Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Pólemos Tôn Agíon: Vol.1_ kosmogenesis_Español - Capítulo 37

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Pólemos Tôn Agíon: Vol.1_ kosmogenesis_Español
  4. Capítulo 37 - 37 Te extraño
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

37: Te extraño 37: Te extraño ⚠️ Advertencia ⚠️ El siguiente contenido puede describir términos y referencias sobre capítulos pasado, la segunda guerra mundial, e interpretaciones religiosas ✝️ y tocar temas delicados.

El autor no busca morbo, todo lo narrado es ficción 📖.

Se recomienda discreción del lector 👀.

💬 Nota del autor 💬 ¿Creen que me he olvidado de mis personajes favoritos del primer arco?

⏳ Hablare más a profundidad sobre ellos ✨.

Ya tengo una noción de cuanto durara el primer volumen 🙌.

Puras matemáticas 🤓… Ando en exámenes si tardo, por favor sean pacientes.

________________________________________________________ En Vermont, entre verdes extensiones y árboles que rodean el Green River Reservoir, se alzaba un árbol enorme, imposible de ignorar.

Su tronco, grueso y retorcido, guardaba un secreto que parecía salido de un sueño: era la puerta a otra dimensión.

Un bosque oculto, paralelo al mundo conocido, donde la naturaleza se desplegaba en formas imposibles y el tiempo parecía suspenderse.

Cualquiera que lo descubriera no podía apartar la mirada; era como mirar un universo que existía solo para ser admirado.

En el bosque confinado se encontraba una cabaña de tres pisos, con un cuarto en reparación.

En la habitación de al lado estaba uno de los Santos elegidos para una profecía.

El Santo del Relámpago.

El Sacro del Rayo: Nuriel.

Despertaba de su hibernación de semanas.

Aunque habían calculado que dormiría cuatro meses, se levantó antes de lo esperado.

Se incorporó con dolor de cabeza y se sentó.

Dijo para sí mismo: “Bueno… voy a tomar agua y meditaré si volveré a dormir o seguiré al lado sur del bosque.” Cuando Nuriel se levantó, se dio cuenta de tres cosas.

Primero, su cuarto estaba hecho un desastre.

—Yo no dejé las cosas así.

—¡Carajo, ¡quién entró a mi cuarto!

—Mis documentos— exclamo con rabia.

Apenas con los ojos abiertos, y con la conciencia aún en la cama, bajó por las escaleras en dirección a la cocina donde Adelaida estaba.

Ella se veía normal en un principio, pero parecía distraída: —Oye, Adelaida, ¿tienes idea de si Jack o Dánae entraron a mi cuarto?

Adelaida respondió sorprendida: —¡Nuriel, despertaste!

Nuriel, con fastidio, contestó: —Uy sí, acabo de despertar, ¡qué gran sorpresa!

¿Tienes algo para darme de comer?

Por favor, tengo hambre.

Adelaida dijo: —Sí, ahora te lo doy.

Nuriel solo pensaba en lo cansado que estaba, pero, por otro lado, Adelaida tomaba demasiadas pausas para preparar el pan.

Nuriel la observó y preguntó: —Adelaida, ¿estás bien?

—Sí, sí, estoy bien —respondió con una voz frágil.

Cuando estaba a punto de servirle pan con queso y leche, sin querer se le cayó la comida al suelo y dejó caer la comida sobre Nuriel.

Nuriel exclamó: —Carajo, Adelaida… ¿sabes qué?

Voy a hacerlo yo, está bien, no que te suced… Sin embargo, al ver su rostro, notó que ella lloraba.

Como respuesta rápida, no supo cómo reaccionar.

He hizo lo que todo hombre confundido haría.

Adelaida, tartamudeando, dijo: —Lo siento, perdón… lo siento, ya lo recojo —dijo entre lágrimas.

Nuriel se preocupó y la hizo sentarse.

—¿Qué sucede?

—¿Por qué estás llorando?

—No, no, lamento… tal vez fui muy grosero.

—Perdón, lo siento.

—Tal vez… lo siento, no volveré a hacer eso, ¿de acuerdo?

—Perdón… creo que… fui… grosero, por favor no llores —habló con miedo.

