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Propiedad del Rey Multimillonario de la Mafia - Capítulo 220

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Capítulo 220: Capítulo 220: No preparado para la verdad

Sara

—¿Estás seguro de que va a ser una buena idea? Pensé que habías dicho que queríamos ser sutiles en cómo nos acercábamos a ella —pregunté, sin apartar la vista de la ventanilla. Jaxon se estiró y me tomó la mano.

—No, tenías razón cuando lo sugeriste. El poder es a lo único a lo que responderá. Seguiremos siendo sutiles y cuidadosos, pero tenemos que mostrar fuerza. Tenemos que demostrarle que no nos vamos a dejar avasallar. Si queremos que esto funcione, tenemos que demostrar que somos más fuertes que ella —respondió. Su voz era tranquilizadora y considerada. Había sonado tan bien cuando lo mencioné, y me imaginé a todas las mujeres poderosas que conocía y admiraba, pero ahora que íbamos de camino a la reunión, me sentía dubitativa. No tenía tanta confianza como Jaxon y no quería ser contundente y avasalladora con una mujer como Tatiana. Pero sabía que él tenía razón.

Me limité a asentir y mantuve la vista en la ventanilla. Observé cómo cambiaba el barrio y supe que estábamos cerca. Intenté prepararme emocionalmente para lo que estábamos a punto de hacer. Bajé el parasol y empecé a retocarme el maquillaje en el pequeño espejo.

Jaxon se detuvo frente a la casa y aparcó en el largo camino de entrada. Había dos hombres esperando para dejarnos entrar. Iban bien vestidos, como porteros, pero era evidente que eran de seguridad. Jaxon me tomó del brazo y me guio con cuidado hacia el interior de la casa. Uno de los hijos de Tatiana nos recibió y nos condujo al salón.

Tatiana y el resto de su familia estaban sentados esperándonos. Iba vestida como si hubiéramos venido a una cena de gala. Nos dedicó una amplia sonrisa y dejó su copa sobre la mesa.

—Jaxon, Sara, muchas gracias por venir —ofreció mientras se acercaba a nosotros. Se inclinó y nos besó en ambas mejillas como si no pasara nada—. Por favor, siéntense. ¿Les apetece algo de beber?

—Lo que sea que estés bebiendo estará bien —respondió Jaxon. Me llevó del brazo y me guio hacia el sofá. Me senté a su lado y crucé las piernas con cuidado mientras me apoyaba en él. Tatiana chasqueó los dedos y alguien junto a la barra sirvió dos copas de lo que supuse era champán y nos las trajo. —Bien, Tatiana, hablemos. ¿Qué podemos hacer para que te quedes tranquila?

La sonrisa de Tatiana se afinó y sus labios casi parecieron desaparecer por la presión. La sonrisa parecía extraña y casi monstruosa. No había luz ni positividad que llegara a sus ojos.

—Convénzanme de que ustedes dos no están intentando dejar este negocio. Hablamos de esto y acordamos—

Jaxon levantó la mano para detenerla.

—Perdona, pero no. Fuiste tú la que habló y tomó todas las decisiones. Sara y yo no llegamos a ningún acuerdo —respondió.

Enarqué una ceja hacia él y luego me giré para observar a Tatiana con atención. Claramente, no le gustó que la interrumpieran y la corrigieran.

—No pueden dejar esta vida. No voy a perder más tiempo en esto; somos socios, y punto —respondió. Su voz era fría y severa. Había una extraña sensación de finalidad en su voz.

—Seguiremos siendo socios. Eso no cambiará. Me complace mantener una alianza contigo, pero Sara y yo dejaremos esta vida. Me aseguraré de pasarle el negocio a otra persona que conozca esta sociedad y que trabaje contigo. No te dejaré en la estacada —respondió Jaxon con calma.

—No se irán de ninguna manera —replicó Tatiana.

—Tatiana, no soy un peón. Dijiste que querías socios; no soy una organización subordinada para que la controles y le des órdenes. Somos socios y tomaré mis propias decisiones y lo que sea mejor para nosotros.

Su cara se puso roja, pero su expresión permaneció neutra. Apretó la copa en su mano con tanta fuerza que me sorprendió que no se hiciera añicos bajo su agarre. Mantuvo su dura mirada fija en Jaxon como si esperara poder asesinarlo con la mirada.

—Te quiero como aliado, como parte de mi organización. Mi familia y mi organización son más grandes, más ricas y más poderosas que la tuya. Así que, aunque seamos aliados, esta no es una sociedad entre iguales. Harás lo que te exijo o habrá consecuencias.

Jaxon suspiró, cambió su peso de un lado a otro y, simultáneamente, me acercó más a él.

—Al igual que a ti, Tatiana, imagino, no se me dan bien las amenazas. Nadie me tratará de esta manera. Ahora, si quieres llegar a un acuerdo y conversar, estoy dispuesto a hacerlo, pero si lo único que te interesa es amenazarme y presionarme para que haga lo que quieres, saldré por esa puerta y se habrá acabado la conversación. No habrá ni acuerdo ni sociedad —respondió.

El ojo derecho de Tatiana tembló. Daba pavor.

—Tienes más confianza y arrogancia de la que esperaba, Jaxon. Estoy realmente sorprendida —masculló en su copa de champán.

—Puede que tengas más poder a tu disposición —dijo Jaxon—, pero llevo mucho tiempo en este negocio. No estoy completamente desprovisto de recursos. Si quieres ser infantil y lanzar amenazas, estaré encantado de jugar a ese juego, pero no te saldrá mejor que a nosotros.

Sentí que se me empezaba a formar un gran nudo en el estómago. Se me enderezó la espalda y se me revolvió el estómago. Era cierto que Jaxon tenía poder; la mayoría lo consideraba el rey de la ciudad. Teníamos recursos y gente en la que confiar, pero no podía entender cómo Jaxon podía decir las cosas con tanta confianza. No me sentía tan segura como él de que si tomábamos represalias fuéramos a causar algún tipo de daño a su negocio. Pero no dije nada, mantuve la boca cerrada y continué mirando alternativamente a uno y a otro.

—Bueno, entonces estamos en un punto muerto. ¿Qué propones? —Cruzó la pierna izquierda sobre la derecha y se bebió el resto del champán de su copa. La agitó hacia el hombre que estaba junto a la barra, y él se apresuró a acercarse para rellenársela.

—Como ya he dicho, me complace seguir siendo socio —es decir, socios de verdad— contigo. Encontraré a otra persona que se haga cargo de mi negocio por mí. Me aseguraré de que esté al día de todo lo que ocurre y te lo presentaré para establecer una conexión.

La cara de Tatiana parecía a punto de estallar. Sacudía la pierna con tanta intensidad que pensé que se le saldría el zapato. Guardó silencio un buen rato antes de beberse su nueva copa de champán de un trago y hacer un gesto al hombre de la barra para que le sirviera más. No apartó la vista de Jaxon en ningún momento. Sentí que Jaxon se tensaba a mi lado.

El silencio me estaba incomodando. Quería decir o hacer algo solo para romper la dolorosa situación. Respiré hondo e intenté preparar un argumento en mi cabeza, pero antes de que pudiera decir nada, Tatiana se puso de pie. Se alisó el vestido y volvió a vaciar su copa de un trago.

Rápida y silenciosamente, dejó la copa en la barra y salió por la puerta hacia otra habitación de la casa.

Tragué saliva y miré a Jaxon.

—¿Va a volver? ¿Qué hacemos? —susurré.

Jaxon se encogió de hombros ligeramente, pero mantuvo la vista fija en la puerta. Nos quedamos sentados allí solo un momento antes de que uno de sus hijos entrara en la habitación. Parecía aburrido e irritado, como si no le gustara ser el enviado para hablar con nosotros.

—Mi madre ha terminado esta conversación y ya no le interesa hablar con ustedes, al menos por el resto de la noche. Necesita tiempo para pensar y, si tienen suerte, volverá a ponerse en contacto. Mientras tanto, es mejor que se vayan.

Tomé una bocanada de aire al mismo tiempo que Jaxon. Jaxon se levantó rápidamente y me levantó con él.

—Bueno, por favor, dile que lamentamos haberla molestado, pero que no cederemos en este punto —declaró Jaxon antes de girarnos hacia la puerta.

Su hijo soltó una especie de bufido como respuesta. Jaxon me sacó de la casa y me llevó de vuelta al coche.

—Pues eso no ha ido bien, no me imagino que el hecho de que se haya marchado sea algo bueno —dije en cuanto entramos en el coche. Jaxon agarró el volante con fuerza y gimió.

—No, no lo es. Es difícil saber qué piensa realmente una mujer como ella. Puede que recapacite y encuentre una solución para nosotros, o puede que la cosa empiece a empeorar —respondió. Sentí que el enorme nudo que se me había estado formando en el estómago me subía a la garganta.

—¿Te refieres a que intente tomar represalias? ¿Como intentar matarnos? —Podía sentir las lágrimas a punto de caer. Tristemente, últimamente estaba acostumbrada a que se me llenaran los ojos de lágrimas.

Jaxon me miró y volvió a buscar mi mano con la suya. Me la levantó y me besó el dorso.

—Es solo una posibilidad. Quiere que seamos amigos y socios. Eso le reportaría el mayor beneficio, así que es más probable que intente encontrar incentivos para que nos quedemos.

—¿Tú crees? —Me sentí estúpida incluso por preguntar; por supuesto que no podía darme más garantías. Simplemente no estaba segura de poder soportar una cosa más, una situación más en la que tuviera que temer por mi vida. Aunque fuera mentira, quería que Jaxon me dijera que no había nada que temer.

—Pase lo que pase, Sara, te protegeré. Aunque sí que creo que tomamos la decisión correcta ahí dentro. No había otra forma de que hubiera ido mejor. Tatiana simplemente no está acostumbrada a que le digan «no», y no está acostumbrada a no salirse con la suya. Pero todo irá bien.

—¿Crees que podremos sobrevivir si quiere atacarnos? —En realidad no quería saber la verdad. Esperaba que Jaxon lo supiera.

—Sí, por supuesto que sí —respondió, pero me miró durante un instante de más, y pude ver la verdad en sus ojos. Volví la vista a la carretera y ya no tuve fuerzas para impedir que cayeran las lágrimas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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