Puedo Copiar Y Evolucionar Talentos - Capítulo 765
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Capítulo 765: Padres sobreprotectores
Roma se giró hacia él, abriendo un poco los ojos. Se señaló a sí misma.
—¿… A mí?
Northern asintió.
—Por supuesto. Tú.
Ella hizo una mueca y luego levantó las manos.
—¿Eh? ¿Por qué le importaría a un Sabio como usted?
Northern suspiró, frunciendo levemente el ceño.
—Has estado haciendo suposiciones bastante crueles solo porque soy un Sabio. Y aunque en realidad no me molesta, tiende a volverse… asqueroso.
Roma parpadeó.
—Solo he preguntado por curiosidad —continuó Northern, con la mirada firme—. ¿Cómo es que alguien que no es una Drifter como tú lucha tan bien contra los monstruos?
Se quedó helada por un momento, desconcertada.
Eso…
Eso fue un cumplido.
Uno extraño. Uno indirecto. Pero ¿viniendo de él? Fue inesperado.
Y no se había dado cuenta de lo mucho que necesitaba oírlo. Sobre todo de un Sabio.
Bajó la mirada por un momento, con una agradable sonrisa en los labios.
Entonces, en voz baja, habló.
—Mi infancia… Diría que fue una afortunada.
Hizo una pausa y luego soltó una risita.
—A diferencia de mi patética persona, mis hermanos son todos Drifters. Mi hermano mayor es un Sabio. El segundo y el tercero son Maestros. Mi tercer hermano ascendió a Maestro hace poco. Y mis padres…
Su voz se suavizó.
—Ambos son Sabios.
Los ojos de Northern se abrieron un poco.
«Eso no me lo esperaba».
Toda su familia eran Drifters. Ella era la excepción.
Pero eso explicaba muchas cosas: su armamento radiante, su destreza en combate. O se había dejado la piel entrenando o se lo habían inculcado ellos a la fuerza.
Northern podía imaginar lo sobreprotectores que debieron de ser… sobre todo si era la única mujer.
—Eso significa… que eras la única chica.
Roma soltó una risita, pero tenía un matiz de tristeza.
—Sí. La última.
Hizo una pausa, con la vista perdida en el horizonte. La bestia de carga los transportaba con paso firme, mientras el brillo anaranjado de la Estrella del Día en su ocaso le iluminaba el rostro.
Respiró hondo.
—Sabes, muchos humanos corrientes en realidad agradecen no ser Drifters. Cuando ven las cosas horribles que ustedes pasan, cuántos mueren cada día, se sienten afortunados.
Sus dedos se cerraron ligeramente sobre la tela de su capa.
—… Pero para mí no fue así. Desde pequeña maldije mi suerte por no serlo.
Le tembló la voz.
El dolor en sus palabras era punzante, casi hiriente. Estuvo a punto de apretar los dientes, pero en vez de eso, suavizó la mirada; sus ojos dorados reflejaban una extraña mezcla de belleza y desaliento.
—No he deseado otra cosa que fuerza desde el día en que vi a mi padre protegerme de una horda de monstruos de campo.
Apretó los labios.
—Quería despertar como Drifter. Tenía muchas esperanzas. Toda la familia estaba segura de que despertaría. Por eso, entrené más duro que nadie. Mis hermanos se turnaban para llevarme al límite, grabando a fuego todo lo que habían aprendido en mis músculos. Fue tan agradable como insufrible.
Tragó saliva.
—Entonces, hace dos años… no desperté.
Un pesado silencio se apoderó del ambiente.
Northern la miró.
«Debió de ser un golpe demoledor».
—A mis padres y a mis hermanos les pareció bien. Lo vieron como una bendición.
Su tono se volvió amargo.
—Pero yo estaba desesperada, así que empecé a meterme en situaciones peligrosas. Era joven, estúpida e imprudente. Ellos también lo sabían, por lo que se volvieron muy protectores conmigo. Demasiado.
Northern frunció ligeramente el ceño.
Lo entendía.
Los despertares solían desencadenarse por experiencias cercanas a la muerte. El suyo no había sido distinto.
Pero ¿buscar la muerte a propósito…? Eso era una idiotez.
Al menos, ahora lo sabía.
Entonces, de repente… sus ojos se abrieron como platos.
Su expresión se ensombreció.
—… No me digas que…
—¡No!
Roma lo cortó en seco.
—Lo prometo, no estoy intentando arrojarme a las fauces de la muerte.
Northern entrecerró los ojos.
—Entonces, ¿por qué estás aquí?
Roma desvió la mirada.
Su voz sonó más baja cuando habló.
—… Los motivos son personales. Te lo contaré. Solo que… ahora no.
La mirada de Northern se detuvo en ella unos segundos antes de que él suspirara.
—Me parece bien.
Roma vaciló y luego frunció el ceño.
—Y tampoco estoy intentando demostrarle nada a nadie. Solo… necesito investigar una cosa.
Negó con la cabeza enérgicamente, como si intentara librarse de las dudas.
—Sea como sea… así es como crecí. Mimada y protegida por cinco poderosos Drifters.
Northern asintió.
Vaciló un instante.
Luego, tras reflexionar un momento, dijo:
—Tienes suerte.
La expresión de Roma se torció de ira al instante.
—¿Qué? ¿Suerte? ¿Y a esto le llamas suerte? Por favor.
Puso los ojos en blanco y se giró bruscamente.
Northern continuó hablando.
—Mi madre nunca quiso que me convirtiera en un Drifter. Jamás me entrenaron para ello. Solo tenía sesiones de combate ligero con mi padre; más como un pasatiempo que otra cosa.
Sus dedos se tensaron ligeramente.
—Cuando me convertí en Drifter, tomé la difícil decisión de matricularme en la Academia en contra de su voluntad. No me detuvieron, pero, por culpa de esa decisión, me enviaron al Continente Oscuro.
Bufó.
—Y como nunca me entrenaron como es debido, lo pagué. Muy caro.
El ceño fruncido y la ira de Roma se disiparon tan pronto como escuchó sus palabras.
La expresión de Northern permaneció impasible.
Entonces, al cabo de un momento, Roma habló, con el ceño fruncido.
—He oído de padres que protegen de más a sus hijos, pero ¿no es esa razón de más para, como mínimo, hacer que tomen clases intensivas en las ciudadelas públicas? ¿Para que no mueran?
Northern se rio por lo bajo.
—Los míos eran… únicos.
Ella también se rio.
—Desde luego que únicos.
Pero entonces, su expresión se suavizó. Un destello de lástima brilló en sus ojos dorados.
—… La experiencia debió de ser desgarradora para ti.
Northern se encogió de hombros.
—Lo fue. Pero no morí.
Hizo una pausa.
Luego, como reconsiderándolo:
—… De hecho, casi muero. Una vez.
Roma parpadeó. —¿Espera, de verdad?
—Sí. Si los otros estudiantes no hubieran aparecido a tiempo, no estaría aquí.
Frunció el ceño.
Entonces…
—¡Oh! ¡Genial! ¡Me alegro de que sobrevivieras! Digo, ¡gracias a ti estoy montando en una criatura de seis patas!
La pálida sonrisa de Northern titubeó.
«… De todas las cosas por las que podría dar las gracias, ¿escoge esa?».
Sacudió la cabeza.
«Qué chica tan rara».
Y entonces…
Northern se paralizó de repente.
Todo su cuerpo se tensó y su mirada se volvió sombría.
Roma se dio cuenta e inclinó la cabeza ligeramente.
—… ¿Qué ocurre?
La mirada de Northern se agudizó.
Entonces, con fría indiferencia, la miró y dijo:
—Lo he encontrado.
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