Propiedad del Rey Multimillonario de la Mafia - Capítulo 100
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100: Capítulo 100: El trabajo de un esposo nunca se acaba 100: Capítulo 100: El trabajo de un esposo nunca se acaba Sara
Suspiré profundamente mientras dejaba mi vaso en el escritorio del despacho de Jaxon.
Había venido aquí porque sabía que era donde guardaba el whisky del bueno.
Me había refugiado en la ducha mientras el médico atendía a Jaxon.
La idea de verle sacar una bala a mi marido me revolvía el estómago.
Era lo último que necesitaba ver después de otro día de pesadilla.
Ni siquiera después de recibir la amenaza en mi escritorio, había esperado que el día terminara así en absoluto.
Era demasiado para asimilarlo.
Todo parecía completamente surrealista, como si fuera un mal sueño y no mi auténtica realidad.
Era lo último que me esperaba, y estaba bastante segura de que a Jaxon también le había pillado por sorpresa.
Me ponía enferma de miedo cada vez que revivía los acontecimientos de antes.
No podía dejar de pensar en lo que habría pasado si Jaxon no se hubiera percatado del francotirador en el tejado en ese preciso instante…, si su brazo no se hubiera interpuesto a tiempo.
Estaría muerta.
Cynthia de verdad había intentado matarme.
El hecho de que el francotirador me apuntara inmediatamente en cuanto quedamos a la vista me dejó claro que yo era el verdadero objetivo, aunque fuera Jaxon quien acabara herido.
La combinación de miedo y rabia que sentía era vertiginosa; no sabría decir qué sentimiento predominaba.
Esa zorra loca de verdad había intentado que me mataran.
¡Todo este tiempo yo la había estado manteniendo con vida y ella había intentado matarme!
No volvería a ser indulgente con ella nunca más; a estas alturas, se merecía cualquier cosa que Jaxon le hiciera.
Pero su hijo no.
Gruñí con frustración; todavía sentía lástima por ese bebé.
El bebé inocente que no había elegido tener a esa bruja por madre.
Luego estaba el hecho de que Jaxon había recibido una bala por mí, literalmente.
El hombre se había interpuesto entre una bala y yo.
¿Podía haber una mayor declaración de su amor por mí?
Todos y cada uno de los miedos e inseguridades que pudiera haber tenido se habían desvanecido.
Mientras pensaba en ello en la ducha, me di cuenta de que su primera reacción, su instinto, había sido protegerme.
Nunca antes me habían disparado, pero sabía lo suficiente como para saber que no era algo para lo que te ofreces voluntario.
Jaxon también podría haber muerto, y sospechaba que esa era la intención de Cynthia, ya que había enviado a todo un equipo de asesinos.
Todo por mi culpa, porque me había elegido a mí en lugar de a Cynthia.
Quizá tenerlo ya no era suficiente para ella y tenía que quitarle la vida también, ¿quién sabe?
La mayoría de las mujeres no habrían llegado a esos extremos psicóticos, pero nosotros tuvimos suerte, supongo.
¿Cómo pude dudar alguna vez de que me amaba?
¿Cómo pude dudar de la profundidad de sus sentimientos por mí?
Había arriesgado su vida para salvar la mía y, además, se había asegurado de que escapáramos de los sicarios que nos perseguían.
Una vez más, le debía a Jaxon el haberme salvado la vida.
Nunca podría pagarle por haberme salvado la vida tantas veces, pero estaba feliz de pasar el resto de nuestras vidas demostrándole lo mucho que lo apreciaba.
—¿Sara?
—llamó Jaxon en voz baja desde el umbral de la puerta.
Me di la vuelta y le dediqué una cálida sonrisa mientras entraba en el despacho y cerraba la puerta tras de sí.
Tenía el pelo húmedo y solo llevaba puestos los pantalones del pijama, lo que me ofrecía una vista perfecta de su hombro vendado.
Me sonrió con calidez y de una manera totalmente natural, como si no acabaran de sacarle una bala del brazo.
Parecía menos afectado que yo por todo lo que había pasado, pero, claro, este era el negocio en el que estaba metido.
Probablemente no era la primera vez que alguien intentaba matarlo.
Y probablemente no sería la última, me di cuenta, frunciendo el ceño.
Solo podía esperar y rezar para que nadie lo consiguiera nunca.
Fruncí el ceño al ver los cortes superficiales y los rasguños que cubrían sus brazos y su cara.
No me había dado cuenta antes, pero había sufrido bastantes daños.
Me puse en pie de un salto y me reuní con él a medio camino, rodeándolo con mis brazos con delicadeza.
—No me vas a romper —se rio entre dientes Jaxon antes de dejar un beso en mi cabeza y caminar hacia el escritorio.
—¿Whisky?
—preguntó con curiosidad mientras se servía un poco y se sentaba.
—¿Deberías beber?
—pregunté preocupada—.
¿Qué dijo el médico?
Jaxon me sonrió con cariño y tomó un sorbo de su bebida antes de dejar el vaso en el escritorio.
—Dijo que me lo tomara con calma, pero sacó la bala con un daño mínimo.
Asentí y me mordí el labio.
—¿Cómo te sientes?
—Estoy cabreado —dijo Jaxon secamente—.
¿Cómo te sientes tú?
Sé que debe de haber sido mucho que asimilar para ti.
—Sí, acababa de darme cuenta de que podría haber muerto hoy o de que se suponía que debía morir hoy —dije con el ceño fruncido—.
Siento como si no fuera seguro volver a salir de casa nunca más.
—Será seguro —dijo Jaxon con firmeza—.
Nos encargaremos de Cynthia, te lo prometo.
Tenemos más seguridad alrededor de la casa y encontraré a esa zorra.
—Tienes que tomártelo con calma —le regañé, aunque ya sabía que era inútil.
Cogí mi propia bebida y me la terminé.
—No me lo voy a tomar con calma cuando hay una amenaza activa contra tu vida —respondió Jaxon en un tono sombrío.
—Me siento tonta por haber dudado de ti —confesé en voz baja, apartando la vista de su mirada—.
Eso es lo que peor me hace sentir, que recibieras una bala por mí, literalmente.
Los labios de Jaxon se curvaron en una sonrisa torcida.
—Por supuesto que lo hice.
Lo haría un millón de veces más.
Eres mi vida, Sara.
Me levanté y rodeé el escritorio para sentarme en el regazo de Jaxon y rodearle el cuello con los brazos.
Lo atraje hacia mí y sellé nuestros labios en un beso.
Gemí de sorpresa cuando me atrajo más hacia él y profundizó el beso, separando mis labios con su hábil lengua.
Me hundí en el beso, con mis dedos enredándose en su pelo, atrayendo su cabeza hacia mí.
Jaxon se apartó y me miró con ojos ardientes.
—Súbete al escritorio.
—No —respondí mientras recuperaba el aliento—.
Es demasiado esfuerzo para tu brazo ahora mismo.
—Estaré bien —dijo Jaxon, poniendo los ojos en blanco—.
He tenido heridas peores que esta.
Súbete al escritorio.
Me reí y negué con la cabeza, saltando de su regazo.
Me reí aún más fuerte al ver la expresión de fastidio de Jaxon y le ofrecí la mano.
—Podemos tener sexo, pero tenemos que irnos a la cama —expliqué con una sonrisa pícara—.
Yo haré la mayor parte del trabajo.
Jaxon soltó una risita sexi y me cogió de la mano, poniéndose en pie y dejando que lo llevara a nuestro dormitorio.
—No tengo ningún problema en que hagas tú la mayor parte del trabajo —dijo Jaxon en tono conversacional mientras llegábamos al dormitorio.
Me hizo girar con facilidad y me inmovilizó contra la puerta.
Inclinó la cabeza, con sus labios suspendidos sobre los míos.
—Pero no olvides quién manda.
Jaxon reclamó mis labios en un beso ardiente y presionó mi cuerpo contra la puerta con el suyo.
Gemí al sentir su pene duro presionando mi vientre a través de la ropa.
Jaxon se apartó bruscamente y abrió la puerta, metiéndonos dentro antes de reanudar nuestro beso ardiente.
