Princesa de la Mafia Irlandesa - Capítulo 17
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- Capítulo 17 - 17 Lamento no haber estado para ti
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17: Lamento no haber estado para ti 17: Lamento no haber estado para ti Su mirada sorprendida mezclada con preocupación me hace sonreír.
¿Esto es real o estoy soñando con un padre que de verdad se preocupa por mí?
Mudo.
Se ve adorable.
Se vuelve a levantar y se acerca a mí otra vez.
—Estoy embarazada.
Doble sorpresa, felicidades, vas a ser abuelo.
Le suelto la noticia así, sin más.
Y lo admito, también estoy siendo sarcástica.
Se sienta de golpe a mi lado.
No dice nada, mira un punto fijo en la alfombra que no tiene una sola partícula de polvo, y así se queda unos largos segundos hasta que reacciona, cuando le acaricio el hombro.
El toma mi mano y la acuna entre las suyas.
No me siento incomoda, de hecho es algo que quería hacer desde que lo vi.
Tocarse, sentirlo y confirmar que es real.
—Tendré que aprovecharte lo más que pueda mientras estés aquí.
Eventualmente regresarás a Londres y volverás con tu esposo.
—Me regala una mirada triste—.
No te merece, ¿lo sabes, verdad?
Pero no voy a cometer el mismo error que cometí con tu madre.
Contigo será diferente.
Te dejaré elegir y respetaré tu decisión.
¿Quieres que te revise la doctora?
—No.
Estoy bien.
Asiente, pero no me suelta la mano y yo no la aparto.
Se siente bien; no sé cómo explicar la sensación que me transmite el tacto de su mano acunando la mía.
—Págala y que se vaya.
—Le dice a la anciana sin mirarla directamente.
Ambas se van sin decir nada y nos dejan a solas otra vez.
No dice nada, aun en shock por la noticia, pero yo quiero saber, quiero que me explique que paso entre el y mi madre.
—Cuéntame la historia desde el comienzo.
¿Qué pasó entre tú y mi madre?
Sus ojos azules tomaron un brillo muy bonito, soñador y jovial.
—Tu madre vino a Irlanda de vacaciones, y un día, los dioses me sonrieron cuando su auto se descompuso frente a mi casa.
Teníamos veinte años cada uno —dice sin perder la sonrisa—.
Ella era la hija de un empresario que recién surgía en el mundo de los negocios en Londres y yo…
era el siguiente heredero del imperio Prescott.
Éramos diferentes en todas las formas posibles, pero nos enamoramos de inmediato.
Fue mágico, intenso y verdadero.
Era uno de esos romances épicos en los que los protagonistas de una novela romántica hacen locuras por estar juntos, pero mi padre tenía planes para mí y tuve que irme.
Ahora me mira a los ojos, hay amor en ellos, brillan al recordar esa época en la que ambos eran felices.
Pero no lo interrumpo, por lo que sigue hablando.
—Susan prometió quedarse y esperar mi regreso, o viajar a América para verme cada tantos meses.
Un día recibí una carta de tu madre, diciéndome que sus sentimientos por mí habrían cambiado y que me dejaba porque se cansó de esperarme.
Veo en sus ojos la misma tristeza que tienen los míos al contarme todo.Los dos estamos rotos.
Presiono suavemente su mano para que continúe, porque, de un momento a otro, pareciera que se perdió en sus pensamientos.
—Lo siento hija, recordarlo es doloroso.
—Esta bien, tomate tu tiempo.
No iré a ningún lado.— Toma aire y hace una mueca que pretende ser una sonrisa.
—Lo entendí.
Había pasado mucho tiempo sin tener una oportunidad de contactarme o de visitarla.
Me dolió, pero lo dejé estar.
Mi trabajo consistía en estar pendiente a tiempo completo de mis negocios y de la familia.
Una que ya no tengo, porque me encargué de eliminar ese cáncer de raíz.
—Aclara con total naturalidad el hecho de haber “eliminado” a su familia, y se le oscurecen los ojos, es un azul tormentoso y sé que está evitando decirme del todo la verdad.
“Lo que necesites saber” Dijo.
No presiono, pero sus palabras hacen eco en mi mente.
¿De verdad los asesinó a todos?
Vaya…
—¿Y que paso despues?— Sonrio sin querer, parezco una niña ansiosa por que terminen de leerle su cuento favorito.
Declan cierra los ojos y toma una larga respiración.
—Ciara era quien tenía que cuidarla, ella era mi gemela.
Siempre quiso mi posición; los celos, la envidia y la rabia la llevaron a cometer traición a su sangre.
Ella envenenó la cabeza de tu madre, la asustó y le dijo cosas que yo debía decirle, solo iba a saberlo de mí cuando yo regresara, pero no tuve oportunidad.
La escondió en Antrim, en una pequeña casa alejada de ojos curiosos, hasta que tu abuelo dio con ella y se la llevó lejos.
Ya te había tenido, yo nunca supe de su embarazo.
De tener conocimiento que cargaba a mi hija en el vientre, hubiera venido por ambas para llevarlas a Chicago sin importarme nada, ni la familia, los negocios o lo que mi padre quería.
No entiendo nada.
Si mi madre estaba tan enamorada de mi padre…
¿por qué lo abandonó y le ocultó mi existencia?
¿Qué podía ser tan terrible para que se asustara tanto y huyera?
Miro a Declan con confusión.
Él sonríe…
Yo, por mi parte quiero unir todas todas las piezas, pero no encajan del todo.
—Sé que quieres hacer la pregunta.
Solo suéltala y te responderé lo que quieras saber.
Analizo todas las palabras que me ha dicho: desde que mi madre y él se enamoraron, su viaje, su hermana gemela conspirando en su contra, mi nacimiento y su huida.
¿A qué se dedica?
Tuvo que tener un motivo, algo muy oscuro la aterró para que abandone todo y al hombre que amaba…
Como yo lo hice esta mañana, abandonando a Alexander.
Lo dejé porque no soporto ser una más del montón entre las mujeres que tiene, y estoy repitiendo la historia de mi madre, al ocultarle la existencia de nuestro hijo.
—¿Qué fue lo que le dijo para que huyera?
No lo entiendo.
Si ella te amaba tanto como tú dices, y estaban tan enamorados ¿qué fue lo que la asustó tanto?
Supongo que tiene que ver con tu trabajo, ¿verdad?
Asiente.
—Eres una chica muy inteligente, hija.
Ciara, mi propia sangre, le dijo a tu madre a qué se dedicaba mi familia, la llenó de temores e inseguridades, y te aseguro que ella, mi hermana, era peor que yo.
Si Ciara no las mato a tu madre y a ti, porque eras una niña y no un varón que se convertiría en el siguiente Prescott al mando.
Por eso se fue, conocio el infierno en el que estaba y no supe nada mas de ella por años.
—¿Cómo supiste todo esto que me estás contando?
—pregunto, más por curiosidad que para que él siga recordando un momento doloroso que veo que aún le afecta.
Yo crecí sabiendo que mi madre estaba muy enamorada de un príncipe irlandés de cabello rojo como el fuego, la historia de amor que le contaba a una hija pequeña.
Ella tuvo que volver a Londres porque su príncipe se había ido al cielo.
No insistí, ella murió cuando iba a cumplir diez años y nadie más me respondió si sabían sobre mi padre biológico.
Hoy, creí que estaba muerto y ahora lo tengo junto a mi, acariciando mis dedos de forma automática.
—Encontré el diario de Ciara hace muchos años —continúa después de un momento—, donde contaba el día a día de tu madre, su embarazo, tu nacimiento y, por supuesto, su alegría por haberse salido con la suya cuando tu madre se marchó.
Tenía mil y un motivos para matarla y no me pude contener.
Abro muy grandes los ojos.
Espero que solo sea una metáfora.
Es la segunda vez que lo menciona.
Continúa narrando la historia.
—El día que volví, mi padre estaba muy enfermo y regresé para ocupar su lugar como líder de nuestro clan.
Pero, después de encontrar ese diario, esperé el momento correcto para cobrarme lo que me habían hecho.
No tuve que esperar mucho para eso.
Cuando el cuerpo de mi padre ya estaba en el fondo de ese frío y oscuro pozo, le disparé en la cabeza a mi hermana y ahora ambos están juntos en el infierno.
—No fue metáfora, literalmente la mató—.
Lo que le oculté a tu madre, la verdad, era que somos la familia más importante de Irlanda.
La mayoría está en América, pero como jefe, yo sigo aquí, mi hogar es mi sede.
¿Por qué demonios no tengo el impulso de salir corriendo de aquí después de esta terrible declaración?
No tengo idea.
Debería estar aterrorizada, pero en realidad me siento tranquila.
Declan no me está mintiendo, está siendo brutalmente honesto y no maquilla la verdad.
Mi madre lo abandonó al enterarse de esto y yo, a esta altura de mi vida, ya no me asusto con nada.
Analizo cada una de sus palabras; su relato tiene destellos de luz cuando habla de mi madre, pero se le enturbia la mirada cuando habla de su familia.
—¿Cómo me encontraste?
Supongo que re fue fácil.— Evito preguntarle sobre su hermana, también a que se refiere con “Clan”, sede o jefe de qué diablos es.
No soy idiota, se lo que es.
Declan se pone de pie.
La luz que entraba por la ventana ya no existe, alimenta el fuego de la enorme chimenea con la leña que está apilada en un rincón y no dice nada hasta que termina su tarea.
Solo veo el reflejo de la luz del fuego en su rostro y el brillo de su cabello rojizo.
—No fue fácil.
Tu madre se cambió de apellido cuando tu abuelo murió, sus expedientes desaparecieron, hasta que un día encontré una revista antigua en la que ella aparecía.
Era una gala benéfica en la que lucía un hermoso vestido color rosa pastel.
—Abre el cajón de una mesita, saca la revista con mucho cuidado y me la entrega—.
Supe que había muerto, que tenía una niña y que el viudo era el nuevo dueño de su empresa hasta tu mayoría de edad.
No había fotografías de ti, al parecer ella fue cuidadosa con eso.
Se hizo unas cuantas cirugías, pero pude reconocer al amor de mi vida hasta en el mismo infierno.
Investigué, te busqué poniendo un ejército de hombres para rastrearte y cuando por fin te hallaron, me informaron que fuiste a estudiar a Alemania, envié a mi mejor hombre a cuidar de ti, a una distancia prudente.
—Peter mencionó que me seguía—.
Pero al regresar, te casaste con ese inútil; no tenía idea de que harías eso, no al menos tan pronto.
No tienes idea de cómo lamento no haber estado para ti, pequeña.
Sé que me necesitaste.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Jesica_Quintero Un poquito mas largo el capitulo, pero espero les haya gustado.
Cuentenme que les parece.
Si puedes calificar, lo voy a agradecer.
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