Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Princesa de la Mafia Irlandesa - Capítulo 18

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Princesa de la Mafia Irlandesa
  4. Capítulo 18 - 18 Hamburguesas lechuga y puré
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

18: Hamburguesas, lechuga y puré.

18: Hamburguesas, lechuga y puré.

Los ojos azules de Declan me observan, esperando a que diga algo.

Veo el temor, la duda y el arrepentimiento de haberme dicho la verdad sin anestesia.

Y lo entiendo, porque yo también le temo al rechazo.

Mi padre acaba de confesarme que es un mafioso, que tiene conexiones, que no le costó mucho encontrarme y que me tuvo vigilada por años…

Hizo que me secuestraran, aunque yo vine aquí por mi propia voluntad.

Cuando llegamos con Peter y me puse a observar el entorno, los vi.

A los vigilantes armados entre los árboles, con armas de pesado calibre, listos para lo que fuera que se presentara.

Me puso más nerviosa de lo que estaba y fue por eso por lo que me dio un ataque de pánico.

—No puedes culparte por los errores de mi madre, ni tampoco eres responsable de todo lo que tuve que pasar después de su muerte.

Tú no estabas, yo no sabía que existías, porque mi madre siempre me dijo que estabas muerto… y la verdad, murió.

Pero tengo que saberlo ahora, padre.

¿A qué te dedicas?

Abre sus ojos de par en par, no por la pregunta, sino por cómo acabé de llamarlo.

Me muestra una sonrisa radiante que hace desaparecer en un segundo la rabia, la traición, la desilusión y el dolor.

Todo eso, porque acabo de llamarlo por lo que es.

Padre.

Mi padre.

—No sabes lo hermoso que suena eso con tu voz, pequeña flor.

—No borra su sonrisa.

—Pero, como te dije, no cometeré el mismo error y voy a decirte la verdad.

Soy el líder del clan mafioso más grande de Irlanda y de algunas ciudades importantes en el mundo.

Ok, pensé que era un hombre peligroso, pero no tanto.

La anciana aterradora vuelve a aparecer, silenciosa como un gato.

—La cena está servida, señor.

Gracias a los dioses, muero de hambre.

—Ya vamos.

Avísale a mi hijo que baje a cenar con nosotros.

—La vieja vuelve a mirarme, esta vez con más intensidad que antes.

Pero no dice nada y se va.

¿Qué le pasa?

—Muero de hambre.

—Yo también.

—Se pone de pie.

— ¿No vas a decir nada?

Entrecierra un poco los ojos y me extiende su mano para ayudarme a levantarme del sofá.

Aguarda paciente a que le dé una respuesta, pero no presiona para que se la dé.

Ambos nos observamos con detenimiento: él mi rostro y yo, todo en él.

Cuando nota que no voy a decir nada todavía, suelta un suspiro relajado y habla.

—Perfecto.

Podemos continuar con nuestra charla mientras cenamos.

Acepto su mano y me guía por la gran sala hasta las puertas dobles de madera y cristales repartidos, donde me encuentro con un comedor igual de grande y bonito.

Se me ocurren miles de preguntas, pero una de ellas es la más urgente y me impulsa a soltarla sin pensarlo mucho.

—¿Tengo hermanos?

Espero que sí, siempre he querido tenerlos.

—La emoción se me va en segundos.

Horror.

Eso es lo que veo en sus ojos y en la expresión de su cara.

Luego sonríe y no sé qué pensar.

—No, no tengo más hijos.

Solo eres tú…

y después de criar a Peter, se me fueron las ganas de procrear.

Tampoco encontré a una mujer que llenara mi corazón como tu madre.

Fue una gran sorpresa saber que existías, que alguien compartía mi sangre, y estoy feliz de que estés aquí hoy.

Creí que mi apellido moriría conmigo.

La mesa está llena de platos con comida que huelen a cielo gastronómico.

Y mi estómago ruge tan fuerte que Declan lo escucha claramente.

Mis mejillas se ruborizan de vergüenza.

—Parece que mi nieto exige comida.

¡Es todo un Prescott, hambriento como su abuelo!

Corre la silla para mí; me siento a la derecha y él en la cabeza de la mesa.

—Es por eso que todo luce tan…

masculino.

No tienes esposa y vives aquí con Peter.

La anciana de la casita de Hansel y Gretel regresa.

—Así es, solo somos nosotros dos —mi estómago vuelve a gruñir cuando veo lo que me hace agua la boca—.

Por lo que supe, tú tienes un amor por la comida chatarra.

Por eso pedí que hagan algunas de estas variedades, para que comas lo que gustes —se queda pensando un momento—.

