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Propiedad del Rey Multimillonario de la Mafia - Capítulo 138

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138: Capítulo 138: Desastre inesperado 138: Capítulo 138: Desastre inesperado Sara
Me desperté presa del pánico.

Tenía frío y estaba sudando.

No podía recordar mi sueño, pero me había dejado paralizada por el miedo.

El cuerpo aún me temblaba ligeramente.

Alargué el brazo instintivamente hacia Jaxon, pero mi mano solo encontró su almohada.

No estaba allí.

—¿Jaxon?

—lo llamé en voz baja.

Intenté convencerme de que solo había sido un sueño, pero aun así sentía el pánico de poder alertar a algún asesino desconocido que quisiera hacerme daño.

No dejaba de mirar hacia la puerta, esperando que Marino apareciera por ella.

—¿Jaxon?

Salí de la cama con cuidado y fui al baño a buscarlo, pero estaba vacío.

Todo parecía intacto.

Miré en el armario en un patético arranque de preocupación.

Me alivió no encontrar a nadie allí.

Intenté pensar con más racionalidad, pero un escalofrío seguía recorriéndome la espina dorsal.

Fui de puntillas hasta el pasillo y bajé las escaleras.

Toda la casa parecía silenciosa y vacía.

Tampoco oía a las doncellas ni al personal de la cocina.

No vi a ninguno de los guardias habituales por los alrededores.

¿Dónde estaba todo el mundo?

—¿Jaxon?

—llamé, un poco más alto.

La mayoría de mis miedos irracionales se habían disipado, pero me preocupaba estar sola.

«Él no me habría dejado sola», intenté recordarme.

No con todo lo que estaba pasando.

—¿Jaxon?

—grité, esta vez un poco más fuerte.

Oí un ruido en el despacho y me dirigí hacia allí.

Caminé de puntillas y sentí un hormigueo recorrer mi espina dorsal al empujar la puerta.

Jaxon estaba allí, con cara de pánico, revolviendo papeles.

—¿Jaxon?

Sus ojos se clavaron en mí y, al instante, ya estaba entre sus brazos.

—Estás despierta.

¿Cómo te encuentras?

—preguntó, con urgencia en la voz.

Me encogí de hombros contra su pecho.

—Estoy bien.

He tenido una pesadilla.

Me desperté y no estabas.

Me preocupé, pensé que quizá había pasado algo o que te habías ido sin mí.

Se apartó y me miró.

Parecía un poco ofendido de que yo sugiriera tal cosa.

—No, no.

Por supuesto que no.

Estoy aquí, pero no es demasiado tarde si quieres cambiar de opinión.

Puedo avisar a Eli y a los demás.

—No, tengo que ir.

Se trata de mi madre.

Yo también formo parte de esto.

Jaxon asintió, pero su expresión era como si deseara que hubiera aceptado su oferta.

Sabía que probablemente no era la mejor decisión ir con él.

Pero ahora esto era algo personal, y quería demostrarle a Jaxon que era su compañera incondicional.

—Bueno, será mejor que nos vistamos —dijo, tomándome de la mano y guiándome escaleras arriba.

El viernes había llegado muy deprisa.

Apenas tuve tiempo para procesarlo todo.

No es que se esperara de mí que hablara o negociara mucho, pero tampoco quería sentirme tan inútil.

Jaxon se lavó la cara en el baño y se quedó un momento mirando la papelera antes de salir.

Lo seguí hasta el coche, y él sacó con cuidado sus pistolas y las escondió en lugares un poco más seguros.

—¿No se supone que no debíamos llevar armas?

—pregunté, aunque me alegraba de no estar tan vulnerable.

—Ese es el trato, pero no puedo arriesgar tu vida de esa manera si Marino no respeta las reglas.

Subimos y Jaxon arrancó el coche.

Se sentía extraño ir en nuestro sedán corriente, sin guardaespaldas.

Me sentía expuesta, y eso me ponía aún más nerviosa.

Intenté convencerme de que, aunque no pudiera verlos, Max y Eli estarían vigilando, listos para ayudar si era necesario.

—Quiero preguntarte una cosa —empezó Jaxon, interrumpiendo mis pensamientos.

Me giré para mirarlo, pero mantuvo la vista en la carretera.

Apretó las manos sobre el volante.

—¿El qué?

—El otro día… encontré una prueba de embarazo en la papelera.

¿Por qué te hiciste la prueba?

Se me escapó el aliento, presa del pánico.

Casi me había olvidado por completo de la prueba.

Habían pasado tantas cosas en tan poco tiempo.

—Se me había retrasado la regla y, después de todo lo de Cynthia, pensé que a lo mejor… Compré un test y me hice la prueba, pero, por supuesto, dio negativo.

Creo que fue solo por todo el estrés.

Me está pasando factura.

Jaxon alargó una mano hacia la mía y la apretó con fuerza.

—Lo siento mucho, Sara.

Esto acabará pronto.

Debo decir que me sorprendió bastante.

No estaba seguro de que quisieras tener hijos y la última vez que hablamos dijiste que necesitabas tiempo.

—Creo que sigo necesitándolo, o no lo sé.

Le he estado dando vueltas, pero es que no he tenido tiempo para pensar en nada de verdad —solté de sopetón.

Me sentía muy frustrada y confundida.

Cuando me imaginaba embarazada de un hijo de Jaxon, me sentía muy feliz y llena de alegría.

No podía imaginar nada mejor.

Pero cuando pensaba en el peligroso mundo al que traería a ese bebé, empezaba a preocuparme.

¿Cómo podríamos criar a un bebé y mantenerlo a salvo si ni siquiera éramos capaces de protegernos el uno al otro?

Sentía que mi vida no había sido más que un peligro tras otro desde que me mudé a vivir con Jaxon.

Jaxon siempre parecía entusiasmado con la idea de tener hijos, pero en realidad no había hablado mucho del tema.

Me preguntaba si de verdad se había parado a pensar en lo que significaría.

Los bebés eran caros, no solo en dinero, sino también en tiempo y energía.

Los negocios turbios de Jaxon ya habían sufrido bastante solo porque se había distraído conmigo.

Parecía demasiado pedirle que se hiciera cargo de una cosa más.

Se me encogió el corazón al pensar demasiado en ello.

Ahora mismo, parecía demasiado a lo que renunciar.

No entendía cómo Jaxon podía seguir tan optimista con la idea, sobre todo con todo a lo que nos enfrentábamos.

—¿Entonces no quieres tener hijos?

—preguntó, con un matiz de decepción en la voz.

—No he dicho eso.

He dicho que ahora mismo no estoy segura de nada.

Hay mucho que pensar y hablar antes de tener hijos.

Y no es que hayamos tenido precisamente la oportunidad de hablar de nada.

Jaxon asintió, sin revelar nada de lo que estaba pensando.

Ojalá pudiera leerle la mente y saber qué se le pasaba por la cabeza.

Ojalá me lo hubiera preguntado en cualquier otro momento, cuando de verdad pudiéramos hablar.

—Esto pasará.

Nos encargaremos de Marino —dijo, casi a la defensiva.

No pude evitar soltar una risita.

—Siempre pasa algo, Jaxon.

No estoy diciendo que no.

Pero nuestras vidas son un poco caóticas.

Quizá deberíamos centrarnos primero en superar esto —respondí.

Jaxon volvió a apretar el volante, pero no dijo nada.

Miré por la ventanilla mientras cruzábamos al otro lado de la ciudad.

Tenía el estómago hecho un nudo.

La cabeza me pesaba por la preocupación y las pesadillas.

No podía dejar de pensar en mi madre.

Marino había prometido no hacerle daño, y Jaxon me había asegurado que matarla no beneficiaría a Marino en estos momentos.

Eso no significaba que yo estuviera completamente segura de que ella fuera a estar a salvo.

—Probablemente tengas razón.

No es el mejor momento.

Pero no he terminado con esta conversación.

Solucionaremos esto y, cuando podamos, hablaremos más del tema.

Sus palabras resultaron pesadas, pero me encantó la promesa, y me encantó que quisiera hablar de ello.

Me encantaba la idea de formar una familia con él, aunque algunas cosas tendrían que cambiar drásticamente para que funcionara.

Jaxon giró por la Calle Segunda y supe que ya casi habíamos llegado.

Se me encogió el corazón y se me hizo un nudo en la garganta.

Jaxon alargó el brazo y me apretó la mano.

—Es solo una charla.

Max y Eli nos cubren las espaldas.

Intenté centrarme en respirar y asimilar las palabras de Jaxon.

Vi algo moverse demasiado rápido por el rabillo del ojo y me giré para mirar por la ventanilla de Jaxon.

Se acercaba un vehículo —un camión grande— a toda velocidad.

Tenía el semáforo en rojo, pero no estaba frenando.

De hecho, parecía estar acelerando.

Apreté la mano de Jaxon con más fuerza, pero apenas tuve tiempo de sentir pánico.

Jaxon se giró justo a tiempo para ver cómo se estrellaba contra nosotros.

El tiempo pareció casi ralentizarse.

Podía verlo todo con una claridad asombrosa.

El cristal se hizo añicos en un precioso abanico de colores que relucían a la luz del sol.

El sonido del metal contra el metal chirrió con estrépito en el aire, nítido e inconfundible.

La mano de Jaxon se soltó de la mía cuando todo su cuerpo se abalanzó hacia mí.

Chocó contra mí justo cuando saltaron los airbags.

Nadie te explica nunca lo dolorosos que pueden ser.

De repente, fui muy consciente de mi cuerpo y de todo lo que sentía.

Los pequeños cortes de los fragmentos de cristal en mi piel.

La sensación del polvo residual del airbag que me invadía la nariz y la boca.

Los moratones y el dolor agudo del golpe del cuerpo de Jaxon y del airbag.

Podía sentir el coche volcando.

Miré por la ventanilla y vi cómo el mundo se ponía de lado.

De repente, la calle estaba en vertical y Jaxon se inclinaba mucho más hacia mí.

Tenía los ojos cerrados y me di cuenta de que había perdido el conocimiento.

Entonces, mis emociones por fin reaccionaron.

Al instante, temí que estuviera muerto.

Se había llevado la peor parte del impacto.

Intenté llamarlo a gritos, pero no me salía la voz.

Intenté alargar el brazo para tocarlo, pero me encontré inmovilizada.

Apenas podía moverme en el espacio en el que estaba atrapada.

De repente, fui muy consciente de que me costaba respirar.

El tiempo empezó a acelerarse de nuevo hasta su velocidad normal mientras yo intentaba asimilar lo que había ocurrido.

Intenté tomar aire y me di cuenta de que el cinturón de seguridad me apretaba el cuello.

Empecé a asfixiarme e hice todo lo posible por liberarme.

No funcionaba nada.

Sabía que tenía que mantener la calma, pero no podía.

Mi mente y mi cuerpo estaban invadidos por la alarma y el pavor.

¿Había sido un accidente?

¿Alguien había intentado matarnos?

¿Qué estaba pasando?

Sentí que si no venía alguien pronto, moriría asfixiada.

Abrí los ojos de par en par, intentando ver a través de la ventanilla hecha añicos.

Había gente alrededor, pero estaban todos demasiado lejos.

No podía pedirles ayuda a gritos.

No podía coger suficiente aire.

Forcejeé frenéticamente con el cinturón hasta que empecé a sentir náuseas y a marearme.

La vista se me empezó a nublar.

No, no.

Era el fin.

Se había acabado.

No podía aguantar mucho más.

Intenté concentrarme para llamar la atención de alguien.

Creí ver unas botas caminando hacia mí, pero antes de que pudiera procesar lo que estaba viendo, todo se volvió negro.

Dejé de ser consciente de nada.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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