POV del Sistema - Capítulo 503
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Capítulo 503: Solo los Chads conocen este sentimiento [Parte 1]
—¿Crees que los Hombres Rata escucharán esta sugerencia? —preguntó Drazzat.
—Eso dependerá de tu capacidad de persuasión —respondió Trece—. Kesari me dijo que el Líder de los Hombres Rata se está enfrentando a la fuerza principal de los Hombres Lagarto. A su lado, hay cuatro Chamanes Goblin que informan al Emperador Goblin en tiempo real.
—Si tú y los otros Hombres Rata pudierais llegar a un acuerdo, nos daría tiempo para conseguir su Fragmento de Origen. Así que haz todo lo posible por convencerlos.
Drazzat suspiró. —¿Cuánto tardarás en conseguir su Fragmento de Origen?
—Quizás un mes —contestó Trece—. El Emperador Goblin siempre tendrá el Fragmento en un lugar bien protegido, así que llevará algo de tiempo encontrarlo. Sin embargo, una vez que lo asegure, los Hombres Rata dejarán de luchar inmediatamente, así que haz lo posible por darme algo de tiempo.
La distancia del Oeste al Este de Cielo Fracturado era larga, por lo que Trece necesitaba al menos un mes para cumplir su misión.
Comprendía que le había encomendado a Drazzat una misión difícil, pero no había nada que pudiera hacer al respecto.
Mientras el avance de los Hombres Rata se detuviera, se harían menos sacrificios. Si lo que pensaba era correcto, entonces necesitaría que tanto los Hombres Lagarto como los Hombres Rata se unieran para luchar en una guerra mayor que se avecinaba en el horizonte.
Drazzat asintió. —Haré lo que pueda, pero no puedo prometer nada.
—Asegúrate de mantener a mi gente a salvo. —Trece extendió la mano para estrechársela al Comandante de los Hombres Lagarto.
—Eres el humano más exigente que he conocido, Zion. —Drazzat negó con la cabeza, impotente, antes de tomar la mano del adolescente—. Que la Diosa de los Ríos y Lagos vele por ti.
El adolescente se despidió y abandonó el campamento con Sherry y Erica.
Montó la Pantera Cuchilla, seguido por Sherry, que se sentó detrás de él, con Erica y Negrito yendo tras ellos.
Una vez que estuvo seguro de que ya no estaba a la vista de los Hombres Lagarto, desmontó y pidió a las dos chicas que hicieran lo mismo.
—La razón por la que os traje conmigo es porque confío en vosotras —dijo Trece en un tono serio—. Solo espero que mi confianza no esté fuera de lugar.
—Por supuesto que puedes confiar en mí, Zion. —Erica se dio una palmadita en el pecho—. Técnicamente soy una de tus discípulas, ¿verdad?
La Hechicera miró entonces a Sherry, que estaba de pie junto al adolescente.
—¿Pero puedes confiar en ella? —inquirió Erica mientras señalaba a Sherry.
—Confío en ella tanto como confío en ti —replicó Trece—. Creo que ninguna de las dos me traicionará.
—Tenlo por seguro —comentó Sherry—. No te traicionaré, Zion.
El adolescente sonrió levemente antes de chasquear los dedos.
Un momento después, algo se alzó detrás de él, lo que hizo que Erica y Sherry dieran un paso atrás, sorprendidas.
La Pantera Cuchilla adoptó inmediatamente una postura defensiva para proteger a Sherry, a pesar de que se enfrentaba a un monstruo de un rango superior al suyo.
—Tranquila, Mors —dijo Trece—. Este es mi amigo, Rocky.
El Bal-Boa de Magma asintió con la cabeza como para confirmar que las palabras del adolescente eran ciertas.
—S-Soberano de Rango 7 —murmuró Erica—. ¿De verdad es tu amigo?
—Sí —respondió Trece—. Lo conocí hace un tiempo y le di de comer algunas rocas. Hicimos buenas migas y ahora somos buenos amigos.
Las dos chicas le lanzaron a Trece una mirada que decía «¿de verdad crees que vamos a creerte?», pero él solo sonrió con aire de suficiencia ante sus reacciones estupefactas.
—Vale. Sé que ambas tenéis muchas preguntas, pero no podemos quedarnos aquí. —Trece hizo un gesto a Rocky para que abriera la boca—. Entremos para hablar.
Entonces entró en la boca del Bal-Boa de Magma y desapareció por completo.
Erica y Sherry se quedaron mirando el lugar donde Zion había desaparecido antes de mirarse la una a la otra.
—Las damas primero —dijo Erica con una sonrisa.
—Ambas somos damas —replicó Sherry—. Pasa tú primero, tía.
—… ¿Acabas de llamarme tía?
—Sí, tía. ¿Hay algún problema?
—¡Pero bueno! —Erica estaba a punto de cantarle las cuarenta a Sherry.
Pero Rocky, al ver que las dos chicas no tenían intención de dejarse comer pacíficamente, decidió tragárselas a las dos enteras.
Las dos chicas gritaron al mismo tiempo mientras caían en la oscuridad.
Pero, un segundo después, se encontraron sentadas en tierra firme, lo que las sorprendió.
—¿D-dónde? —Erica miró a su alrededor, pues pensaba que se encontraría dentro del estómago del Bal-Boa de Magma.
Sin embargo, el paisaje a su alrededor le recordó a la orilla de un lago que había visto en Pangea.
—¿Esto es…? —Sherry, tan sorprendida como Erica, miró a su alrededor y vio a Zion de pie a varios metros detrás de ella, abrazado por un monstruo con aspecto de mofeta que medía al menos tres metros de altura.
—Sí, yo también te he echado de menos, Giga —dijo Trece—. ¿Has estado bien?
Giga hizo ruidos parecidos a los de una mofeta, a los que el chico respondió.
Las dos damas se percataron entonces de que había dos Ogros ocupados asando unos jabalíes en una hoguera mientras charlaban con algunos Trolls.
Una sola mirada bastó para que las dos adolescentes comprendieran que los monstruos que las rodeaban eran monstruos muy fuertes.
—Ah, por fin estáis aquí las dos —dijo Trece—. Venid, dejad que os presente a mis amigos. Este es Giga, una Mofeta Llameante.
Giga levantó entonces sus garras y saludó a las dos chicas, haciendo que ambas le devolvieran el saludo a regañadientes.
—Estos son O1 y O2 —declaró Trece—. Si no podéis distinguirlos, mirad el brazalete que llevan en el brazo derecho. Como veis, ahí tienen sus números.
Como para asegurarse de que las dos chicas los vieran, los dos Ogros se giraron de lado y mostraron los brazaletes que indicaban sus nombres.
—Asimismo, este es T1 —dijo Trece mientras le daba una palmada al líder de los Trolls—. Es un Señor de la Guerra Troll y el líder de todos los demás Trolls. No os preocupéis, no os van a trolear pronto.
Los otros Trolls hicieron una reverencia a las chicas, que ellas también correspondieron.
Aunque todavía estaban tratando de comprender la situación, al menos entendían que los Monstruos que estaban con Zion no eran hostiles hacia ellas.
«Así que todavía tiene este tipo de secreto. Me pregunto si Shana lo sabía», pensó Erica.
Erica había visto lo unidos que estaban, pero podía sentir instintivamente que Trece no miraba a la Santa de la misma forma que Roland miraba a Shana.
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