Princesa de la Mafia Irlandesa - Capítulo 24
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24: Cobarde 24: Cobarde Me pierdo unos segundos en mis pensamientos.
Primero, quiero arrancarle los ojos a la Barbie por su atrevimiento y por hacerle ojitos a Peter, diciendo descaradamente que es su novia.
Me altera todos los nervios y despierta un instinto asesino que no sabía que tenía.
Yo no soy así… o al menos no suelo ser tan violenta.
Aunque Peter dejó en claro que no tiene ninguna relación con la rubia, los ácidos de mi estómago están más vivos que nunca.
Segundo, la voz chillona de la chica me dan ganas de amordazarla por el resto de la cena.
Todos los hombres la miran con respeto por ser la nieta de Edward, pero sé que no le simpatiza a nadie.
Cada vez que puede se inclina hacia adelante y busca la mirada de Peter, que la ignora con disgusto y también ignora mi advertencia.
Sacudo la cabeza y meto todos esos sentimientos tóxicos en una caja imaginaria.
Mi padre habla sobre los avances en los distintos territorios y exige que no bajen la guardia con los italianos que quieren meterse en América.
Eso va dirigido a Edward, quien asiente y explica que en este momento lidia con dos mafias italianas, Cosa Nostra y Camorra, esperando a ver quién elimina a quién para poder intervenir.
También menciona lo parcial que está el líder de las mafias.
Pongo atención a eso; no sabía que las mafias del mundo tienen una entidad que las dirige para que no se maten entre sí.
Hay que seguir las leyes, rendir cuentas y tributos.
Mi padre vuelve al tema de proteger los territorios que nos pertenecen.
Peter suelta una risita mal disimulada.
Declan solo rueda los ojos.
No entiendo por qué, pero lo sabré más tarde.
No digo nada.
Soy solo una observadora discreta.
Presto atención a las conversaciones entre mi padre y sus aliados, pero me distraigo buscando la mirada de Peter, que siempre encuentro, porque no me la quita de encima.
De a poco tomo notas mentales de cómo se manejan los negocios de la familia.
Identifico a los peces gordos y quién se lleva mal con quién.
Tal como dijo Peter: aunque todos pertenezcan al mismo clan, cada uno tiene intereses distintos.
Y todos quieren lo mismo: más poder, más negocios, más territorio que el otro.
Un hombre, dos puestos más alejado de Peter, también me observa.
Sonríe cuando me pilla mirándolo, pero Peter con una sola mirada lo obliga a mirar su plato el resto de la cena.
No es desagradable a la vista, pero su cabello negro, ojos azules y contextura física me recuerdan a Alexander, así que no vuelvo a mirarlo.
La cena llega a su fin —gracias a todos los dioses— y puedo decir que he aprendido bastante.
Declan agradece la presencia de todos y los despide.
Tres hombres aún no se marchan, esperan en la sala a que los demás se vayan.
Los últimos en salir: la Barbie y el pobre anciano que apenas puede caminar.
—Cariño, puedes subir a descansar.
Nosotros tenemos que resolver un asunto y nos demoraremos un poco más —dice mi padre.
Asiento.
Peter se acerca y me ofrece el brazo como siempre, para acompañarme.
Me despido de los tres socios y uno de ellos, el que me estaba mirando, toma mi mano, dejando un beso en el dorso… más largo de lo necesario.
Después me sonríe.
—Nos veremos mañana, bella Roisin.
Me quedaré unas semanas aquí y me encantaría conocerte, si me lo permites.
Retiro mi mano sin responder.
Peter me mira mal.
—No sé para qué.
Bárbara y yo estamos juntos.
¿No lo notaste o solo quieres que te arranque la cabeza?
Mi padre sonríe, Peter fulmina con la mirada al hombre que le sonríe con suficiencia y busca respuestas en los ojos de Declan —que al parecer no le piensa dar ninguna—.
Yo me quedo muda, sin saber qué responder.
Él espera una reacción, pero no me sale una palabra.
Solo le sonrío y medio me despido.
Peter tensa los músculos del brazo al que estoy aferrada mientras caminamos hacia las escaleras.
Los tres hombres desaparecen por el pasillo que conduce al despacho y yo empiezo a subir con cuidado.
Estoy cansada, y no me fio del todo de mis pies.
Peter, al parecer, tampoco.
—Peter, si quieres ir a la reunión, puedes hacerlo.
Subiré sola, no hace falta que me acompañe a la habitación.
Niega con la cabeza y se detiene de golpe.
Faltan dos pisos y, de pronto, sin previo aviso, me toma en brazos.
Suelto un grito ahogado por la sorpresa y envuelvo mis brazos a su cuello por puro instinto.
—¿Puedo saber qué demonios te pasa?
Te dije que podías ir, no hace falta que me cargues.
¿Por qué estás molesto?
No dice nada.
Me baja cuando llegamos a la puerta de mi habitación.
Se cruza de brazos, con esa pose estúpida de perro guardián, y levanta la cabeza para mirar el techo.
