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Princesa de la Mafia Irlandesa - Capítulo 19

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19: Tres meses después.

19: Tres meses después.

Desde ese día que llegué aquí, Declan me ha ido contando cómo ha sido su vida y yo le conté cómo fue la mía.

Declan Prescott prometió recuperar lo que mi madre me ha dejado.

La primera cabeza en salir rodando fue la de John, y puede que suene muy mal viniendo de mí, pero me alegró saber que ese parásito ya no camina sobre la tierra.

¿Ahora quién alimentará a los parásitos?

Espero que todos ellos también mueran o, peor, que sepan lo que es trabajar para vivir.

Con su misteriosa muerte para algunos, yo recuperé lo que me pertenecía por derecho.

Mi padre viajó personalmente a Londres para entrar a mi mansión y hacerlo pedazos.

Literalmente.

Pero antes se divirtió mucho torturándolo y obligándolo a firmar los documentos que correspondían para que mi dinero y mi empresa volvieran a mis manos.

Ni siquiera Alexander puede intervenir ahora, aunque mi empresa sea insignificante para él.

De forma sarcástica, mi padre ahora lo llama “William Wallace” y dice que es “creativo y divertido”, ya que, una vez eliminado de la faz de la tierra, no debe ser mencionado por su nombre nunca más.

Queda en el olvido aquel que no es recordado o mencionado.

Una idea fantástica.

Acepté sin ningún problema quién es Declan y quién soy yo ahora.

Soy la hija de un mafioso que disfruta ser despiadado en sus negocios, pero cuando está conmigo es un ángel.

No puedo quejarme de eso.

Mi padre me cuida, está atento a todas mis necesidades y, siempre que viaja, me deja con Peter para no dejarme sola.

Sobre el rubio…

Tengo mucho que decir.

Al igual que mi padre, impone respeto sin pedirlo.

Trabaja desde aquí y sus hombres obedecen.

Hasta ahora, no lo he visto enojado, siempre está relajado, porque las cosas las consigue de la forma que las pide.

Sin ningún contratiempo.

Peter es…

es buena compañía.

No me mintió cuando me dijo que podía contar con él para lo que sea.

Me ha escuchado, pero también lo he escuchado a él cuando me contó sobre su infancia, la crianza brutal que ha recibido de mi padre para convertirlo en el hombre que ahora es.

Y, como mi padre, también está atento a todo.

Peter Roerig es un hombre grande e intimidante, que si quisiera podría romper un cuello con la misma facilidad con que se sirve una taza de café.

Descubrí que odia usar trajes y que su cabello tiene voluntad propia.

Hay días que lo tiene liso y otras veces ondulado en las puntas.

También que ama el helado y las hamburguesas —mi padre tiene que pedir todo el tiempo que le escondan un pote para él—.

Y es un buen oyente, ya lo dije, pero tengo que repetirlo: nadie me ha escuchado como él y mi padre.

Me hacen sentir querida y mimada.

Peter me acompaña en las tardes para ir de paseo y me hace sonreír cuando me cuenta anécdotas de sus inicios en la organización de papá.

A veces cocinamos juntos y otras veces miramos películas en mi habitación cuando no me quiero levantar.

Hasta que llega la hora de dormir y recuerdo a Alexander en su oficina con otra mujer.

Ya no lloro por él.

Puede irse al diablo, no me importa.

Por primera vez soy feliz y tengo lo que siempre he querido.

Una familia de verdad.

Declan me ha dicho mil veces que puedo ir y venir las veces que quiera, siempre y cuando Peter y mis escoltas me acompañen —que ahora son más de veinte hombres sexys que parecen sacados de una revista de moda—.

Hago las compras por internet, últimamente estoy muy cansada o somnolienta como para salir de la mansión.

Mi hijo crece saludable, sí.

Hijo.

Es un pequeño, y cuando mi padre lo vio en la pantalla lloró de alegría.

Yo también lloré al escuchar por primera vez sus latidos.

Por momentos siento miedo de que todo esto se termine y vuelva a sumergirme en la oscuridad, porque, lamentablemente, estoy acostumbrada a que mi felicidad sea efímera.

No quiero perder a mi padre ni a Peter.

No puedo entender cómo mi madre dejó a Declan y se metió con una bestia mucho peor.

No me fui a vivir sola como tenía planeado, me quedé aquí y ahora estoy pintando la habitación de Aiden de color azul cielo.

Me agacho a mezclar la pintura y me detengo por un momento cuando lo siento moverse por primera vez.

Mis ojos se humedecen y llevo mis manos a mi vientre.

En estos meses, me he vuelto una gordita panzona.

Llevo cinco meses de embarazo.

Tres meses de que estoy aquí.

Recibo noticias de Londres por parte de Peter, y lo poco que puedo enterarme de Alexander es que me está buscando por cielo, mar y tierra.

Hasta mi foto salió en las noticias.

“La joven esposa del magnate Alexander Harrington sigue desaparecida.

Se descarta que se trate de un secuestro, ya que no se ha pedido recompensa a su esposo o a sus familiares”.

Ni siquiera han mencionado mi estúpido nombre, solo “esposa de…” Si supiera que estoy a escasas horas…

Gracias a Dios no lo saben.

Puedo caminar por estas tierras tranquila, ya que nadie es capaz de pasar por encima de las órdenes de mi padre.

Nadie dirá una sola palabra, jamás.

Mezclo nuevamente la pintura cuando deja de moverse y me siento en la alfombra que he echado a perder.

Aiden se ha movido, no me importa la pintura ni los desastres.

He estado ansiosa por sentirlo, porque mi doctora me dijo que ya debería haberlo sentido moverse hace semanas.

Tenía miedo, pero ya no.

—Roisin…

¿Por qué lloras?

—La voz del rubio me hace mirarlo, y sonrío feliz.

Peter quedó en venir a ayudarme a pintar y, cuando entra a la habitación, me encuentra sentada en el suelo con ambas manos en mi pequeña pancita.

Lo siento otra vez y tomo la mano de Peter cuando se acerca más a mí, para que lo sienta moverse también.

—¿Lo sientes?

¡El bebé se está moviendo al fin!

—Abre sus ojos muy grandes por la sorpresa y sonríe conmigo, pero enseguida cambia y retira su mano, transformando por completo su expresión.

Pánico.

¿Qué demonios le pasa?

—¿Te duele?

¿Quieres que llame a la doctora?

¿Necesitas alguna cosa?

—Se pone de pie, toma su móvil y camina nervioso de un lado al otro.

Creo que no quiero que esté conmigo el día del parto en la casa.

Demasiado tengo lidiando con la intensidad de Declan.

Es como si un loro hubiera consumido drogas: habla y hace preguntas a la velocidad de la luz.

—No, tarado, no me duele, y no vas a llamar a la doctora por algo tan normal como un movimiento fetal.

Solo quería que sintieras cómo se mueve mi hijo.

Se relaja mientras suelta el aire que estaba reteniendo.

Me río de él, aunque me parece algo muy tierno que se preocupe por mí y el bebé tan exageradamente.

Me limpio las nuevas lagrimas que esta vez, son de risa.

Enseguida me mira mal.

Relaja sus hombros, la postura nerviosa y la de su rostro también.

—No entiendo cómo diablos te las arreglas para llorar por todo.

Lloras si estás triste, si estás feliz, lloras porque no te va la ropa cuando puedes comprar una maldita tienda si se te antoja; si te quedas sin internet por dos minutos, y también lloras si te da hambre a las jodidas cuatro de la madrugada.

—Se exaspera—.

Soy muy nuevo en este asunto de convivir con una mujer y ni hablar de una que está embarazada.

Ahora lloro porque siento que soy una molestia para este hombre que no hace más que estar encima de mí, cuidándome las veinticuatro horas.

—Y créeme, preciosa, me estresas —continúa—.

Pero no de mala manera.

Solo me frustra no saber con certeza qué es lo que te pasa y por qué lloras.

¡Un día vas a matarme de un susto!

Pobrecito, tiene razón.

—Lamento ser una carga para ti.

No es mi intención que mis hormonas de embarazo te vuelvan loco a ti también, Peter.

Trataré de molestarte lo menos posible, lo prometo…

Yo…

—Ni se te ocurra no llamarme cuando me necesites.

Quiero estar para ti en cada momento.

No me molestas, lo hago con gusto.

Solo que no sé cómo hacerlo la mayoría de las veces.

Me quita el palo con el que estuve mezclando la pintura.

Ahora me sonríe con dulzura y se acerca más a mí para besar mi frente.

—No tienes idea de las cosas que yo haría por ti, Roisin Prescott.

La punzada en el pecho me paraliza apenas lo escucho decir eso.

Porque sé que le gusto.

No necesita decírmelo: lo veo en su mirada, lo siento en su manera desesperada de protegerme, como ahora.

Pero no quiero ser cruel ni darle a Peter esperanzas que quizás nunca pueda cumplir.

No sé si estoy lista para corresponder a ese amor tan bonito que tiene para dar.

No voy a ser hipócrita, porque me siento atraída por él también, pero…

no estoy lista y estoy muy embarazada.

Me observa en silencio, esperando una reacción que no llega.

Así que digo lo que sé decir: —Te asustas por nada.

Cuando nazca mi hijo, quiero que estés a kilómetros de distancia.

Frunce el ceño y se cruza de brazos, como un niño enorme a punto de armar una pataleta.

—Llevo meses aguatándote, lo mínimo que merezco es estar ahí el día que ese niño venga al mundo.

Tengo que rescatarlo de una madre odiosa y mandona como tú.

Seguro aprenderá a caminar en tres meses solo para escapar de ti.

Y cuando lo haga, ahí voy a estar.

Listos para huir juntos.

Se ríe con malicia al ver mi cara de indignación.

El muy imbécil.

—No soy una lunática, y Aiden no va a necesitar que lo salves de nada.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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