Este lugar he intentado abrirlo más de una vez… y nunca pude.

Está en contra de la restricción divina hacerlo.

—Pero, después de haber comprendido a los ángeles, tengo una leve noción de cómo hacerlo.

Entonces, las voces de los demonios que rondaban el sitio comenzaron a surgir.

El lugar que alguna vez fue el Bosque Confinado estaba ahora corrompido, saturado por una presencia demoníaca que se arrastraba entre las raíces.

El bosque mismo era un ser espiritual que había residido allí.

Fue desplazado, pero el Pozo seguía intacto.

Y bajo su silencio, algo antiguo parecía despertar.

Las voces lo rodearon y dijeron: — ¿Para qué vas a liberarlo?

Otras voces sonaron entre mesclada con las anteriores: —¿No se supone que debemos preocuparnos por la sangre de los Nephilim?

— Podemos conseguir, aunque sea, algunos de sus huesos.

— Podemos mostrarte tumbas de ellos… pero no sabemos si servirá de algo.

— No entendemos qué pretendes hacer.

— Tenemos conocimiento de milenios, pero esta vez ni siquiera una noción de lo que buscas.

—¿Quieres revivir a los Nephilim para desafiar a Dios?

—¿Qué quieres lograr con él?

A lo que Frollam respondió: — Tú has investigado a los santos, ¿no es cierto?

El demonio Heshin contestó: — Sí, los he investigado.

—Pero Dios no me permite saber más allá de que son elegidos.

Sé qué cosas poseen y hasta dónde llega su capacidad… pero nada más.

—No se nos ha permitido saber nada, ni en los cielos ni en la tierra.

Solo sabemos que ese lunático de Galton sigue recolectándolos.

Entonces, Frollam dijo: — Lo sé.

No me interesó el tema de Galton por mucho tiempo.

Sin embargo, he estado pensando… —Tal vez haya alguna respuesta en su inmortalidad.

Los demonios comenzaron a murmurar entre ellos: — Pero es una inmortalidad divina.

No puedes adaptarla a tu cuerpo.

A lo que Frollam replicó con frialdad: — Sí puedo hacerlo.

— Y hay una forma de lograrlo.

Voy a mandar a su propio hijo.

Los demonios lo miraron horrorizados.

—¿Frollam… lo que estás tratando de decirnos es…?

Frollam respondió: —Sí.

—Apuesto que, si despierto a Zaziel, irá en busca de Galton.

Estoy seguro de eso.

—Y si va tras él, solo pueden ocurrir dos cosas: o lo mata… o se reconcilian.

Y ambas me benefician —Pero lo que yo necesito —dijo Frollam— es que Zaziel se acerque lo suficiente.

Si lo mata, está bien… podré analizar su cuerpo.

—Aunque no creo que lo haga.

Galton es demasiado poderoso como para morir a manos de su propio hijo.

—Pero si llegara a pasar, aun así, me beneficiaría.

Podría estudiar su cuerpo y hallar una forma de imitar la inmortalidad divina.

A lo que los demonios respondieron: —Podemos darte inmortalidades de todo tipo, pero ninguna funcionaría ante una guerra cómica.

—¿Estás seguro de lo que quieres hacer?

Frollam se acercó al centro del pozo y colocó sus manos sobre tres puntos específicos, donde podían verse pequeñas aberturas de piedra.

Luego dijo: —Sé que tienen miedo.

—No es que no sepan lo que puede pasar… están aterrados.

—Y lo entiendo.

—Pero díganme una cosa: si no están a mi favor, —¿para qué me han seguido todo este tiempo?

—¿Para qué me dieron el báculo?

—¿Para qué me liberaron en primer lugar?

—¿Van a acobardarse ahora, después de todo esto?

Las voces demoníacas rugieron, furiosas: —¿Cómo te atreves a hablarnos así?

—Te hemos permitido muchas cosas, pero esto es demasiado.

—¡Podrías poner en peligro el equilibrio del cosmos!

—¡Podrías destruir el orden del universo!

—Nosotros solo queremos libertad.

A lo que Frollam respondió con voz firme: — La libertad se gana destruyendo lo que alguna vez se creó para mantener el orden dentro de los márgenes que Dios impuso.

—Si no están conmigo, entonces aman el orden que Él estableció.

—Y si aman ese orden, entonces no son ángeles, aun negándolo son fieles a Dios.

Los demonios comenzaron a gritar, Frollam dijo con calma: —Si están en contra de Dios por una razón, es porque creen que aún tienen una oportunidad.

—Yo también creo que la tenemos… —y si debemos aprovecharla, será a través de esto.

—¿Piensan que las montañas son solo rocas estables?

—Las montañas fueron armadas piedra por piedra, desde los cimientos de la tierra hasta su cúspide.

—Nada nació por casualidad.

—Todo fue creado con un propósito, y eso que la sostiene… es lo que he estado construyendo durante los últimos dos mil años.

—Si no van a creer en mí, será mejor que se retiren.

—Haré esto solo.

—Y solo me quedaré con aquellos que quieran quedarse conmigo.

Los demonios intentaron detenerlo, atacándolo con furia.

Pero otros demonios los enfrentaron, evitando que lo alcanzaran.

Una pequeña batalla estalló entre ellos, en medio del caos y las llamas.

Entonces Heshin gritó: — ¡Abre ese pozo!

—Veamos qué tan lejos puedes llegar con esa filosofía.

—Pero recuerda algo: el infierno nunca ha estado dividido, hasta que tu llegaste.

—Si provocas otro juicio —como el de Adán y Eva— te aseguramos, hombre, que esta vez no saldremos con vida.

—Yo quiero libertad.

—Y si para obtenerla debes hacer esto… por primera vez, creeré en la humanidad.” A lo que Frollam respondió con calma: —No creas en la humanidad.

—Créeme a mí.

—Porque yo no soy la humanidad.

—Si lo fuera, estaría bajo el yugo de Dios.

—Y yo no estoy bajo el yugo de nadie.” En ese instante, el pozo se abrió.

Recordó, sin más, que aquello ya había sucedido antes: en 1946 los ángeles que había capturado estuvieron cautivos apenas tres meses, y luego otros ángeles llegaron y los liberaron.

Ahora, en 1963, solo rememoraba esos tres meses; nada más.

Pero esos tres meses fueron más que suficientes para comprender cómo funcionaban los ángeles.

Frollam pensaba: “He estado estudiándolos todo este tiempo… y me he dado cuenta de que los ángeles son casi parecidos a nosotros, aunque hechos de otra materia.” “Su sustancia no pertenece a este mundo ni a ningún otro.” “Nosotros fuimos creados de tierra y barro, pero ellos… de algo intangible.” “La única forma de capturar a un ángel no es a través de la carne, sino mediante fuerzas divinas.” “Pedir ayuda a los caídos del desierto fue la mejor decisión.” “De lo contrario, jamás habría capturado a un querubín ni a un serafín.” “Sin embargo, eso no los hace invencibles.

