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Princesa de la Mafia Irlandesa - Capítulo 23

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  4. Capítulo 23 - 23 Celos
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23: Celos.

23: Celos.

¿Son celos lo que siento?

¿Al fin estoy de acuerdo con lo que me dijo mi padre hace unas horas sobre mis sentimientos?

Sí, estoy celosa.

¿Y qué?

Me molestó la actitud relajada de la rubia.

Parece un robot que habla sin parar sin necesidad de respirar.

Se aleja de Peter y se acerca a Declan con la mano extendida.

Pero él no la recibe, y eso me alegra.

Su expresión es de molestia.

La sonrisa de la rubia desaparece en segundos, su abuelo la fulmina con la mirada.

—Sí, me molesta que te saltes el maldito protocolo y la presentación formal a mi hija.

Pero tranquila, hablaremos después de tu castigo.

No me gusta esperar.

A ella —me señala— tampoco.

Ella finge una sonrisa encantadora, pero sigue sin presentarse conmigo.

Sin querer, la rabia hace que presione mi mano en el brazo de mi padre y tomo una honda respiración, tengo que mantener la calma.

Mi padre, claro que lo nota.

La idiota ha pasado de mí, ignorando deliberadamente mi presencia…

como si no existiera.

Su abuelo la regaña en voz baja y yo sigo sin poder disimular la molestia en mi rostro.

No me agrada y si no me agrada, pues que se me nota.

Carraspeo para que me note de una vez por todas.

—¿Y tú eres?

—pregunto sin un gramo de cortesía en mi voz.

Por primera vez, sus ojos se fijan en mí de verdad.

Hasta ahora me había estado mirando sin mirar.

—Oh, lo siento.

Mi nombre es Molly, la novia de Peter y nieta de Edgard.

Me tiende la mano, sonriendo con falsa simpatía.

Yo la observo como si fuera una alimaña.

Cinco dedos extendidos hacia mi que desearía romper uno por uno.

Busco el rostro de Peter.

Niega con la cabeza, molesto.

Vuelvo a mirar a la chica y dejo su mano extendida, sin devolver el gesto.

—¿Así que eres la novia de mi novio?

¿Desde cuándo?

Mi padre se ríe.

Yo lo acompaño.

Es gracioso verla palidecer y quedarse muda.

Peter interviene antes de que diga otra cosa:  —Deja de decir que somos pareja.

No lo somos ni lo seremos jamás.

Tu comportamiento es inaceptable.

Le faltas el respeto a mi padre y estás siendo grosera con su heredera.

—Le lanza al anciano una mirada de disculpas—.

Por eso me negué a comprometerme contigo hace años.

Eres un desastre.

¡Auch!

Debió dolerle.

Se sonroja como su vestido y sus ojos se humedecen.

Pero se recompone rápido, como si Peter no le hubiera dicho nada.

Siento mi sangre arder bajo la piel.

Nuevamente me ignora y fija sus ojos en Peter.

—No me rendiré contigo.

Además, mi padrino puede perdonar esta tontería.

Llegar veinte minutos tarde no es para tanto.

No me matará, ¿o sí?

Su voz es un zumbido que me quema.

Me enfurece cómo se siente tan cómodo aquí, como si este techo fuera suyo.

Luego le guiña un ojo a Peter.

—Tal vez él no te mate.

Pero yo sí.

Mi padre puede ser tu padrino, pero es el líder de esta organización.

El jefe de tu abuelo y de todos los que esperaban a que me presentara, un evento pensado para mi y tu, te llegas aquí a última hora, como si todo esto hubiera sido en tu honor, pavoneándote como la dueña de mi hogar.—Desprecio es lo que le muestro, ella…

no sabe cómo diablos pararse.— Si no lo respetas a él, a mí o a mi casa, acabarás siendo alimento para mis cerdos.

Y sobre Peter…

es mi hombre.

No me gusta compartir.

¿Te quedó claro, Poly?

—Me llamo Molly.

El tono de su voz ahora irritado me saca de mis casillas.

¿Se ofendió por no decir bien su nombre pero se paso por el trasero mi amenaza?

—Me importa una mierda.

Arrastra tu culo y el de tu abuelo al comedor antes de que tenga que sacarte yo misma.

La chica traga saliva y retrocede un par de pasos para tomar el brazo de su abuelo.

