Protocolo de supervivencia: Mi guardaespaldas letal - Capítulo 21
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21: Sombras de Otros Reinos 21: Sombras de Otros Reinos Ethan corrió hacia el sótano, activando los escáneres cuánticos que llevaban años en modo pasivo.
En la pantalla, tres puntos rojos parpadeaban en el límite de la reserva ecológica.
No eran Splicers, ni soldados de Oracle.
Las firmas de energía eran diferentes: Nanotecnología de Fusión Fría.
Ethan: —”Maldita sea.
No es Malphas.
Estos códigos vienen de la Confederación de Neo-Tokio.
Alguien ha cruzado el océano.
Alguien ha rastreado la señal que Leo emitió cuando reiniciamos la ciudad.
No buscaban a un Administrador…
buscaban el origen de la ‘Curación'”.— Hazel: —(Entrando al sótano, ya calzándose sus botas de combate y ajustándose el cinturón con cuchillos de vibración)— ¿Neo-Tokio?
Eso está a miles de kilómetros.
¿Cómo han pasado los bloqueos de la red?
Ethan: —Porque ellos no usan la red de Silas, Hazel.
Usan una tecnología basada en el ADN, igual que Leo.
Son como él…
o al menos, intentan serlo.
De repente, una voz femenina, gélida y perfecta, resonó por los altavoces de emergencia de la cabaña, sobrepasando todos los cortafuegos de Ethan.
Voz Desconocida: —Saludos, Administrador Sterling.
Saludos, H-01.
No venimos a destruir su utopía.
Venimos por el Sujeto Alfa.
La Confederación requiere la clave genética para salvar a nuestra población de la Gran Atrofia.
Entreguen al niño y su valle seguirá siendo un fantasma.
De lo contrario…
borraremos esta montaña del mapa.
———— __El Regreso de la Pasión y la Guerra____ Esa noche, el miedo se mezcló con una adrenalina eléctrica.
Leo dormía bajo la vigilancia de un dron de defensa, mientras Ethan y Hazel se preparaban para lo inevitable en la habitación principal.
La tensión era tan alta que el aire parecía vibrar.
Hazel: —(Acorralando a Ethan contra la pared de madera, sus manos agarrando su camisa con una urgencia violenta)— Si van a venir por él, Ethan…
si mañana todo esto arde…
necesito sentirte ahora.
Necesito que me recuerdes por qué hemos luchado tanto.
Ethan: —”No necesito que me lo pida dos veces.
La arrojo sobre la cama y la poseo con una ferocidad que no sentíamos desde los días de la huida.
No es una caricia dulce; es un acto de guerra.
Mis manos recorren su cuerpo, reconociendo cada músculo que se tensa bajo mi peso.
La beso con una desesperación que sabe a despedida y a promesa.
Ella me envuelve con sus piernas, sus uñas marcando mi espalda mientras sus gemidos se pierden en el estruendo de un trueno lejano”.— Hicieron el amor como si fuera la última vez, con una intensidad detallada y hambrienta.
Cada embestida de Ethan era una declaración de propiedad; cada suspiro de Hazel era un jurado de muerte para quien intentara tocar a su familia.
En el clímax, rodeados de sudor y el aroma del pino, juraron que Neo-Tokio descubriría por qué nunca se debe despertar a dos leyendas.
____________ La niebla bajaba de las cumbres, envolviendo la cabaña en un manto blanco y denso.
Leo estaba sentado en el porche, con la mirada perdida en la bruma.
De repente, se puso en pie.
No había miedo en su rostro, solo una curiosidad infinita.
Leo: —Papá, mamá…
la voz ruidosa está aquí.
Pero suena…
como tú, mamá.
Como si tu voz estuviera dentro de una caja de cristal.
Hazel salió al porche, con su katana de vibración desenvainada, su cuerpo tenso como una cuerda de violín.
Ethan la seguía, su terminal de muñeca brillando con alertas de intrusión térmica.
De la niebla surgió una silueta.
No era un soldado pesado, sino una mujer de movimientos fluidos, casi inhumanos.
Vestía un traje de combate táctico de color blanco perla que parecía absorber la luz.
Cuando la mujer se quitó la máscara de visión nocturna, el tiempo se detuvo.
Tenía los mismos ojos verdes de Hazel, la misma estructura ósea, pero su piel era de una palidez artificial y su cabello era de un blanco platino, corto y afilado.
Kira: —(Con una voz que era un eco perfecto de la de Hazel, pero sin rastro de calor humano)— Proyecto H-01…
mi “hermana” mayor.
Silas Thorne siempre dijo que fuiste su mayor éxito, pero en Neo-Tokio te consideran una anomalía que debe ser corregida.
Yo soy el Proyecto K-02.
Soy lo que tú habrías sido si no te hubieras “contaminado” con emociones.
Kira: —Vengo a advertiros.
Neo-Tokio no enviará soldados la próxima vez.
Enviarán un pulso de desintegración molecular.
Quieren a ese niño porque su sangre es la única que puede estabilizar mis propias células.
Me estoy muriendo, Hazel.
Todas las de mi serie nos estamos deshaciendo en errores de código.
El niño…
es nuestra única cura.
—————- El Pacto de la Sangre y el Fuego Esa noche bajo la vigilancia de los drones de Ethan, Kira permanecía en una celda de contención en el sótano, mientras la pareja discutía en el piso de arriba.
La presencia de esa mujer era un recordatorio constante de lo que Hazel podría haber sido: una máquina perfecta, fría y condenada a la obsolescencia.
Ethan: —”Miro a Hazel y veo que está temblando de rabia contenida.
No es miedo a la muerte, es el horror de ver su propio rostro en una asesina moribunda.
Necesita recordarse que es humana, que es madre, que es mía”.— Él se acercó a ella en la penumbra de la cocina, rodeando su cintura con una firmeza que la obligó a soltar el cuchillo que estaba afilando.
La pegó a su cuerpo, sintiendo los latidos desbocados de su corazón contra su pecho.
Ethan: —(Besando su cuello, sus manos bajando por sus muslos con una urgencia que buscaba borrar a Kira de su mente)— No eres ella, Hazel.
Ella es cromo y desesperación.
Tú eres fuego, eres vida.
Eres la madre de un Dios.
Hazel: —(Girándose en sus brazos, sus labios buscando los de él con una violencia desesperada, sus manos arrancando su camisa)— “Necesito sentir su peso sobre mí, Ethan.
Necesito que me poseas con tanta fuerza que mis circuitos se olviden de que tengo una ‘hermana’ allá abajo.
Hazme sentir que mi sangre es roja, que mi carne es real”.— Se entregaron allí mismo, sobre la mesa de madera, en un encuentro cargado de una pasión oscura y detallada.
Cada gemido de Hazel era un desafío a Neo-Tokio; cada embestida de Ethan era una reclamación de su territorio.
Él la penetró con una profundidad que la hizo gritar el nombre de él, sus cuerpos sudorosos brillando bajo la luz de las brasas.
Fue un acto de reafirmación biológica, una celebración de la imperfección humana sobre la perfección fría de la tecnología.
Después, mientras Hazel recuperaba el aliento en los brazos de Ethan, Leo apareció en la puerta, con sus ojos brillando con ese azul eléctrico que indicaba que estaba procesando datos que nadie más veía.
Leo: —Mamá…
la tía Kira no está mintiendo.
Sus hilos de luz se están rompiendo.
Si no la ayudamos, las “voces malas” de Neo-Tokio vendrán a por ella y a por mí al mismo tiempo.
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