Adelaida murmuró: —Ya casi pasa un mes… no puedo creerlo.

—¿Cómo que ya casi pasa un mes?

—¿De qué hablas?

—preguntó Nuriel, confundido.

Mientras tanto, Dánae había matado a dos pollos del corral para poder comer esa tarde.

Como una forma de mantener la cordura en este bosque.

Los Santos hicieron un hábito: pensar en voz alta.

—A pesar de que Adelaida ya se le confesó a Kamei-san, creo que entiendo por qué está tan triste.

—Teme que no regresen.

—No sé por qué cosas habrá pasado Adelaida, pero me contó que el mundo es muy peligroso.

—En los mares hay minas… no es como que no supiera qué son esas cosas.

—Tal vez es porque Kamei-san y yo evitamos al máximo el conflicto bélico.

—Toparse con soldados soviéticos, con trincheras de Rumania y los dados del puesto de Italia fue una pesadilla.

—Lo bueno es que, por lo menos, tuve chocolate.

—Aunque debo reconocer que Adelaida la pasó peor que yo; a ella la mordió un oso polar.

—No sé cómo son, pero por cómo lo describe se oye peligroso.

—Me duele que aún no pueda superar del todo ese viaje.

—Entiendo que Adelaida esté preocupada.

Dánae miró al cielo y, con un aliento decisivo, dijo con euforia: —¡Dánae, ya basta!

No vas a ponerte sentimental otra vez.

Tienes que demostrar que ya eres una adulta.

Ellos van a regresar.

—Jack y Kamei-san van a regresar.

La ausencia de ambos Santos se sentía, a pesar de haber pasado solo unos pocos días.

—Está bien —dijo, secándose las lágrimas—.

No te pongas así, van a venir rápido.

Sí… las últimas vinieron en un año.

Tal vez tarden un año… o tal vez más.

Suspiró: —Sí, Jack no está… no veo motivos para terminar el trineo.

Cuando Dánae entró, dijo: —Oye, Adelaida, ¿sabes qué he estado pensando?

—He estado pensando que hay que empezar a suministrar mejor la siembra de cacao.

—He pensado en hacer pastel con vainilla, ya la sembré y…

Dánae se detuvo al ver que Adelaida estaba llorando, posada en el hombro de Nuriel.

—Vaya, el princeso por fin se levantó —dijo Dánae, mirando a Nuriel.

—Ya cállate —respondió él, molesto—.

—¿Por qué no me dijeron nada?

—¿Por qué no me dijeron que Jack y Kamei-san fueron tras el Santo de la Tierra?

Dánae, sarcástica, contestó: —Mira, te recuerdo que estabas dormido, ¿cómo te íbamos a decir eso?

Y segundo, es cierto: han partido, el ángel les dio la orden.

—¿Y por qué no me despertaron?

—replicó Nuriel.

—Lo intentamos —dijo Dánae, encogiéndose de hombros—, pero estabas más muerto que una cabra, así que no había forma de despertarte.

Nuriel golpeó la mesa con frustración.

—Mierda… de haberme enterado de todo esto, le habría dado algunos consejos a Jack.

—Jack no sabe nada del mundo de afuera.

—El mundo exterior es muy peligroso.

—Con decirte que cruzar Groenlandia caminando fue algo que aún no puedo superar del todo.

—Este lugar es cálido y amable al tacto.

—Pero Groenlandia… Dios mío, mira mis dedos.

—Dánae, mira mis dedos, me están temblando —dijo Nuriel—.

—Y me tiemblan porque aún recuerdo… aún recuerdo todo: ¡Auschwitz!

¡Buchenwald!

¡El mar Báltico!

¡Noruega!

¡Suecia!

—Aunque no puedo decir lo mismo de Islandia, fue bonito.

—¡Pero Groenlandia y la Bahía de Bafín… fue un infierno!

Adelaida, al escuchar a Nuriel, no pudo evitar llorar desconsoladamente.

—¿Por qué Jack y Kamei-san tenían que ir solos…?

Adelaida agarró fuertemente los hombros de Nuriel.

—¡Y si hay osos, Nuriel!

¡Y si están en medio de otra guerra!

—¡Jack y Kamei-san son capaces, pero están en otro continente!

