Princesa de la Mafia Irlandesa - Capítulo 20
- Inicio
- Todas las novelas
- Princesa de la Mafia Irlandesa
- Capítulo 20 - 20 Prescott Vs Prescott
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
20: Prescott Vs Prescott 20: Prescott Vs Prescott Si tuviera que describir a Peter en este instante, diría que es como una muralla imposible de demoler, escalar o rodear.
Firme, inamovible.
Su expresión es seria, cejas fruncidas, rostro bajo control absoluto.
Un mafioso.
Pero lo que es en realidad se define en dos palabras: un pesado.
—Quizás no enloqueciste del todo, pequeña Roisin, pero vas por buen camino.
Tapa el contenedor de pintura y se agacha para quedar frente a mí.
—Ese niño va a necesitar de mí y de su abuelo.
¡El pobre niño no va a entender por qué lloras por absolutamente todo!
Ya verás… terminaremos escapando los tres de ti.
Ahora sí.
Me río de su atractiva cara.
—Ni lo sueñes.
No quiero un hijo salvaje, y eso es justo lo que será si tú y mi padre pasan demasiado tiempo con él.
—Hago comillas con los dedos, finciendo fastidio.
Pero me es imposible ocultar la ternura que me provoca.
Su sonrisa se ensancha.
Le descubrí las intenciones, y lo sabe.
—¿Sabes qué significa Aiden?
—Niego con la cabeza.— “Pequeño fuego”.
Tú misma le diste un nombre con poder.
Así que no me culpes cuando se inician incendios por donde pase.
Por eso, cuando nosotros dos tengamos una niña, le vamos a dar un nombre suave, delicado.
Nada de caos.
No se cansa de lanzarse; Cada vez que puede recibir un golpe emocional.
Y esos giros entre nosotros… marean.
Pero me gustan.
—Sueñas en grande, ¿eh?
Sigue así, campeón.
Quizás en la próxima vida te dé una oportunidad.
Le tiendo la mano para que me ayude a levantarme.
Ya se me fueron las ganas de pintar.
Me incorpora con suavidad y, antes de soltarme, me envuelve con sus brazos.
—El día que olvides a ese idiota, no voy a perder la oportunidad.
Te voy a tener para mí y vamos a ser felices.
No en otra vida, va a ser en esta.
—Besa con suavidad la punta de mi nariz cuando se inclina—.
Y más pronto de lo que te imaginas.
Creí que me iba a besar y yo, como idiota, cerré los ojos.
Apoyo mi frente en su pecho para que no note mis mejillas ardientes y también lo rodeo con mis brazos.
Me gusta así, se siente bien.
Cada vez que me llama así, “pequeña rosa”, siento que mi piel se enciende.
Ya no soy Bárbara Caparano.
Rosina de soja Prescott.
La hija de Declan Prescott.
La hija del hombre que reina Irlanda del Norte.
—Si no te conociera…
creería que lo dices en serio.
Se aparta apenas.
Levanto la vista.
Me acomoda un mechón detrás de la oreja y… me besa.
Un pequeño roce.
Apenas una caricia.
Sus labios contra los míos y un silencio que se hace eterno.
No sé cómo reaccionar.
—Definitivamente no me conoces —susurra—.
Porque lo digo muy en serio.
————————————————————————————————————– Una semana después.
Los días que le siguieron solo me dediqué a alimentarme y dormir.
No me siento bien por las mañanas y los malestares me tienen irritada.
Las pocas veces que salgo de la habitación o de la casa son por los controles prenatales, a los que mi padre o Peter me llevan.
Dejé para después la tarea de terminar de pintar la habitación de Aiden.
El segundo trimestre es horrible.
Me canso, tengo sueño y me siento más pesada.
Mi humor… bueno, tengo que darle la razón a Peter.
Ni yo misma me soporto.
Peter.
Estoy un poco confundida.
No hago más que pensar en el pequeño beso, en que faltan pocos meses para dar a luz y… también en que no he hablado con Alexander sobre nuestro hijo.
Lo nuestro no funcionó, terminamos de la peor forma y no quiero repetir lo que hizo mi madre conmigo.
Alex tiene derecho a conocer a su hijo, a estar presente cuando lo dé a luz.
No se merece nada de mí, pero mi hijo no será rehén de nuestra situación.
Estoy segura de que mi padre arreglará el asunto del contrato, porque no dejaré que me quite a mi hijo.
Dos toques en la puerta me hacen levantar la vista del libro que finjo leer cuando quiero estar sola.
—Hoy es un día importante, pequeña.
Habrá una reunión aquí y quiero presentarte a algunas personas importantes.
No puedes pasar todo el tiempo encerrada, hija.
Durmiendo o lamentándote por problemas sin solución por el momento.
Papá me quita el libro de las manos y lo deja sobre la mesita de luz.
—No estoy de humor, Declan.
Solo quiero dormir y descansar.
Sacude la cabeza y sé que, si me resisto, hará una pataleta.
Si, pataleta, mi padre es un inmaduro de cuarenta y tres años.
—No.
Es hora de dar vuelta la página y continuar con tu vida.
No es una sugerencia, es una orden de tu padre.
