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Princesa de la Mafia Irlandesa - Capítulo 3

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  4. Capítulo 3 - 3 La trampa
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3: La trampa 3: La trampa La trampa  Londres me recibe como si el clima y yo sintiéramos lo mismo: melancolía, tristeza.

Mi padrastro me espera en el estacionamiento del aeropuerto con una sonrisa fingida; sus ojos brillan con una malicia apenas disimulada.

Todo en este hombre frente a mí grita: “Cuidado”.

Estoy segura de que ya tiene planes para mi nueva rutina aquí, como si fuera una más en su personal doméstico.

No sé qué le vio mi madre realmente.

No es bien parecido, tampoco es elegante y mucho menos cuenta con esa gracia inglesa que tenemos todos aquí.

No es alto, está más gordo que la última vez que lo vi, su cabello se ha ido casi por completo y su nariz está ligeramente desviada hacia la izquierda, como si le hubieran partido el tabique y no se lo acomodaron de inmediato.

Ojos marrones y labios desproporcionados.

Vuelvo a la teoría de que John le hizo alguna brujería a mi madre, un amarre o algo parecido.

—Bienvenida de vuelta, Bárbara.

Tengo noticias que compartir contigo, ya que te involucran —dice, haciendo una breve pausa mientras abre la puerta para mí y guarda mi equipaje en el maletero—.

¿Cómo estuvo el vuelo?

Lo sabía.

Conozco ese tono, su falsa amabilidad.

Y sé que algo desagradable se trae entre manos.

—Estuvo bien —respondo con sequedad.

Solo tomo una bocanada de aire, maldiciendo mi existencia—.

¿Por qué demonios me hiciste correr hacia aquí sin darme tiempo a nada?

Me temo lo peor mientras subo al automóvil y abandonamos el aeropuerto.

Él permanece en silencio sin responder a mi pregunta durante todo el trayecto, pero puedo sentir su mirada clavada en mi nuca, dándome esa sensación de molesta picazón.

¿Qué noticias tiene que me involucran?

¿Por qué tanto misterio?

Sé que algo va mal, pero sea lo que sea, no estoy preparada para lo que está por venir.

Solo quiero un maldito día de descanso antes de que empiece la pesadilla que será vivir bajo el mismo techo que él.

Llegamos a casa casi una hora después.

Los recuerdos me erizan la piel al ver la propiedad Caparano, un lugar donde fui feliz cuando solo éramos mi madre y yo, antes de que la basura que me acompaña se adueñara de todo lo que me pertenece.

La puerta principal se abre para mí.

Mi hogar no ha cambiado nada: el piso de mármol pulido brilla como un espejo, las columnas de estilo clásico, los candelabros dorados… todo sigue intacto, solo que ya no huele a hogar.

No me agrada lo que veo cuando pongo un pie dentro de mi casa.

Me encuentro rodeada de rostros conocidos, sus familiares.

John lleva una de sus asquerosas manos al centro de mi espalda, empujándome sin sutileza hacia el interior, obligándome a sonreír cuando en realidad quiero salir por donde entré y correr lo más lejos posible.

Todos ellos aparentan alegría y me felicitan por mi regreso, pero sé que detrás de esas máscaras de falsa cordialidad se oculta lo que realmente son.

Todos son parientes de John y jamás fueron afectuosos conmigo, porque realmente yo no formo parte de su familia.

Todos viven de la fortuna que me dejó mi madre y que administra mi padrastro, derrochando a manos llenas el dinero que ella ganó con esfuerzo.

Malditos parásitos.

John toma mi mano con una fuerza que hiere mientras me quedo inmóvil observando mi nuevo entorno, y se acerca a mi oído solo para que escuche lo que tiene que decir.

—He tomado una decisión, y como dije, te involucra.

—Dice finalmente, ya sin rastro de cortesía—.

Sube a tu habitación y ponte el vestido que dejé sobre tu cama y baja inmediatamente.

Si te tardas, subiré y estoy seguro de que no te gustará, niña.

Los ojos oscuros y malévolos de John son idénticos a los de una serpiente antes de atacar.

Me limito a obedecer y evitar problemas.

La última vez que hubo una reunión “familiar” en esta mansión fue el día que me fui a Berlín; vinieron a disfrutar del lujo Caparano, con la excusa de despedirme.

No sabía que esa noche mi padrastro ya había decidido enviarme a Alemania, a una universidad que él eligió, como hace siempre en su vida.

Me humilló delante de sus parientes como si fuera un acto más en su show privado: “Al fin usará su cerebro en algo útil”, “Ya no gastará el dinero de su madre en idioteces”.

Ellos solo se reían igual que él, siguiendo su juego favorito de “Humillemos a Bárbara”.

Todos tan miserables, fríos y repugnantes como él.

Subo las escaleras que llevan a mi habitación y, al entrar, me encuentro con un hermoso vestido blanco.

¿De todos los colores del mundo, eligió este?

Es un vestido fino, delicado, con cola larga y encaje…  Un vestido de novia.

No lo creo.

No sería capaz de ir tan lejos, ¿verdad?

Lo que tengo frente a mí es un maldito vestido de novia de diseñador.

Pero conociéndolo, y con tanta gente en la mansión… debe ser una broma de mal gusto.

Mal nacido…  No debo pensar en cosas desagradables, apenas acabo de regresar.

Me desvisto con rapidez y me pongo el maldito vestido.

La prenda no me queda mal; el blanco resalta el color de mi piel y se ajusta perfectamente a mi cuerpo.

Mis ojos oscuros en el espejo desaprueban lo que John eligió “especialmente” para mí.

Recojo mi cabello rojizo en un peinado sencillo y retoco mi maquillaje.

Abandono rápido mi habitación después de calzar unos zapatos blancos que descansaban junto al vestido.

Sé que si me demoro un minuto más, John subirá por mí y obtendré marcas en la piel muy bien escondidas de la vista de todos.

Así ha sido siempre.

Observo la decoración del gran comedor cuando estoy al pie de la escalera, mirando realmente el escenario frente a mí.

No le había prestado un mínimo de atención al llegar.

Blanco y dorado resaltan aquí y allá.

Flores naturales, música suave y… un maldito pastel de bodas de dos pisos.

¡Hijo de perra!

Intento dar la vuelta para regresar a mi habitación, pero John aparece de la nada y me toma del brazo sin siquiera disimular amabilidad.

Estoy en su territorio, rodeada de personas iguales o peores que él.

—¿Adónde crees que vas, pequeña inútil?

Sé que eres una chica inteligente, ¿verdad?

Ahora debes hacer lo que te diga, porque de lo contrario sabes muy bien lo que te pasará.

Aprieta mi brazo tan fuerte que sé que dejará los primeros moretones en mi piel, como en años pasados.

Mi vista se nubla con lágrimas que no puedo evitar derramar.

¿Qué hice yo para merecer todo esto?

¿Por qué no huí cuando aún podía?

¿Por qué demonios me subí a ese avión y no escapé lejos de él?

Pero recuerdo perfectamente por qué lo hice, y por eso limpio mis lágrimas con discreción, sin mostrarle a ninguno de los parásitos mi dolor.

Quiero recuperar lo que es mío y sacarlos a todos de mi vida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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