La vena en su cuello tarde con violencia y me pregunto qué diablos le pasa y por qué no dice nada.
— ¿Vas a responderme o no?
¿Qué te ha hecho enojar así?
—No fui invitado —respondió.
Sus ojos, oscurecidos, delatan su enojo.
¿Pero por qué?
—Y ¿estás molesto porque no fuiste invitado o porque la muñeca Barbie me dejó claras sus intenciones contigo?
La cercanía entre ustedes es evidente.
¿Fueron algo alguna vez?
Los celos regresan, pero no digo nada más.
Sus facciones se endurecen.
Noto la presión de su mandíbula.
Sus ojos, ahora expresivos, me lanzan mil teorías.
No responde.
Y eso…
me enfurece un poquito.
Me doy la vuelta y abre la puerta.
Lo dejo ahí afuera, sin cerrarla del todo porque se que entrará detrás de mí.
—Estoy molesto porque conozco las costumbres de la mafia y te lo dije: ibas a llamar la atención de muchos idiotas esta noche —Se mete a la habitación y cierra la puerta con seguro—.
Si no fui invitado, fue porque ellos le harán una propuesta a tu padre.
Me molestó que Declan haya aceptado esa reunión con los Russo, pero más me molestó que le permitió a William quedarse.
Frunzo el ceño y me cruzo de brazos.
No entiendo una mierda.
—Como bien sabes, soy nueva en este mundo horrible en el que te mueves donde eres amo y verdugo.
Así que hazme el favor de ser claro porque no entiendo nada.
Además, te pasaste por alto lo que te pregunté.
No puedo evitarlo, me pica la curiosidad.
¡Quiero saber!
Se ríe.
Y la verdad…
no tengo ganas de seguir con esta estupidez.
Solo quiero acostarme y dormir hasta que me despierten las náuseas mañana al despertar.
Me siento en la cama y me saco los zapatos, bajo su atenta mirada.
—Ya lo sabrás en una hora.
Tal vez dos.
Y no pienso moverme de aquí hasta que venga Declan a decirte lo que yo ya sé.
Sigue sin responder lo que le preguntó sobre su relación con Polly, Molly o como diablos se llaman.
Me pongo de pie y me encierro en el vestidor para quitarme la ropa que empieza a estorbarme.
Dos minutos después salgo más cómodo: pijama largo y camiseta de mangas cortas que tomé prestada —sin permiso— del guardarropa de mi padre.
Peter camina hacia la ventana, la luz de la luna lo baña completamente y no puedo dejar de mirarlo como si estuviera hipnotizada.
Se quita la chaqueta del traje, se suelta el cabello y arremanga las mangas de su camisa hasta los codos.
La tinta en su piel brilla con la luz de la habitación y del exterior.
No tengo idea de qué estarán negociando allá abajo, pero parece afectarlo directamente a él, a la persona que está justo frente a mí, que nunca parece ni perturbado ni molesto.
Ahora lo está.
—Molly y yo tuvimos algo hace mucho, en Chicago.
Peter comienza a hablar sin mirarme, sus ojos están perdidos en algún punto del exterior de la casa.
No lo interrumpo, lo dejo hablar mientras me quito el maquillaje en la cama.
—Era un arreglo estrictamente sexual, sin sentimientos de por medio.
Yo no tenía ni tengo ningún interés en ella, y lo que hubo entre los dos se terminó hace tiempo, cuando Declan me pidio volver.
Molly no lo tomó bien, y hasta el día de hoy no deja de insistir con algo que nunca va a tener —por fin suelta la lengua y me cuenta lo que quería saber.
Hago como que no me importa y me meto a la cama—.
Me sorprendió mucho tu actitud hace unas horas, y ahora te toca responder a ti, Roisin.
—¿Qué quieres que responda?
—deja de mirar hacia afuera para poner toda su atención en mí—.
¿Te molesta que la haya puesto en su lugar?
—No, quiero saber…
¿qué demonios te pasó?
Tú no eres así.
Algo te enfureció lo suficiente como para soltarle a Molly todas esas amenazas.
Esa reacción no fue fingida, ¿verdad?
Este es el momento en que tengo que sincerarme y hablar con honestidad con Peter, pero no quiero exponerme más de lo que ya me expuse esta noche.
— ¿Qué me pasó?
Me pasó que me molestó que salieras de la casa.
Que tú y ella…
tuvieran algo, una historia que yo no conocía.
—Hago silencio por unos segundos y me levanto de la cama para dejar mi agua micelar y el algodón sobre el tocador.
Todo con la excusa de alejarme un poco de él.
—Ella y yo qué?
—lo tengo detrás de mí, con sus manos firmes sobre mis hombros, girándome suavemente para quedar frente a él, cara a cara—.
¿No escuchas la parte en la que te dije que eso terminó hace años?
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Jesica_Quintero ¡¡¡Dioses, este tira y afloja entre los dos me esta voviendo loca!!!
¿Les gusta?
Me mata el silencio
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