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Potencia de Fuego Abrumadora - Capítulo 317

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Capítulo 317: Templo de la Deidad Desconocida

Al día siguiente de conocer a Alexander, Lucen compró una botella del mejor vino de la aldea y unos cuantos trozos de pan.

Después de eso, decidió dirigirse al templo de la deidad desconocida. En el juego, esa ubicación era solo para crear ambiente; nadie pudo averiguar para qué se suponía que servía.

Pero tal vez ahora que estaba aquí en la vida real, podría percibir algo inusual. El templo estaba situado justo a las afueras de la aldea.

A pesar de que el paisaje era un poco diferente al de sus recuerdos, Lucen no tardó mucho en encontrar la zona general donde se encontraba el templo.

Lucen ya se había adentrado en el bosque y no podía oír el ruido de la aldea. Incluso el viento se sentía más suave aquí, como si el propio bosque estuviera aislando este lugar del resto del mundo.

Al cabo de un rato, por fin vio el templo de la deidad desconocida. No destacaba; de hecho, casi se mimetizaba con el entorno, como si no deseara que se fijaran en él.

Era una pequeña estructura de madera. A primera vista, no tenía nada de extraordinario. La madera parecía vieja, pero no podrida, como si llevara mucho tiempo allí sin llegar a descomponerse.

Nadie diría que era el templo de una deidad al verlo. La única razón por la que Lucen lo sabía era porque, en el juego, cuando llegabas a esta zona, la ubicación recibía el nombre de Templo de la deidad desconocida.

Lucen se detuvo a unos pasos de la estructura de madera. —Bueno, a diferencia de todo lo demás en la aldea inicial, esto ha permanecido exactamente igual.

Lucen se acercó a la zona con cautela. Ralentizó ligeramente el paso, mientras sus ojos escudriñaban cada detalle sin pasar nada por alto.

Cuando estaba en combate, el instinto de batalla le ayudaba a evitar el peligro, pero en situaciones normales como esta, si había peligro, el instinto de batalla no se activaba.

Lucen entró en el templo y, como era de esperar, el interior estaba desgastado por el paso del tiempo.

El suelo de madera crujió débilmente bajo sus pasos. El sonido resonó ligeramente, como si el espacio estuviera más vacío de lo que debería.

Las paredes estaban desnudas, marcadas solo por tenues arañazos y la decoloración propia de la edad.

En el centro del templo se alzaba un sencillo altar. No había tallas, ornamentos ni ninguna otra cosa que pudiera indicar que este lugar era un templo para una deidad, ni mostraba qué tipo de deidad se veneraba aquí.

Era solo una plataforma de madera vacía, como si algo debiera haber estado allí, pero nunca lo estuvo. La propia ausencia parecía intencionada, no natural, y eso lo desasosegó ligeramente. Era como si el mismísimo vacío lo observara en silencio.

Lucen negó con la cabeza y descartó esos pensamientos mientras empezaba a inspeccionar toda la zona. Básicamente, era una sola habitación con una única plataforma, así que no tardó mucho en revisar cada rincón.

«Sí, aquí no hay nada de nada».

Lo que, a ojos de Lucen, lo hacía aún más sospechoso. En un juego, los lugares como este nunca estaban realmente vacíos. Siempre había algo oculto, esperando la acción correcta para revelarse.

«De acuerdo, pasemos al plan B. Probemos a dejar ofrendas».

Lucen sacó el vino y el pan que había comprado hacía un rato y los colocó sobre la plataforma. Luego, hincó una rodilla en el suelo y empezó a rezar.

—Oh, Deidad, por favor, acepta mis humildes ofrendas.

Como Lucen no sabía qué deidad era venerada allí, se limitó a decir cosas al azar, intentando sonar al menos un poco respetuoso.

Esperó un rato, permaneciendo quieto y escuchando con atención, pero no ocurrió nada.

«Supongo que eso tampoco ha funcionado. Bueno, en el juego no existía la acción de rezar, así que pensé que podría funcionar, pero ya veo que no. Y ahora, qué más puedo hacer aquí».

Entonces, de la nada, Lucen se puso a bailar. No lo hacía con elegancia, pues nunca había sido un buen bailarín. Pero si se trataba de un detonante oculto, merecía la pena intentarlo todo.

Se detuvo y no pasó nada. Luego se puso a cantar a voz en grito, usando la letra de una canción que había ensayado en su vida pasada, pero aun así, nada. Ni la más mínima reacción del entorno.

Recitó un poema, pero no pasó nada. Siguió haciendo una cosa disparatada tras otra, pero, como con todo lo demás, no pasó nada.