Los ángeles tienen una debilidad: para vencer al espíritu, necesitas un espíritu más fuerte.” “Y para matar a un ser humano, basta con apuntar bien a un órgano vital.” Empezó a recordad el por qué hace todo esto, Que es lo que lo motiva a hacer todo esto “Nosotros podemos ser destruidos de muchas formas, porque no se nos entrenó para la guerra.” “Pero si modificamos todo lo que somos para poder entrar en ella, entonces entraremos.” “Y si, para entrar a la guerra, es necesario convertirnos en algo  semejante a un ángel, entonces que así sea… porque el plano  de Dios todavía puede ser destruido.” “Si es cierto que los ángeles tienen una estructura, entonces  Dios también debe tener una.” “Eso solo lo sabré con el tiempo.” “Y el paso más seguro al que puedo llegar es por medio de los ángeles.” “Los ángeles también pueden morir.” “Y si pueden morir, eso significa que en la guerra celestial hubo  ángeles que cayeron también.” “Solo los que sobrevivieron tuvieron la decisión de ir al abismo o al cielo.” “Ahora entiendo por qué nadie sabe, ni existen registros, de aquella guerra.” “Además de haber ocurrido casi al mismo tiempo que la creación  de la humanidad, eso significa que no hubo demasiados testigos.” “Si una tercera parte de los ángeles fue arrojada al abismo,  eso quiere decir que al menos esa tercera parte  es todo lo que quedó de ellos.” “Lo que implica que muchos más debieron revelarse.” “Y si consideramos lo que se ha escrito anteriormente, entonces puedo entender por qué a Dios no le agradó que los ángeles se revelaran” “Porque si los ángeles se rebelaban, sumando los dones de la creación otorgados a los santos, eso significaba que  podían crear sus propios mundos, manipulando la materia  ya existente en el universo.” “Y si eso es así, entonces quiere decir que, con esa misma  fuerza, también nosotros podemos revelarnos.” “Tengo que hacer que Zaziel encuentre a Galton, para que me muestre cómo funciona el don de la creación… y cómo opera su inmortalidad.” “De esa forma estaré un paso más cerca de la rebelión.” “Si Dios permite todo esto, es porque o no lo controla todo, o necesita ayuda para hacerlo.” “Y quizá ahí radique el verdadero propósito de los ángeles.” “Existieron varios Jardines del Edén, uno en casi cada continente.

La humanidad no nació de un solo hombre y una sola mujer, sino de muchos.

Y todos cayeron, como era de esperarse.” “Porque cuando comprendes que puedes ir más allá de lo permitido, entiendes que todo puede ser tuyo, incluso aquello que nunca fue hecho para ti.” “Pero si el creador me lo permite, quiere decir que sabe lo que estoy haciendo.

Y si lo sabe, entonces no me queda mucho tiempo para actuar.” “Debo moverme ahora.” Hablando en voz alta dijo: —Porque se supone que los tiempos de Dios son perfectos.

—Así que yo me volveré perfecto… para poder decir que mis tiempos son mis tiempos.

El pozo se abrió.

Curiosamente, parecía una calabaza hueca.

Se podían ver estalactitas sosteniendo, de brazos y pies, el cuerpo de Zaziel.

Era algo nunca antes visto.

Frollam se quedó impresionado al observarlo y, en silencio, comentó: —Increíble… o sea que su padre es tan sádico que mantiene a su hijo con vida por casi toda la eternidad en este pozo.

Y parece que está en un estado inerte.

—No hay problema, Zaziel.

—Frollam bajó desde la estalactita—.

Siempre me caíste bien.

—Así que voy a despertarte.

—Sigues siendo impresionante como te recordaba.

—Admito que te extrañe…hermano Mientras todo esto ocurría, Galton y Helena estaban en la colina.

Helena había escuchado todo lo que Galton decía, pero no entendía absolutamente nada, a pesar de que él hablaba con claridad.

Entonces Galton dijo lo siguiente: —Dios nos ha enviado a todos nosotros aquí.

—Dios es el camino, la verdad y la vida.

—Todo lo que existe aquí es equilibrio puro.

—Todo lo que hay en el universo, todo lo que brilla en las estrellas… es equilibrio.

—Y de ese equilibrio dependen también los dones que poseemos.

—Los dones de la creación, como te había mencionado antes, son el poder que poseen los ángeles.

—Si Dios le otorgó eso a la humanidad, significa que algo está sucediendo… algo que puede poner en peligro a todos.

—No sé si tenga relación con la inestabilidad del mundo espiritual, pero si es así, entonces debemos prepararnos, Helena.

—Y la mejor forma de hacerlo es que tú me ayudes a mí.

—Quiero que entiendas algo, Helena… Existen más Santos…tú eres el quinto santo.

—Los otros santos están en Vermont.

Así que tú, lo único que tienes que hacer, es seguir mis instrucciones.

—Tengo una leve esperanza de que no necesitemos explotar por completo tu fuerza divina.

—Solo lo suficiente para despertarlo… —Para que no sea un estorbo a lo largo de los continentes que recorreremos, y que sea lo bastante resistente como para proteger al Santo del Hielo hasta que yo regrese.