¡En otra tierra!

¡Y si todo sale mal!

¡Y si todo sale mal, Nuriel!

Nuriel dejó caer unas cuantas lágrimas: —¡Por una razón ahora tenemos cuartos!

—¡Por una razón ya no duermo contigo, Adelaida!

—¡Hacía tanto frío que tenía que dormir a tu lado!

—¡Abrazados, porque las mantas no eran suficientes!

—¡La comida tampoco era suficiente!

—Además, dijeron que van a Vietnam… no sé dónde queda eso.

Dánae respondió: —Yo sé dónde queda Vietnam.

—Mira, aquí hay un globo terráqueo.

Ustedes vienen de acá, de Europa, ¿no?

—Bien, si lo volteamos, aquí está Vietnam: justo debajo de China y también cerca de Japón.

Nuriel dijo, furioso: —¡Ese no es el punto, Dánae!

¡Es una tierra desconocida!

—¡No sé nada de ese lugar, y creo que Adelaida tampoco!

Dánae intervino: —¿Saben qué?

—Creo que la mejor forma de solucionar todo esto es con chocolate.

Los dos hermanos, Nuriel y Adelaida, la miraron con una ceja levantada.

Dánae añadió: —Bueno, discúlpenme por intentar ayudar, pero siempre que estoy triste, como chocolate.

—Es un vicio que tengo, y no pienso dejarlo; es mejor que fumar tabaco.

—Mira, si van a estar así de tristes, ¿por qué no mejor hacemos algo, sí?

—¿Por qué no mejor te ayudamos a ti, Nuriel, con tu investigación sobre el bosque?

—Creo que eso nos despejaría la mente.

Nuriel dijo con tono serio: —Ustedes nunca se interesaron por eso.

—¿Y ahora me van a decir que van a acompañarme al sur del bosque solo para investigar la rareza de esta cosa?

Dánae respondió con una sonrisa: —Sí, porque no creo que me vayas a querer ayudar a terminar el trineo que estábamos haciendo con Jack.

Nuriel dijo: —¿Dónde está el trineo?

—Está en la montaña, en la parte este del bosque —respondió Dánae.

Nuriel gruñó: —Vete a la mierda, no voy a hacer nada de eso.

Dánae solo pensó: “Ay Dios, son unos sentimentales.” “Los dos son melodramáticos, demasiado llorones, y encima de eso, re-exagerados cuando quieren algo.” “Adelaida es re-exagerada en el amor.” “Me doy cuenta con tan solo verla llorar y verla lustrar los platos una y otra vez, porque no sabe hacer otra cosa.” “Ya ni los libros le están ayudando.” “Y Nuriel es re-obsesivo con lo del bosque.

Su cuarto solo son papeles y anotaciones.” “Ambos como los cerditos: los cargas un poco y comienzan a chillar.” Entonces Dánae, respirando a fondo, dijo lo siguiente: —Muy bien, si ustedes dos no van a hacer nada, entonces yo haré algo interesante.

Adelaida y Nuriel la miraron con una ceja levantada.

—¿Qué vas a hacer?

—preguntó Adelaida.

Dánae sonrió y dijo: —Voy a entrenar mi don de la creación.

—¿Quieren venir?

—Eso podría servirte a ti, Adelaida, y también a ti, Nuriel, para tu investigación sobre los dones.

A ti, para evitar pensar en besar a tu príncipe.

—A mí me sirve para jugar.

Los hermanos aún cuestionaban si aceptar esta propuesta de Dánae.

—Vamos, será divertido.

¿Cómo creen ustedes que hago crecer el cacao tres veces más rápido de lo que crece en este bosque?

Nuriel levantó una ceja.

—Dánae, no puedes pensar en otra cosa que no sea chocolate.

Dánae respondió sin dudar: —No es verdad, ¿por quién me tomas?

—Por una niña, ¡por favor!

—Soy una experta en el chocolate.

—Cómo, por ejemplo, el cacao por sí solo no sabe rico, necesita otro acompañante: la caña de azúcar.

—Tenemos el chocolate puro, y con eso se pueden crear los sponge cake, los brownie, el fudge, las tortas de chocolate, los médiants franceses, las marquesas, los crèmeux.

Dánae comenzó a emocionarse de más: —Las deliciosas trufas españolas, el tiramisú con leche, los mousse au chocolat.

Ahora he pensado en un helado, ya que tenemos la montaña, podemos usarla como… Mientras Dánae enumeraba con entusiasmo, Nuriel suspiró y dijo: —¿Sabes qué?

¿Por qué no mejor vamos a ver lo que propone Dánae?

—Creo que eso me interesa más que oír a esta estúpida hablar de chocolate.

Adelaida asintió: —Sí, me parece bien.

La quiero, pero a veces exagera.

Aprovechando la tarde, Dánae, Adelaida y Nuriel fueron a un campo abierto, cerca del lago donde Adelaida comía con Kamei-san.

Dánae dijo entusiasmada: —Muy bien, les mostraré cómo es que yo manipulo mis dones.

Ella extendió su mano y se arrodilló sobre el pasto.

Cerrando los ojos, concentró todos sus sentimientos para poder manifestar su espíritu.

“Dios, por favor, dame fuerza para concentrarme, para poder manifestar los dones de la creación que tú me has dado, para enriquecer la tierra con la alegría de mi espíritu.” Un pequeño destello, como si sus manos brillaran, logró hacer crecer el pasto.

Lentamente emergieron de él flores silvestres de gran tamaño.

Pero solo unas pocas, apenas cubriendo un radio de diez centímetros.

Dánae suspiró orgullosa: —Muy bien… eso es todo lo que puedo hacer.

Nuriel y Adelaida se rieron un poco.

—¿Eso es todo?

No me sorprende —dijo Nuriel.

Dánae protestó: —Oye, por favor, este don es muy complicado.

¿Tienes idea de lo difícil que es imaginar la flor y esperar que surja?

¿Tienes idea?

Llevo diez años practicando.

Nuriel sonrió burlón: —¿Diez años de práctica haciendo eso?

¿Y cómo es que nunca te he visto hacerlo?

Dánae infló las mejillas.

—Bueno… está bien.

No sé cuántos años me llevo, solo lo hago cuando me da la gana.

Adelaida dijo: —Oh, Dios… qué graciosa eres, Dánae.

A veces das risa, incluso cuando no deberías.

Nuriel dijo: —Está bien, ¿por qué no les muestro?

Nuriel se remangó las mangas de la camisa.

Lo primero que hizo fue decir: —Necesito que me presten algo de metal, pero que tenga mango de madera.

A lo que Dánae y Adelaida respondieron: —¿No se supone que debías traerlo tú?

—Perdón, Nuriel, no traje nada de la cabaña.

Nuriel las miró y murmuró: —Mierda… Sin embargo, pensó por un momento y dijo: —A ver, trataré de canalizarlo.

Según mis estudios, los dones de la creación se manifiestan por medio del espíritu.

—Algo me dice que la energía interna del cuerpo es lo que provoca los destellos de la creación.

—Por esa razón tengo el presentimiento de que los dones de la creación no fueron hechos para los humanos.

—Y esto lo deja muy claro, porque me doy cuenta tan solo al intentar manifestarlos.

Nuriel concentró toda su energía en la punta de sus dedos.

Empezaron a emerger ligeras luces desde la punta de ellos, y trató de redirigirlas hacia el cielo.

Pero no salió nada.

Dánae y Adelaida lo miraron confundidas.

Adelaida preguntó: —¿No se supone que ya has practicado?

Nuriel contestó frustrado: —Espera, por favor… es que no me sale.

Cuando lo practico solo, me sale; pero cuando están ustedes, no me sale.

Adelaida se rió un poco y dijo: —Está bien, voy a mostrarles lo bueno.

Se puso en posición de monje y dijo: —He practicado con Kamei-san.

Nuriel arqueó una ceja.

—Vaya… o sea que has practicado con tu novio.

Adelaida lo fulminó con la mirada.

—Ya cállate.

Dánae intervino: —A ver, ¿por qué no nos muestras?

Adelaida respiró hondo y volvió a colocarse en posición de monje.

