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Princesa de la Mafia Irlandesa - Capítulo 16

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  4. Capítulo 16 - 16 Vas a ser abuelo Declan
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16: Vas a ser abuelo, Declan.

16: Vas a ser abuelo, Declan.

—Lárgate, Peter, o te voy a matar.

—Dice Declan, y muero de ganas de reírme.

El miedo, el pánico, las sensaciones de asfixia… desaparecieron en cuanto escuché su voz.

Este hombre es mi jodido padre biológico.

Pero ¿por qué le dijo a Peter que se fuera?

Además… ¿hijo?

Supongo que debe ser solo una forma de expresar el aprecio que le tiene al grante que me trajo aquí.

Mi hermano no me haría ojitos, ¿verdad?

Sonrío como idiota cuando ya no está a la vista y Declan levanta una de sus cejas rojizas perfectamente perfiladas, haciendo la pregunta silenciosa que entiendo muy bien.

—¿Qué?

¡Es un chico genial!

—Digo a la defensiva—.

Ahora sí, si no es mucha molestia, me gustaría saber por qué demonios me buscaste veintidós años después de nacer y, si después quiero, que me confirma si esa sensual montaña de músculos que acabas de echar de verdad es mi hermano.

Mientras se acerca con lentitud lo observa a detalle.

Declan lleva un pantalón de vestir azul oscuro, zapatos negros de cuero y camisa blanca arremangada hasta los codos, la tela ceñida a su torso y brazos.

También tiene muchos tatuajes a la vista.

Pero mi mirada se clava en su mano izquierda, en sus dedos, mejor dicho.

En cada uno de ellos, una inicial.

Susana.

El nombre de mi madre.

Su cabello y su barba fueron tratados por un barbero muy bueno.

Se ve joven, fresco.

Y su sonrisa es encantadora.

Observando la piel blanca de sus brazos noto que tengo la misma marca de nacimiento que él, solo que la mía está un poco más oculta.

Él sonríe cuando se da cuenta de que lo estoy observando como un ratón de laboratorio.

No hace falta que me someta a un análisis de ADN.

La misma expresión calculadora en los ojos, el color de su cabello, la nariz, los pómulos altos y delicados y cómo se le marcan líneas de expresión en los ojos… —Los genes Prescott, supongo.

—Mi pensamiento sale en voz alta, pero hago de cuenta que no dije nada.

—Eres mía, mi hija.

El mejor regalo que me pudo haber dado tu madre.

Pero si tienes dudas podemos hacernos un ADN.

Enarco una ceja y él sacude la cabeza, moviéndose un poco.

Está nervioso también.

Y continúa hablando, moviendo sus manos al gesticular.

—Y no, Peter no es mi hijo biológico, pero lo he criado como si lo fuera desde que era pequeño.

Es como si realmente lo fuera.

—Responde, y me alivia escuchando eso último.

—No hace falta que nos sometamos a ningún examen.

—Lo corto… perdería tiempo innecesario y la verdad no tengo ganas de que me confirmen algo que ya se nota a leguas.

El desgraciado prácticamente me clonó.

Salvo por los ojos oscuros que heredé de mi madre y el color de mi piel un tanto más bronceada por mi mes en la isla… soy toda una Prescott.

—Y me alegre de saber que Peter no es mi hermano, es… lindo.

Nuevamente enarca una ceja y niega sacudiendo un poco la cabeza.

—¿Te gusta mi hijo?

—Pregunta mientras se acerca a cerrar la ventana—.

Eso es raro.

¿No estabas casada con una idiota?

Asiento y juego con un mechón de mi cabello.

Tengo exactamente el mismo tono rojizo que él.

Ni más claro ni más oscuro.

El mismo.

—Los ojos están para ver, señor Prescott.

Y sí, estoy casada con una idiota, pero no por mucho tiempo.

Voy a divorciarme pronto.

Declan parece alegrarse por lo que le estoy contando y asiente.

—¿Y eso por qué?

¿Descubriste que es un gusano?

Asiento, pero no quiero hablar de Alexander.

Me muero de curiosidad y quiero hacerle un millón de preguntas.

¿De verdad sabe tanto de mi vida?

—Esta tarde lo vi teniendo sexo con su secretaria en su oficina y lo abandoné por atreverse a engañarme con una cualquiera.

Por lo tanto, creo que estoy en todo mi derecho de ver todo lo que se me dé la gana.

—Sonrío, esta vez con algo de malicia—.

Como tu hijo adoptivo, por ejemplo.

Declan me muestra una mirada divertida y sonríe de lado, malicioso, como yo.

No estoy siendo muy inglés que digamos.

Y eso lo divierte.

Me encojo de hombros restándole importancia y me siento en el sofá, para darle espacio y que pueda sentarse junto a mí.

Lo hace sin invadir mi espacio.

Puedo ver cómo una vena en su cuello late con fuerza y ​​tiene sus manos juntas para que no las vea temblar.

El pelirrojo a mi lado suelta una risita, pero me alegra que ambos estemos en la misma situación.

—Eres igual a mí, pequeña Roisin.

Peter es un buen hombre, mejor que la escoria que dejaste en Londres, pero… no mires tanto si después no vas a asumir las consecuencias.

—Mejor dile a él que no sea tan coqueto.

Además, no hay nada de malo en recrear la vista.

—Me cruzo de brazos—.

¿Vas a decirme qué diablos hago aquí?

—Bien.

Pero antes de que me culpes por no estar en tu vida desde el día de tu nacimiento, quiero que sepas que no sabía de tu existencia hasta hace unos años.

Responderé todo lo que quieras saber, o lo que necesites saber en su defecto.

—Supuse que me dirías eso.

La culpa siempre es de las madres, ¿no?

Solo para que lo sepas, ella fue muy buena madre hasta que murió de cáncer hace doce años.

—Digo a la defensiva, honrando la memoria de mi madre—.

De ti no sé nada, solo que estabas “muerto”.

Puedes empezar por ahí.

Por ejemplo, dime, ¿cómo resucitaste?

y ¿por qué no fuiste por mí cuando me encontraste?

Se pone de pie y se pasa las manos sudadas por sus muslos.

Luego se sienta, cruzando las piernas en el sillón frente a mí.

—Me parece justo que pienses eso, pero no fue así.

Y estoy seguro de que tu madre fue una madre maravillosa, pero que se haya ido de aquí no fue mi culpa.

Supongo que le ganó el miedo y las mentiras que Ciara le dijo en mi ausencia.

Golpean la puerta y la mujer que nos recibió en la entrada entra con una mucho más joven.

Con la misma cara agria.

—Señor, la doctora ya está aquí.

Vino a revisar a la señorita Prescott.

Me encojo en el sillón.

Todavía no sé nada de él realmente, pero está a punto de enterarse de que va a ser abuelo.

—No estaba informado de que mandaron a llamarte.

—Le dice a la chica y luego me mira con preocupación—.

¿Estás bien?

—Peter se asustó cuando llegamos, tuve un pequeño mareo.

Como te dije hace un momento, he pasado por muchas situaciones difíciles estas últimas horas y además…

Creo que…

—¿Qué?

¿Tienes un problema de salud que necesite atención médica inmediata?

—Se para de golpe y me toma la mano.

Niego con la cabeza, pero tomo su mano de todos modos.

—Bien, ya que fue un día de sorpresas para todos, qué más da que recibas una de mi parte.

—¿Qué sorpresa es esa?

—Se ve pálido como un muerto.

—Vas a ser abuelo, Declan.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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