Lucen empezaba a sentirse un poco frustrado, pero recuperó rápidamente la compostura, obligándose a pensar con calma en lugar de actuar por impulso.

Era una reacción muy normal para un jugador que tiene problemas en una parte del juego, como cuando resuelves un puzle difícil, te pierdes o te enfrentas a un enemigo poderoso.

«Mmm… Puesto que ya lo he intentado todo, solo me queda una última cosa por hacer».

Lucen inspiró y espiró mientras su manto de aura envolvía su cuerpo, y su núcleo de maná hacía que el maná circulara más rápido por su interior. Entonces, creó una escopeta de trinchera y la cargó con balas.

—Ya que este lugar no tiene nada que ofrecer y parece que la deidad que fuera que estuviera aquí ya no está, supongo que no pasará nada si lo destruyo.

Si nada reaccionaba, quizá la fuerza era el detonante. Y si no funcionaba, al menos podría dar rienda suelta a su frustración.

Lucen se detuvo un instante antes de apretar el gatillo. Algo no encajaba. Su instinto, incluso sin sus habilidades, se había agudizado mucho y le decía que algo iba mal.

Aun así, esa vacilación solo duró un segundo antes de decidir que asumiría el riesgo y pasar a la acción.

Justo cuando Lucen levantó la escopeta de trinchera y se disponía a disparar, sintió una fuerza increíble que lo aplastaba contra el suelo.

Esta sensación familiar era algo a lo que ya se había acostumbrado; era la presencia de una deidad.

No, esto era de algún modo diferente. Seguía siendo una presencia asfixiante, pero no lo aplastaba por completo; simplemente le impedía apretar el gatillo, como si le negara la propia acción.

Fue en ese momento cuando vio dos figuras de pie ante él. Lucen entrecerró ligeramente los ojos al observar a las dos figuras que habían aparecido ante él.

No habían entrado; no hubo sonido, ni movimiento, ni distorsión del espacio. Un instante el altar estaba vacío y, al siguiente, simplemente estaban allí.

La figura de la izquierda permanecía erguida, con la postura perfectamente recta, como si su cuerpo estuviera alineado con un eje invisible.

Vestía ropajes sencillos, sin adornos y libres de cualquier decoración; sin embargo, transmitían una sensación de refinamiento que hacía que hasta el atuendo del noble más distinguido pareciera excesivo.

Su pelo era oscuro, cuidadosamente atado a la espalda. Ni un solo mechón estaba fuera de su sitio. Ese no era un aspecto normal en Aerok.

Sus ojos oscuros y profundos estaban fijos en Lucen. No había arrogancia, ni orgullo, ni emoción alguna que pudiera leerse a simple vista.

Eran penetrantes, claros e inquebrantables, como una hoja que ha sido templada hasta la perfección absoluta. No era una mirada que buscara dominar, ni una que pretendiera intimidar.

No había nada superfluo en él. Todo en su ser parecía decir que había refinado su camino hasta el límite absoluto.

En completo contraste, la segunda figura estaba sentada sobre el propio altar, con una pierna cruzada perezosamente sobre la otra.

Estaba ligeramente inclinado hacia delante, con el mentón apoyado en la mano, como si hubiera estado esperando a que ocurriera algo medianamente entretenido.

Sus ropas eran oscuras, holgadas y sueltas, y le colgaban del cuerpo con descuido. A diferencia de la otra persona, su pelo era largo y estaba suelto, cayendo libremente sobre sus hombros.

A diferencia de la primera persona, su presencia era mucho más pesada. No en el sentido de presión, sino en el de peso.

Como si todo a su alrededor estuviera por debajo de él. Sus ojos se curvaron ligeramente, esbozando una leve sonrisa de diversión, pero había algo más detrás, algo afilado. Algo que daba la sensación de que podría devorarlo todo si quisiera.

«Estos dos parecen personajes de un webtoon coreano de Murim. Son completamente diferentes de la estética de fantasía occidental de Aerok. Aun así, basándome en su aspecto y en lo que transmiten, tengo la sensación de que puedo adivinar quiénes son».

—Dios Marcial. —Lucen miró al hombre que estaba erguido—. Demonio Celestial —volvió a decir, mirando a la otra persona sentada sobre el altar.

—Vaya, este mocoso insolente sabe de nosotros.

El Demonio Celestial habló con una sonrisa de suficiencia en el rostro. Su voz era ligera, casi juguetona, pero conllevaba un peso que hacía que el propio aire se sintiera más denso.

«Como esperaba, estos tipos son de verdad. ¿Cómo han aparecido de repente aquí en Aerok? No hay ningún lugar de temática oriental aquí, así que podrían ser viajeros dimensionales o alguna otra cosa».

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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