Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Princesa de la Mafia Irlandesa - Capítulo 9

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Princesa de la Mafia Irlandesa
  4. Capítulo 9 - 9 Rompiendo mis reglas
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

9: Rompiendo mis reglas 9: Rompiendo mis reglas Cap 9  Me sorprendo y me confundo, todo al mismo tiempo.

Alexander me muestra una nueva sonrisa arrogante cuando me queda callada.

—¡Mentiroso!

Te detesto como no tienes idea.

¿Cómo podría pedirte algo así?

No me agradas y eres el último hombre con el que me metería a la cama.

Preferiría meter entre mis sábanas a Jack, a Thomas o ahogarme en el océano antes de pedirte algo como eso…

a ti, Alexander.

Sonríe y se cruza de brazos.

—Jack es gay y Thomas…

bueno, ¿cómo te digo que ellos dos son pareja?

Estalla en una carcajada que me enfurece.

Siento la piel de mis mejillas acalorarse y me encantaría borrarle la risa de un cachetazo.

—Será el océano entonces.

—Ruedo los ojos, sabiendo que no ganaré esta discusión.

Pero me hace ruido escuchar que los sexis guardaespaldas son pareja.

¿Cómo no me cuenta antes?

No hay nada que me demuestre que ellos dos son gays, mucho menos cuando me miran el culo como si fuera la octava maravilla del mundo.

—Puedes tratarme de lo que quieras, menos de mentiroso.

Además, eso no es lo que me dijiste esta madrugada cuando te lanzaste a mí como una ninfómana hambrienta.

Dicen que los borrachos y los niños no mienten y voy a demostrar esa teoría.

Estoy realmente harto de que me repitas una y otra vez que no te atraigo, que no te gusto, que me detestas, que me odias…

—Sus ojos vuelven a ser dos pozos infernales—.

Basta, esposa.

No te creo una mierda.

Rodea la isla de la cocina con pasos lentos, felinos, como si estuviera acechando a su presa.

Me toma de la mano y la lleva directo a su pecho, pegando su cuerpo con el mío.

Me rodea la cintura con ambos brazos, inmovilizándome.

Su boca queda peligrosamente cerca, a milímetros.

Tan cerca que me embriaga con su aliento.

Y mis nervios…

bueno, podrían tener el tamaño de la Antártida.

—¿Qué haces?

—mi voz apenas es un jodido susurro, más un suspiro que una pregunta.

Aguanto la respiración y reúno coraje para abrir los ojos.

Está ahí.

Maldito.

Sonriendo con esa arrogancia que me da ganas de golpearlo…

o arrancarle la ropa.

Quizás ambas cosas.

—Estoy comprobando mi teoría —susurra, con esa voz que roza mis labios y me humedece la estúpida ropa interior de color rojo intenso.

—No tienes nada que demostrar, no me generas absolutamente nada, Alexander.

Intento moverme después de mentirle en la cara.

En vano.

Su agarre es firme, posesivo, dueño de todo.

De mí.

—Mentirosa.

—Se acerca más, eliminando el poco espacio entre sus labios y los míos.

Respiro su aliento y…

¿finalmente dejaron de escuchar mis ruegos o qué carajos?—.

Siempre lo haces, ese es tu escudo, pero jamás lo creí.

¿No te cansas?

Y sí, lo soy.

Pero que me arrastre el diablo al infierno antes de admitirlo en voz alta.

—No miento…

suéltame, por favor.

—Respondo con una dignidad que no me creo ni yo.

Mis ojos, traidores, bajan a su boca.

Error.

Tumba.

Él lo nota y sonríe como si acabara de ganar la Tercera Guerra Mundial.

—Tu corazón golpeando con fuerza contra mi pecho no dice lo mismo.

Tu respiración agitada…

tu piel erizada, tus ojos brillan deseosos de que te bese…

Todo en ti grita que te mueres porque te haga mía justo aquí.

En esta mesa.

Sin respeto.

Sin permiso.

¿Acaso estoy mintiendo, Bárbara?

Ya estás.

Perdí.

No puedo seguir finciendo que no quiero ser devorada viva por este imbécil y, además, estar ovulando y sentir fuego en mis partes íntimas no ayuda.

Después de esto, fingiré demencia, amnesia o diré que seguía ebria.

Da igual.

-No.

Pero ahora te odio más que nunca.

Y entonces…

me besa.

