Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Princesa de la Mafia Irlandesa - Capítulo 21

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Princesa de la Mafia Irlandesa
  4. Capítulo 21 - 21 Yo sí te veo Roisin
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

21: Yo sí te veo, Roisin 21: Yo sí te veo, Roisin Intento liberarme de su agarre y… fallo horriblemente.

Él… mi padre… sabe que Peter me besó.

¿Él se lo dijo?

No hay otra explicación.

Si no, no hay forma de que lo sepa.

Entonces, uso la técnica que he perfeccionado los últimos tres meses con él: le sonrío angelicalmente, lo abrazo y pego mi rostro a su pecho.

No tarda en rodearme con sus brazos con más fuerza que antes.

—Era broma, papi.

—Y… estalla en una carcajada—.

No serías capaz de hacerle daño a tu único hijo.

Además, no nos hemos besado.

Ejerce un poquito más de fuerza con sus brazos y deja un beso en el nacimiento de mi cabello, sin dejar de reírse, por supuesto.

—Sí, lo hizo.

Pero no asesinaré a la persona que va a continuar con mi legado.

Además, Peter es el único hombre que tiene mi aprobación para ser tu esposo el día de mañana, si tú lo quieres.

Se está esforzando mucho para hacerte sentir bien, y sé que algún día puede hacerte feliz.

—Acaricia mi espalda con ternura.

Su toque en mí es adictivo—.

Ser lo que somos no nos vuelve incapaces de amar, cariño.

De hecho, cuando lo hacemos, es para siempre.

Se forma un nudo en mi garganta, y me tomo mi tiempo para responder.

No presiona, solo se queda ahí, paciente.

—Tengo miedo de que me vuelvan a lastimar, papi.

—Digo lo que siento al fin y él asiente—.

No sé si soy capaz de entregar mi corazón una vez más.

Ya lo han roto muchas veces.

—Sí, lo harás.

Porque somos humanos.

Y lo que tuviste con Alexander Harrington no fue amor verdadero.

Lo vas a entender cuando vivas y respires por la persona que ames de verdad y te haga sentir como un extraterrestre en un parque de diversiones  Me separo de él para verlo a los ojos.

No hay rastro de que este bromeando, de hecho, es la primera vez que lo veo tan serio.

—¡Por eso no volviste a casarte?

—Si, cariño.

Después de tu madre, no tuve interés en conocer a nadie más.

Nadie será como Susan.

No te presiono, pero deberías darte cuenta de que Peter te gusta.

Obsérvate cuando lo miras, cuando te ríes, cómo lo buscas con la mirada cuando no está cerca…

Él te lo ha demostrado desde que te conoció; tampoco va a rendirse, porque te quiere.

No te cierres, pequeña flor.

Tuviste mala suerte una vez, pero no será así para siempre.

Si no es con Peter, en algún momento será con otro.

Yo solo quiero que seas feliz.

Vuelve a besarme la frente y se pone en modo papá mondón otra vez.

—Dúchate, ponte algo lindo y arréglate para esta noche.

Quiero presumirles a esos infelices la hermosa hija que tengo…

y que ninguno podrá tener.

Declan tiene razón.

No puedo pasarme los días encerrada en mi habitación.

Entonces, cuando se va, busco lo más adecuado para la cena de esta noche y me regalo un largo baño de espuma.

Horas después, estoy frente al espejo de cuerpo entero y me gusta lo que me muestra su reflejo.

Observo con satisfacción lo que había elegido para esta noche.

No estoy para vestidos sexis ni para zapatos de tacón altos.

Declan dice que podría ponerme una cortina y seguiría viéndome espectacular, que heredé de él un cuerpazo de infarto: sexy y estilizado.

Tiene el ego más grande de Irlanda.

Y yo también empiezo a alimentar el mío.

Opto por una blusa negra de mangas largas, con un escote que deja entrever lo justo.

La combino con unos pantalones tipo Palazzo, verde musgo, de tela liviana y cintura elástica, que no aprietan mi vientre, pero igual estilizan.

Cómodos, pero con clase.

Elijo zapatos de tacones bajos de charol negro, sobrios, con suficiente presencia.

Dejo mi cabello suelto; la humedad y los alisados no se llevan bien, menos con los rizos rebeldes que heredé de mi madre.

Un toque mínimo de maquillaje y ya estoy lista para salir de la habitación y meterme a un estanque lleno de tiburones  Justo entonces, dos golpecitos sutiles en la puerta me apresuran a abrir.

Peter.

—¿Te dije lo hermosa que te ves hoy?

Porque si no lo hice, soy un idiota —dice con una sonrisa, recorriéndome de arriba abajo con la mirada.

Él tampoco se ve mal.

Esta noche lleva un traje a la medida, algo que no veía desde que fue por mí a Londres.

Su cabello rubio luce salvaje, pero no desordenado, y huele… huele a Peter Roerig.

Su perfume debería llevar su maldito nombre.

—Hoy no —respondo mientras me acerco para besarle la mejilla y no puedo evitarlo, lo abrazo.

Porque lo extrañé—.

Estuviste fuera de casa todo el día.

Y tú también te ves muy bien.

¿Dónde estabas?

Nos quedamos en silencio unos segundos, demasiado largos, hasta que nos separamos un poco.

Apago la luz y salimos al pasillo rumbo a la planta baja, donde nos esperan los invitados de papá.

—Tuve cosas que hacer —suspira mientras me ofrece su brazo, como todo un caballero.

No entiendo cómo sigue soltero—.

Esta es una reunión importante.

Casi todos los invitados de Declan están aquí, y cada uno trae su propio séquito.

Es difícil controlar todo cuando hay disputas de por medio entre ellos.

Se supone que deben dejar sus riñas afuera, pero ya sabes…

no se puede confiar.

Tu padre me pidió que subiera por ti; dijo que te estabas tardando demasiado.

Me aferro a su brazo con gusto.

Caminamos despacio hasta la escalera.

Las palabras de mi padre esta tarde resuenan en mi cabeza, y sin poder evitarlo, lo suelto:  —¿Por qué le dijiste a Declan que nos besamos?

Peter se ríe mientras bajamos unos escalones.

Tarda en responder, como si disfrutara la intriga.

—¿Qué te hace pensar que fui yo?

—me mira con diversión—.

Déjame contarte qué pasó esa noche.

Tu padre no es ningún estúpido.

Siempre está cincuenta pasos adelante de todos.

Él sabe que me gustas, y no desde ahora.

Me volví loco por ti cuando te cuidaba en Alemania, en tus tiempos de universidad.

Fueron cuatro malditos años, Roisin.

Cuatro años queriendo estar así de cerca.

Nunca lo negué, él lo sabe, así que solo sacó conclusiones.

No le dije nada.

Me quedo callada.

Me siento estúpida.

¡Cuatro años!

¿De verdad estuvo ahí todo el tiempo?

—¿Como?

¿Solo lo adivinó?

—Cuando salí de la habitación de Aiden, tu padre estaba justo afuera, como un espectro chismoso —agrega con una sonrisa—.

¿Qué te dijo a ti?

—¿Declan estaba ahí afuera?

—pregunto, recordando—.

Claro, entró después de que fuiste por el helado.

Entonces…

pudo haber escuchado parte de la conversación.

Solo me dijo que sabe que nos besamos.

Peter se detiene, baja dos escalones y toma mi mano.

Con los dedos dibuja círculos suaves sobre el dorso, como si buscara las palabras exactas.

—Hermosa, te juro que no fui yo.

No hace falta que le diga nada, él me conoce demasiado bien.

Sabe lo que quiero contigo, lo que siento por ti.

Quiero a tu bebé, y me encantaría que, cuando estés lista para olvidar a ese malnacido inglés, me des una oportunidad.

Suspira antes de seguir.

—¿Por qué nunca te acercaste a mi cuando estuve en Alemania?

—No podía.

Te vigilaban, tu padrastro y ese idiota.

Cuando esto, —Se toca el pecho con el índice.

— se volvió demasiado difícil, le pedí a tu padre que asignara a otro para protegerte.

No podía soportar verte de lejos, ver cómo te engañaban, cómo sufrías.

Quise intervenir más de una vez.

Quise desaparecer al idiota que tenía lo que yo soñaba.

Me enamoré de ti sin haber cruzado una sola palabra.

—Peter…

no tienes que decirme todo ahora —susurro.

Siento que hablar de esto le duele.

—De todos modos, planeaba hacerlo después de la cena.

Déjame terminar —me pide.

Asiento apenas, incapaz de apartar la mirada.

—Declan me negó el cambio.

No confiaba la seguridad de su hija a nadie más que a mí.

¿Sabes lo difícil que es tenerte tan cerca y no poder besarte?

Es malditamente tortuoso.

Pero eso no fue lo peor —continúa él—.

Lo peor fue verte salir de tu casa con ese vestido blanco, siendo arrastrada por ese animal.

No hay insulto que le haga justicia a tu ex esposo.

Guardo silencio.

No puedo decir nada.

—No pudimos hacer nada.

Llegaste, te obligaron a casarte y desapareciste durante un mes.

Cuando por fin volviste a Londres, casi no salías de la casa.

Pasé días afuera esperando y esperando un momento para acercarme y hablarte sobre tu padre.

Rogarte que lo escuches y aceptes venir.

—No lo sabía…

Y sobre Antón y Alexander, supongo que solo fui un juego para ellos.

Podemos hablar de esto más tarde, Peter.

Si nos demoramos más, mi padre va a explotar.

Lleva sus manos a mi cintura y sube un escalón, su aroma…

dios mío.

No quiero exponerme, porque no tiene idea lo que me generan estos momentos en los que estamos tan cerca.

—Ninguno de los dos te merecía.

Ninguno valoraba a la mujer que desayunaba un café antes de ir a la universidad, que compraba libros cada diez días porque era adicta a las novelas románticas, a la chica que sonreía incluso en sus días grises.

Yo sí te veo, Roisin.

Y por eso entiendo que necesitas sanar, cerrar heridas.

Por ahora soy tu amigo, porque eso es lo que necesitas.

Pero aspiro a más.

Y si después de eso no puedes quererme, me alejaré.

Lo prometo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo