Pólemos Tôn Agíon: Vol.1_ kosmogenesis_Español - Capítulo 38
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- Capítulo 38 - 38 La templanza es difícil de alcanzar
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38: La templanza es difícil de alcanzar 38: La templanza es difícil de alcanzar ⚠️ Advertencia ⚠️ El siguiente contenido puede incluir lenguaje ofensivo, agresivo y referencias de capítulos anteriores.
El autor no busca morbo con ninguno de estos temas.
Recuerde que todo lo narrado aquí es ficción.
Se recomienda discreción del lector.
👀 💬 Nota del autor 🫠 Muchos amigos y conocidos dicen que, si fueran inmortales, serían las personas más inteligentes del mundo.
Yo los escucho y pienso: no es cierto.
He visto ancianos de cien años decir que habrían hecho lo mismo, que habrían aprovechado su juventud…
pero la verdad es que eso está vacío.
Vivimos un máximo de 120 años por una razón.
Si el ser humano fuera inmortal, solo desperdiciaría su vida.
Y me doy cuenta de eso, porque la mayoría pierde el sentido de vivir apenas en sus veinte.
Ahora imagina alguien que ha vivido dos mil años…
🕰️ (Tholio; 2025) _________________________________________________________ 28 de marzo, 1964 Galton y Helena estaban a kilómetros de São Paulo, perdidos en medio de la alta mar.
Al examinarlos y ver que no tenían identificación, los registraron como polizones y los encerraron en un cuarto de confinamiento, bajo estricta vigilancia.
La habitación estaba en mantenimiento.
Ambos estaban cansados, el haber permanecido horas en el agua habría fatigado incluso a un inmortal.
Galton, con cautela, escondió los orbes de la creación en un lugar donde nadie pudiera encontrarlos.
Los trataron como a personas hostiles: portaban una daga, algo de comida, una cuerda, y un puñado de mapas y anotaciones.
El barco, para su sorpresa, resultó ser un crucero, lleno de pasajeros importantes.
—¡Carajo, que fedor da porra!
—dijo Helena.
—Si te soy sincero, esto es una porquería—respondió Galton.
—Podría haberlos matado, pero esto nos conviene.
—Al menos tenemos una cama.
—No podemos ser violentos en esta ocasión.
—¿Violento?
Por favor —se rio ella con ironía—.
—¡¿Por qué no lames ese rincón de la habitación, y me dices si sabe a vainilla?!
¡Imbécil!
Helena se sentó, estaba demasiado irritada.
El cuarto era húmedo, y olía mal, como si el olor de la orina y eses se escapara por una de las paredes de la habitación.
—Hay momentos en que me caes bien y otros en que eres una porquería.
—Quiero salir de aquí, ¡no soporto este olor!
—¿Salir?
—Galton la miró—.
Tengo fuerza divina, podríamos escapar, pero nadar en medio del mar no es muy inteligente.
—Nos conviene llegar al puerto.
—Mataría a todos aquí, pero apenas se dirigir un barquito pesquero, esto es un barco enorme.
—No me he resistido hasta ahora por esa razón.
Un guardia soltó una risa incrédula.
Desde hace rato los escucha conversar y gritarse.
Además de eso, el guardia no ha dejado de ver a Helena.
Parecía muy concentrado en ver cómo ella se levantaba, se sentaba, cómo se movía y cómo caminaba.
En su mente se creaban miles de escenarios.
“Esta chica tiene un culo enorme…mamá, que rico seria morder esa conchita negra” “Y esas tetas…que rico…se nota que no lleva sostén” Este hombre con falta de principios, no podía disimular, ni siquiera por cobardía.
Helena no pudo evitar sentirse incomoda.
“Este maldito me esta viendo desde hace rato…Carajo” “Además del olor, me duele el cuerpo, solo quiero acostarme, pero hasta las camas se ven asquerosas.” Sin embargo, todo se fue al caño cuando escucho al guardia susurrar.
“Que rico culo” Helena ni siquiera lo razonó, se levantó de golpe.
Solo dio dos pasos hacia delante, hablando con la lengua afilada.
—¡Que me miras, imbécil hijo de puta!
—¡Mi cara está aquí arriba no abajo!
—¡O que!
¡Acaso te daban caca de mono, en lugar de petróleo para comer!
El guardia se descoloco por completo.
—¡Que pasa papasito, vuelve a repetir lo que dijiste!
—Dijo Helena El guardia advirtió como excusa con la voz firme, pero con debilidad: —¡Siéntate!
—¿Sentarme o si papasito, no quieres mejor que me siente, en tus piernas?
—No me quieras tomar por estúpida —¡Apuesto que le rompiste la concha a tu madre al darte a luz!
¡por esas horribles espinas que tienes en lugar de dientes!
—¡Estoy adolorida!
¡hambrienta y cansada!
—¡Me aburre estar aquí; estoy harta de todo!
—Helena ya cállate—dijo Galton.
—¡Callarme!
¡por favor Galton!
¡Yo no soy hipócrita como otras perras!
—¡A mí me encanta el sexo, pero todo tiene su lugar y momento!
—¡Y ese imbécil no deja de mirarme el culo!
—¡Hello!
¡¿Me ves?!
¡Si tantas ganas tienes de cogerme, ven, hijito!
—¡Ven y cómeme la concha!
¡imbécil de mierda!
—¡¿O acaso naciste sin pene?!
—¡¿Te lo cortaron cuando los doctores, lo confundieron con un trozo de mierda?!
El guardia tomo a Helena de la muñeca y la quiso golpear con su garrote, pero Helena lo detuvo.
El Guardia se dio cuenta de que la fuerza de esta mujer no era normal.
—¡O perdón…se me olvidaba que necesitas leche de toro como receta chamán, para evitar que tu pene salga por tu culo!
El guardia empujo a Helena, dejándola en el suelo.
Y rápidamente saco el arma de su cinturón, y estaba a punto de disparar.
Sin embargo, Galton sostuvo con fuerza su muñeca.
Y como una amenaza, le aprieta como si de una cuerda se tratara, el guardia estaba a nada de pedir ayuda.
—Baja el arma… —Déjala en paz.
Es una idiota y la voy a callar —ordenó con voz firme.
El guardia retrocedió, asustado, y gruñó: —¡Cállense los dos, hijos de su mona!
Se quedaron sentados frente a frente, respirando con dificultad.
—Sé que estás frustrada —dijo Galton con voz suave —Hacemos esto por los santos y también por ti, niña.
No quiero violencia; quiero protegerte.
—Este barco va a un puerto —continuó—.
Portugal.
—El santo del hielo es otro niño europeo, puede ser portugués, español, italiano o griego; no lo sé con exactitud.
—El orbe apunta a esa dirección…debemos tener cuidado.
¿Está bien?
Helena bajó la mirada y asintió —Está bien —cedió ella—, pero quiero mi aperitivo.
—¿Qué quieres hacer?
—Galton arqueó una ceja.
—Ir a una cantina y robar vino.
Es lo único que pido.
—Trato —sonrió Galton—, pero en vez de vino robaré coñac.
—Hecho —dijo Helena, y por primera vez sonrió.
—Cuantos días faltaran para llegar a Portugal.
—Según los guardias tardaremos 19 días aproximadamente o menos.
—Llevamos 8 días aquí, ya estamos a mitad de camino… ________________________________________________________________ Mientras esto pasaba en el océano Atlántico.
Jack y Kamei-san estaban en un bar de Marshalltown, en el estado de Iowa.
Jack pidió un vaso de agua; Sin embargo, llevaban horas en ese bar, Kamei-san había bebido demasiado.
Por melancolía comenzó a recordar el pasado.
Jack ya estaba cansado de solo deseaba irse y dijo golpeando la mesa.
—Kamei-san…¡Kamei-san!
Se levanta y dice bostezando: —¿Qué sucede?
Jack menciona: —Los comensales no dejan de mirarme.
Kamei-san, ya algo ebrio, responde: —Sí.
Debe ser porque soy el único que toma y tú solo quieres agua…Lo lamento, Jack.
—Debí enseñarte a beber.
—No, está bien.
—No me agrada beber, para ser franco…sabe raro.
Mientras los comensales los observan, Jack nota algo extraño: “Kamei-san se ve más decaído y melancólico desde que salimos de Vermont… Pero ¿por qué?” —Oye, ¿estás bien?
Podemos descansar un poco.
Kamei-san, apenas consciente, dice: — No, no… Termina tu filete y luego partiremos, ¿de acuerdo?
Jack pregunta: —Oye, Kamei-san, ¿puedo preguntarte algo?
— “Pregunta,” responde Kamei-san.
—¿Por qué… te sientes tan mal?
¿Por qué tan decaído?
—¿De qué hablas?
Yo estoy bien, dice Kamei-san.
—No es cierto.
Desde que salimos de Vermont, estás muy apático.
Tú no eres así.
¿No crees que no me doy cuenta?” insiste Jack.
—No, Jack.
Tranquilo, tú no… no te preocupes por eso.
Jack le pregunta: —Es por Adelaida, ¿no es cierto?
Hubo un momento de silencio entre los dos, y como una respuesta por la ebriedad deja salir cosas que no debería decir.
—No debí besarla, Jack: responde Kamei-san.
—¿De qué hablas?
—levanta ceja Jack.
—No…lo siento, olvida lo que dije — dice Kamei-san, mareado.
—¿Qué quisiste decir con eso?
— insiste Jack.
—No, tranquilo, no dije nada.
—Solo debo corresponder sus sentimientos.
—No me siento listo para un compromiso… bueno, sí, pero… Miro su vaso con pesar.
—Cuando bebo, hablo de más.
—Por eso no me gusta beber.
—Esta vez no pude evitarlo.
Lo siento, Jack.
—Tal vez no tenga sentido… pero me siento… Estaba mirando a todas direcciones menos a Jack es como si sintiera vergüenza de algo.
—El bosque confinado… no recordaba que allí no se siente el tiempo…pero aquí sí.
—Con Adelaida, no sentí que ella se enamorara de mí.
—Me siento como un bastardo…yo ya sabia como actuar, pero no lo hice otra vez…como no note algo tan obvio….
—Tuve un hijo que murió hace poco y se llamó Dechen.
—Es el único de todos mis hijos que logró perdonarme, tal vez.
—Ya estaba viejo como para poder tener rencores conmigo.
Pero ahora… Kamei-san estaba delirando no estaba expresando lo que quería decir, parece que expresado otra cosa.
—Lo único que quería solamente era estar solo.
—Pero esta solo me dolía.
—Me dolía tener una familia.
—Por significaban tres cosas… —O se mueren antes que tu… O yo por miedo los abandonaba… O mis hijos se encargaban de odiarme y hacer que mis nietos me orden también… —No los culpo…creo que merezco que me odien.
—Pero lo que más me duele es que los que me odian ya murieron y estoy aquí….
Jack dijo —Creo que ya bebiste demasiado…será mejor irnos Kamei-san estaba aferrado como un ancla a la botella y dijo con ira a Jack.
Kamei-san está dejando caer una cuantas lagrimas pero se las secaba rápido, sus mejillas ya están muy rojas.
—Déjame…quiero un poco mas Kamei-san comenzó a llorar.
Las lágrimas se le estaban cayendo.
—Un bastardo como yo necesita beber más….
Jack le dijo: —Kamei-san, ya cállate, tranquilo, por favor.
A lo que Kamei-san dijo lo siguiente: —Jack… tengo miedo.
Quiero salir corriendo.
—Me siento repugnante y culpable.
¿Por qué pensé en eso?
—¿Por qué pensé que cuando encontremos al santo de la tierra… —¿Por qué pensé en abandonar Vermont?” —Jack por que siento tanto miedo…que no se si es por el alcohol.
—Pero he pensado en abandonar a Adelaida… —Es algo natural en mi…siempre abandono a quien amo… Jack por un momento se quedó… helado con las palabras de Kamei-san.
Se dio cuenta de que tal vez…tenía que seguir escuchando.
Y dijo lo siguiente: —Kamei-san, ¿qué te pasa?
Ya dilo y suéltalo.
—Creo que no estás bebiendo para disfrutar, sino para ahogar…tal vez un recuerdo….
—O tal vez la verdad.
Jack tomo una pausa: —No sé mucho del amor, voy a ser franco.
Apenas entiendo ese concepto.
Pero… solo te diré lo siguiente.” —Cállate.
No digas nada más.
Kamei-san se cayó y solo bebió el agua.
Jack le dijo: —Tú me has ayudado todo este tiempo.
—Has rescatado a Dánae, a Nuriel y a Adelaida.
—Le cortaste los dedos al agresor que me mantuvo en este bosque confinado.
—Nos criaste técnicamente.
—Nos diste de comer y sustento.
—Nos protegiste, seguiste las leyes de Dios.
—No sé por qué te sientes tan culpable.
—Y yo se que lo que dices de Adelaida, no es cierto… se deja ver por tus ojos que si tienes miedo… Lo miró con ira y dijo: —Yo no voy a permitir que tus recuerdos de este mundo te desmoralicen.
—No permitiré que te encierres en esos pensamientos Kamei-san.
—Te conozco y sé que, tal vez si son tus miedos.
—Olvidare lo último de dijiste por eso si es una porquería… —Yo conozco perfectamente lo que es la soledad.
—Y sé que los pensamientos que gritan en tu interior, pueden llevarte a cometer equivocaciones y errores.
—Lo sé porque conviví con ellos casi toda mi vida, desde antes….
—Desde antes de que vinieran Nuriel, Adelaida y Dánae.
Alzo la voz como para remarcar su punto, se podía sentir como tu cada palabra se marcaba dentro de el.
—Yo solo te diré una cosa, Kamei-san.
—Si amas a Adelaida, regresarás a Vermont.
—Pero para regresar a Vermont tenemos que ir por el santo de la tierra en Vietnam.
—No hay nada más que decir.
—No digas palabra.
—No lo pienses.
—Ya estamos afuera.
—No pienses tanto, y disfruta o te enfermaras.
—Solo hay que actuar.
—“Eso es lo que hacen los hombres.” Kamei-san lo miró de reojo y dijo: —Gracias, Jack.
Pagaré la cuenta.
Ambos se levantaron, con un sabor amargo.
Sabían que la conversación no era ideal y tampoco había lugar para ese tipo de dudas.
Mientras caminaban, Jack dijo: —Kamei-san, Olvidaré que dijiste eso.
—No quiero que cuando regreses le digas a Adelaida que dudaste o pensaste en abandonarla.
Kamei-san lo miró seriamente y dijo: —Jack, no trates de decir eso.
Entonces Jack lo miró molesto y dijo: —Entonces, ¿qué estás buscando, Kamei-san?
Kamei-san bajó la mirada y dijo: —Jack, me había olvidado por completo de este lugar.
Jack empezó a ver preocupación en Kamei-san.
—Me había olvidado por completo de este mundo.
—Después de varios días, me di cuenta de que nunca quise abandonar Vermont.
—Sentí que con Adelaida tenía una nueva oportunidad de empezar a perdonarme.
—De haber olvidado tal vez todas las cargas que antes tenía.
—Pero estar en este mundo donde los días son más rápidos y los años se ven en el rostro, puedo darme cuenta de que mi inmortalidad es una carga.
—Yo tengo miedo, Jack.
Por primera vez en tanto tiempo, tengo miedo.
—Tengo miedo de fallar.
—De volverme egoísta, apático, de volver a cometer los errores que me jure no volver a cometer… —Por eso no mate a Galton… por que cuando pasas los primeros 300 años, sueles olvidar los principios que te dio tu madre.
—Que te tienes que obligar a sentir para querer hacer los correcto, ya no es natural en ti hacer lo correcto… —Pero en el bosque de Vermont, volví a sentir, amor otra vez, de manera genuina, natural, algo que no sentía desde hace siglos.
—No me sentí como un inmortal…me sentí como un joven otra vez.
—Siempre que intente hacer lo correcto, resultaba lastimando a quienes amaba… —Como si mi existencia fuera un pecado… —Yo amo a Adelaida, pero llegas a un punto en que te preguntas, ¿La lastimare?
porque eso es lo único que sabes hacer Jack lo miró en silencio, ahora entendía mejor lo que sentía y hablo: —No vamos a fallar.
—¿Y sabes por qué, Kamei-san?
Porque ahora yo estoy contigo.
—Tu estabas solo, pero intentaste vivir.
—Ahora se por qué siente culpa —“No es por que no los amaras tanto, es por que no lo hiciste y yo sientes arrepentimiento” —Te sientes culpable por no sentir… —Pero ahora vuelves a sentir genuinamente y todo, el peso de tus pecados cae sobre ti.
—Escucha con atención.
—Te aferraste a Dios, por que el te esta regalando una nueva forma de vivir… —El te perdono… por que si no fuera así… no te estaría encargado estas misiones… Jack lo sostuvo de los hombros y dijo: —No pienses…no lo hagas…porque si piensas… podrías ahogarte.
—Si yo pensara…en por que me abandonaste…viviría con rencor.
—Y cuando ya pasas tus primeras décadas…te das cuenta que… —Puedes elegir pensar en lo quieras y también no pensarlo… —No pienses en los miedos que te impende amar a Adelaida… —Piensa que…si la vuelves a ver, la amaras y al abrazarla…podrás perdonar y perdonarte… Kamei-san abrazo a Jack con dolor por que el ya sabia esto, pero ¿Quién no olvidaría algo que aprendió solo una vez?
levantó el rostro y dijo: —Gracias, Jack.
De verdad, gracias.
Jack respondió: —No me lo agradezcas todavía.
No hago nada especial.
Vámonos.
Tenemos que ir por el santo de la tierra.” —No te maquilles cosas, no formules cosas.
—Solo tenemos que ir por el santo de la tierra y regresar.
—El santo de la tierra es nuestro boleto a casa.
—Si el boleto está en Vietnam, entonces tenemos que ir para allá.
—No te hagas dudas, porque esas dudas solo nos atrasan.
—Yo quiero volver a casa, quiero volver con mi hermanita, con Adelaida y Nuriel.
—Además ella debe de estar flojeando, por ella solo ve, la estúpida no me ayuda a terminar el trineo… Ambos se rieron y dijeron: —Está bien, Jack.
Te voy a hacer caso.
Y gracias.
Jack lo miró y le dijo lo siguiente: —Lo que sea por mi papá.
Cuando Kamei-san oyó esas palabras, no pudo evitar.
No pudo evitar relacionarlo con Dechen, su último hijo.
Y recordó lo que su hijo le había dicho.
“Escúchame… papá… —tosió, apenas un hilo de voz— Siempre me hablas… de ese muchacho… Jack.
“Yo… yo ya viví mi vida… ya enterré a mis hijos… uno por uno.
Y mírame… aquí sigo… atrapado en este cuerpo… roto.” “Tienes que cuidarlos… protegerlos… no hagas conmigo…” Kamei-san dijo: —Como te volviste tan sabio… Jack respondió: —No soy sabio…solo…
—He elegido poner como prioridad mi familia, en lugar de mi sufrimiento… —Yo solo aprendí a sufrir… —Pero cuando vi a Dánae… —Sentí que ese sufrimiento no tenia lugar, así lo voté….
—Si algo valioso me enseño Galton, además de lo que me hizo… —Cuando viví esos 20 años con él, fue un infierno, pero… cuando viví solo unos días con Dánae, lo sentí toda una eternidad… —Y sentí pasajero y casi efímero todo lo que viví con Galton… —Y no pensaba nada más, que solo verla sonreír… —Ya no lloro en las noches… —Porque con Galton aprendí que llorar es otra excusa para 50 latigazos en medio de la tormenta.
—Pero con Dánae, llorar significaba un abrazo.
Jack estaban quebrándose en silencio: —No soy sabio…solo he vivido 100 años… Kamei-san sonrió y dijo: —Tus amas los a todos verdad.
Jack respondió: —Ellos son todo lo que conozco, y todo lo que quiero…
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