Eres una Prescott: saca esa irlandesa de una vez o terminarás siendo una hermosa flor marchita para siempre.
—habla con tono autoritario, aunque ni él se lo cree del todo.
— Te amo, hija, pero ya no soporto verte así y me cansé de esto.
Papá, como siempre, abre las cortinas y deja que el sol entre para iluminar la habitación y después arranca las mantas de la cama.
Menos mal que estoy vestida.
—¿Esa es mi ropa?
Finjo demencia y cambio de tema.
—La próxima vez que entres así a mi habitación, te puedes llevar una sorpresa desagradable al verme desnuda.
Siempre tocas, pero jamás esperas a que te dé permiso de entrar.
Tampoco sabias si estaba vestida cuando me quitaste las mantas.
¿Estás loco?
Alza una ceja y niega con la cabeza.
—No será la primera ni la última vez que vea a una mujer desnuda.
Además, eres mi hija, jamás te veré como una realmente.
—Se pasa de pesado cuando tiene ganas.— Ahora levántate, porque si no lo haces, yo mismo te sacaré de ahí.
—Señala la cama donde estoy cómoda, hecha bolita y calentita.
Sonrío al ver su rostro.
Tiene el cabello desordenado, la barba demasiado larga y viste informal.
Mi padre es el hombre más apuesto que he visto en mi vida, y la edad que tiene es una burla.
Luce diez o doce años más joven.
Podría hacerse pasar tranquilamente como mi hermano mayor.
—Tú no verás más cuerpos femeninos desnudos; ahora eres padre y pronto serás abuelo.
No te doy permiso para que salgas con ninguna mujer.
Tú, ahora, eres de mi propiedad.
—Saco los pies de la cama y me siento en la orilla, sonriéndole.— Mi papi.
Mío.
¿Lo captas?
Declan suelta una carcajada y me ayuda a ponerme las pantuflas.
—Cariño, tu padre aún tiene mucho amor para dar.
Sería un crimen negarle este cuerpito a la población femenina.
Y vaya que sí.
Lo he atrapado varias veces por la noche, cuando regresa a casa con cara de haberse “saciado”.
No sé quiénes serán sus víctimas y, pensándolo mejor, no me gustaría saber a quién le mete la… Sacudo la cabeza para quitarme esa imagen de la mente.
¡Qué horror!
—Lo digo en serio, Declan.
No quiero enterarme de que te estás viendo con ninguna mujer.
Tu rostro te delata cuando vienes de esas “reuniones importantes”.
No soy estúpida.
Lo último que quiero es una oportunista enterándose de que serás padre y tener que compartir espacio y tu tiempo… ¡te castraré yo misma, no te atrevas!
¿Quería una Prescott?
¡Bien!
Espero estar haciendo bien mi papel.
Su rostro se enciende, rojo como su cabello.
Abre y cierra la boca queriendo decir algo, pero no puede.
Porque como la Prescott que soy, los celos, la posesividad y el control emanan de mí como un gas tóxico a punto de matar.
No es cierto, solo bromeo.
Bueno, solo un poco.
Mi padre aún es joven y tiene todo el derecho del mundo a divertirse.
Él alza ambas cejas rojizas y me observa, apenado y asombrado.
Mi tono de voz es autoritario, aunque por dentro me esté muriendo de risa.
—¿Lo dices en serio, Roisin?
No sabía que te habías dado cuenta de mis… indiscreciones.
Pero trataré de que no lo notes, lo prometo.
—Lo miro mal.
—No.
—Me cruzo de brazos—.
No quiero que disimules tu cara de recién follado.
No quiero que estés con nadie.
Te estoy diciendo que no quiero que estés con ninguna mujer, o enviaré a Peter o a cualquiera de mis chicos a asesinar a toda mujer que se atreva a tocarte.
¿Entendiste, papi?
Intento no reírme.
Cuando sé que no podré, le doy la espalda y me dirijo al baño, pero antes de llegar a la puerta, toma mi mano y me sonríe.
—Cuando dije que quería que sacaras a la Prescott que está dentro de ti, no me refería a la asesina, celosa y posesiva.
Pero es un buen comienzo, hija.
Me siento… -Se rasca una ceja.- orgulloso de que te parezcas a mí.
—Me abraza—.
Está bien, no te prometo dejar a mi amigo quieto del todo, pero las reglas serán iguales para los dos.
Frunzo el ceño sin entender de qué diablos habla.
—No tengo idea de lo que intentas decirme.
¿Qué reglas?
El demonio de Irlanda se manifiesta frente a mí: esa sonrisa maliciosa, su ceja izquierda arqueada, la cabeza ladeada con sutileza.
Oh, oh…
—Sí, reglas, mi amor.
Si tú no quieres que papi tenga aventuritas ni que esté con ninguna mujer… pues yo tampoco quiero que Peter intente nada contigo.
—Abro la boca, pero la cierro de inmediato—.
Yo no voy a mandar a nadie a hacer de verdugo.
Yo mismo le volaré los sesos si vuelvo a enterarme de que mi pequeño hijo te ha besado.
¿Está bien?
Ya que quieres jugar a la hija celosa, yo jugaré el mismo juego: padre celoso.
¡Cómo demonios se enteró!
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com