Sus labios caen sobre los míos, hambrientos, feroces.

Su lengua encuentra la mía con urgencia, hambre, vicio, devorándola a su antojo.

Me pierdo en él, tocando con mis manos todo a mi alcance, atrapada entre sus brazos y la dureza de su cuerpo.

Me toma del cabello de la nuca con una mano mientras que con la otra me sujeta de la cintura, firme pero con cuidado, llevándome más profundo al mejor beso que me dieron en la vida.

Mi cuerpo exige más.

No quiere solo besos: quiere manos, labios, lengua y castigo.

Me levanta como si nada y me sienta sobre el mármol frío.

Mis piernas se abren para él, como si mi cuerpo ya hubiera tomado la decisión por mí.

Desgarra mi vestido playero sin esfuerzo, dejando mis pechos expuestos al aire ya su mirada encendida.

Sus manos no piden permiso: pellizcan, aprietan, jalan.

Y yo no hago nada por detenerlo.

Al contrario, lo incito a continuar, porque ya metí la pata hasta el fondo y ahora quiero disfrutarlo.

Mis manos se lanzan a explorar su cuerpo como si lo necesitara para vivir.

Y lo necesito, por dios que lo hago.

Arranca mis bragas destrozadas y acaricia mis pliegues, deslizando sus dedos donde más lo necesito.

—Para odiarme como dices…

estás muy húmeda, esposa —dice con esa maldita voz rasposa cuando sus dedos se deslizan por la cremosidad de mi intimidad.

Y no me siento avergonzada.

Solo sonrío y asiento, llevando mi pelvis más adelante para que tenga más acceso.

—Cierra la maldita boca y haz tu trabajo.

Vamos a ver si tu reputación es tan grande como tu ego.

Me abro más, lo suficiente para que se calle de una vez, mientras él se baja el pantalón sin quitárselo del todo.

Madre de dios, eso va a tocarme el corazón.

—Es grande…

pero he visto mejores.

No es tan impresionante como alardea, señor Harrington.

Tienes la boca muy grande y el pene muy chico.

Eso va a destruirle el ego.

Pero él me va a destrozar a mí.

Alexander baja la mirada, alza una ceja y sonríe como si acabara de escuchar un reto mortal.

—Perfecto.

Veremos si puedes caminar mañana, porque dudo que los veintitrés centímetros de ese idiota que te tocaba compitan con mis veinticuatro, este grosor y mi experiencia.

No voy a describir con palabras todo lo que me hizo y lo que le hice… sería como comer un banquete frente a un hambriento.

Lo que sí puedo decir es que nunca me habían follado tan salvajemente en mi vida.

La última semana en la isla la pasamos de la misma forma: satisfaciendo nuestro deseo.

Tuvimos sexo en cada rincón de la casa playera donde Alexander y yo nos encontrábamos.

Se pusieron reglas, claro.

Yo misma me las impuse: no te enamoras de este bastardo, solo es sexo.

Y… estuve bien con eso.

Al menos hasta que las cosas entre Alexander y yo cambiaron, justo cuando tuvimos que regresar a casa después del mes cumplido en la isla Harrington, nuestra supuesta “luna de miel”.

Londres nos recibió con una fiesta familiar y rueda de prensa.

Una de esas en las que los padres de Alex y el idiota de mi padrastro posaron junto a nosotros para las fotos de la prensa.

Según me contó Nora, cuando se filtró la noticia de que Alexander Harrington —el magnate más importante del Reino Unido y soltero más codiciado por modelos, mujeres de la realeza y… claro, también las simples mortales— había contraído matrimonio, todos quedaron impactados.

Y no solo las mujeres.

El mundo empresarial tampoco podía creerse, al principio, que Alex hubiera sentado cabeza.

Su reputación de mujeriego empedernido lo había precedido a gran escala y, por eso, nuestra boda se convirtió en el chisme del mes.

¿Quién era ella?

Todo el mundo se preguntaba ¿Quién era la mujer que había domado al gran Alexander Harrington?

Yo, por mi parte, mientras posaba en las fotos con Alex, sonreía.

Mi esposo tomaba mi mano y enseñaba mis anillos.

El de Compromiso y el de bodas, que me puso en el dedo hace una semana.

No es real.

Es solo una estrategia mediática para alimentar y satisfacer al público.

No te quiere.

No te enamores.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo