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¿Por qué la provocaste? ¡Ella puede leer la fortuna! - Capítulo 323

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Capítulo 323: Capítulo 296

A la anciana le sorprendió que Mu Yunchu viniera a buscarla, pero tras el sobresalto inicial, pareció pensar que era inevitable. Se rio suavemente.

—¿Le envuelvo primero los pasteles?

—Es una lástima, de ese tipo ya no queda.

Mu Yunchu no podía ver, así que no sabía qué tipo faltaba ahora en el puesto.

Pero como albergaba una sospecha, la imagen del pastel rosa de flor de melocotón de antes apareció automáticamente en su mente.

No debería haber sido para tanto.

Después de todo, comprarle los pasteles era en un principio solo para tener tiempo de hablar con la anciana.

Pero a ella le importaba mucho. Cuanto más lo pensaba, más contrariada se sentía, y no quería simplemente dejarlo pasar.

—Miren, ¿qué les parece?, los invito a los dos a mi casa a tomar un té y prepararé más de esos pasteles.

—Qué mala suerte, ¿cómo es que ya no queda ninguno?

La anciana murmuró unas cuantas frases para sus adentros. Su rostro, que podía considerarse sereno y amable, ahora se mostraba inquieto y desasosegado.

Miró con insistencia a Mu Yunchu y a Wen Xu.

—No les llevará mucho tiempo.

—Mi casa está muy cerca de aquí.

…

Solo cuando Mu Yunchu asintió, la anciana soltó un suspiro de alivio.

—En ese caso, voy a recoger y pueden seguirme.

Wen Xu no sabía por qué Mu Yunchu había aceptado, ni por qué la anciana insistía tanto.

Era como si estuviera empeñada en que Mu Yunchu se llevara a casa los pasteles que faltaban.

Pero como la propia interesada no tenía objeciones, él, por supuesto, tampoco las tenía.

La anciana recogió sus cosas y las cargó.

Las mesas y sillas que usaba para su puesto eran de un sencillo modelo plegable que, una vez cerrado, ocupaba poco espacio. Podía meter el resto en una bolsa y cargarlo todo ella sola. Al incorporarse, vio a Wen Xu de pie junto a Mu Yunchu, dispuesto a ayudarla a llevar algunas de las cosas, así que se detuvo justo cuando se estaba colocando todo bajo el brazo y, a la fuerza, le endilgó todo a Wen Xu.

Su rostro aún lucía una sonrisa amable.

—Disculpa la molestia, joven.

Luego se acercó a Mu Yunchu, le tomó la mano con naturalidad y desplazó a Wen Xu a un lado.

—Venga, niña, vámonos.

Wen Xu: …

Al verlas alejarse poco a poco y sentir el vacío a su lado, Wen Xu experimentó una sutil extrañeza en su corazón.

Sin embargo, respiró hondo, sorprendido por la agudeza de la anciana.

Hacía un momento, cuando habían tomado un coche de una aplicación de transporte, la conductora no se había percatado de que Mu Yunchu no podía ver, pero esta anciana lo había descubierto de un solo vistazo.

Pensándolo bien, cualquiera a quien Mu Yunchu buscara debía de ser alguien extraordinario.

Tal y como dijo la anciana, su casa no estaba lejos, de hecho, estaba muy cerca: a solo diez minutos a pie, una distancia perfecta para su edad y nada agotadora.

Pero el lugar donde vivía era bastante lamentable.

No es que estuviera especialmente deteriorado, sino que se parecía más a esas estructuras de poblados urbanos, con casas de ladrillo y teja que desentonaban con el entorno moderno.

Sin embargo, al entrar, se dieron cuenta de que la casa era un mundo aparte por dentro.

El interior no solo estaba muy ordenado, sino que además presentaba rasgos de la arquitectura antigua, con muebles de madera maciza de época. Se notaba que la dueña tenía un gusto muy refinado al respecto.

Aunque Wen Xu sabía que no debía juzgar a la gente a la ligera por una sola cosa, tras entrar en la casa no pudo evitar sorprenderse.

Al principio, Wen Xu tenía sus reservas.

Para alguien que había tratado con criminales durante mucho tiempo en la comisaría, que la otra parte pareciera una anciana de edad avanzada no significaba que fuera inofensiva, y no podía bajar la guardia por completo.

No obstante, ver a la anciana dirigirse directamente a la cocina, como si no quisiera perder ni un minuto, hizo que sus sospechas disminuyeran.

—Siéntense donde quieran, disculpen que mi humilde morada sea un poco sencilla.

Buscaron un sitio cualquiera para sentarse, desde donde podían ver con claridad cada movimiento de la anciana en la cocina.

Desde sujetarse una manga con una mano mientras cogía harina con la otra, hasta el gesto de arremangarse… A ojos de Wen Xu, todo transmitía una peculiar sensación de incongruencia.

Pero, por un momento, no supo precisar cuál era el problema.

Hasta que ella puso el pastel a cocer al vapor y el aroma llegó hasta su nariz, Wen Xu no sintió de repente que la escena le resultaba algo familiar.

Mientras él estaba absorto, Mu Yunchu ya se había levantado para charlar con la anciana.

Sabía que no debía acercarse en ese momento, así que se quedó sentado, siguiendo su figura solo con la mirada.

La anciana observaba con amabilidad a Mu Yunchu, sentada frente a ella, y le dijo con calidez: —¿Niña, te gustaría probar el pastel de flor de melocotón que acabo de hacer al vapor?

—Pastel de flor de melocotón…

A Mu Yunchu no le era en absoluto desconocido.

No solo lo había comprado antes en ese puesto, sino que también lo había comido en más de una ocasión en el Reino de la Ilusión.

Casi cada vez que regresaba allí, antes de su matrimonio, una amable anciana le ofrecía un plato de exquisitos pasteles de flor de melocotón.

No se negó, extendió la mano hacia el plato que tenía delante, cogió el único trozo que había en él y le dio un mordisco.

La sutil dulzura impregnó su lengua, la fragancia única del pastel inundó sus fosas nasales, y esa sensación dulce pero no empalagosa, mezclada con su delicada textura, pareció envolver a Mu Yunchu.

Lo saboreó despacio y luego, lentamente, dijo: —He visto una historia.

—La historia de una mujer traicionada por aquel a quien amaba.

Mu Yunchu levantó la cabeza lentamente. Aunque sus ojos sin vista parecían vacíos, daban la impresión de poder atravesar el corazón de la otra persona.

La anciana suspiró, con la mirada perdida en la distancia y una expresión muy compleja. —Sabía que tarde o temprano vendrías a buscarme.

El día que Li Shang la reconoció, ya había previsto que este momento llegaría.

—Ya que estás contando una historia, ¿por qué no te cuento yo una a ti?

Al ver que Mu Yunchu no hablaba, continuó por su cuenta.

—Crecí en un barrio bajo y, a cierta edad, como todas las mujeres, me casé con un hombre corriente, como yo. Seis meses después de la boda, descubrí que estaba embarazada. Mi marido hacía trabajos duros fuera de casa y yo ganaba algo de dinero bordando en casa para comprar algunas verduras. Aunque la vida era difícil, vivía con ilusión, sintiendo los movimientos cada vez más notorios del feto en mi interior.

Frunció el ceño. —El día que nació el niño, se lo llevaron. Observé, impotente, cómo aquel hombre se llevaba a mi hijo, pues mi cuerpo debilitado no podía hacer nada.

Había pasado tanto tiempo que, aunque la historia era triste, ya no lograba alterar sus emociones.

—Nunca imaginé que alguien pudiera ser tan desalmado como para vender a su propio hijo.

La anciana frunció los labios. —Cogió el dinero y se fue directo al casino, para perderlo todo.

Antes de eso, no tenía ni idea de que aquel hombre fuera un ludópata.

Y que a menudo usaba su sueldo para apostar.

Por eso la familia siempre fue pobre de solemnidad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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