Recordó las palabras que le había dicho Kamei-san: “Recuerda, Adelaida: la manifestación de los dones de la creación se da por medio del espíritu.” “Si eres capaz de mantener la calma, controlar tu espíritu y hacerlo fluir a través de la carne, podrás manifestar mejor los dones.” “Así fue como Dios lo hizo.” “Porque los dones de la creación fueron hechos para los ángeles, pero gracias a la misericordia de Dios, podemos usarlos nosotros.” Entonces, una ligera ráfaga de viento envolvió a Adelaida.

Su cuerpo se elevó suavemente, como si flotara.

Solo estaba a un metro del suelo, pero parecía ingrávida.

Nuriel se quedó impresionado.

—¡Adelaida!

¿Cómo estás haciendo eso?

Dánae gritó maravillada: —¡Increíble!

¡No puede ser!

Sabía que eras capaz de flotar, pero no que podías hacerlo sentada.

Adelaida sonrió apenas y respondió: —Sí… nosotros podemos hacerlo por medio del espíritu.

—Nuriel, tú tienes que empezar a creer un poco más.

—Me doy cuenta de que tu error es que confías demasiado en lo físico.

Tienes que ver también el espíritu como una ciencia.

—Si no lo ves de esa forma, nunca podrás explotar tu don de la creación.

—Y tú, Dánae, creo que tienes que dejar de comer tanto chocolate y prestarles más atención a tus dones.

—Al menos eso fue lo que me recomendó Kamei-san.

Sin embargo, tras decir esto, Adelaida perdió la concentración.

La ráfaga salía de sus pies en perfecto equilibrio.

Pero por desconcentrarse, salió disparada a cuatro metros de altura.

Ella gritó por el descontrol del don y aterrizó con gran impacto, de panzazo.

Dánae empezó a reírse: —No puede ser, Dios mío, Adelaida… no sé, me das risa a veces.

—Por momentos eres alguien seria, y por momentos la persona más estúpida que he visto.

Pero Nuriel empezó a observar con atención cómo ella había manifestado sus dones.

Y pensó: “La mayoría de las manifestaciones de nuestros dones ocurren en situaciones extremas.

¿Será que los dones de la creación solo se manifiestan por medio del espíritu?

Y si eso es así, ¿cómo pudimos manifestarlos en Groenlandia?

Recuerdo que maté al oso con un rayo… pero no sé cómo lo hice.

Lo hice casi instintivamente, y después de eso nunca volví a usar mi don.

Aunque tengo que reconocer que Adelaida tiene un mejor control de su don de la creación.

Tal vez porque es el viento.

Creo que debo estudiar más sobre esto.” Después de pensar eso, y al ver que Adelaida no podía levantarse, Nuriel la cargó hasta la casa.

Él aclaró que ya era suficiente práctica por hoy y que irían a comer y dar un chequeo médico a Adelaida.

Ya estaba anocheciendo.

Después de revisarla, Nuriel la arropó en su cama y le dijo: —No te preocupes, ¿sí?

Jack y Kamei-san van a regresar sanos y salvos a casa.

—Los estaremos esperando aquí.

Y no desesperes, por favor, Adelaida.

—Hemos sobrevivido a muchas cosas juntos.

Y tengo que reconocer que no esperaba que ellos dos partieran.

—Ni siquiera me pude despedir.

Me atrevería a decir que incluso yo soy el más afectado.

—Porque al menos tú pudiste besarlo, y al otro también pudiste abrazarlo antes de irse.

Adelaida, sonrojada, dijo: —Ya cállate.

Nuriel sonrió.

—No, realmente es un cumplido.

—Has tardado muchos años, estúpida.

De verdad, muchos años.

—¿Por qué nunca te animaste?

¿Por qué nunca diste ese paso?

¿Recién lo das cuando ellos se van?

Adelaida bajó la mirada.

—Tuve miedo.

Nuriel soltó una risa corta con ironía.

—¿Miedo?

—A ver, enfrentaste a Galton, y encima a un oso.

—Estuviste en medio del campo de batalla con un rifle en las manos.

—Sin mencionar que sobreviviste a la marea del mar y al frío de Groenlandia.

—¿Y me vas a decir que tuviste miedo de declararte al hombre que te gustaba?

Adelaida susurró: —Es que… no lo sé.