Y sobre los hermanos, siempre me he cuidado, pero si algún día encuentras a algún pelirrojo con la misma marca de nacimiento que tienes en la muñeca…

Me enseña la suya en su antebrazo.

—…entonces no será necesario el examen de paternidad.

Todos los Prescott la tenemos, y mi nieto también la tendrá.

Mi nieto.

Suena bonito cuando sale de su boca.

—Pues, comeré de todo.

Tengo mucho apetito —le sonrío—.

Hiciste bien la tarea, Declan.

Adoro todo lo que hiciste que preparen para mí.

¿Pero qué hubieras hecho si me negaba a venir?

—Hubiera ido personalmente a buscarte, pero no hubiera sido tan sutil como mi hijo.

Por eso Peter se ofreció a ir él mismo.

Dijo que te convencería.

¿Cómo fue?

—Comienza a cortar su filete y clava sus ojos curiosos en mí.

—No tuvo que convencerme.

Él tenía un Audi igual que el mío y me subí creyendo que mi chofer había regresado por mí a la puerta de la empresa de mi exesposo.

Lo noté tarde, cuando dejé de llorar como idiota varios kilómetros después.

Todo el calor que tenía en sus ojos se evaporó.

—¿Por qué llorabas?

—Frunce el ceño.

—Te dije que me fue infiel.

Hui, no miré bien y me subí al coche de Peter y no me rehusé cuando me di cuenta de que no era Jack quien conducía.

Quise venir voluntariamente cuando me contó de ti; no tenía nada más que hacer en Londres.

—Le haré pagar a ese gusano cada una de tus lágrimas.

Si le confesara todas las veces que me hicieron llorar, acabaría con la mitad de Reino Unido.

—No hace falta, fue mi culpa por enamorarme del hombre que me dejó claro que no me amaría nunca.

Él solo quería un hijo y mi padrastro su dinero.

Yo solo era una pieza en su juego.

—Los mataré a los dos entonces.

Suelto una risita cuando por fin cambiamos de tema.

Mientras le quito la lechuga a la hamburguesa, me cuenta cómo fue criar al rubio con pinta de vikingo que me trajo hasta aquí.

Él corta cuidadosamente el filete que acompaña con puré de papas.

—Me gusta Peter, es agradable y creo que nos llevaremos bien.

También quiero de eso.

El mencionado se hace presente.

—Perdón, me quedé dormido y entré a la ducha después de que la vieja me despertara.

—Se sienta a la izquierda de Declan y me sonríe—.

Qué bueno que no hayas escapado por la ventana.

Asumo que ya lo sabes todo.

Huele rico.

Huele a hombre poderoso.

—Obvio que no —respondo después de tragarme la hamburguesa—.

No tenía intenciones de vagar por tierras desconocidas.

¿Qué tal si me secuestra un duende o algo así?

Y sí, Declan ya me contó casi todo.

Me río sola de la estupidez que acabo de decir.

Declan también se ríe.

—Cariño, te puedo asegurar que aquí estás a salvo.

Hasta los duendes me temen.

Pero quiero preguntarte algo…

¿por qué no te asustaste con todo lo que te dije?

Para ser sincero, me perturba un poco tu tranquilidad.

No es que quiera que lo estés; es maravilloso que no me temas.

Que me aceptes.

Peter pone atención a su padre y a mí, apenas toca su comida, pero bebe de su copa de vino.

Hago una pausa para elegir bien mis palabras.

Bien, eso es cierto.

No tengo miedo.

Extrañamente, me siento segura en esta enorme fortaleza de piedra, con él, con Peter y con el ejército de tipos armados afuera.

Aunque eso debería aterrorizarme…

no lo hace.

Supongo que es la genética criminal de los Prescott la que me mantiene en calma.

—Me la pasé de infierno en infierno durante toda mi vida.

Extrañamente me siento cómoda con ustedes.

Y una de las cosas que me gustan de ti, Declan, es tu honestidad.

Pudiste mentirme, contarme algo diferente…

pero preferiste decirme quién eres, lo que haces…

No me asusta.

Peter parece divertido.

Silba y estira su mano para tomar la última hamburguesa, pero lo aparto de un manotón.

—Si no quieres morir esta noche, no te comas mi comida, grandote.

Es la última y tengo hambre.

Declan se ríe con fuerza y Peter, bueno…

él sacude la cabeza.

—No seas mezquina.

¿Cuántas te comiste?

—Tres.

—Respondo mientras le ofrezco la lechuga que aparté desde la primera—.

Come más sano, te guardé lechuga.

Se sirve un filete y lo acompaña con puré de calabaza.

—Volviendo a lo que estábamos hablando, me alegra mucho que te sientas cómoda conmigo, pequeña.