Helena preguntó, confundida: —No… sigo sin entender.

—A ver, primero me dices que mi mamá y mi papá están muertos.

—Segundo, me estás diciendo —técnicamente— que soy una clase de elegida.

—Tercero, todavía no entiendo ese concepto de Santo de la Luz.

—Pero lo que sí puedo llegar a comprender, es un poco eso del don de la creación, porque te he visto hacerlo.

—No sé cómo hiciste para golpear el árbol y que se cayera.

—No entiendo cómo lo lograste.

—Le diste, creo, un golpe, y simplemente cayó.

—No estoy entendiendo nada.

—¿No se supone que los santos son estatuas?

¿No que Dios ya había concluido con todo eso de los elegidos?

A lo que Galton respondió: —Yo no sé los planes de Dios.

Pero si puedo decir algo, es que tal vez los humanos interpretan mal las profecías… y también los hechos que ocurrieron.

Puede que sea una combinación de ambas cosas.

Lo que más me molesta, y lo que no entiendo, es por qué Dios dice que esto no tiene nada que ver con los santos.

No tiene sentido.

Sea como sea, no puedo dejarte de esta forma.

Así que tendrás que entrenar.

Nos quedaremos en esta colina un tiempo, Helena.

—¿Qué?

—preguntó Helena, sorprendida.

—Sí —dijo Galton—.

Nos quedaremos aquí y voy a ayudarte a despertar tu don divino.

La mejor manera de hacerlo es por medio del estrés.

Voy a tener que esforzar tu cuerpo al máximo.

Estaremos aquí cinco meses.

Helena gritó con exasperación: —¿¡Cómo que cinco meses!?

Galton suspiró.

—Sí, Helena.

—Cinco meses.

—Creo que será suficiente para enseñarte lo básico.

“Aunque… me acabo de retractar —añadió, pensativo—.

A pesar de que dije cinco meses, tal vez nos tomará tres años.

Tres años demoraremos si nos movemos rápido.” “Lo cierto es, Helena, que no voy a poder hacerlo todo solo.

Así que debo avanzar contigo lo más rápido posible.” “Porque, aunque con Jack tardé veinte años… tal vez eso explica por qué se volvió tan violento.” “Jack no tiene armonía.” “El Santo del Fuego carece de equilibrio, de bases.” “Y eso se debe a que, ahora que lo pienso bien, el tiempo en Vermont no fluye igual que aquí.” “El bosque confinado responde al espíritu.” “Podríamos decir que tal vez fueron veinte años… o tal vez solo uno.” “Si es que de verdad puede llamarse entrenamiento lo que hicimos.

En realidad, solo fue resistencia.” “Y creo que lo dañé si beneficio alguno.” “En lugar de ayudarlo, empobrecí su espíritu.” “Esa no era la idea.” “La idea era fortalecerlo lo más posible.” “Debo aceptar que fui demasiado duro con él… “No quiero aceptarlo, pero…la idea de que el fuera el Santo del fuego.” “Me hizo odiarlo, creo en el fondo solo busque una excusa para matarlo.” “Me dolió pensar que mi hijo no era el santo, pero un huérfano de una tierra olvidada fuera mas apto que mi hijo.” Pero está bien —dijo al fin—.

—Helena, lo que tenemos que hacer ahora es empezar por la resistencia.

Así que… saca el machete de la mochila.

Vamos a cortar ese tronco y lo pondremos sobre tus hombros.

Muévete.

Helena, incrédula, lo miró y dijo: —¿De qué estás hablando?

—¡No estás escuchando, niña!

—gritó Galton—.

Se acabó el descanso.

¡Muévete!

—Sí… —respondió Helena, resignada.

Galton pensó para sí mismo: “Tengo que ser más amable con esta niña.

Si la entreno como a los otros, podría tomar demasiado tiempo… y ya no tenemos tiempo.

Lo que estoy haciendo es una maniobra arriesgada, pero si eso significa adelantar su entrenamiento, entonces que así sea.

Porque ahora ya no me quedan más opciones.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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