Gemí, indefensa, y le rodeé el cuello con los brazos, dejando que nos llevara hacia la cama mientras nuestras lenguas luchaban con fiereza.
—Quítate la ropa —ordenó Jaxon, con sus ojos ardientes observando cada uno de mis movimientos mientras me apresuraba a obedecer su orden.
Me quité la camiseta de tirantes por la cabeza, dejando mi torso desnudo, y luego me bajé los pantalones cortos, revelando unas bragas transparentes que no dejaban mucho a la imaginación.
Jaxon se mordió el labio antes de quitarse los pantalones y pasar a mi lado para tumbarse en la cama, mirándome con expectación.
Sonreí de forma sugerente y le guiñé un ojo antes de correr hacia el armario y coger un pañuelo de un estante.
Los ojos de Jaxon se oscurecieron al ver el pañuelo, siguiéndome con la mirada mientras me acercaba a él.
—Solo para asegurarme de que no intentas hacer demasiado —expliqué con una sonrisa mientras le ataba las manos sobre el torso—.
No tires muy fuerte.
Jaxon no dijo ni una palabra mientras me sentaba a horcajadas sobre él, presionando nuestros cuerpos y besándolo apasionadamente.
Exploré su boca con mi lengua, absorbiendo su gemido de placer mientras empezaba a frotar mi centro contra su polla palpitante.
Me aparté de nuestro beso con un mordisquito juguetón en su labio inferior antes de quitarme las bragas y subir a gatas por su cuerpo, colocando mi húmeda abertura sobre su boca.
Jaxon me lamió con avidez mientras me sentaba en su cara, lo que me hizo echar la cabeza hacia atrás y gemir de éxtasis mientras me retorcía contra su lengua.
Me apoyé en la pared con una mano y le agarré el pelo con la otra mientras guiaba su boca.
Chillé de placer cuando me mordisqueó el clítoris, provocando un orgasmo inesperado.
Jaxon gimió felizmente contra mí mientras yo disfrutaba de mi orgasmo.
—Todavía no había terminado —jadeó Jaxon mientras yo me deslizaba por su cuerpo, ansiando ser llenada por su hombría.
—Qué pena —repliqué mientras guiaba su palpitante polla hacia mi interior con una mano, suspirando de satisfacción al acoger toda su longitud.
Apoyé las manos a cada lado del cuerpo de Jaxon y empecé a moverme lentamente arriba y abajo, cabalgándolo a un ritmo pausado.
Jaxon se retorció, con las manos agarrando el aire mientras yo me tomaba mi tiempo.
—Más rápido —gimió desesperado, con sus ojos ardientes clavados en los míos.
Le sonreí con suficiencia y me moví más rápido antes de volver a reducir la velocidad, repitiendo el patrón.
Jaxon maldijo, con la cabeza echada hacia atrás por el placer, mientras yo nos llevaba lentamente hacia el clímax.
Miré su rostro sonrojado, sintiéndome poderosa.
—Supongo que ahora mando yo —jadeé en tono burlón antes de cabalgarlo cada vez más rápido.
Jaxon no se molestó en responder, sino que maldijo mientras yo lo llevaba cada vez más cerca del orgasmo.
Su cuerpo se arqueó hacia arriba, sacudiéndome ligeramente mientras alcanzaba el clímax con un fuerte gemido.
Ver el placer en su rostro desencadenó mi propio orgasmo, mis piernas temblaban mientras seguía cabalgándolo.
Jadeé pesadamente mientras desataba las manos de Jaxon y me desplomé a su lado, girándome para apoyar la cabeza en su hombro ileso.
Su brazo me acunó y me atrajo hacia él mientras ambos recuperábamos el aliento.
—Nunca podré agradecértelo lo suficiente —dije—, por salvarme la vida… y por esto.
—Nunca tienes por qué hacerlo —respondió Jaxon, besándome la mejilla—.
Es parte de mi trabajo como tu marido.
Y lo digo en serio cuando digo que es un placer para mí.
Obviamente, parecía un poco engreído, viendo que me había salvado de una bala y me había hecho llegar al clímax todo en el mismo día, pero supuse que se merecía sentirse orgulloso de sí mismo.
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