He soñado muchas veces con este momento.

Eres todo lo que tengo.

—Oh, gracias, ¿así de rápido me olvidas?

—comenta con sarcasmo su hijo adoptivo—.

Eres cruel, Declan.

¿Ahora le pasarás tu poder a tu hija y me enviarás lejos como a un perro sarnoso?

—Este dramático que ves aquí —señala con un cubierto a Peter— era mi heredero, hasta que llegaste tú.

A diferencia de otras mafias, aquí sí puedes reinar como si fueras un hombre.

Y no, hijo, jamás lo haría.

Sabes que te amo.

Solo quería decir que ella es mi flor, mi tesoro.

El fruto del amor que su madre y yo nos tuvimos.

—Lo sé, viejo, solo bromeaba.

Hay calidez en ellos, de verdad se quieren como padre e hijo.

Es algo muy bonito, porque John me ha tratado como basura desde que me conoció.

Esperen.

¡¿Qué?!

Yo no soy capaz de formar parte de todo esto.

—Estás mal de la cabeza si piensas que yo me haré cargo después de ti.

Deja que Peter siga con lo suyo.

Además, cuando nazca mi bebé no quiero ponerlo en peligro.

No te juzgo por lo que haces, pero yo no pertenezco a este mundo.

—¿Eso quiere decir que te irás?

—pregunta Peter, frunciendo el ceño.

—Yo no dije eso.

No quiero volver a Londres y tampoco quiero que Alexander me encuentre por ahora.

Quiero conocer a Declan, conseguir un empleo aquí y criar a mi hijo tranquila.

Ese es mi nuevo propósito.

—¿Cuándo planificaste tu futuro?

No estoy escuchando la parte en que te conviertes en mi esposa celosa y obsesiva, bonita —dice con voz sutil y baja, pero tanto mi padre como yo logramos oírlo—.

¿Hablamos de eso mientras nos traen el postre?

—Sobre mi maldito cadáver, Roerig —dice mi padre con un tono sombrío y amenazante.

Luego me sonríe como si nada—.

Pero quiero que sepas que me hace feliz que quieras quedarte para conocerme.

Puedes quedarte aquí, cuidaremos de ti y del niño.

—Ya se enamoró de mí, Declan.

Va a quedarse, pero no para conocerte.

Solo asume que tu hermosa hija va a casarse conmigo.

Le sonríe.

No le teme a la muerte, este cabrón.

—Te llevaré al matadero como a una vaca si sigues insinuando que mi pequeña bebé terminará contigo.

¡La acabas de conocer!

¡Y está casada con un idiota!

Frunzo la nariz al recordar que es verdad, sigo casada.

Peter rueda los ojos.

—Bajo las leyes de la mafia es solo un papel sin validez.

Puedo hacer que desaparezca, el matrimonio o el esposo.

Lo sabes tan bien como yo —agrega el rubio, mientras le robo el plato a mi padre para probar el puré.

Delicioso.

Que sigan hablando, Peter no ha tocado su filete.

También lo quiero.

—Quiero divorciarme legalmente e instalarme aquí.

Vi que hay terrenos muy bonitos en los que puedo imaginarme una casita para el bebé y para mí.

Sin ex esposos muertos ni nada de eso.

¿Está claro para los dos?

Los dos se miran y, por primera vez, veo en ellos una sonrisa cómplice.

—No prometo nada —dice mi padre, y sonríe cuando se da cuenta de que me estoy tragando su comida y él no tiene nada frente a él.

—Yo, menos.

El rubio suelta una risita que mi padre corresponde de igual manera.

Son como dos niños grandes.

—Como sea.

No maten al padre de mi hijo.

—Hago una pequeña pausa cuando recuerdo el nombre que ambos usaron conmigo—.

Me han llamado por un nombre que no reconozco como mío.

¿Qué quiere decir Roisin?

Es mi padre quien me mira con ojos brillantes como dos zafiros.

—Roisin significa Rosa en irlandés.

Y tú eres mi pequeña flor, cariño.

—Es hermoso.

Él lo es—.

Quiero llamarte así de ahora en adelante.

—Es muy lindo, papá.

Peter nos sonríe a ambos mientras come en silencio y nos deja hablar.

—Lindo es que me digas papá, cuando apenas acabas de conocerme.

—Nunca he tenido uno y me emociona mucho tenerlo ahora.

Pero me gusta mucho más que seas tú.

No estoy fingiendo nada.

La conexión que surgió de la nada con mi progenitor es tan real como el hecho de que cargo un bebé en el vientre.

Un hijo del que me enteré apenas esta mañana.

—Susan hizo un gran trabajo, cariño.

Eres tan dulce como ella.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo