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Pólemos Tôn Agíon: Vol.1_ kosmogenesis_Español - Capítulo 4

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  4. Capítulo 4 - 4 Un Hombre Desorientado
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4: Un Hombre Desorientado 4: Un Hombre Desorientado ⚠️Advertencia: Este capítulo contiene escenas de violencia explícita, descripciones gráficas de sufrimiento, trauma psicológico, y elementos terroríficos.

El autor no busca ser sensacionalista, pero los eventos mostrados pueden resultar perturbadores.

Se recomienda discreción absoluta y leer con precaución; los sucesos aquí narrados incluyen abuso, muerte, agresión y conflictos emocionales intensos.

__________________________________________________________________ La mañana era sofocante —no por el frío, sino por un silencio inquietante.Las calles estaban vacías; parecía que todos habían huido dejando sus pertenencias.A lo lejos se oía el rechinar de tanques y el golpeteo de soldados con sus cargas.

Era el ejército soviético, marchando hacia Alemania.

A varios kilómetros, entre polvo y escombros, se recortaba la silueta de un hombre.Vestía como un viajero de largos caminos, ajeno al desastre.

Los refugiados lo miraban con sorpresa contenida: rasgos asiáticos, cabello largo trenzado detrás de las orejas — una rareza en aquella época.

Caminaba con prisa, la mirada fija en el horizonte.Tengo que encontrarla.

Si no la encuentro, esta guerra la matará: por un hombre, por el hambre, o por el frío.

—Dios, por favor, ayúdame —murmuró.

“Para comprender el presente, debemos viajar al año 153 d.

C., y descubrir el origen de los últimos ancestros.” En las montañas, cerca de las selvas de Yunnan, una cueva servía de refugio a un pequeño grupo de jóvenes.Allí vivía Gao Li, un hombre de sonrisa encantadora.Aquella tarde volvía del mercado con tres pollos bajo el brazo y dos pescados recién sacados del río.

Los santos estaban en la cueva, y además del título que cada uno poseía, también eran hermanos del alma, unidos por la compañía mutua en aquel lugar confinado que Galton había preparado.

Lo esperaban sus compañeros: Lei Li, el bromista del grupo; Aki, perezosa pero astuta; Zao Li, serio y reservado; Merit, con su constante picardía; y Xiaoxui, observador y silencioso.Faltaba Zaziel.

Todos formaban parte de los nueve que Galton había reunido tras más de una década de búsqueda.Esta vez, Galton parecía decidido: quería encontrar a los santos.

—Hasta que por fin traes pollo —bromeó Lei Li, recibiéndolo—.No sé qué tuviste que vender para llegar hasta el mercado de Shuang.Pero me alegra que sea esto… y no la abominación de la semana pasada.

Hizo una mueca y negó con la cabeza.

—No sé qué era aquella cosa, pero estoy seguro de que no era ni un zorro ni un perro.¡Qué asco!

Me hizo mierda el hígado.

—Siendo franco, para una rata tan perezosa como tú, no sé qué te daría:¿vísceras del pollo o del pescado?

—dijo Gao Li.

—Yo quiero el pescado, por favor.Si quieres, puedes darle las vísceras a Li —respondió Merit.

—Oye, mujer, ¿quién te mandó opinar sobre lo que me gusta?

—se quejó Lei Li—.Las mujeres deberían consentirnos.

—¿Consentirte?

Jajaja… ya tienes a Zaziel para eso.¿No dormiste acurrucadito con él ayer?

—rió Xiaoxui.

—Siempre sospeché que tirabas para ese lado —añadió Merit con picardía.

—No estuve aquí ayer, pero si dicen que pasó…debieron quedarse mirando como unas locas —intervino Gao Li.

—A mí no me abrazó nadie —protestó Lei Li—.Solo sentí algo calientito; eso no prueba nada sobre Zaziel.

En ese momento, Egil y Enos entraron a la cueva, riéndose de la vergüenza ajena de Lei Li.

—No se lo crean tanto —dijo Egil—.Yo fui afuera porque tenía que ir al pozo, y vi cómo balbuceabas “por favor abrázame” o algo así.

Zaziel no pudo liberarse de ti; casi te golpea, pero no lo hizo por pena.Te quedaste dormido a su lado.

Nunca vi algo tan estúpido.

Como decía mi abuelo: un hombre en la oscuridad con otro hombre se pone meloso.

—Yo no hice eso, Gao.Entre hermanos no deberíamos hacernos esto —protestó Lei Li.

—Siempre que intento ayudarte, termino manchándome con la desgracia que emanas —dijo Gao Li, con sarcasmo—.Así que no sé si quisiera ayudarte… me ensuciaría.

