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Propiedad del Rey Multimillonario de la Mafia - Capítulo 12

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12: Capítulo 12: ¿Es una cita?

12: Capítulo 12: ¿Es una cita?

Sara
Suspiré después de dejar una caja de verduras y moví los hombros en círculo.

No solíamos recibir entregas a altas horas de la noche en Mabel’s, pero nos estábamos quedando sin verduras, y el supermercado de la calle abría hasta tarde y le encantaban los pedidos al por mayor.

—Oh, gracias, Sara.

Esa es la última.

Puedes irte un poco antes esta noche, deja que te firme el cheque del mes —me dijo Mabel.

—Gracias, Mabel.

Me dirigí a la parte trasera de la cocina, donde estaba la puerta, y saqué el móvil, intentando no estorbar mientras le escribía a Ron.

Las cosas entre Jaxon y yo estaban mejor.

Seguían siendo un poco tensas, pero ya no actuábamos como desconocidos.

Jaxon no había aceptado mi oferta de acostarnos, no es que esperara que lo hiciera, pero, en cierto modo, fue un poco decepcionante.

Por otro lado, personalmente sentía que era un poco triste estar dispuesta a acostarme con él para vivir una fantasía depravada de que estábamos juntos de verdad…

Eso, y que mientras intentaba lentamente superar lo que sentía por él, todavía quería que me jodiera.

Por desgracia.

Sin embargo, no había salido nada de aquello, así que no esperaba nada sexual de Jaxon en el futuro cercano, o nunca, en realidad.

—Oh, Sara.

Hola —dijo una voz a mi espalda.

—Ben, perdona.

¿Estoy bloqueando la puerta?

—pregunté, apartándome—.

Hora de fumar, ¿eh?

—Ja, ja, sí…

Oye, sé que has estado ocupada últimamente, pero quería saber si estabas libre este fin de semana y si querrías salir, ya sabes, ¿en una cita?

—dijo con timidez, frotándose la nuca.

No.

Noooo.

Dios, ¿por qué?

¿No me has castigado ya bastante?

Ben y yo no éramos muy cercanos, ¡pero eso no significaba que quisiera hacerle daño rechazándolo!

Antes podía librarme de salir con gente que no me gustaba porque literalmente no tenía tiempo para nada, pero no era un secreto para el personal que últimamente había aceptado más trabajo en Mabel’s y menos en otros sitios.

Al fin y al cabo, este era el mejor pagado de todos mis trabajos.

Aun así, no creía que un simple «no» fuera a bastar y, lo que es peor, este era el chico por el que estaba colada mi amiga.

—Yo…, eh, todavía no lo sé.

¿Dónde habías pensado?

—pregunté, entrando en pánico por dentro, intentando ganar tiempo.

—Ese restaurante nuevo, ¿sabes cuál?, ¿el Symphony’s?

Un momento.

¿Perdona?

¿Qué coño me acaba de decir?

¿Symphony’s?

¿Como en el sitio al que Lauren estaba insinuando con todas sus fuerzas que quería ir con ÉL?

Supongo que mi expresión pareció más dubitativa que incrédula, porque rectificó rápidamente.

—Quiero decir, sé que estás ahorrando, así que invito yo.

Solo…

envíame un mensaje si tienes tiempo.

Siempre podemos dejarlo para otro día.

—Ben, yo…

—Nos vemos luego.

Solo…

piénsalo, ¿vale?

—dijo Ben antes de marcharse.

Fruncí el ceño y me pasé una mano por el pelo con rabia, frustrada por la situación.

Ni siquiera me había dado tiempo a decir que no.

No es que estuviera buscando pareja, y menos aún al chico en el que se había fijado mi amiga.

—¿No vas a aceptar?

—¡Mierda!

Lauren, qué susto me has dado.

—Me agarré el pecho, con el corazón latiéndome frenéticamente por el susto que me acababa de dar Lauren sin querer.

Me giré para mirarla y no pude evitar hacer una mueca.

A juzgar por su expresión, había oído el intento de Ben de conseguir una cita conmigo y no con ella.

Rechazo de segunda mano.

Uf.

—Mira, yo…

—¡Tú…

tú deberías ir!

—¿Eh?

—Le dediqué una mirada confusa e incrédula mientras empezaba a soltar una parrafada sobre sus virtudes como si intentara organizarme una cita a ciegas con un amigo.

—Ben y tú os lleváis bien, es muy dulce contigo y es divertido.

Creo que haríais una pareja muy mona —me dijo con sinceridad.

—Lauren, a ti es a quien le gusta Ben, no a mí —susurré, recordándole que los sentimientos en esta situación NO eran mutuos.

—Lo…

lo sé, es que…

es un chico genial, Sara, y…

y tú también mereces ser feliz, ¿sabes?

Solo…

dale una oportunidad, ¿sí?

¿Y cómo coño se suponía que iba a decirle que no después de eso?

Ya me sentía como una mierda por la situación, y sentía que decirle que no a Lauren solo la haría sentir peor.

Maldito seas, Ben Clyde, por hacer sin querer que la chica que está colada por ti te haga de celestina.

Quizá sería bueno salir y desconectar un poco de Jaxon.

Al menos, eso esperaba.

Ben y yo no éramos muy cercanos, pero nos llevábamos cordialmente como compañeros de trabajo.

No debería ser tan terrible hacer algo informal con él.

Aunque empezaba a parecer más una obligación que una cita.

—Está bien.

Una cena juntos, pero te digo desde ya que no va a ir a ninguna parte.

Lo rechazaré educadamente.

—Aun así, os deseo suerte —me dijo Lauren con una leve sonrisa, y…

maldita sea, llevaba demasiado tiempo metida en problemas del bajo mundo si una frase como esa me parecía falsa cuando sabía que Lauren era cien por cien sincera con todo esto.

—Lo intentaré, pero no prometo nada.

¿Vas a estar bien?

—Sí…

sí, lo estaré.

Lo superaré —dijo entre sollozos, y cogí una de las servilletas del paquete industrial para que pudiera sonarse la nariz.

Me sentía fatal por ser parte de la razón por la que Lauren estaba llorando, y no pude evitar preguntarme si Ben se había dado cuenta de todas las indirectas que ella le lanzaba y simplemente se estaba haciendo el tonto.

Uf, de verdad que NO quería lidiar con esto, pero intenté ver el lado bueno de las cosas.

Fuera a donde fuera esta cita, me ayudaría a dejar de pensar en Jaxon y podría empezar a pasar página.

—Parece que ya ha llegado quien me lleva.

Llámame si necesitas hablar, ¿de acuerdo?

—dije, apoyando mi mano suavemente en el hombro de Lauren.

—S-sí, intenta divertirte, ¿vale?

—dijo, todavía sorbiendo por la nariz.

Le prometí a Lauren que lo haría antes de saludar a Ron y subir al coche.

Ron me echó un vistazo y me preguntó con preocupación si estaba bien.

—¿Turno largo, Sara?

—Sí…

turno largo —suspiré profundamente.

Así que la cita iba a ocurrir, pero aún quedaba una cosa.

Tenía que pedirle permiso a Jaxon.

Maldición, hacía tiempo que no me sentía como una adolescente, y mucho menos que me ponía nerviosa por si me dejarían salir con amigos.

No había pensado que tendría que volver a hacerlo después de convertirme en adulta.

Tampoco es que tuviera una vida social más allá del trabajo y mis compañeros, pero muchas cosas habían cambiado en las últimas semanas.

«Debería ir bien», pensé.

Jaxon no tenía ninguna razón para decirme que no.

Era solo una cena, podía decirle a Ben que no estaba interesada, pasar por otro período incómodo entre amigos y acabar con todo esto de una vez.

Al llegar de nuevo a la mansión, me dirigí al despacho de Jaxon.

Solía estar trabajando a estas horas.

A veces comíamos juntos y era…

agradable.

Ese silencio cómplice que había echado en falta desde que me compró por fin había vuelto.

Sin embargo, a menudo estaba ocupado con el trabajo, con ambos lados.

Ya había recibido varias veces a invitados del bajo mundo mientras yo estaba en casa y habían hablado de negocios.

Siempre me aseguraba de estar en mi habitación durante esos momentos con la puerta cerrada con llave.

Las cosas de las que hablaban no eran cosas en las que yo quisiera involucrarme.

No todo era contrabando y mierda del mercado negro, pero también tenían que hablar de deudas y drogas, y aunque suene un poco cruel, no quería oír hablar de gente en situaciones peores que la mía.

Apenas podía cuidar de mí misma.

Joder, estaba aquí porque no había sido capaz de hacerlo, no podía precisamente ayudar a nadie más.

Aun así, esta conversación debería ser una de las más fáciles.

Llamé a la puerta, oí un suave «pasa» y entré con vacilación.

Ya había estado antes en el despacho de Jaxon.

Todo eran muebles de madera oscura y libros antiguos y elegantes, con una estantería entera dedicada a alcohol caro.

El lugar sin duda encajaba con el perfil de un editor rico amante de los libros, así como con la intimidante y costosa sala de un jefe de la mafia.

—Sara, bienvenida.

No sueles pasarte a dar las buenas noches.

—Sí, bueno, pensé que sería de mala educación enviar solo un mensaje.

Un amigo me ha invitado a cenar mañana y he dicho que iría.

—¿Mañana?

—¿Es un problema?

—pregunté.

—No, es que pensaba invitarte a salir mañana como disculpa por lo de la semana pasada.

Quiero que vivamos juntos en paz —dijo.

¡Maldita sea, Ben!

Tu elección del momento ha sido una mierda absoluta para mí.

—Lo siento.

Suena genial, Jaxon, pero ya le he prometido a dos personas que iría.

¿Lo dejamos para otro día?

—pregunté esperanzada, y él se rio entre dientes.

—Lo dejamos para otro día, entonces.

Y bien, ¿adónde vas?

—Al Symphony’s, ese restaurante nuevo.

—Ah, sí, sé cuál es.

¿Una cena, has dicho?

De acuerdo, entonces.

Haz que Ron te lleve y te recoja.

¿Con quién vas?

—Uno de mis compañeros de trabajo.

Ben…

—No.

—¿Yo…

qué?

—Íbamos tan bien y ahora, de repente, Jaxon parecía cabreado.

—No vas a ir —me dijo en un tono cortante.

—¿Qué?

Acabas de decir que podía.

—No me habría enfadado por esto si me hubiera dicho que no desde el principio.

En lugar de eso, me estaba diciendo que no después de haberme dicho que sí.

—Eso fue antes de saber con quién ibas.

—¿Qué tiene de malo Ben?

—exigí.

—¿De verdad me estás haciendo esa pregunta?

No te quiero cerca de él.

—Mira…

es una sola comida.

Una, y ya está.

Eso es todo, probablemente no volveremos a salir después de esto, pero le dije a Lauren que iría.

—No deberías haberlo hecho, puesto que no vas a ir.

—¿Es una orden?

—exigí, cruzándome de brazos.

—Maldita sea, Sara.

¿Tanto quieres que te dé órdenes?

—espetó Jaxon.

—¿Ves?

Esto es lo que no quería hacer.

No he venido aquí a discutir.

He venido para poder salir a cenar mañana.

Actúas como si Ben fuera un cabrón loco cuando solo es mi compañero de trabajo.

—Tu compañero de trabajo con el que vas a cenar.

—¡Dios!

La gente cena con sus compañeros de trabajo, Jaxon.

Tú sales a comer con los tuyos.

¿Por qué es esto diferente?

—Normalmente, tus compañeros de trabajo no quieren joderte —dijo con total seriedad, y yo le siseé.

—Y normalmente, tú también das permiso para ese tipo de cosas.

—¡Bien!

Ten tu cita.

¡Pero que sepas que te van a seguir todo el día!

—¡Bien!

—espeté, saliendo furiosa de su despacho.

Maldición, mi vida se estaba convirtiendo en un culebrón, y ni siquiera uno bueno.

No entiendo por qué Jaxon se enfadó tanto porque saliera a cenar con alguien.

No es como si estuviéramos saliendo, y tampoco es que fuera a dejar que Ben saliera conmigo.

No estaba interesada.

No, en vez de eso, tenía que seguir interesada en idiotas mezquinos y testarudos que no me explicaban una mierda.

A la mierda la montaña rusa de culebrón que era mi vida.

Quería bajarme.

—¿Cuál coño es su problema?

—murmuré, de camino a mi habitación.

Ahora, a elegir un conjunto que no fuera estirado pero que tampoco gritara «interesada»…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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