Pero yo no cedo, la detesto.

Doy un paso más y quedo delante del líder de Chicago y su impertinente nieta, le lanzó una mirada afilada.

—¿Sigues aqui?— Entrecierro los ojos.

Estoy en shock sin demostrarlo en realidad.

¿Qué demonios hice?

Jamás había hablado así.

Jamás había amenazado a alguien, pero esta chica ha sacado lo peor de mi.

Su abuelo le dice en voz baja que ya se calle, pero Molly no parece querer obedecer a nadie esta noche.

—Creo que deberías calmarte.

Las hormonas del embarazo… —su voz es un intento de racionalizar—.

Parece que te afecta, o quizás es la presión del evento.

No soy tu enemigo.

Mi padre gira hacia mí, sonriente y orgulloso.

Peter está tenso.

¿Ya notaron que quiero matarla?

—¿Crees que me conoces?

—mi voz suena áspera, seca, dura—.

Por última vez: lleva a tu abuelo a su lugar antes de que se me acabe la poca paciencia que me queda.

¡Carajo!

Dos amenazas de muerte en cinco minutos.

¿Qué demonio me poseyó?

—¡Y es por eso que mi hija será mi sucesora!

—grita Declan, llamando la atención de todos los presentes—.

Habla como una Prescott: firme, directa, letal si es necesario.

La rubia intenta apresurar a su abuelo, pero no puede.

Puedo ver cómo se le tensan los músculos.

Disfruto verla ser regañada por el anciano.

Mi padre hace un gesto a Peter para que entre primero al comedor.

Él asiente, sin decir palabra.

—Ese es el carácter que debes mostrar —me dice Declan mientras acaricia mi mejilla, tibia y cálida—.

Está bien ser amable, pero también hay que imponer respeto.

Y la próxima vez que amenaces a alguien… asegúrate de tener un arma.

La mía, o la de Peter.

Siempre llevamos una en la espalda baja.

Tiene razón.

Estoy desarmada.

Y aunque tampoco sabría usarla…  —Las amenazas se toman en serio aquí, hija.

Hazlo bien: que tu voz no tiemble, que intimide.

Y siempre lista para jalar el gatillo.

¿De acuerdo?

—Lo siento, papi —murmuró.

—No tienes que disculparte, pequeña flor —se ríe—.

Si vuelves a tener un ataque de celos con alguien cerca de Peter, asegúrate de estar armada.

—Lleva la mano a la cintura y me entrega una pistola—.

Iba a darte este regalo en la mesa, pero como te adelantaste… guárdala en la espalda.

No hagamos esperar más a los invitados.

La pistola es una belleza.

Dorada, con un diseño de rosas grabadas en el cañón y la culata.

¿Es de oro?

—Declan —le digo antes de avanzar—.

Pase lo que pase, escuches lo que escuches, no permitas que Peter se vaya a Chicago.

No quiero que se aleje… ni que me deje aquí.

Creo que después de todo, te hare caso.

—Hablaremos de eso después —responde, con esa mezcla de firmeza y ternura que siempre tiene—.

Y deja de llamarme Declan.

Me llamaste fuerte y claro “Padre” delante de todo el mundo, hace tiempo lo haces.

—Besa mi frente y con el arma en mi mano entramos juntos al comedor.— No sabes lo feliz que me hace cada vez que lo haces, ya quiero escuchar a mi nieto llamarme abuelo.

Mi padre y yo pasamos al comedor bajo la atenta mirada de todos los miembros importantes de la organización.

Siento que me fallan las piernas, pero la mano de mi padre en medio de mi espalda, guiándome hacia la gran mesa, me da un poco más de seguridad.

Peter sigue de pie, esperando a que tomemos nuestros lugares.

Su mirada me dice que está molesto, lo he aprendido a leer.

Sus ojos se fijan en los míos y todas mis terminaciones nerviosas se activan cuando la calidez de siempre vuelve a él.

Me sonríe y las arruguitas en sus ojos hacen que me relaje en segundos.

Declan corre el asiento a su derecha para que me siente a su lado.

Él toma la cabecera de la mesa y Peter se ubica a su izquierda… justo frente a mí.

¿Estamos engañando a la mafia o a nosotros mismos?

La intensidad de su mirada me envuelve y desvío la mirada hacia mi padre, que da la bienvenida a los delincuentes atentos a cada palabra.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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