Zao Li era el único que no tenía interés en la conversación.Sin llamar la atención, salió de la cueva.Caminó hacia la cima de la montaña y allí se encontró con Zaziel.

Zaziel intentaba mantener el equilibrio con su espada, pero por poco se corta la pierna.Al quedarse solos, rompieron la tensión con palabras.

—¿Sabes?

Desde que te conocí siempre has sido igual: callado, raro y un poco cascarrabias —dijo Zaziel.

—No es fácil; acabo de escapar de otra conversación incómoda en el refugio —respondió Zao Li.

—¿Ves?

De esto es de lo que te hablo —dijo Zaziel, caminando hacia una roca y apoyándose en ella—.Deberías disfrutar de estos momentos absurdos… pasar tiempo con nosotros, sin preocuparte tanto.

Enós y yo… pensamos que tal vez deberíamos explorar otro lugar.Este sitio es fértil, rico en comida… pero siento que hay algo más allá de estas montañas.

—Mi padre debería proponernos ir al otro lado del mar —continuó, moviendo la mano—.Hacia un continente poco explorado.

Los navegantes traen historias de cosas increíbles… nuevas civilizaciones, culturas que ni siquiera podemos imaginar.

Zao Li escuchaba en silencio, dejando que la curiosidad de Zaziel llenara el aire antes de responder: —Tal vez… pero por ahora es mejor no hacer nada que incomode a tu padre.

—Sé que no te agrada mi padre.Los únicos que pueden salir de aquí son Gao, Enós, yo y… él.No entiendo por qué Aki no tiene esa libertad; no hizo nada malo… solo es un poco perezosa —dijo Zaziel.

—Yo… busco algo más allá.

Más que mi libertad.No sé si estoy siendo coherente; siento que hay algo que no estoy viendo.Tengo conocimientos, pero no los suficientes para considerarme un santo.Y siento que a tu padre no le caigo bien —confesó Zao Li.

—Tranquilo.

Él tiene sus momentos, pero creo que sí le agradas —respondió Zaziel, sonriendo.

Zaziel se estiró y bostezó.

—Bien, voy a regresar a la cueva.

Ya me dio frío y no volveré a intentar eso con la espada.Por favor, no le digas a mi padre; es muy vergonzoso.Por cierto, ¿Gao trajo comida?

No quiero comer otra vez esa cosa del zorro de la semana pasada…ni siquiera sé si era un zorro o un perro.

¡Pero sabía horrible!

—Sí, trajo pollo y pescado —respondió Zao Li, con una sonrisa contenida.

Zaziel, en un acto casi absurdo, saltaba de árbol en árbol gritando: “¡Pollo y pescado!”.

Zao Li no podía concentrarse en eso.Su mente estaba en otra parte, intentando ordenar pensamientos que le revolvían el pecho.Todos habían sido huérfanos, pero él había tenido una familia a la cual regresar… o al menos eso esperaba.

—Nunca le comenté a Zaziel, ni a ninguno de los demás, de dónde vengo —murmuró Zao Li para sí mismo—.No protesté porque creí que ellos habrían pasado algo parecido a lo que me pasó, pero no hace falta ser un genio para darse cuenta: yo fui el único desafortunado.

Cuando Galton me encontró, estaba bajo la soberanía de un comerciante, como esclavo.Mi madre también lo era.

Jamás olvidaré aquel día… ese infeliz mató al comerciante, y en el forcejeo también mató a mi madre.La única que quedó fue mi hermana; nunca supe si fue comprada o si sigue viva.

Una profunda melancolía lo inundó.Culpar a Galton por todo lo sucedido parecía lo único sensato, sobre todo porque nunca le explicó para qué lo había reclutado ni qué era esa tal profecía de la que tanto hablaba.

Decidió callar su mente y continuar el camino de regreso a la cueva.Pero entonces escuchó algo: voces lejanas, que susurraban desde el pináculo de la montaña.Por más que se esforzara, no lograba comprender lo que decían… ni de dónde venían.

—¡¿Quién anda ahí?!

—gritó Zao Li, su voz se perdía entre los espacios estrechos de los árboles del camino.

El eco murió, pero nadie respondió.Solo un silencio húmedo y pesado, que parecía arrastrarse desde las profundidades.

No era la primera vez que escuchaba susurros en este lugar; al principio pensó que se estaba volviendo loco.Pero esta vez algo era distinto.

Con el estómago rugiendo, regresó a la cueva.Solo le dieron la cola del pez; Aki y Zaziel habían devorado los dos pollos enteros, riéndose sin remordimientos.

El hambre lo llevó de nuevo al río.La corriente fría le golpeaba los tobillos mientras lanzaba la caña, tratando de calmar la tensión que sentía en el pecho.Y entonces lo vio: una figura familiar al pie del río.

—¿Mamá?

—susurró, sin poder creerlo.

—Ven, vamos —dijo ella con una voz que parecía flotar entre el murmullo del agua.

Zao Li la siguió, confundido y maravillado, mientras cruzaban un terreno que jamás había visto.Atravesaron una barrera invisible —la misma que Galton había impuesto— y detrás de una cascada vio a su madre saltar como si la gravedad fuera solo una sugerencia.

Entraron juntos a la cueva, y de repente, la sonrisa de su madre cambió.

Lo que antes parecía un rostro cálido se transformó en algo extraño, escalofriante.

—¿Sabes qué es lo más gracioso?

Ustedes siempre son tan predecibles… es muy fácil engañarlos —susurró, mostrando un destello de algo maligno mientras su rostro se deformaba.

Zao Li retrocedió, aterrorizado, y soltó un grito que intentaba ser masculino…pero terminó sonando más como el de una niña asustada.

Nada digno de un héroe, vaya.

Desde las sombras, los demonios comenzaron a reír.

Una carcajada que parecía surgir de cada rincón de la cueva: era Heshin, observando desde el primer día que Galton lo había raptado.

El instante agradable se desvaneció.

La luz que entraba por la cascada se extinguió en sombras densas, donde solo podían distinguirse manos que se movían como espectros.

Y allí, en la penumbra, la escena comenzó a desplegarse… —¿Por qué me trajeron aquí?

—dijo Zao Li, con miedo en la voz.

—Para mostrarte la verdad.

Para abrirte los ojos —respondieron los demonios, susurrando desde las sombras.

—¿Qué es esto?

—exclamó Zao Li, retrocediendo un paso.

—Es lo que necesitas… lo que estabas buscando —dijeron, con un eco que se colaba por toda la cueva.

—¿Por qué me trajeron aquí?

—repitió Zao Li, temblando.

—Porque ha llegado el momento de que veas con tus propios ojos lo que crees que es justo.

Dios ha abandonado a ese hombre desde hace mucho tiempo.

Él es un asesino.

Un traidor.

No eres el único Santo, además de tus hermanos, en ser raptado.

No fuiste el primer santo natural; ya hubo muchos antes de ti, y fueron asesinados a sangre fría junto con el primero.

El hombre al que tú llamas Galton los matará a todos tarde o temprano.

—¿Por qué crees que los raptaron siendo niños?

Necesitas sobrevivir si eres un ser pensante.

Dios ya no está con él; solo lo utiliza para tapar su penitencia.

Para ustedes… son solo una blasfemia a la vida.

No hay futuro para ustedes.

—susurraron los demonios, entre risas y gritos que rebotaban en la cueva.

—Él no haría eso… aunque debo admitir que tiene un lado que no me agrada.Es casi como un padre para mí —respondió Zao Li, con el corazón encogido.

—Nunca te salvaría.

No te engañes.

No intentes aferrarte a su bondad —replicaron los demonios, en un tono que helaba la sangre.

—Agradécenos —dijeron ahora, con un eco que hacía temblar las paredes de piedra—.Nosotros, a diferencia del Elohim que eligió a esa basura, nos preocupamos por ti.

Queremos ayudarte.

Lo que tienes delante… es tu legado.

El legado de tus padres.

Lo que muchos intentaron esconder, nosotros te lo mostramos.

Delante de Zao Li apareció un bastón extraño.

Su superficie mostraba un verde pantanoso, casi opaco, mezclado con vetas negras.

Tenía una punta curva y dos varas perfectamente alineadas, con un mango de cuero que parecía pesado en la mano.

—¿Qué es esto?

—dijo Zao, con miedo.

—Es un báculo que tu padre protegía antes de ser asesinado… antes de que tu madre fuera abusada y esclavizada —respondieron los demonios—.Es un artefacto ancestral, místico, de un poder que ya no existe.Fue creado a partir de un árbol que floreció antes del diluvio y forjado por humanos que ayudaron a aquellos que hoy llamarían titanes o gigantes.Si logras domesticarlo, te servirá toda la vida.

Tu padre no pudo… tal vez tú sí.

El báculo empezó a deshacerse, como arena llevada por el viento.

De su forma surgió una serpiente con tres cabezas y dos colas.

Se entrelazó con el brazo de Zao Li, moviéndose con suavidad, mostrando cariño y aceptación.

Las sombras de la cueva comenzaron a reír:—¡Lo sabía!—¡Nunca tuve dudas de que él podría hacerlo!—¡Sabía que él tendría el espíritu para domarla!

Zao Li se quedó perplejo.Algo incómodo le revolvía el estómago; nunca había sentido algo así.

—Lo que te ofrecemos —comenzó a hablar la voz, grave y reverberante— es un regalo.Por no haber podido ayudarte cuando mataron a tu madre…pero los contratos son contratos; no podemos romperlos, aunque quisiéramos.

“Si lo usas… no solo podrás liberarte de esta maldita inmortalidad.

Este regalo también te permitirá otra forma de vivir… sin estar encadenado a este lugar.

”Será más que suficiente.

Con este acto, nosotros habremos devuelto el favor que nos hicieron tus padres.” Zao Li vio en visiones todo lo que Galton hizo; cómo mataron a los primeros santos.

Cada niño pedía ayuda, gritando “¡mamá!”, mientras la sangre corría, empapando la tierra.

Murieron sin siquiera darse un abrazo, sin despedirse.

Galton no los mataba rápido: los hacía sufrir.

Cada golpe arrancaba vida, arrancaba gritos.

Zao Li solo podía mirar cómo sus hermanos caían, sus nombres flotando en el aire, desapareciendo en silencio.

El miedo y la agonía lo rodeaban; todo era frío, melancólico.

Esos niños tal vez sí nacieron para sufrir, porque no conocieron otra cosa.

“Sus vidas fueron cortas, y nadie les dio otro propósito…estos inocentes… tal vez solo nacieron para el matadero.” Se indignó.

No podía creer que alguien fuera capaz de tal atrocidad…aunque en el fondo lo sospechaba.

—No puede ser… ¿qué hago ahora?Ya no podré regresar si él es capaz de hacer algo así —dijo Zao Li.

—No tienes por qué regresar —respondieron los demonios de la cueva.

—Él hizo todo eso —musitó Zao Li.

—Y Dios aún no lo castiga —continuaron los demonios—.¿Tú confiarías en alguien así?

¿Confiarías en alguien tan abominable como él?

—Si tú vienes con nosotros —añadieron—, te aseguro que él pagará por sus pecados.

Puede que nos consideren enemigos, pero hemos venido a liberarla.

La humanidad nos salvó de la extinción, y nosotros también queremos devolverle ese favor.

El báculo flotaba frente a Zao Li, brillante y pesado, con tonos verdes pantanosos y negros que se entrelazaban como si respiraran.

Zao extendió la mano, tembloroso, mientras las sombras de la cueva danzaban a su alrededor.

Por un instante, el miedo y la esperanza se mezclaron, dejándolo congelado… y listo para tomar su decisión.

Zao Li permaneció en la cueva toda la noche, inspeccionando el báculo y explorando sus posibilidades, pues el artefacto tenía conciencia propia.

Pasados dos días, sus hermanos se preocuparon y comenzaron a buscarlo por todo el campamento y la zona confinada.

Mientras tanto, Zao dejó en la cueva su elemento de la creación, pero al no contar con el recipiente divino que poseía Galton, logró confinarlo en una planta, transformando su naturaleza original.

Su don, que no tenía especialidad definida, permaneció intacto, conservando así su capacidad de creación y su inmortalidad.

En su mano derecha llevaba un sello maldito con vida propia: una serpiente de tamaño pequeño.

Este sello, un pentagrama de cinco círculos, cuatro estrellas triangulares y un óvalo que simbolizaba un ojo, distorsionaba la realidad de cualquiera sobre quien fuera aplicado.

Todo esto fue posible gracias al báculo, que entendió su dolor y decidió ayudarlo a calmarlo mediante la comunicación de sentimientos indirectos.

Con el corazón lleno de rencor, Zao Li planeaba vengarse de Galton por lo que le había hecho a su madre.

Pero no quería dañarlo directamente a él; su objetivo era Zaziel, como una retorcida forma de represalia: un ojo por ojo.

Aunque lo consideraba un hermano, su odio hacia Galton era lo suficientemente grande como para deshumanizar incluso a aquellos que alguna vez llamó familia.

—Ese hombre me arrebató lo único que me quedaba.El comerciante era un hijo de perra, pero al menos me dejó quedarme con mi madre y hermana.Ese infeliz ni eso —dijo Zao Li, con la voz quebrada—.Galton… eres un asesino despiadado, un canalla sin corazón; no entiendo por qué Dios habría escogido a alguien como tú.

Este joven, aunque en apariencia bueno, cargaba con dudas y rencor capaces de transformarlo en un catalizador de tragedias.Y sería él quien, sin saberlo, desencadenaría los próximos horrores.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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