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Por fin el villano descubre el poder de la amistad - Capítulo 25

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Capítulo 25: XXV

Poco a poco los payasos fuimos creciendo y nos expandimos a Santo Dinero. Ahí había varias pandillas que peleaban entre ellas, y nosotros aprovechábamos para atacarlas cuando estuvieran desprevenidas o justo después de algún enfrentamiento, cuando estaban más débiles. Al principio fue muy fácil chingarnos a las pandillas más chiquitas, pero las cosas cambiaron cuando fuimos contra las más grandes.

Una noche, Darius formó un equipo con varios de sus mejores payasos. Obvio a mí me invitó.

—A ver, payasos —nos dijo—. Ya me dijeron que Striker, el líder de “Los Olvidados”, va a hacer una fiesta de año nuevo en su hacienda. El pendejo cree que puede celebrar, que puede burlarse de nosotros así, pero le vamos a mostrar que debió tomarnos en serio, que nosotros somos mucho más peligrosos de lo que él cree.

”Pendejo va a estar a cargo —Pendejo era una de sus manos derechas.

“A Striker lo quiero vivo. Maten a los demás.

Así que nos preparamos y nos fuimos. En algún punto de la carretera, nos desviamos y seguimos por caminos de terracería. Todo a nuestro alrededor estaba oscuro, pero pronto empezamos a oír música y carcajadas.

—Pinches descuidados —dijo un payaso—. Hasta nos dicen por dónde.

—A los pendejos se les olvidó que son criminales —dijo otro—. Pero ahorita les vamos a recordar que, en este mundo, si te duermes, te mueres.

Yo en ese momento también sentí varias auras. Quienes las tenían eran más fuertes que los contras con los que siempre peleaba, pero no había forma de que me ganaran. Yo me relajé para esconder mi aura y pasar desapercibido.

Seguimos el ruido y la música, y no pasó mucho tiempo para que encontráramos una hacienda enorme en medio de la nada, escondida entre granjas y puro bosque. Aunque con tantas pinches luces encendidas y con todo el ruido que hacían no les sirvió de nada esconderse tanto. Nos estacionamos un poco antes para que los guardias no nos vieran llegar.

Esperamos.

No pasó mucho tiempo para que oyéramos la cuenta regresiva. Tiraron balazos y cohetes cuando fue año nuevo.

—Mucha pinche fiesta, y nosotros aquí como pendejos —dijo un payaso.

—Pero ahorita nosotros vamos a celebrar —dijo otro—. Ni se van a dar cuenta y ya la van a tener bien adentro.

—A esos culeros se les olvidó que también son criminales —dijo alguien más—, y fiestas así son un lujo que no nos podemos dar.

Pasaron las horas, y la música seguía.

—A ver, payasos —dijo Pendejo—. Ya ahorita todos han de andar bien pedos o bien cansados. Hay que aprovechar.

Así que fuimos a la hacienda, matamos a los guardias que estaban afuera, entramos y los empezamos a matar a todos. La mayoría estaban tan pedos que ni se dieron cuenta. Entramos a los diferentes cuartos que había ahí y encontramos a varios cogiéndose a alguna puta o cogiéndose entre ellos.

Los matamos a todos.

Subimos las escaleras y seguimos adelante, porque nomás el pinche Striker no aparecía, y de pronto salieron varios contras que nos empezaron a aventar hechizos tan poderosos que destrozaron a varios de mis compañeros en un segundo. Su aura era muchísimo más poderosa que la que había sentido al principio porque esos hijos de la chingada también la habían escondido.

Yo me cubrí detrás de una pared y reuní bastante magia para aventarles mis mejores hechizos, pero cuando lo hice, las armaduras mágicas que ellos traían los absorbieron. Les tiré todos los hechizos que pude, pero ninguno les hizo nada.

Yo ya sabía que esas existían, pero nunca las usaba porque no las necesitaba, y la verdad la única vez que usé una fue la armadura XyzqvqzyX, pero eso fue porque el pinche héroe siempre usaba su poder de la amistad y no me dejó otra opción.

Ellos entonces me empezaron a aventar hechizos, y con unos cuantos destruyeron la pared en la que me cubría y me dieron en el hombro. Sentía como si me hubieran echado ácido o agua hirviendo ahí. Yo me volteé y les aventé el hechizo más poderoso que pude aventar, pero no les hizo y ellos me dieron con varios de los suyos, y eran tan poderosos que me tiraron de las escaleras, y yo me levanté lo más rápido que pude y me cubrí detrás de otra pared. Sentía como si todo mi cuerpo se derritiera por dentro y por fuera y sangraba por todos lados. Ellos destrozaron la pared que me cubría, y yo me fui corriendo. Ellos me siguieron aventando hechizos hasta que me tiraron al suelo.

Ya no se oía la música, solo balazos y los gritos de mis compañeros.

Yo pensé que en ese momento iba a morir. Sentí tanto miedo que liberé un aura mucho más poderosa de lo normal. Los contras se dieron cuenta y me aventaron todos los hechizos que podían.

Yo entonces use casi toda mi magia para teletransportarme lo más lejos que pude y corrí entre los árboles hasta regresar a la carretera. Ahí me quité la camisa y la rompí en varios pedazos para vendarme las heridas con ellos. También usé la poca magia que me quedaba para curarme un poco.

Después, me regresé a la guarida de Darius. Cuando llegué, ya pasaba del mediodía.

—¿Y a ti qué te pasó? —me preguntó un payaso que vigilaba la entrada.

Yo le conté todo, y él me llevó con Darius.

—Ellos se estaban empedando, y ¿ni así los pudieron matar? —me preguntó.

—Es que eran varios los que aventaban hechizos —le dije—, y aparte mi magia no les hacía nada.

Él me golpeó en la cara.

—¿O sea que yo la cagué al mandarlos a ustedes? Dime: ¿yo la cague?

Él sacó una pistola y me la puso en la cabeza.

Sí, la cagaste tú, cabrón, porque ni sabías cuantos contras iba a haber ahí ni qué tan preparados estaban, y aún así nos mandaste. Tú fuiste el que se confió, no Striker. Él estaba bien preparado, y por eso hacía esas fiestas. Tú la cagaste porque nomás nos mandaste a morir.

Ojalá le hubiera dicho todo esto en ese momento.

Él me dio unos cachazos y un rodillazo en la cabeza que me tiró al suelo.

—Esperaba más de ti —me dijo y me siguió golpeando y pateando por un buen rato. Yo no hice nada.

Él se cansó y se fue. Yo me quedé ahí tirado y lleno de sangre. En ese momento lloré de rabia y de impotencia porque sentía que Darius tenía razón, que yo la cagué al no chingarme a esos contras que me habían humillado. Sentía que me merecía ese castigo, que me merecía ese dolor por haber sido tan débil.

Juré que los iba a buscar y los iba a matar a todos.

Pero eso tuvo que esperar porque Darius me había rito varios huesos, y cuando regresé él me castigó por haber abandonado a mis compañeros ese día, por lo que estuve desapareciendo y colgando cuerpos por casi un año.

Practiqué magia todos los días, me leí todos los libros de magia que pude, dominé todos los hechizos que había y, cuando volví a las misiones, todos los contras me la pelaron, usaran sus armaduras culeras o no.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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