Nunca experimenté algo así en mi vida.

Nuriel insistió: —¿Y por qué te gusta tanto Kamei-san?

Explícate.

Ella respondió con timidez: —No lo sé.

No tengo una razón.

Nuriel arqueó una ceja.

—¿Entonces no tienes una razón?

Adelaida se encogió de hombros.

—No lo sé… solo cuando lo vi, me gustó.

—Y con el tiempo, ese gusto se hizo más intenso.

No tengo otra explicación.

—Simplemente lo vi y me di cuenta de la maravillosa persona que era.

—Pero luego entendí que no cumplía con ninguno de los requisitos que tenía de mi hombre perfecto.

Nuriel preguntó curioso: —Oye, a ver, ¿cuál era tu hombre perfecto?

Adelaida rió con un poco de vergüenza.

—Tenía que ser alto, rubio, de ojos azules.

Nuriel se rió fuerte.

—Guau, sí, Kamei-san es alto, rubio y de ojos azules.

Adelaida también empezó a reír.

—Ya basta, por favor.

Nuriel sonrió.

—Bueno, al menos me alegra que estés bien.

Voy a irme de aquí, ¿sí?

—Descansa.

—Por lo menos tienes la fortuna de dormir en el cuarto de Kamei-san, porque tu cuarto sigue en construcción.

—¿No has hecho nada para repararlo?

Adelaida respondió: —El carpintero es él, yo no sé nada de eso.

Sin embargo, antes de que Nuriel se levantara, Adelaida lo detuvo sosteniendo su mano: —Nuriel, por favor… no te vayas.

Nuriel se quedó inmóvil, la reacción de Adelaida no le permitía pensar.

Ella era su hermana, tal vez la única que sería capaz de desbalancear todo su mundo.

—Lo siento por pedirte algo así, pero no quiero dormir sola esta noche.

Nuriel dijo: —¿Ahora, después de recordar el pasado, quieres dormir como capullo de oruga conmigo?

Adelaida se sonrojó.

—No, no estoy pidiendo eso.

Solo… por favor, quédate un poco más.

Nuriel se quedó pensando unos segundos.

—Está bien.

Déjame traer mis anotaciones, porque quiero revisar algo.

—Estaré al lado del escritorio de Kamei-san, con la lámpara encendida, haciendo un par de cálculos para estudiar los dones, ¿está bien?

Sin embargo, el silencio se vio interrumpido.

Tocaban la puerta, y Nuriel se acercó lentamente.

Era Dánae.

Ella dijo: —¿Puedo dormir, por favor, con Adelaida?

Nuriel la miró sorprendido.

—¿Qué sucede?

¿Por qué?

Adelaida, ¿tú duermes con Dánae?

Adelaida respondió: —Sí, a veces viene a dormir.

Sin embargo, Dánae tenía los ojos llenos de lágrimas.

Nuriel preguntó con suavidad: —¿Qué pasa, Dánae?

Ella se apretó el pecho, estaba hiperventilando, sudando frío, y con los ojos rojos de tanto frotárselos.

Abrazó con fuerza a Nuriel, su voz se ahogaba entre las lágrimas que caían de sus ojos: —¿Y si no regresan, Nuriel?

¿Y si no regresan?

Nuriel no pudo evitar conmoverse.

No solo Dánae estaba asustada, también Adelaida.

Adelaida se levantó de la cama para abrazar a Dánae, y Nuriel las rodeó a ambas con los brazos.

No pudo evitar llorar también, porque en el fondo todos eran fuertes, inteligentes, pero estaban llenos de incertidumbre por lo que sucedía en el mundo.

Nuriel murmuró entre sollozos: —Tranquila… sí, van a regresar.

Van a regresar.

Sin embargo, no pudo contenerse más y rompió en llanto.

—No me pude despedir… —dijo.

Los tres quedaron arrodillados.

El cuerpo les venció, y era lógico.

A pesar de lo adultos que eran, el bosque confinado era tan próspero y perfecto que sus mentes habían quedado atrapadas en los veinte años.

Todavía conservaban gestos y emociones de cuando eran casi niños.

Nuriel, Dánae y Adelaida sintieron dolor al ver cómo su familia salió al peligro del mundo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo